Mostrando entradas con la etiqueta Biodiversidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biodiversidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de marzo de 2023

¿Qué es un alcorque?

 Me encanta aprender palabras nuevas y a la vez me sigue sorprendiendo que siempre haya palabras para describir objetos o situaciones que en condiciones normales no nombramos, o recurrimos al socorrido "el agujero ese que suele estar en.." o, "el trozo de metal que se pone entre esto y aquello".

Pues una palabra que aprendí hace unos días es ALCORQUE. Ni siquiera sabía que el trozo de terreno que se abre alrededor de un árbol o de una planta tenía un nombre. Pues si que lo tiene y según la RAE, un "alcorque" es el "Hoyo que se hace al pie de las plantas para detener el agua en los riegos", y es una palabra que procede de la palabra árabe "alqúrq", pero también del latín "Quercus", que como sabemos, es el género de plantas que inlcuye a robles, encinas y alcornoques. Todo indica que la palabra surgió en el siglo VIII, con la llegada de los musulmanes a Al-Ándalus. 

Pues hablando de Alcorques, una de las cosas en las que me llevo fijando desde hace mucho tiempo es en el maltrato rutinario que se hace desde los ayuntamientos de las ciudades a la mayoría de los árboles que se plantan en las calles y aceras, tratándolos como a vulgares piezas de mobiliario urbano, sin darse cuenta de que como seres vivos que son necesitan agua y espacio, ya que al contrario que los bancos o las papeleras, respiran, hacen la fotosíntesis y crecen, si los dejan.


En estas fotos podéis ver a la izquierda dos ejemplos clásicos de "alcorques", que ni siquiera cumplen la definición que la RAE da de ellos, ya que ni son hoyos al pie de las plantas, ni mucho menos detienen el agua del riego o de la lluvia. Literalmente, enjaulan y encierran a los árboles, impidiendo que se filtre el agua hacia sus raices y condenandolos a una muerte lenta y penosa. 

Por el contrario, a la derecha, podéis ver dos ejemplos de alcorques, que sí cumplen su función de filtrar y retener el agua de la lluvia, permitiendo que el tronco del árbol crezca y se engrose. Y aparte de eso y sin lugar a dudas, es mucho más estético y agradable a la vista e incluso al olfato, que las jaulas de hormigón de las otras fotos.

A partir de ahora fijaos en los los árboles y alcorques de vuestras ciudades, por ejemplo en Oviedo donde los árboles se constriñen entre hormigón y adoquines, y buscar las diferencias. Quizás vaya siendo hora de promover una ley que controle el maltrato vegetal.

martes, 9 de noviembre de 2021

La primera regla del bricolaje y la caca de ballena

Decía Aldo Leopold que "la primera ley del bricolaje es la de guardar todas las piezas". Se refería a que en un sistema natural, todas las piezas, incluso las más pequeñas, son necesarias y por eso hay que conservarlas. Actualmente ya hemos perdido muchas piezas de ese mueble que es la naturaleza y nos empezamos a dar cuenta de que empieza a cojear, pero por ahora aún se mantiene en pie. El problema es que seguimos perdiendo piezas nuestro mueble se desmoronará sin que podamos remediarlo.

Nadie en su sano juicio puede negar a estas alturas que estamos pasando por una grave crisis climática como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo los más necios, o los que tienen algún interés en la industria de los combustibles fósiles, siguen negando esta evidencia. Nuestro consumo energético es mayor que en ninguna época pasada y pretendemos suplir la energía que antes obteníamos quemando petróleo y carbón con la energía que obtendremos a partir de fuentes renovables. No nos planteamos bajar nuestro consumo energético porque confiamos en que la tecnología nos saque del atolladero en el que nos hemos metido. 

Pero en el camino hacia esta transición energética tan manoseada últimamente, estamos dejando de lado muchas piezas de nuestro mueble para centrarnos en solo unas pocas. Es evidente que es necesario poner todo nuestro esfuerzo en luchar contra la crisis climática, pero no debemos olvidarnos de que tan grave o más que la crisis climática es la actual crisis de biodiversidad de la que estamos siendo testigos. La tasa de extinción de especies se ha incrementado exponencialmente en los últimos años y ya es 1000 veces superior a la que tenía lugar antes de la aparición del ser humano. 

Según varios estudios, la extinción de las especies más grandes, responsables del 80% de la diversidad funcional del planeta, puede producir un desajuste en el equilibrio ecológico a una escala global. Y solo conocemos algunas de sus consecuencias. Hace unos días se publicó un artículo en Nature, en el que se ponía de manifiesto la hasta ahora subestimada contribución de las grandes ballenas a la productividad global, e incluso a la captura de CO2 atmosférico, responsable en gran parte del efecto invernadero.

En este artículo, los autores estimaron que que las ballenas azules, rorcuales, ballenas jorobadas y ballenas francas, consumían 3 veces más krill del que se pensaba hasta ahora. Por ejemplo, una sola ballena azul podía comer más de 16 toneladas de krill al día. Y gran parte de ese consumo se traduce en una inmensa cantidad de excrementos, que son una fuente muy importante de nutrientes en el océano. Entre esos nutrientes destaca el hierro, que contribuye al crecimiento del fitoplancton, que además de absorber gran cantidad de CO2 es la base de las redes tróficas del océano.

Las ballenas fueron sometidas a una intensa persecución durante el siglo XX, y atendiendo a los resultados sobre su tasa de consumo, los autores de este trabajo estimaron que antes de que la caza industrial las llevara al borde de la extinción, estas ingerían cerca de 430 millones de toneladas de krill sólo en el océano austral, el doble de la biomasa actual de estos crustáceos. Y al mismo tiempo, excretaban 12.000 Tm de hierro, diez veces más de lo que excretan actualmente. 


Lo que sugieren estos datos es que cuantas más ballenas había alimentándose de krill, la abundancia de krill era mucho mayor. Es lo que se conoce como la "paradoja del krill", de hecho, donde la presión sobre las ballenas fue mayor, la abundancia de krill se redujo exponencialmente. Esto se explica porque los excrementos de las ballenas aumentaban la productividad marina al fertilizar el agua, contribuyendo así al crecimiento del fitoplacton, que a su vez era consumido por el krill.

Según los autores de este trabajo, antes de que comenzara la caza industrial de ballenas, su contribución a la productividad global del planeta y a la eliminación de CO2, gracias a su papel fertilizador sobre fitoplacton, era equiparable al de los ecosistemas forestales de continentes enteros. De esta forma, la recuperación de la población de estos cetáceos podría servir para restaurar el equilibrio del ecosistema y contribuir de forma natural a la lucha contra el cambio climático.

Este papel fertilizador de los depredadores también ha sido descrito en el caso de las aves marinas. El consumo global de pescado por parte de las aves marinas es equiparable, según algunos estudios, a la biomasa extraída por toda la flota pesquera comercial. Y al igual que en el caso de las ballenas, ese consumo se traduce en una ingente cantidad de excrementos que contribuían a fertilizar el océano y a mejorar la producción de fitoplancton, algo que no ocurre con las pesquerías comerciales. El papel de los excrementos de las aves marinas como fertilizante se conoce desde hace tiempo, y de hecho su explotación convirtio a Perú en una potencia exportadora en el siglo XIX gracias al mercado del guano, que eran los excrementos de las aves acumulados durante generaciones en las islas donde se reproducían. 

El guano es rico en fósforo, nitrógeno y potasio y al igual que abonaba los jardines de Europa y Estados Unidos hacia donde se exportaba, los lixiviados producidos al arroyar el agua de lluvia sobre las colonias de aves marinas, fertilizaba las aguas limítrofes, aumentando su productividad y  contribuyendo al aumento de la biomasa de peces.


Pero las aves marinas, al igual que las grandes ballenas, han sufrido un importante declive en los últimos años y se ha estimado que su población total ha descendido un 70% entre 1950 y 2010, lo que equivale a una pérdida de 230 millones de ejemplares en 60 años. Y ese importante declive puede tener consecuencias catastróficas para el funcionamiento de los ecosistemas y como hemos visto, para el equilibrio global de la Tierra.

Actualmente estamos asistiendo a un auge desenfrenado en la instalación de parques eólicos, parques solares, estaciones de biomasa, etc, etc, que nos prometen un futuro "verde" y descarbonizado. Pretendemos llenar la superficie de nuestro planeta, tanto en tierra como en el océano, de estas instalaciones, olvidándonos del efecto que pueden tener sobre el resto de piezas de los ecosistemas, sin las cuales, por mucha energía que tengamos, la maquinaria no funcionará correctamente.  

Los parques eólicos marinos pueden afectar a las aves marinas y a los cetáceos, produciendo colisiones con las turbinas, provocando ruido o desplazando sus flujos migratorios, lo que implica un mayor gasto energético para los animales. Asimismo, el cableado necesario para transportal la electricidad crea campos magnéticos que pueden interferir en las migraciones de los peces diadromos y los cetáceos. Todos estos impactos deben ser evaluados rigurosamente antes de la instalación de cualquier parque, evitando las zonas más sensibles, independientemente del potencial eólico que puedan tener. 

Hace unos pocos meses, un grupo de científicos españoles publicó una carta en la revista Science en la que alertaba de los peligros de la avalancha eólica y fotovoltaica que se avecina. Actualmente ya se ha dado permisos para de acceso a la red a proyectos que representan 121 GW,  que sumados a los 36 GW de renovables que ya se han instalado, duplican las previsiones de energía eólica fotovoltaica que aparecen en el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2021-2030. La lucha contra el cambio climático corre el riesgo de convertirse en una burbuja especulativa del mercado de la energías renovables, llevándose por delante hábitats y especies de gran valor e incrementando aún más la crisis de biodiversidad actual.

No nos podemos permitir el lujo de perder más piezas en nuestro mueble, porque como hemos visto, hasta los excrementos de las aves y las ballenas son tan valiosos que sin ellos todo el planeta se tambalearía.

martes, 14 de abril de 2020

Coronavirus y cambios en el modelo social

Por regla general suelo escribir en el blog artículos propios o en todo caso comentarios e impresiones personales acerca de artículos publicados, ya sean científicos o periodísticos, pero creo que en este caso no podría explicar mejor que Fernando Valladares, profesor de investigación del Museo Natural de Ciencias Naturales de Madrid, la raíz del problema en el que nos encontramos sumidos en este momento.

Tal como explica en el vídeo, este problema no es algo reciente, por mucho que nos haya explotado en la cara hace un par de meses, sino que tiene su origen el crisis de biodiversidad que ya padecemos desde hace décadas.


Uno de los mayores desafíos a los que se debe enfrentar nuestra sociedad, si realmente queremos que pandemias como esta no se conviertan en algo recurrente, es el cambio de nuestro modelo social, lo que implicaría en primer lugar frenar el proceso de degradación ambiental en el que estamos inmersos. Nuestra salud depende directamente de la salud de los ecosistemas y del planeta en general. Si no somos capaces de comprender eso, no habremos aprendido nada.

jueves, 28 de junio de 2018

Hoy es un mal día para nuestra biodiversidad

Hoy, 28 de junio de 2018, es un día triste para nuestra biodiversidad, para nuestro medio ambiente y para la ciencia. 

Hoy quedará de manifiesto, una vez más, el desprecio de la clase política hacia las evidencias científicas y hacia el medio ambiente, que nunca podrá competir contra los intereses económicos y electoralistas. Aunque los argumentos científicos sean inapelables, no es suficiente para contrarrestar el electoralismo y la indecencia política. Hoy se vota en el congreso la modificación de Ley 42/2007, del 13 de diciembre de 2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad que dejará sin efecto Sentencia del Tribunal Supremo 637/2016 que prohibía la comercialización de muchas especies al ser incluidas en el catálogo nacional de especies invasoras. Con esta modificación de la Ley de Biodiversidad se rechazarán los acuerdos internacionales que España ya había asumido previamente en la Convención sobre la Diversidad Biológica y la Estrategia Europea de Biodiversidad, que tenía por objeto frenar el avance de las especies invasoras. En este caso, el parlamento español ha dado más valor a la opinión de pescadores y cazadores que a la de científicos y jueces, lo que aparte de una indecencia es una tremenda irresponsabilidad.

Black bass, una de las especies "indultadas" a pesar de ser considerada como muy peligrosa

Esta propuesta de modificación, que sacará de la lista de especies invasoras al siluro, el black bass, la trucha arcoiris o el arrui, entre otras, parte del siguiente argumento esgrimido por el Partido Popular, que ha sido el autor de la misma: "La conservación debe tener en cuenta las exigencias económicas y sociales" y cuenta con los apoyos en la votación de Ciudadanos, PNV y PdCat, dejando claro una vez más que para hacer demagogia, destrozar el medio ambiente y labrarse un huequecito en la poltrona y un jugoso sueldo para unos cuantos años más, no tienen ningún recato a la hora de pasarse por el forro las banderitas, la ética, la ideas políticas y hasta las decisiones judiciales que tanto dicen respetar con la boquita pequeña.

Sin duda hoy es un mal día para nuestra biodiversidad, otro más.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La Biodiversidad y la economía de mercado

A la hora de diseñar el plan de conservación de una determinada especie o incluso en el momento de exponer esos planes ante la opinión pública, lo primero que se suele hacer es resaltar los beneficios que supone esa especie para nosotros y como podría afectar a nuestro bolsillo su desaparición. De alguna manera se intenta justificar las decisiones que se prevé tomar, que pueden ser caras o incluso molestas. 


David Pearce y Dominic Moran, publicaron un libro en 1994 titulado “The economic value of biodiversity” en el que exponían los distintos valores que podían ser aplicables a la biodiversidad. Este libro surgió como un encargo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) con el fin de que se evaluaran los distintos valores económicos que se podrían generar por las actividades de conservación y que normalmente no eran tenidos en cuenta.