En las últimas semanas hemos sido testigos de un alarmante aumento del furtivismo en Asturias, hasta el punto de que lo que hasta hace poco parecían unos pocos casos aislados empieza a resultar algo habitual. Pero no nos engañemos, el furtivismo nunca ha desaparecido de nuestros campos y montes. El uso de lazos y cepos, las escopetas o el uso de venenos, tanto en el monte como el río, nunca ha desaparecido. Aun así algo ha cambiado, si antes se mataba a escondidas, ahora el furtivismo se ha convertido en una forma de chantaje, una forma de decirle a la Administración que o matan ellos o mataremos nosotros.
En los últimos meses, los furtivos han matado un mínimo de seis lobos (tres el último fin de semana) y los han colgado de señales de tráfico o los han dejado en aparcamientos e incluso sobre los coches oficiales de los agentes medioambientales. Jaleados en las redes sociales, confirmando que hacer apología de un delito solo se persigue cuando conviene, y amparados por la aparente impunidad que produce que ninguno de los culpables haya sido detenido, no sería extraño que en las próximas semanas aparecieran más cadáveres.








