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jueves, 27 de octubre de 2016

¿Estamos a setas o estamos a Rolex?

El otoño es la temporada de las setas por excelencia. Aunque pueden aparecer durante cualquier época del año, es durante estos meses cuando son más abundantes, tanto en número como en variedad de especies. Es suficiente con que llueva un poco y después haga un poco de calor para que los bosques y prados se llenen de los cuerpos fructíferos de estos hongos. Porque las setas son los cuerpos fructíferos de los hongos, sus órganos reproductores que darán lugar a las esporas con las que los hongos se propagan.

Peu de llobu joven (Lycoperdon caelatum)

Las formas, colores y tamaños de las setas es proporcional al número de hongos que las producen. Podríamos decir que no hay dos setas iguales. Las setas más conocidas por todos son las que tienen un pie y un sombrero, pero aparte de estas las hay gran cantidad de formas: redondas, achatadas, planas, filamentosas y dentro de cada una de estas con multitud de colores: rojas, blancas, verdes, azules, etc. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Se marcha el verano y llega la estación más bonita del año


El verano ya está dando sus últimos coletazos antes de despedirse hasta el año que viene. Personalmente, el verano en la naturaleza me resulta la estación más aburrida de todas. La mayoría de los visitantes que llegaron en primavera para pasar unos meses entre nosotros, ya se han marchado hacia el sur. Los viajeros del norte, los que se detienen sólo unos días para avituallarse antes de continuar su camino y los que se quedarán todo el invierno, aún no han llegado. Los prados dejan el verde y se vuelven amarillos, las hojas de muchos árboles se retuercen y se secan, y hasta la mar está más silenciosa y vacía que el resto de año.

Aunque oficialmente aún quedan casi dos semanas para que el verano finalice, ya se siente el otoño entre nosotros. Los bosques de las zonas más altas ya se empiezan a vestir de ocre. Con las primeras lluvias de mediados de septiembre, los ciervos abandonarán el bosque y su vida tranquila para afrontar la época más importante del año, la berrea, que llenará el monte de sonidos guturales y choques de astas. Los osos se dejarán ver mientras comen sin descanso para acumular las reservas necesarias para pasar el invierno. Las aves marinas surcarán la mar camino al sur: alcatraces, pardelas, págalos, charranes, araos, alcas y otras muchas aves, pasaran a millones frente a nuestras costas, y las playas y rías se llenarán de limícolas que buscarán entre el fango y la arena la comida necesaria para continuar su viaje.

Y el sol, que durante el verano caía verticalmente sobre nuestras cabezas dejándonos una luz dura y plana, se inclinará para ofrecernos las mejores luces que nos permitirán apreciar todos los tonos y matices de la naturaleza. El aire se limpiará, la calima del verano desaparecerá y en los días despejados podremos ver hasta los montes más lejanos, que hace tan solo unas semanas apenas éramos capaces de distinguir.

Es cierto que este verano, al menos en el norte, no ha sido demasiado caluroso y que incluso en agosto ha habido más días de "mal tiempo" que días de sol y cielos azules. Afortunadamente hemos tenido esos días, que nos han dejado atardeceres en los que las nubes se han pintado de oro y rojo para reflejarse en los charcos de la marea.

Ya llega el otoño, la estación más bonita del año y os animo a que disfrutéis de ella y a que olvidéis lo antes posible el aburrido y monótono verano. No hay mejor cura posible para la llamada depresión post-vacional, aparte de no cogerse vacaciones, que acercarse al monte o a la mar y vivir el otoño.

NOTA: haced click en la foto para verla a mayor tamaño.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ríos de otoño


Falta menos de un mes para que se acabe el otoño, pero en muchos montes de la cordillera cantábrica y de los Picos de Europa todavía se puede disfrutar de la variedad de colores y sonidos de esta estación. Los pequeños arroyos que hace unos pocos meses estaban casi secos corren ahora ladera abajo alimentados con el agua de las últimas lluvias.


Las hojas de los robles, castaños y avellanos que llenaban de verde las orillas, se amontonan ahora en el suelo, atrapadas por las ramas y las rocas, mientras otras siguen el curso del río arrastradas por la corriente.


Aguas abajo, al suavizarse la pendiente, los ríos se ensanchan y las aguas se calman. Y las hojas que viajaban con la corriente ahora se mueven despacio, flotando ingrávidas sobre el fondo.


Video grabado en un afluente del Ríu Ponga (Asturies)

Pero en la Naturaleza nada se desperdicia. Millones de microorganismos y de insectos acuáticos, triturarán y descompondrán esas hojas, reintegrándo sus nutrientes a la cadena trófica. Y dentro de unos meses, las hojas verdes volverán a cubrir los árboles de las orillas. La vida no se detiene, solo cambia.

jueves, 4 de octubre de 2012

El otoño que nos robaron

Cerezo otoñal en Valdeón

Como comentaba en una entrada anterior, para mi no hay ninguna estación más bonita que el otoño. El acortamiento de las horas de luz es el desencadenante para que muchas especies de árboles dejen de hacer la fotosíntesis, lo que tiene como consecuencia la desaparición de la clorofila de las hojas y el desvanecimiento del color verde. En su lugar empiezan a verse colores amarillos y naranjas (que se originan por otros pigmentos como los carotenos), que aunque ya estaban presentes anteriormente, estaban enmascarados por la clorofila. Además, algunos árboles, como los arces y los cerezos, producen un nuevo pigmento con la llegada del otoño, la antocianina, a partir de la degradación de la glucosa que hay en sus hojas y que da lugar unos colores rojos brillantes característicos.

Todo este proceso es gradual y no ocurre a la vez en todas las especies de árboles, por lo que en los bosques mixtos característicos de la cordillera cantábrica, durante unos pocos meses se forma un mosaico de colores que da a los bosques un aspecto impresionante. Hasta hace poco más de 50 años, este espectáculo otoñal tenía lugar en toda nuestra geografía, desde la mar hasta la montaña, comenzando primero en las zonas altas y terminando en la costa, donde las temperaturas más suaves retrasaban este proceso.

Desgraciadamente, las plantaciones de eucaliptos que cubren toda la franja costera, desde Euskadi hasta Galicia, han convertido las zonas bajas en un lienzo uniforme de color verde que no cambia con el paso de las estaciones. Da lo mismo que sea invierno, que verano, que otoño o primavera.

Hasta ahora, las zonas situadas por encima de los 500 metros se habían librado de esta plaga debido a la intolerancia del Eucaliptus globulus a las bajas temperaturas, pero tras la legalización de las plantaciones de Eucaliptus nitens en Asturies, mucho más resistente a las heladas, estas plantaciones ya no tendrán impedimentos ecológicos para extenderse por todo el gradiente altitudinal. Mientras tanto, las empresas papeleras como ENCE se frotan las manos y algunas asociaciones "ecologistas" como el FAPAS, defienden estos monocultivos a cambio de suculentas subvenciones pagadas por esa misma empresa.

Cada vez tenemos que ir más lejos y subir más alto para disfrutar del otoño que ya nos robaron, pero no tienen bastante y nos quieren robar lo poco que nos queda.