Cuando las decisiones se toman por presiones externas, atendiendo únicamente a criterios electoralistas y sin tener en cuenta la opinión y los estudios de los especialistas, los resultados pueden ser muchas veces los contrarios a los esperados. Es más, en muchas ocasiones, el supuesto problema que se pretendía resolver, no solo no se resuelve sino que se agrava.
Un ejemplo muy claro de esta estrategia fallida son los descastes y matanzas de depredadores con objeto de reducir la mortalidad de sus presas. Estas acciones se hacen con lobos, con zorros, con cormoranes, con garzas y con cualquier otra especie que ponga en peligro a aquellas especies que tienen interés económico, o incluso deportivo, para el ser humano.