El pasado fin de semana fue muy especial. El viernes baje hasta Talavera de la Reina a ver a mis amigos de la Asociación Ardeidas, una de las asociaciones naturalistas más veteranas de España, que me tenían preparado un plan muy especial. Talavera me recibió con agua. Después de un verano extremadamente seco en el que no llovió prácticamente nada en cuatro meses, por fin llovía, aunque egoistamente pensé que podía haber esperado un par de días más, porque esa tarde íbamos a censar grullas al Embalse de Navalcán.
A las 4 de la tarde nos fuimos al embalse y mientras cruzábamos la dehesa observamos los primeros grupos de grullas, que comían bellotas entre las encinas. Después de dejar el coche caminamos unos 10 minutos hasta la orilla del embalse, donde al oscurecer llegan las grullas a pasar la noche.
Poco antes de las 6 de la tarde, estas majestuosas aves se empezaron a mover y varios grupos aparecieron entre los árboles para posarse en la cola del embalse. Era el punto de reunión antes de dirigirse al lugar donde finalmente pasarían la noche.
A pesar de que el día estaba nublado, había dejado de llover, y el espectáculo, con las cumbres nevadas de la sierra de Gredos al fondo, era impresionante.
A las 4 de la tarde nos fuimos al embalse y mientras cruzábamos la dehesa observamos los primeros grupos de grullas, que comían bellotas entre las encinas. Después de dejar el coche caminamos unos 10 minutos hasta la orilla del embalse, donde al oscurecer llegan las grullas a pasar la noche.
Poco antes de las 6 de la tarde, estas majestuosas aves se empezaron a mover y varios grupos aparecieron entre los árboles para posarse en la cola del embalse. Era el punto de reunión antes de dirigirse al lugar donde finalmente pasarían la noche.
A pesar de que el día estaba nublado, había dejado de llover, y el espectáculo, con las cumbres nevadas de la sierra de Gredos al fondo, era impresionante.
