En la actualidad estamos viviendo en una curiosa paradoja: nunca tuvimos más acceso a la información, pero al mismo tiempo el grado de desinformación de la población cada día es mayor. Y esta paradoja, es aún más patente cuando nos referimos a la información científica y medioambiental.
Hace unos años, las fuentes de información más consultadas por la población eran la prensa escrita y la televisión, y en menor medida los libros y la literatura especializada. La prensa escrita permitía al periodista o divulgador dedicar el tiempo necesario a la consulta de diversas fuentes y al contraste de la información recibida, ya que tenía muchas horas por delante antes de que su artículo se publicara en la edición matinal del día siguiente. Por otra parte, era habitual que las distintas secciones de un periódico (política, información local, medio ambiente o deportes) estuvieran lideradas por periodistas especializados, o al menos con cierta formación en cada una de las distintas áreas. Con el paso del tiempo el periodista especializado ha quedado relegado a unas pocas secciones, mientras que en el resto es habitual la presencia de periodistas "generalistas" que escriben tanto de sociedad, como de medio ambiente, actualidad o agricultura, por ejemplo.


