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lunes, 22 de agosto de 2011

Tarde de víboras


El viernes pasado quedé con Gonzalo Gil para buscar víboras en una zona que el tenía controlada desde hace tiempo. Esperaba que hubiera suerte y que al menos lográramos encontrar alguna, pero lo que no me podía imaginar es que llegaramos a ver hasta cuatro diferentes, una auténtica pasada.


En la cornisa cantábrica podemos encontrar una sóla especie de víbora, la Víbora de Seoane (Vipera seoanei), una especie de talla media, si la comparamos con otras víboras europeas, que llega a alcanzar los 75 cm de longitud total, aunque lo normal es que no superen los 50 cm. Esta especie es muy polimórfica, presentando una enorme variabilidad de coloraciones tanto entre individuos como entre poblaciones.

Las víboras son territoriales y no es raro que un mismo individuo pueda ser visto durante varios días o incluso meses en el mismo sitio, sobre la misma piedra o sobre el mismo montón de hierba o helechos.


Personalmente las víboras siempre me han parecido unos animales alucinantes y porque no decirlo, unos animales muy bonitos, lo que no quita que haya que tenerles el necesario respeto, ya que se trata de animales venenosos, y aunque su mordedura no suele causar accidentes graves salvo en niños pequeños o ancianos, si que es muy dolorosa y requiere de tratamiento médico y hospitalización. Lo más normal es que se queden tranquilamente en su sitio y que no se inmuten ante nuestra presencia, por lo que lo mejor es dejarlas tranquilas y no intentar manipularlas si no se tiene experiencia.


Las cuatro víboras que vimos el viernes tenían una coloración más apagada que lo normal, como si estuvieran desgastadas. Aprovechando la querencia de estos animales a un mismo sitio pudimos comparar alguna de las víboras con las fotos hechas unos días antes por Gonzalo a los mismos ejemplares. Si os fijáis en el ejemplar de las dos primeras fotos y las comparáis con la foto del mismo ejemplar fotografiado unas semanas antes por Gonzalo, comprobaréis el cambio de coloración.


Las víboras son vivíparas y llegan a parir entre 3 y 10 viboreznos entre finales de agosto y finales de octubre, dependiendo de las condiciones meteorológicas. El último ejemplar que vimos el viernes (el de la foto anterior) era una hembra preñada que por lo abultado de su abdomen debía estar a punto de parir.

Nota: como siempre, haced click en las fotos para ampliar

miércoles, 3 de junio de 2009

Víbora de Seoane


 Las serpientes siempre han causado miedo entre la gente, y entre todas ellas y sobre todo en nuestras latitudes, las víboras son las que más temor provocan. Lo cierto es que la inmensa mayoría de las serpientes de la Península Ibérica son inofensivas e incluso las pocas especies venenosas que hay en nuestra herpetofauna sólo morderán si se sienten acorraladas y acosadas.

La Víbora de Seone (Vipera seoanei) es la única especie de víbora de la Cornisa Cantábrica. Se trata de una víbora pequeña, que en estado adulto no suele superar los 50 cm. Los ejemplares juveniles como éste fotografiado en la canal de Amuesa (Picos de Europa) tienen un colorido más intenso que los adultos y el diseño dorsal en zig-zag mucho más patente.


Las vívoras, al contrario que la mayoría de las serpientes ibéricas son vivíparas. El celo ocurre desde abril hasta finales de mayo, aunque en zonas de alta montaña se puede retrasar un poco mas. Los nacimientos pueden ocurrir a partir de julio y las hembras, dependiendo de su tamaño, pueden parir entre 3 y 10 crías que nacen completamente desarrolladas y perfectamente capaces de inocular su veneno a los pocos segundos de liberarse de la placenta. En este video se puede ver perfectamente el momento del parto y los primeros movimientos de la cría nada mas nacer:



La dieta de la víbora de Seoane comprende prácticamente cualquier vertebrado que se pueda tragar, desde anfibios hasta roedores e incluso aves. De todas formas, la víbora tiene una lista de depredadores incluso mayor, ya que casi todas las rapaces pueden depredarla y también gatos monteses y mustélidos.


Probablemente el hombre sea su peor enemigo, ya sea porque la mata a palos con sólo verla o por culpa de los incendios forestales que provoca todos los veranos y que tienen a los reptiles como unas de sus principales víctimas.

La Vívora de Seoane es una especie venenosa, y cuyo veneno puede causar un fuerte dolor, hinchazón y en contadísimas ocasiones la muerte. Aun así el uso de ese veneno es para cazar y no tiene sentido desperdiciarlo en morder a una presa que evidentemente nunca se podría comer, por eso sólo mordera al hombre en casos extremos. Cuando veamos a una víbora, lo mejor que podemos hacer es dejarla tranquila y no intentar cogerla, y por supuesto no acosarla ni mucho menos matarla.