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lunes, 24 de febrero de 2014

¿Existe la empatía entre los animales?

La Empatía se puede definir como la habilidad o la capacidad de un individuo para comprender y apreciar los sentimientos de otro. Todos hemos sentido empatía por muchas de las personas que nos rodean e incluso podemos llegar a sentirla por personas a las que no conocemos absolutamente de nada. Expresado de otra manera, sentimos empatía cuando somos capaces de ponernos en el lugar de otro y compartir sus sentimientos.


Relacionado con la empatía está el altruismo, que podemos considerar de alguna manera como un paso más, ya que no sólo nos ponemos en el lugar del otro sino que además de participar de esos sentimientos, sacrificamos nuestros intereses personales para conseguir el bien ajeno sin obtener nada a cambio.

Durante mucho tiempo se ha considerado la empatía como una característica exclusivamente humana y un rasgo más que nos diferenciaba del resto de las especies animales. Nuestra especie, de hecho, es capaz de sentir empatía no solo por otros seres humanos, sino también por otros individuos de otras especies.

¿Pero que ocurre con el resto de animales?¿Son capaces de sentir aprecio, compasión o incluso son capaces de comportarse altruistamente entre ellos? Esta pregunta ha sido evitada durante años, probablemente porque admitir que los animales puedan tener sentimientos nos bajaría del pedestal en el que durante siglos nos ha situado la religión y la filosofía.

Varios estudios realizados en los últimos años parecen confirmar que la empatía no es un sentimiento exclusivamente humano, ni mucho menos. En el caso de los simios antropoides, varios estudios han confirmado que son capaces de percibir las emociones de otros individuos de su grupo y que se entristecen o alegran al observar el comportamiento de aquellos por los que sienten un aprecio especial.

Pero lo cierto es que la posible existencia de empatía en los animales no sólo ha sido confirmada entre los grandes simios, sino también entre los macacos e incluso en especies consideradas "inferiores" como los ratones, tal como ha sido descrito un estudio publicado en la revista Science en 2006.

La empatía puede resultar clave en la evolución de las conductas sociales, ya que puede contribuir a aumentar la cohesión del grupo, lo que finalmente redundaría en un beneficio propio.

¿Pero que ocurre si hablamos de especies distintas?¿Puede empatizar un animal con otro de una especie diferente? En este caso, la explicación evolutiva parece un poco más complicada. Y lo cierto es que parece que este caso también ocurre. Hay varios estudios que confirman como algunos simios pueden empatizar e incluso ayudar a un polluelo de un ave, o de elefantes que han protegido a un antílope del ataque de un león. Parece evidente que en estos casos estos animales no obtienen ningún beneficio de esas acciones.

El caso del pato criollo y el Ánsar piquicorto


El viernes pasado nos acercamos al Parque de Isabel la Católica en Xixón a dar una vuelta. Al poco de llegar observamos a una hembra de Pato criollo (Cairina moschata) con 8 pollitos recién nacidos. No hace falta decir que todos los paseantes se quedaban mirando la escena y las expresiones de ternura y afecto eran evidentes. Nuestro cerebro está condicionado para que nos gusten los patitos, igual que nos gustan los cachorros de perro.


Pero cuando todos observábamos la escena, de repente apareció una gaviota y se llevó a uno de los patitos. No hace falta decir la cara que se nos quedó a todos y las expresiones que salieron de la boca de muchas de las personas que estaban allí. Evidentemente todos empatizamos rápida e instintivamente con la madre pata.

Si la gaviota hubiera comido una lombriz, o un insecto nadie le habría dado importancia, pero en esta historia ya había quedado claro quien era el bueno y quien el malo. Evidentemente a la gaviota le daría lo mismo que fuera un patito que un bocadillo de salchichón, en los dos casos se trataba de unos gramos de proteínas. Después de ese primer ataque, varias personas muy airadas se acercaron y aparte de insultar a las gaviotas y desearles la muerte, las gritaban y les tiraban piedras para asustarlas y así tratar de impedir que se comieran a más patitos. Por supuesto, no sirvió de mucho, ya que otras gaviotas se unieron a la fiesta y poco a poco se los fueron llevando uno a uno, ante la desesperación de su madre que no podía hacer nada para evitarlo.


Cuando volvimos un poco después comprobamos que sólo quedaban 3 patitos y que los demás habían desaparecido. Y entonces ocurrió una cosa que al menos yo no soy capaz de explicar. Desde el medio del estanque apareció el joven de Ansar piquicorto (Anser brachyrinchus) salvaje que llegó hace unos meses al parque y se acercó a la escena. Al principio pensé que también iba a atacar a los pollos, pero sorprendentemente lo que hizo fue tratar de espantar a las gaviotas al mismo tiempo que picotaba suavemente a los patitos y los defendía de ellas.


A los pocos minutos, la pata se metió en el agua acompañada de los tres supervivientes y el ánsar los acompañó siguiéndolos de cerca, mientras seguía espantando a las gaviotas.

Por si a alguien se le ha podido pasar por la cabeza, no había ninguna relación de parentesco entre el ánsar y los patitos. En los patos criollos, al igual que muchas especies de patos, las hembras se encargan solas de la incubación y el cuidado de los pollos, contrariamente a lo que ocurre con los ánsares y los cisnes, donde el cuidado es biparental.

En este caso, también parece evidente que el ánsar no obtiene ningún beneficio al defender a los patitos de los ataques de la gaviota, e incluso se podría llevar un picotazo de ellas. ¿Qué puede explicar entonces este comportamiento? ¿Se trata de un caso de un caso de empatía y de altruísmo interespecífico? Tengo que admitir que si no lo hubiera visto no me lo creería.

NOTA: Quedan 10 días para que terminen las votaciones los Premios 20blogs. Si queréis votar por Naturaleza Cantábrica para el premio al mejor blog en el apartado de Medio Ambiente sólo tenéis que seguir las instrucciones que encontraréis en este link.

martes, 18 de febrero de 2014

Invierno y gatos monteses en las montañas de Laciana

Ayer por la tarde me acerqué hasta los valles de Laciana a disfrutar un poco del invierno en la montaña. Después de varias semanas de mar y temporales me apetecía cambiar un poco de aires y pasar unas horas "al otro lado".

Los que vivimos en Asturies sabemos que cuando cruzamos el Negrón, es como si entráramos en otro mundo. En los cuatro kilómetros que atraviesan el macizo del mismo nombre se produce un cambio radical, no sólo en el paisaje sino también en las condiciones meteorológicas. Si venimos del sur, lo normal es que a mitad del túnel veamos los primeros carteles luminosos que nos avisan de la presencia de niebla y lluvia y al salir nos damos de golpe con empinadas laderas tapizadas de hayedos cubiertos por la niebla. Si hacemos el viaje inverso suele pasar lo contrario, la niebla y la lluvia dan paso al cielo azul y despejado y las hayas desaparecen para transformarse en montañas ralas con parches de vegetación alpina, melojos y sabinas.

Pero ayer se había invertido la situación. La temperatura al salir de Uvieo era de unos agradables 15ºC y brillaba el sol, pero al cruzar el Negrón, la temperatura descendió bruscamente hasta los 2ºC, la niebla se pegaba a las montañas y nevaba suavemente. Los días de viento sur todo se vuelve del revés.


Había quedado con Héctor Ruiz para vernos y dar una vuelta por "sus montañas". Al primer sitio que fuimos fue a la espectacular cascada de Lumajo, que debido a las fuertes lluvias del invierno bajaba a tope de agua. Esta es la mejor época para visitarla, ya que aparte de la gran cantidad de agua, con la llegada de la primavera, las hojas de los árboles tapan el chorro,lo que impide disfrutarla como ahora.



La cascada está formada por dos saltos que juntan sus aguas en un torrente caudaloso antes de desembocar en el Río Sil. Mucha de la nieve que cubría las laderas hace unos días había desaparecido debido a las intensas lluvias, pero el frío de las noches aún mantenía congelada parte de la vegetación de los alrededores.

Después de la visita a la cascada intentamos probar suerte a ver si alguno de los vecinos de la zona se dejaba ver, eran las 4 de la tarde y estas horas antes de que oscurezca son muy buenas para ver carnívoros, que aprovechando que aun no ha comenzado a helar y el suelo todavía está blando, aprovechan para buscar ratas y ratones.


Pero lo que primero encontramos fue lo que menos esperábamos. En un prado al lado de la carretera vimos el cuerpo de un animal que al principio no supimos identificar. Al acercarnos comprobamos que se trataba del cadáver de una nutria joven parcialmente depredada. El río estaba lejos y probablemente se hubiera metido en el prado encharcado en busca de anfibios cuando encontró la muerte. No tenía señales de haber sido atropellada y todo indicaba que había sido atacada y parcialmente comida por un depredador.


Había empezado a nevar con más fuerza a medida que íbamos ganando altura, y en un prado cercano vimos un corzo que se fue corriendo nada más darse cuenta de nuestra presencia. Poco más adelante, a escasos metros del coche, un zorro (Vulpes vulpes) buscaba ratas toperas (Arvicola sherman) en un prado libre de nieve, que delataban su presencia por los abundantes montones de tierra que se encontraban dispersos entre la hierba. El pelaje de invierno del zorro, denso y tupido, le protegía perfectamente del frío que no parecía molestarle en absoluto.

Pero los que conocemos a Héctor sabemos que hay una especie por la que siente una pasión especial y a la que dedica muchas de sus horas de campo. Una especie que a pesar de que tiene en esta zona de la cordillera cantábrica una de sus mejores poblaciones ibéricas, ha sido muy poco estudiada, contándose casi con los dedos de la mano los estudios realizados en la Península. Se trata del gato montes (Felis silvestris). Aunque ya había observado alguno con él en otras ocasiones, no perdía la esperanza de que hoy tuviéramos suerte y nos encontráramos con otro.


Y como si no quisiera faltar a la cita, mientras yo miraba hacia otro lado, Héctor paró el coche de repente y a su derecha ya había localizado a un macho en una zona donde él no lo había visto antes. Casi no me dio tiempo a reaccionar y busqué la cámara en el asiento de atrás mientras el gato nos miraba fijamente a escasos metros de nosotros. Al igual que el zorro, estaba en un prado buscando ratas toperas.


Después de unos minutos, el gato se levantó y se fue caminando lentamente hasta que lo perdimos de vista. Siempre es un placer ver a un animal tan esquivo como este. Después de este encuentro inesperado nos dirigimos a un prado a la orilla de un río que suele ser frecuentado como cazadero por esta especie. A las ratas toperas no les gustan los prados encharcados y prefieren aquellos que presentan una ligera pendiente que impide que el agua se acumule y anegue sus madrigueras. Y si las presas eligen estas zonas, sus depredadores también.

Al llegar al prado observamos una gran cantidad de montículos de tierra, que como me comentó Héctor, al contrario que los de los de los topos, no se disponen en líneas, sino que forman grupos arbitrarios por todo el prado. No había duda de que ese sitio era un buen cazadero, y no sólo para los gatos monteses, sino también para tejones y zorros, de los que había muchísimos rastros.

A pesar de que lo buscamos, el gato ya no estaba, solo quedaban sus excrementos frescos y sus huellas en la nieve. Seguramente ya habría cazado suficientes presas por ese día y se encontraría descansando en algún sitio cercano, probablemente observándonos a nosotros.

Ya eran las 6 de la tarde y empezaba a oscurecer. Aunque ya se nota que los días han crecido en las últimas semanas, aún estamos en pleno invierno y los días nublados la luz se va pronto y es difícil ver con claridad a partir de esa hora, así que para entrar en calor nos fuimos a tomar un chocolate caliente con frisuelos a un pueblo de Babia antes de despedirnos. No había estado nada mal, esta vez la suerte quiso que el día saliera mucho mejor de lo que esperábamos. Los que salimos al campo sabemos perfectamente que esto no es lo normal y que tratándose de especies tan esquivas como el gato montés, lo más frecuente es que te vuelvas a casa sin haberlo visto. De todas formas siempre es un gusto darse una vuelta por los valles de Babia y Laciana, y si es en buena compañía mucho mejor.

Si queréis conocer muchas más cosas sobre el gato salvaje, os recomiendo que visitéis la página del Proyecto Gato Montés, que han creado recientemente Héctor y Jorge Falagán, donde además de encontrar mucha información y disfrutar de unas fotos y unos vídeos increíbles, podéis aportar vuestros datos y observaciones para tratar de conocer un poco más a este animal tan especial.

Os recuerdo también que si queréis votar a Naturaleza Cantábrica para los Premios 20blogs, podéis hacerlo hasta el 3 de marzo siguiendo las instrucciones de este enlace.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

sábado, 15 de febrero de 2014

Las víctimas olvidadas del temporal

Arao muerto en la playa de Xagó (Gozón)

La sucesión de borrascas que estamos padeciendo en el norte de la Península ibérica, asociadas a fuertes marejadas, está causando importantes desperfectos en las localidades costeras. Pero mar adentro las cosas no están mucho mejor. Los temporales en la mar están arrastrando a muchas aves marinas a la costa y los cadáveres de algunas especies, como araos, alcas o frailecillos, empiezan a aparecer en grandes cantidades en nuestras playas.

Arao nadando dentro del puerto del musel, en Xixón

Estas aves se reproducen en el norte de Europa y durante los meses de invierno llegan a nuestras aguas, aunque son pocos los que se aproximan a la costa en condiciones normales,comparados con los que pasan esos meses mar adentro. En esa zona, en el límite de la plataforma continental, encuentran el alimento necesario hasta que retornen a sus colonias de reproducción.

Varios álcidos recogidos ayer mismo en Xagó

Ayer viernes, hice una inspección costera en la playa de Xagó (Gozón) y pude localizar los cadáveres de 7 araos y 1 alca, a los que hay que sumar los 20 araos encontrados unos días atrás. Ninguno de ellos tenía manchas de fuel, como suele ocurrir tras las mareas negras, pero todos estaban extremadamente delgados. La falta de alimento o la dficultad para conseguirlo hace que estas aves se debiliten en exceso, además, producen menos grasa necesaria para impermeabilizar su plumaje, por lo que acaban empapados y llegan a morir de hipotermia.

Es difícil calcular la cantidad de aves que habrán muerto durante este mes, pero seguramente muchos miles, ya que hay que tener en cuenta que sólo se contabilizan una mínima parte de todos las víctimas, como ocurrió después del vertido del Prestige. Sólo en las costas francesas se han recogido 5000 cadáveres de aves marinas en las últimas semanas, la mayoría frailecillos. Aunque la LPO llega a la conclusión de que la mayoría de las muertes pueden ser debidas a las condiciones climáticas, tampoco descartan que parte de las muertes se deban al accidente del carguero Luno, que se partió en dos frente a Bayona el 5 de febrero, vertiendo 15 Tm de fuel a la mar.

Tampoco es fácil predecir el efecto de esta mortalidad masiva sobre la dinámica poblacional de estas especies. De los 7 araos que encontré en Xagó, 4 eran adultos y 3 jóvenes y teniendo en cuenta la baja natalidad de los álcidos, ya que sólo ponen un huevo en cada temporada de cría, la muerte de adultos reproductores podría afectar gravemente a sus poblaciones.

Colaboración ciudadana
La mayoría de las aves marinas, entre ellos los álcidos, son especies protegidas. Si alguien encuentra una de estas aves vivas en tierra lo mejor es avisar al 112 y explicarles el caso para que la recojan y la intenten recuperar, aunque es muy dificil.

Otra manera de colaborar es participar en las Inspecciones Costeras de aves orilladas (ICAO), que forman parte del proyecto europeo FAME, que en España coordina SEO/Birdlife. Básicamente se trata de recorrer una playa apuntando las aves orilladas que se encuentran. Para ello hay unas fichas que os podéis descargar en este enlace de la COA y se deben rellenar para enviarlas al coordinador del grupo. Una vez rellenada la ficha, se deben retirar los cadáveres y tirarlos a un contenedor de basura para evitar conteos dobles. Lo más indicado sería realizarles una autopsia para conocer las causas de la muerte, pero como siempre, para eso se necesita la implicación de las autoridades competentes, lo que no ocurre actualmente.

Para identificar a las distintas especies de álcidos, así como para determinar su edad, se puede descargar este documento, en el que se indican los rasgos claves para distinguirlos.

jueves, 13 de febrero de 2014

El Salmón: una reliquia glacial en peligro

La glaciación de Würm comenzó hace 80.000 años y terminó hace unos 10.000. Durante este periodo, Escandinavia y gran parte del norte de Europa se congeló, quedando la región cantábrica, así como el sudoeste del continente, libre de hielo, lo que la convirtió en un refugio tanto para los seres humanos como para otros animales y plantas. 


Con el aumento de las temperaturas tras el fin de esta última glaciación, la cubierta de hielo fue desapareciendo y muchas de las especies que se refugiaron en el sur, realizaron el viaje inverso retornando a sus primitivos lugares. Pero algunas poblaciones quedaron atrapadas en el sur, sobreviviendo a duras penas en algunos enclaves con un microclima particular. Una de las especies más conocidas de este grupo es el Urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus), que se encuentra al borde de la extinción tras siglos de persecución y acorralado en unos bosques que en nada se parecen a los que ocuparon sus antecesores.

Pero además de aves, mamíferos y muchos invertebrados, algunas especies de peces, como el Salmón atlántico (Salmo salar) aún sobrevive en algunos ríos del norte de la Península ibérica como una auténtica reliquia de la glaciación de Würm. En todo su rango de distribución, la mayoría de sus poblaciones se localizan en áreas más septentrionales, en zonas árticas y subárticas, por lo que las poblaciones del Cantábrico y el Atlántico ibérico, que constituyen el límite más meridional de la especie (exceptuando algunas poblaciones introducidas artificialmente en el hemisferio sur), son una rareza.

Pero el salmón, además de una especie con una apasionante historia biológica, ha sido también una especie muy importante para el ser humano desde tiempos inmemoriales. En el periodo Magdaleniense, entre 16.000 y 8.000 años a.C. la situación era muy distinta a la actual. La población humana era muy reducida y estaba formada por grupos tribales de cazadores-recolectores que basaban su alimentación en la caza, la recogida de frutos y el marisqueo.

Representación de un salmón en la cueva de Ekain, Zestoa, Guipuzcoa). Foto: Gobierno vasco

Entre todos los animales que formaban la base de la dieta de nuestros antepasados estaba también el salmón. Todo parece indicar que la pesca de salmones y reos era una actividad estacional, aprovechando las épocas de entrada en los ríos para realizar las capturas. Una muestra de la importancia de los salmones en su cultura son las representaciones artísticas de esta especie, tanto en las paredes de las cuevas que les servían de refugio (cueva de Ekain, cueva de El Pindal), como en adornos y utensilios. El salmón compartía la pinacoteca magdaleniense con los ciervos, caballos, renos y uros.

Costilla grabada con representación de salmón (Cueva de las Caldas, Priorio, Uvieo). Museo Arqueológico de Asturias

En Asturies, los restos fósiles de salmones en forma de mandíbulas o vertebras aparecen en numerosas cuevas, como prueba de su consumo por parte de los habitantes del paleolítico, pero además son frecuentes las representaciones grabadas en costillas y otros huesos, como por ejemplo los que se encontraron en la cueva de las Caldas, a las orillas del río Nalón. Algunos investigadores atribuyen un importante papel al salmón en la dieta de estos grupos humanos, ya que podía ser conservado en salazón y también secado, por lo que podía estar disponible para su consumo mucho tiempo después de su captura.

Arpón, Cueva de los Azules, Contranquil, Cangues d'Onis

La pesca del salmón se realizaba con arpones tallados en asta de ciervo. Los arpones son considerados por los arqueólogos como fósiles directores o fósiles guía, ya que permiten identificar el estrato donde se localizan a la cultura magdaleniense. Muchos de estos útiles estaban a su vez decorados con figuras geométricas.

Arpón, Cueva de Tito Bustillo, Ardines, Ribesella 

Arpón con ojal, Cueva de los Azules, Contraquil, Cangues d'Onis

La tecnología de los arpones es muy variable, ya que se encuentran desde arpones con una larga hilera de dientes y con los dos extremos acabados en punta, hasta arpones con extremos modificadas para ser amarrados a una cuerda o a un mango. Para ello disponían de abultamientos en la base o de orificios en forma de ojal.

Distintos modelos de arpón inuit, Alaska (Clark, DW, 2000)

Resulta sorprendente el gran parecido de estos arpones magdalenienses con los usados por muchos pueblos inuits del ártico, tanto del norte de Europa como de Norteamérica. Los materiales han cambiado en la actualidad, el asta de reno se ha sustituido por metal, pero la estructura y la funcionalidad de los mismos sigue siendo prácticamente igual.

La situación del salmón ha cambiado radicalmente desde que nuestros antepasados los pescaban con sus arpones. La pesca de subsistencia se fue transformando en una actividad industrial, sobre todo durante su estancia en mar abierto, y actualmente ya se ha extinguido en 29 de los 43 ríos con presencia histórica en el Península (sólo el 9% de los ríos con presencia histórica alberga poblaciones relativamente sanas). A pesar de esta situación, el salmón sigue sin ser considerado como una especie protegida y se sigue pescando, pero actualmente por deporte. Si continua esta presión, unida al deterioro de los cauces fluviales y a los efectos del cambio climático, es muy probable que después de decenas de miles de años asistamos a la extinción de  los salmones en la Península ibérica

NOTA: Las imágenes que forman parte de este artículo han sido tomadas en el Museo Arqueológico de Asturias, situado en Uvieo, en el claustro del antiguo monasterio de San Vicente. La visita a este museo es muy recomendable ya que contiene una extraordinaria colección de piezas procedentes de los numerosos yacimientos que tenemos en Asturies. 

Quisiera agradecer a Ignacio Alonso, director del museo y a Jorge Camino, arqueólogo del mismo, por todas las facilidades que nos han dado para la toma de fotografías y vídeos de las piezas arqueológicas y que formarán parte de un documental sobre el salmón que estamos preparando. 

Como siempre, haced click en las imágenes para verlas a mayor tamaño

martes, 11 de febrero de 2014

Cárabos urbanos: una historia con final feliz


A pesar del invierno tan duro que estamos pasando, a algunas especies de aves no parece importarles demasiado y se encuentran ahora en pleno periodo de cría. Una de ellas es el Cárabo común (Strix aluco), un ave nocturna de la familia de los Strigiformes que tiene un periodo de reproducción muy variable, ya que pueden hacer la puesta desde el mes de enero hasta avanzado el mes de abril.

El pollo que veis en la fotografía, ya tenía las alas completamente emplumadas, por lo que sus padres probablemente hubieran realizado la puesta a finales de diciembre o principios de enero. A esta edad, cuando aún se encuentran cubiertos de plumón, los pollos abandonan el nido y se mueven por los alrededores del mismo, y a pesar de que no pueden realizar largos vuelos, son capaces de desplazarse entre los árboles próximos, donde esperan a que los adultos los alimenten hasta acabar de completar su desarrollo.

Pero no os dejéis engañar por el aspecto de este pollo, porque no pensaríais lo mismo si lo hubierais visto unas horas antes. Seguramente su final hubiera sido muy distinto si la suerte no se hubiera cruzado en su camino.


Al mediodía de ayer recibí un mensaje de mi amigo Manolo Altube en el que me decía que había encontrado un búho en medio de la calle Santa Cruz, en Uvieo, y me mandaba una fotografía hecha con el móvil en la que se podía ver que se trataba de un pollo de cárabo. Estábamos cerca, así que Jorge y yo nos acercamos hasta allí y lo encontramos empapado y asustado, atrapado tras una reja de una ventana tapiada a la altura del suelo. Seguramente se habría desorientado y habría salido del campo para meterse de lleno entre el tráfico y el asfalto.

No había tiempo que perder, porque en ese estado, sin poder salir de la trampa en la que se había metido y sufriendo el acoso de los perros y muy probablemente de más de una persona, no duraría mucho. Lo cogimos, me lo llevé a casa y llamé a unos cuantos amigos para decidir que era lo mejor que podíamos hacer.


Al llegar a casa lo metí en una caja de cartón bien ventilada y lo dejé en una habitación a oscuras y sin ruidos. Me puse en contacto con Gabriel, que lleva muchos años haciendo un seguimiento de las aves del Campo de San Francisco y que en más de una ocasión se había encontrado en esta misma situación. Los dos llegamos a la misma conclusión, si estaba sano había que soltarlo cuanto antes y cruzar los dedos para que sus padres lo encontraran.

A las 8 de la tarde abrí la caja y comprobé que el pollo había expulsado una egagrópila. Una buena señal, ya que confirmaba que había comido la noche anterior y que por lo tanto no llevaba mucho tiempo abandonado. También comprobé que no tenía las alas ni las patas rotas, y después de haberse secado, su aspecto era muy bueno. Así que le dije a Jacobo que se despidiera de él, cerré la caja y aprovechando que había dejado de llover me fui al Campo de San Francisco, donde había quedado con Gabriel.


Cuando llegue, él ya había localizado a dos de sus hermanos y a otro cárabo que parecía un adulto, así que después de buscar un árbol seguro, lo dejamos en una rama alta y confiamos en que hubiera suerte. Quiso posar para nosotros durante unos segundos y después, demostrándonos una vez más que estaba en perfecto estado de salud, comenzó a trepar hasta alcanzar una posición más elevada y sin duda más segura, a salvo de los numerosos perros que pasean a esas horas por el parque.


Sólo nos quedaba cruzar los dedos y confiar en que sus padres lo encontraran y bajaran a alimentarlo, así que nos alejamos y nos quedamos observando a unos cuantos metros para no molestarlos. A los pocos minutos el pollo empezó a reclamar y poco después escuchamos a sus hermanos contestar y también nos pareció escuchar a un adulto.

No tuvimos que esperar mucho más hasta que sus dos padres llegaron volando para posarse en un árbol al lado de donde habíamos dejado a nuestro pollo. Ya no teníamos nada más que hacer, así que los dejamos tranquilos y nos fuimos. Esperemos que no se vuelva a escapar de casa, porque aunque esta vez tuvo suerte y todo acabó bien, la mayoría de las veces y sobre todo en medio de la ciudad, el final suele ser muy distinto.

La aparición de pollos de cárabo y de otras aves nocturnas es algo muy frecuente, desde estas fechas hasta entrada la primavera. Y también es igual de frecuente que muchas personas, con la mejor de las intenciones, los recoja pensando que están perdidos y llame a protección civil para que los entregue a un centro de recuperación de fauna (o un sucedáneo del mismo, ya que como muchos de vosotros sabréis, en Asturies no hay ningún centro oficial, a pesar de contar con un edificio que costó cuatro millones de euros y que actualmente esta "paralizado de forma indefinida"). Evidentemente, el caso que describo en esta entrada es un caso extremo, ya que en el sitio donde estaba sus posibilidades de sobrevivir eran prácticamente nulas.


Salvo que nos encontremos un pollo con un ala rota o en muy mal estado, la mejor opción es dejarlo donde estaba. Si estaba en el suelo, es conveniente subirlo a una rama de un árbol próximo para evitar que los perros u otros depredadores lo ataquen. Pronto veremos como se las arregla perfectamente para trepar y esconderse. Cuando oscurezca los padres acudirán a sus llamadas y lo seguirán alimentado.

Aún recuerdo una imagen de hace varios años, cuando en una visita a un zoo, por llamarlo de alguna manera, del que prefiero no citar su nombre, se hacinaban en un jaulón más de 30 pollos de cárabo que habían sido entregados por personas que se los habían encontrado, aparentemente perdidos. No hace falta decir el destino que les esperaba, la mayoría morirían enfermos y los supervivientes probablemente pasarían el resto de sus vidas entre barrotes ya que después de una estancia prolongada en contacto con el ser humano quedarían troquelados para siempre, y nunca podrían aprender a valerse por si mismos, ya que sus padres no habrían tenido tiempo a enseñarles a cazar.

De todas formas, ayer el día acabó muy bien, y no puedo negar que después de soltar al pequeño cárabo y ver como sus padres acudían a alimentarlo, me quedó una sonrisa de oreja a oreja que tardó tiempo en quitárseme.

¡¡Gracias Manolo!! Le salvaste la vida a un cárabo con unas pocas palabras en un mensaje

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño. También aprovecho la ocasión para recordaros que las votaciones por el premio al mejor blog están muy reñidas y que todos los votos serán bienvenidos. Desafortunadamente y sin duda por lo farragoso del tema de la inscripción para votar, muchos de los que pensáis que habéis votado, realmente no lo habéis hecho, y lo que realmente habéis hecho ha sido  hacer click en el botón de "enviar", que lo que realmente hace es mandarme a mi un mensaje loando las virtudes del blog (????). Si queréis votar y que compute el voto, tenéis que seguir las instrucciones que colgué en este enlace, y si queréis comprobar que vuestro voto ha sido válido es muy sencillo, solo tenéis que entrar en el enlace de las votaciones y si os sale que no podéis votar a Naturaleza Cantábrica porque ya lo habéis hecho, pues entonces está claro.

viernes, 7 de febrero de 2014

Temporales y cambio climático


Durante las últimas semanas estamos sufriendo los efectos de una serie de temporales con una frecuencia y virulencia a la que no estábamos acostumbrados. Los efectos de estos temporales han sido especialmente destructivos en la costa, donde el pasado fin de semana coincidieron con mareas vivas, causando importantes destrozos en la mayoría de las localidades costeras del norte de la Península.



En la animación anterior se puede observar con claridad la sucesión de borrascas y ciclogénesis explosivas que han ido llegando sucesivamente a la península desde el mes de diciembre hasta ahora. Tal como comenta Jorge Valella en su magnífico blog Isocero, hay muchos factores que pueden influir en esta sucesión de ciclogénesis explosivas, entre ellos la diferencia de temperaturas entre la corriente del Labrador (4º más frías de lo habitual) y las de la corriente del golfo (entre 3 y 4º más cálidas de lo habitual).

Además de estos temporales en la mar, este inicio de año está siendo extremadamente lluvioso, sobre todo en Galicia, donde no ha parado de llover en todo el mes de enero, registrándose en Santiago 453 litros por metro cuadrado, habiendo llovido 30 de los 31 días del mes. Esta situación es muy parecida a la del año pasado, cuando en Asturies durante los cuatro primeros meses del año llovió el doble de la media registrada durante el periodo entre 1974 y 2012,


Curiosamente, tras un principio de año muy lluvioso, siguió un verano muy seco y muy cálido, en el que las precipitaciones fueron la mitad de las registradas entre 1970 y 2000 en esa estación.

El aumento de la frecuencia de los fenómenos extremos, como las profundas borrascas, huracanes o precipitaciones extremas, así como el aumento de la brecha entre una estación muy lluviosa seguida de una muy seca, eran algunas de las predicciones expuestas en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y cuyos informes están líbremente accesibles en su página web.

Curiosamente, y a pesar de que las evidencias y los datos acerca del cambio climático son inapelables, así como la relación existente entre ese cambio climático y las emisiones de CO2, aún hay muchos sectores de nuestra sociedad que se niegan a admitirlo y que se limitan a decir que esas variaciones han ocurrido siempre y que son algo natural. Estas corrientes de opinión están muy influenciadas por poderosos grupos de presión en los que no faltan grandes magnates de la industria y políticos afines que reciben sueldos desorbitados por pertenecer a sus consejos de administración (os recomiendo leer este post que publiqué hace un par de años sobre los negacionistas y los magnates del petróleo porque es muy clarificador).

Llevamos muchos años jugando a la ruleta rusa, pero como ocurría en la película El Cazador, el que juega mucho acaba pegándose un tiro en la sien.

NOTA: ya sabéis muchos que este blog se presenta a los premios 20 Blogs y aunque el primer puesto es prácticamente inalcanzable, hay una dura batalla en los siguientes, así que si queréis votar solo tenéis que seguir las instrucciones que aparecen en este link. GRACIAS

lunes, 3 de febrero de 2014

La mar nunca duerme


Este fin de semana la mar nos ha enseñado sus fauces y nos ha demostrado una vez más quién manda aquí. Desde siempre hemos querido sujetarla, le hemos robado el sitio y la hemos intentado encerrar con muros y espigones. Hemos usado nuestras últimas tecnologías, hemos construido diques más largos y más altos, reforzados con hierro y acero, hemos puesto bloques de hormigón de cientos de toneladas, pensando que nunca los podría tirar abajo.


Pero no ha servido de nada, en una sola noche la mar se lo ha llevado todo por delante. Desde Galicia hasta Euskadi, coincidiendo con la pleamar, las olas se comieron todo lo que encontraron, destrozando paseos, casas, barcos y años de trabajo.

Pero parece que no se ha saciado, y aunque ahora esté descansando, la mar nunca duerme del todo, y un nuevo frente llegará en los próximos días y volverán a repetirse muchas de las escenas que ya vivimos este fin de semana.

Pero no aprenderemos, y trataremos de construir muros más altos y más largos, y usaremos nuevos materiales más resistentes. Y pasarán meses, o años, o décadas, pero al final la mar volverá de nuevo a enseñarnos quién manda aquí y a buscar lo que le hemos robado.