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viernes, 29 de marzo de 2019

La globalización está matando a los anfibios

Las rutas comerciales han conectado a las poblaciones humanas desde hace miles de años, lo que ha permitido el tráfico y la movilidad de mercancías, de culturas y de personas, pero también han sido la vía de entrada de multitud de patógenos y enfermedades. 

Se ha comentado en muchas ocasiones cómo la llegada de los primeros europeos a América produjo una mortalidad sin precedentes entre la población indígena, debido a que portaban enfermedades que los nativos nunca habían sufrido. Las poblaciones europeas, que sí habían estado en contacto con esos patógenos durante muchas generaciones, habían desarrollado mecanismos de defensa para enfrentarse a ellos, pero en las poblaciones indígenas eso no había ocurrido, ya que no había existido ese contacto previo. Solo entre la población azteca, que en 1545 se había estimado en 25 millones de personas, la cocolitzli, como ellos llamaron a la enfermedad que padecieron, produjo entre 12 y 15 millones de muertos en solo 5 años (Dobyns, 1993). Según confirmó un trabajo publicado en 2018, los síntomas que padecieron estaban provocados por la Salmonella enterica (Vågene et al, 2018). Los aztecas nunca habían estado contacto con esta bacteria hasta la llegada de los europeos, por lo que sucumbieron rápidamente a la enfermedad sin posibilidad de hacerle frente.

Pero los seres humanos no han sido los únicos que se han visto afectados por este "tráfico" de enfermedades. En los últimos años han sido muchas las especies de animales que han experimentado importantes descensos poblacionales, e incluso extinciones, debido a que han entrado en contacto con enfermedades con las que nunca habían tenido contacto. El grupo de animales que más ha sufrido los efectos de estas enfermedades ha sido el de los anfibios, debido sobre todo a la aparición de la enfermedad de la Quitridiomicosis, producida por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que fue identificado en 1998 como el causante de dicha enfermedad (Berger et al, 1998).


Este hongo parásito se alimenta de la queratina que se encuentra en la piel de los anfibios y llega a ellos en forma de zoospora, cuando las larvas de estos se encuentran en el agua. Una vez en su piel, la zoospora se enquista, pierde su flagelo y se transforma en un esporangio, que además de alimentarse de queratina produce nuevas zoosporas que buscarán otras larvas donde fijarse. Mientras los renacuajos están en el agua, aparentemente viven sin problemas, sirviendo como reservorio del hongo, pero al producirse la metamorfosis y salir a tierra los metamorfos mueren en cuestión de días o incluso de unas pocas horas. Esta mortalidad ocurre porque la piel en los anfibios tiene un importante papel como órgano respiratorio, y como consecuencia de la enfermedad queda cubierta de costras que impiden el intercambio de gases, por lo que los animales acaban muriendo por un paro cardiaco.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Sexo en la ciudad: las ranas urbanas son más sexys que las del bosque

Los machos de muchas especies de animales presentan atributos y ornamentos, que en ocasiones son muy elaborados, con el fin de atraer a las hembras para poder aparearse con ellas. Estos atributos pueden ser físicos, como un plumaje o una coloración llamativa, pero también pueden ser comportamientos ritualizados como exhibiciones de cortejo o cantos. 

Cuando pensamos en los cantos, lo primero que nos viene a la cabeza son los cantos de las aves, sobre todo de algunos paseriformes, que son capaces de emitir melodías muy complejas y características para cada especie. Mediante esos cantos, los machos compiten con otros machos rivales, de forma que aquellos que consigan tener un canto más fuerte, más complejo y que destaque sobre el de sus competidores, tendrá más posibilidades de éxito.

Macho de Rana verde (Pelophylax perezi) cantando

Pero las aves no son las únicas que utilizan la música en sus cortejos, los anfibios, y en particular las ranas y los sapos, también la utilizan, y al igual que en las aves, las características de sus cantos varían según las condiciones ambientales pero también dependen del contexto social en el que se encuentren.  

martes, 30 de octubre de 2018

Nunca llueve a gusto de todos

Después de un principio de otoño cálido y seco en la cornisa cantábrica, las lluvias han llegado para poner orden y recordarnos que octubre y noviembre son históricamente los meses más lluviosos en Asturias y en otras provincias del norte. Estas lluvias han sido torrenciales en muchos lugares, causando importantes pérdidas materiales e incluso personales en muchos de ellos, una situación que en gran parte de ha debido a una nefasta planificación urbanística que ha permitido edificar en zonas inundables, en las que como dice su nombre, tarde o temprano acaban inundándose si las precipitaciones son severas, como ha sido el caso. Y aún puede ser más grave, ya que todas las predicciones auguran un aumento de la frecuencia de eventos meteorológicos extremos como consecuencia del cambio climático, como lluvias torrenciales, nevadas extemporáneas o sequías inusualmente prolongadas. 

Pareja de Sapo común en amplexus

Pero estas lluvias no han sido mal recibidas por todos. Muchos animales las esperaban ansiosos, ya que las largas semanas sin precipitaciones habían secado las charcas y fuentes donde acuden a reproducirse en esta época del año. Multitud de anfibios, como los Sapos comunes (Bufo spinosus) o las Ranas bermejas (Rana temporaria) se dirigen por millares estos días a las masas de agua recientemente formadas para aparearse.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Salamandras en el monte Urgull

El próximo sábado, 27 de octubre, presentaremos el documental "Los últimos dragones de Oviedo" en Donostia, en el que narramos la historia de la población de salamandras que han sobrevivido entre los muros de la ciudad de Oviedo desde su fundación en el siglo VIII hasta nuestros días. Tras la proyección daré una charla en la que hablaré de anfibios y fauna urbana, de las adaptaciones que han hecho posible que sobrevivan en este medio hostil para la mayoría de los anfibios y de los peligros que amenazan la supervivencia de este fascinante grupo de animales.


Después de la charla, hay programada una salida de campo nocturna para tratar de localizar otra población urbana de salamandras, en este caso en el monte Urgull, y en vista de las previsiones de lluvia para el fin de semana, y siempre que no  haga mucho frío, seguro que las encontramos.

Si aún no visteis el documental y no os podéis acercar a la proyección, recordad que podéis adquirir el DVD en la página web de Documentazul.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hablando de víboras y salamandras en Herramélluri (La Rioja)

Este fin de semana, entre el viernes 26 y el sábado 27 de mayo, celebraremos el Día Mundial de la Diversidad Biológica en Herramélluri (La Rioja) hablando de salamandras y víboras, dos grupos de animales que aunque despiertan la antipatía e incluso el miedo entre mucha gente son unos animales muy interesantes y beneficiosos.


Entre las actividades programadas está la proyección del documental "Los últimos dragones de Oviedo" y una charla divulgativa sobre este grupo de anfibios que daré yo. El sábado, Fernando Martínez-Freira, uno de los mayores expertos en víboras ibéricas, tomará el relevo y nos hablará de estos fascinantes reptiles, a los que si hay suerte podremos ver en la salida de campo posterior, ya que la zona es muy buena para la Víbora aspid y la Víbora hocicuda.

Las ponencias tendrán lugar en el ambulatorio de Herramelluri.

martes, 18 de abril de 2017

El sapo partero, una rareza entre los anfibios

Los sapos parteros son sin duda unas de las especies más singulares dentro de los anfibios ibéricos, debido a su particular forma de reproducción. Aunque el cuidado parental no es algo demasiado inusual dentro de este grupo de animales, sobre todo en las especies tropicales, la mayoría de las especies de anfibios se limitan a poner sus huevos en las charcas para posteriormente desentenderse de ellos y de los renacuajos. 

En el sapo partero común (Alytes obstetricans), tras la puesta, el macho enrolla el cordón de huevos en sus patas traseras y lo transporta hasta que los renacuajos están a punto de eclosionar. Los machos pueden transportar las puestas de hasta 3 hembras distintas, por lo que pueden llegar a llevar más de 150 huevos a cuestas.


El pasado sábado, en los alrededores de una charca artificial formada en una cantera de pizarra, y gracias a las indicaciones de mi amigo Pablo Miki, localizamos varios ejemplares de partero que escondidos bajo las piedras esperaban a que oscureciera para empezar a cantar a coro. Entre ellos, un macho llevaba a cuestas una puesta a la que por su aspecto le faltaba muy poco para eclosionar.

sábado, 4 de febrero de 2017

Entrevista en Bicheando.net: salamandras, dragones y otros bichos


Hace unos meses contactó conmigo Alberto González, de la página Bicheando.net y me comentó que estaba interesado en hacerme una entrevista para hablar del documental "Los últimos dragones de Oviedo" que como sabéis estrenamos hace unos meses.

Hoy mismo han publicado la entrevista, en la que además de hablar del documental, hablo de mi relación con los anfibios y reptiles, de su conservación y de otros proyectos futuros

PODÉIS LEER LA ENTREVISTA COMPLETA EN ESTE ENLACE

martes, 20 de diciembre de 2016

"Los últimos dragones de Oviedo" disponible en DVD

Más tarde de lo que teníamos previsto debido a algunos problemas técnicos, por fin os podemos anunciar que ya está disponible el DVD de nuestro documental "Los últimos dragones de Oviedo", que recientemente ha sido premiado por como el documental mejor valorado por el público en la 28 edición de la Bienal de Cine Científico de Ronda.


Si estáis interesados en adquirirlo tenéis que hacer clic en ESTE ENLACE y ahí tenéis explicado todo lo que tenéis que hacer para tenerlo en vuestras manos.

martes, 5 de julio de 2016

Proyección del documental de las salamandras de Oviedo y exposición de anfibios y reptiles

El próximo sábado, 9 de julio, a las 18:00 proyectaremos el documental "Los últimos dragones de Oviedo" en el auditorio del Museo Jurásico de Asturias (MUJA) que se encuentra entre las localidades de Colunga y Llastres. 



martes, 1 de diciembre de 2015

Grabando ranas en Acevedín

Con la llegada de las lluvias del otoño, las ranas bermejas (Rana temporaria) comienzan la temporada de reproducción. Los machos acuden al agua en charcas,  y bebederos de ganado para delimitar sus territorios y cantar para atraer a las hembras. Nada más que oscurece, empiezan a aparecer y una vez en el agua, esperan a las hembras, que cargadas de huevos llegarán también para reproducirse.


Los machos, nada más detectarlas, se abalanzarán sobre ellas para intentar agarrarse a ellas, en una postura que en los anfibios recibe el nombre de amplexus. En esos momentos, se pueden producir disputas entre los machos, y normalmente el más fuerte, o en muchas ocasiones, el primero que haya llegado, será el que consiga aparearse con éxito.

Una vez que el macho se ha agarrado firmemente a la hembra no se soltará hasta que se produzca la puesta, que puede tener lugar a los pocos minutos después o incluso después de varias horas. 

Las ranas, al igual que otros muchos anfibios, han perdido muchos de sus lugares de reproducción debido a la costumbre de desecar las charcas y masas de agua. En el caso de las Ranas bermejas, al utilizar charcas temporales, esta perdida ha sido menos importante, e incluso en algunos casos, las actividades humanas las han beneficiado, ya que se han aprovechado de las actividades de extracción de madera para reproducirse en las rodadas y cunetas de las pistas forestales.

Ayer estuve en Acevedín (Tapia de Casariego), grabando la reproducción de las Ranas bermejas en una charca dentro de la finca de mi amigo Pablo Miki García, que usando una pala amplió un pequeño encharcamiento donde se acumulaba agua de una fuente. Las ranas, que antes acudían en pequeño número, empezaron a llegar masivamente a su nuevo lugar de puesta, concentrándose algunos días más de 300 ejemplares. 



En zonas situadas por debajo de los 500 metros de altitud, la reproducción de esta especie se prolonga durante varios meses, entre finales de septiembre y principios de febrero, dependiendo de las temperaturas y de las precipitaciones.

En altitudes superiores, y sobre todo en aquellas poblaciones situadas por encima de los 1500 metros, durante estos meses las ranas permanecen escondidas bajo las piedras o dentro de las madrigueras de los topillos y los ratones en estado de hibernación. Las ranas, que han acumulado gran cantidad de reservas durante los meses estivales, no saldrán de su letargo hasta la llegada de la primavera, cuando se retire el hielo de las charcas y comience para ellas la época de reproducción.

Macho de Rana temporaria en la charca de Llaguseco (Picos de Europa)

La reproducción en la alta montaña es una carrera contra el tiempo y todos los apareamientos suelen tener lugar en una o dos semanas. Como el tiempo es escaso, las ranas, que en zonas bajas son de hábitos nocturnos, aquí arriba aprovechan todas las horas del día y de la noche, aunque el riesgo de morir depredadas sea mucho más alto. Merece la pena arriesgarse porque no hay tiempo que perder. El agua de las charcas desaparecerá muy pronto y los renacuajos deben haber completado la metamorfosis antes de que esto ocurra y quizás el próximo año, los adultos no tengan otra oportunidad para reproducirse.


El trabajo de campo en alta montaña no resulta sencillo, ya que normalmente hay que subir varias veces para dar con el momento justo. En el vídeo anterior, grabado por Vanesa Girón en 2010, podéis ver una de esas subidas, narrado por su inigualable coña gaditana. Finalmente la charca seguía tapada por la nieve y tuvimos que repetir dos veces más hasta que encontramos a las ranas.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

El farragoso mundo de las subespecies: las salamandras cantábricas

Lsa especies son normalmente reconocidas como la unidad fundamental de la taxonomía y se han definido clásicamente como un grupo de individuos que se reproducen o pueden reproducirse entre sí y que dan lugar a descendencia fértil. Siendo un poco más precisos, una especie se podría definir como un conjunto de organismos que tienen un importante número de caracteres en común, que forman poblaciones que se pueden reproducir entre ellas y que están aisladas reproductivamente del resto, o sea, que en condiciones naturales no se reproducen con otros individuos de otras especies diferentes.


Si el concepto de especie parece bastante claro, el concepto se subespecie no lo es tanto, y de hecho en muchas ocasiones la división de una especie en distintas subespecies tiene un importante componente arbitrario, por lo que algunos críticos han afirmado que no debería emplearse con fines taxonómicos. Tradicionalmente se han definido las subespecies como grupos de individuos que tienen unos rasgos morfológicos o unas variaciones de color diferentes a los demás grupos de la misma especie. Una definición que se ha usado frecuentemente es la de Mayr (1963) que la define como "una agregación de individuos de unas determinadas poblaciones locales que difieren taxonómicamente de otras subdivisiones de la especies". 

Es evidente que esta definición no es demasiado precisa por lo que algunos investigadores han propuesto la regla del 75%, según la cual sólo se puede reconocer una subespecie como tal si al menos el 75% de la variación para un determinado carácter de los individuos de una población difiere del 99% de la variación de los individuos de otra población adyacente (Patten & Unitt, 2002). Una de las presunciones que asume la definición de subespecie es que el flujo génico entre las distintas subespecies no es lo suficientemente grande para homogenizarlas.

A pesar de todas estás críticas, algunos estudios recientes en los que se han usado varios caracteres (morfológicos, genéticos y comportamentales) han confirmado que muchas subespecies son entidades evolutivamente diferenciables. Por lo tanto, aunque la definición de subespecie pueden haber sido aplicada de una forma no demasiado estricta por muchos taxónomos, esto no invalida el concepto de subespecie como una entidad biológicamente significativa. Por lo tanto sería necesario un mayor esfuerzo para clarificar el concepto de subespecie que descartara el componente arbitrario que actualmente tiene y que pudiera servir, por ejemplo, para identificar aquellas "entidades" que necesitan una protección especial debido a su singularidad. 

El caso de las Salamandras cantábricas

La Salamandra común (Salamandra salamandra) es una especie de anfibio urodelo de distribución exclusivamente europea. En la Península ibérica se localiza en el norte, este y centro y se han descrito 10 subespecies, que se diferencian entre sí por rasgos morfológicos como la forma de la cabeza, el tamaño o por el diseño de su coloración. 

Salamandra salamandra bernardezi, Novellana (Asturias)

En la cordillera cantábrica, Euskadi y Pirineos se encuentran poblaciones con individuos de pequeño tamaño y un diseño de rayas negras sobre un fondo amarillo (aunque el diseño es muy variable), al contrario que el resto de poblaciones ibéricas en las que el diseño suele ser negro con manchas amarillas. En esta zona, las dos subespecies que se habían descrito eran la S.s. bernardezi, que aparece en el nordeste de Galicia, Asturias y oeste de Cantabria y la S.s. fastuosa, que es de mayor tamaño que bernardezi y se encuentra en Euskadi, Navarra y Pirineos occidentales. 


Hace unos años se describió una nueva subespecie de Salamandra común en Asturias, que recibió el nombre de S.s. alfredschmidti (Köhler & Steinfartz, 2006) que se localizaba en unos pocos valles de la zona centro-oriental de Asturias. Los ejemplares descritos tenían un tamaño más pequeño que las bernardezi y una coloración variable, desde amarillo hasta pardo, y aunque en algunos casos aparecía una línea negra o más oscura en el dorso, no aparecían líneas oscuras en los costados.


En los últimos años, hemos localizado varias poblaciones que tenían estas características, y en muchos de ellos vimos también ejemplares con el aspecto típico de bernardezi, en ocasiones juntos en un mismo refugio, pero a pesar de que seguramente se produjeran cruzamientos entre ellas, este patrón de coloración tan distintivo no se ha perdido y la mayoría de los ejemplares que encontramos en varias localidades tenían ese aspecto.

No hay duda de que estas salamandras tienen un aspecto muy diferente al que estamos acostumbrados en las bernardezi, pero lo que no está tan claro es que se trate de una subespecie diferente. Algunos investigadores aseguran que se trata solo de una variación de color y que las diferencias genéticas entre ambos grupos no son los suficientemente grandes para ser consideradas como subespecies distintas.


Se trate o no de una nueva subespecie de salamandra, a partir de la publicación del artículo de Köhler y Steinfartz, se ha confirmado la existencia de un mercado ilegal de estos animales con destino a los terrarios. En Alemania y en otros países como Japón, hay una gran afición a la cría en cautividad de salamandras y en particular de esta especie y hay numerosos enlaces a páginas webs en las que se compran y venden estos animales y se dan consejos de cómo mantenerlos y reproducirlos en cautividad.

Además de los problemas, ya descritos en numerosas ocasiones, relacionados con los escapes y sueltas de animales exóticos, la recolección de ejemplares de esta población, así como de otras poblaciones que tienen un área de distribución muy pequeña, podría extinguirlas en un plazo muy corto de tiempo. La conservación de poblaciones locales (sean subespecies o no) sobre todo en en aquellas especies que presentan un elevado grado de estructuración espacial, es de una importancia capital, ya que su desaparición significaría una pérdida irreparable de biodiversidad.

NOTA: haced click en las fotos para verlas mejor

Bibliografía

Köhler, G & Steinfartz, S (2006) A new subspecies of the fire salamander, Salamandra salamandra (LINNAEUS, 1758) from the Tendi valley, Asturias, Spain. Salmandra 42: 13-20.

Mayr, E. 1963. Animal species and evolution. Belknap Press, Cambridge, Massachusetts.

Patten, M. A., and P. Unitt. 2002. Diagnosability versus mean differences of sage sparrow subspecies. Auk 119:26–35.

lunes, 29 de junio de 2015

¿Dónde se meten las salamandras en verano?

Las salamandras, como gran parte de los anfibios, necesitan mantener su piel húmeda y son más activas durante la noche o las primeras y últimas horas del día. Una exposición prolongada al sol del mediodía puede ser letal por lo que durante las horas centrales del día se esconden en sus refugios y permanecen allí hasta que las temperaturas bajan lo suficiente. En las zonas bajas del Cantábrico, las salamandras permanecen activas durante prácticamente todo el año, aunque su actividad es mayor en las zonas lluviosas o con una elevada humedad ambiental en las que las temperaturas no bajan de los 4ºC.

De todas formas, durante el verano, la mayoría de las salamandras entra en una fase de letargo que recibe el nombre de estivación y permanecen en ese estado hasta las primeras lluvias del otoño. Durante la estivación, las salamandras descienden su actividad metabólica al mínimo y tanto el crecimiento como el desarrollo se suspenden temporalmente.


La semana pasada, en un día de mucho calor, mientras arrancaba un árbol seco en el jardín, entre las raíces apareció esta preciosa hembra de salamandra común, que dormitaba tranquilamente a casi medio metro de profundidad. Después de hacerle unas fotos la volví a dejar en un sitio cercano, a la sombra de unos arbustos con abundante hojarasca para que pudiera esconderse. 


Se trataba de una hembra adulta que tenía todo el aspecto de estar preñada. Los apareamientos en esta especie y en estas latitudes suele ocurrir entre septiembre y mayo y los partos suelen tener lugar desde octubre hasta abril.

NOTA: en el número de julio de la revista Quercus aparece un interesante artículo sobre las poblaciones insulares de Salamandra común de Galicia firmado por Guillermo Velo-Antón y Adolfo Cordero. En estas poblaciones las salamandras han adoptado una estrategia vivípara, al igual que ocurre en muchas poblaciones asturianas, como las de Oviedo, de las que ya os he hablado en este blog.

martes, 25 de noviembre de 2014

Las salamandras del Cementerio de los Peregrinos de la catedral de Oviedo

Las salamandras son anfibios urodelos que normalmente se encuentran en zonas con un elevado grado de humedad, muchas veces dentro de bosques umbríos cubiertos de musgo. Pero toda regla tiene su excepción y en el caso de las salamandras, las poblaciones que habitan en la ciudad de Oviedo, de las que ya os he hablado muchas veces, son una de ellas. 


La mayoría de estas poblaciones urbanas se encuentran en pequeños jardines rodeados de muros de piedra o cemento que les proporcionan los refugios de los que salen al llegar la noche y donde permanecen escondidas los días más fríos del invierno y los más calurosos del verano.

Pero no todas estas poblaciones son así. Seguramente, la población más singular de todas sea la que se encuentra en el Cementerio de los Peregrinos de la Catedral de Oviedo, un pequeño patio de poco más de 100 metros cuadrados situado entre la Cámara Santa y el Monasterio de San Vicente, donde actualmente se ubica el Museo Arqueológico de Asturias.


Este lugar, cuya construcción se ha datado en el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II, ha sufrido importantes alteraciones durante todo este tiempo. La más importante de todas ellas fue el bombardeo de 1934, que destruyó la cámara santa y parte de los muros que la rodeaban. Desde entonces, este espacio ha cambiado mucho y se han sucedido las obras de restauración del mismo, que han supuesto la reconstrucción de los muros y el consiguiente rejunteado de muchos de ellos. Asimismo, en la última intervención, finalizada hace escasamente un año, se sustituyó la superficie de hierba del patio por una de grava y se pavimentó parte del mismo.

Neonato de 60 mg encontrado durante un muestreo nocturno en el Cementerio de los Peregrinos

Conocíamos desde hace tiempo varias referencias a la presencia de salamandras en este lugar, pero a principios de este año hicimos la primera visita cuando las obras estaban a punto de concluir. Cuando llegamos y vimos el aspecto del patio, lo que menos podíamos esperar era que hubiera sobrevivido alguna salamandra, así que sin demasiadas esperanzas nos pusimos a buscar entre las pocas grietas que aún quedaban en los muros. Y ante nuestros ojos apareció una de ellas, una hembra adulta que sin demasiada prisa se escondió de nuevo en su refugio. ¡¡Allí estaban!!

Os recomiendo que veáis este vídeo, grabado por Guillermo Velo-Antón, que filmó ese mismo día y en el que se puede apreciar la singularidad de este lugar, donde lo último que esperaríais encontraros sería una salamandra.


Esta pequeña población de salamandras, que vive completamente aislada del resto de poblaciones de la ciudad, son una muestra de la capacidad de adaptación de muchos animales para sobrevivir en  los ambientes más hostiles que nos podamos imaginar. Ojalá puedan seguir aquí durante muchos siglos más.

NOTA: si queréis ver el vídeo en HD y en pantalla grande, sólo tenéis que hacer click sobre la palabra vimeo y una vez que se abra la ventana volved a hacer click sobre las cuatro flechitas de la barra inferior a la derecha.

viernes, 17 de octubre de 2014

Los anfibios de Picos de Europa al borde del colapso

Los anfibios son el grupo de vertebrados más amenazados a nivel mundial. Mas del 43% de todas las especies están en peligro y el 33% están globalmente amenazadas, habiéndose confirmado la extinción de muchas especies en los últimos años. 

Sapo dorado (Incilius periglenes)

En algunos casos, la velocidad a la que se extinguieron fue tan rápida que ni siquiera dio tiempo a recoger unos pocos individuos en el campo antes de que desapacieran, como ocurrió con el sapo dorado o sapo de Monteverde .

Las causas que están propiciando la desaparición de los anfibios son varias y muchas están ligadas a sus particulares características: elevada sensibilidad a los cambios en las condiciones ambientales y a la fragmentación del hábitat, limitada capacidad de movimiento en ambientes desfavorables, historias de vida ligadas a medios acuáticos y terrestres, etc.

Pero estas características que les sirvieron a los anfibios para mantenerse sobre la Tierra desde hace millones de años hasta nuestros días, ocupando prácticamente todos los rincones del mundo y mostrando una variedad y una diversidad de especies enorme, no les han servido para sobrevivir a la mayor catástrofe a la que se enfrentan desde que aparecieron en el Jurásico.

La mayor amenaza para este grupo de animales es relativamente reciente. La aparición de unas enfermedades emergentes, principalmente los hongos quitridios y los ranavirus, están consiguiendo acelerar su extinción a una velocidad nunca conocida hasta ahora. Y como suele ser habitual, en la rápida propagación de esta enfermedad los seres humanos tenemos la culpa. La afición al coleccionismo de especies exóticas y a soltar esos animales en el campo cuando nos aburrimos de ellos, están detrás de muchos casos de expansión de estas enfermedades.

Los últimos estudios parecen indicar que los ranavirus estaban presentes desde hace años en algunas especies de anfibios de África y del sudeste asiático. Especies que a pesar de portar el virus no desarrollaban la enfermedad. El problema surgió cuando el virus dio el salto a otras especies que si la desarrollaron.

Puntos de muestreo y especies afectadas por la enfermedad en el PN de Picos (Price et al, 2014)

En un artículo publicado hace unos pocos días en la revista Current Biology (y que se cita en varios periódicos nacionales hoy mismo), el equipo del investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, Jaime Bosh, que lleva varios años trabajando en el campo de las enfermedades emergentes, confirma el colapso de varias especies de anfibios en el Parque Nacional de Picos de Europa y su entorno. Especies como el sapo partero (Alytes obstetricans) prácticamente se han extinguido en gran parte de las localidades donde hace tan solo unos años era la especie más abundante. 


En la imagen anterior, extraída del articulo del Current Biology, se puede ver como en algunos lagos de Picos, donde estas especies eran muy abundantes, han desaparecido por completo en menos de 5 años. En algunos lagos, como el de las Moñetas, donde yo mismo he trabajado hace años, la densidad de renacuajos de sapo partero era espectacular y ahora todos se han evaporado.

Pareja de sapos parteros durante la puesta

Pero además de lo alarmante de los resultados expuestos en este trabajo, en el artículo se cita un caso de muerte de una Culebra viperina (Natrix maura) después de haber ingerido un anfibio infectado, lo que confirma la capacidad de la enfermedad para transmitirse a otras especies, incluso de otros vertebrados como los reptiles.

Todo parece indicar, que si sigue esta tendencia, en unos pocos años, muchas especies de anfibios serán tan solo un recuerdo en nuestra memoria. 

Referencias
Price et al., Collapse of Amphibian Communities Due to an Introduced Ranavirus, Current Biology (2014). http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2014.09.028 (PDF)

lunes, 23 de junio de 2014

Charla sobre salamandras en Oviedo

El próximo jueves, 26 de junio, a las 19:00 h daré una conferencia en el Club de Prensa Asturiana, en Oviedo, sobre la singular población de Salamandras urbanas que habitan en la ciudad.


Como ya os comenté varias veces en este blog, desde hace años estamos estudiando las poblaciones de este anfibio que viven aisladas entre los muros y calles de Oviedo, y que tal como confirman los resultados preliminares de nuestros trabajos, algunas pueden llevar aisladas desde hace más de 1000 años.

Si os interesa conocer un poco más a este animal, que durante siglos estuvo rodeado de un halo de misterio y superstición, así como de falsas creencias sobre su peligrosidad y su resistencia al fuego,  y en particular a esta población única en el mundo, estáis todos invitados a asistir.

La hora de la conferencia serán las 19:00 h y la entrada es libre hasta completar el aforo. La dirección es:

Club de Prensa Asturiana (Edificio de La Nueva España)
C/Calvo Sotelo 7
Oviedo

viernes, 4 de abril de 2014

El hongo asesino de anfibios

Los anfibios llevan caminando sobre la faz de la Tierra desde hace 350 millones de años, mucho antes de que aparecieran los primeros dinosaurios. Desde entonces se han tenido que enfrentar y han sobrevivido con éxito a una infinidad de cambios en el medio, desde erupciones volcánicas, pasando por glaciaciones, sequías y hasta la caída de asteroides que produjeron extinciones masivas, como la ocurrida a finales del Cretácico que acabó con cerca del 50% de todos los géneros biológicos del momento, entre ellos los de los grandes dinosaurios. 

Pero probablemente es en este momento cuando se enfrentan a la mayor amenaza desde que sus antepasados abandonaron el agua para iniciar su aventura en tierra firme. Al declive generalizado como consecuencia del cambio climático y la fragmentación del hábitat, se ha unido recientemente la aparición de unas enfermedades emergentes exclusivas de los anfibios que están ocasionando fenómenos inusualmente rápidos de extinción, no solo de poblaciones concretas sino incluso de muchas especies. Y una de las más mortíferas es la producida por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que causa la enfermedad de la Quitridiomicosis. 


Ya no hay apenas dudas de que el vector de transmisión de este hongo ha sido el Xenopus laevis, una especie de rana muy usada en investigación y que hasta avanzada la mitad del S XX aún se seguía usando en la famosa prueba de la rana para confirmar el embarazo. Este hongo no causaba ningún efecto sobre los Xenopus pero al entrar en contacto con otras especies de anfibios se hizo virulento ocasionando episodios de mortalidad masiva. Algunos autores también sugieren que podría darse el caso de que siempre estuviera presente en estas otras especies, pero que es en este momento, cuando los anfibios se encuentran especialmente inmunodeprimidos por los efectos de las actividades humanas, cuando la enfermedad se hizo patente.

La causa final de la muerte de los anfibios afectados por el quitridio aún no se conoce con total seguridad. Se sabe que cuando las zoosporas del hongo entran en contacto con la piel de los anfibios se empiezan a desarrollar esporangios y nuevas zoosporas extendiéndose por toda la superficie del animal. Estos hongos sólo afectan a la piel y nunca a los órganos internos, por lo que podrían dificultar a la respiración de los anfibios afectados ya que en los anfibios la respiración cutánea es de gran importancia.


El hecho es que en las últimas décadas, el avance de la enfermedad ha sido espectacular y si hace unos años sólo había registros en unas pocas zonas, actualmente la enfermedad se ha convertido en una pandemia a nivel mundial, habiéndose detectado su presencia en todos los continentes y amenazando de extinción a muchísimas especies de anfibios.

Pero por si esto fuera poco, el año pasado se ha descubierto un nuevo hongo del mismo género que afecta gravemente a las salamandras y que tiene el nombre de Batrachochytrium salamandrivorans (Martel et al., 2013). Este hongo ha sido el causante de la extinción de toda la población holandesa de Salamandra común, que ya se encontraba muy mermada en este país, en sólo 3 años (Spitzen-van der Sluijs, et al., 2013). La infección del hongo era capaz de causar la muerte de una salamandra tan sólo 12 días del primer contacto, produciéndose tras la rápida aparición de laceraciones cutáneas y úlceras profundas.

Todo apunta a que la aparición de esta nueva especie de hongo está ligada a la importación de alguna especie de salamandra exótica procedente de Asia, en la que al igual que en el caso del B. dendrobatidis, no manifestara la enfermedad al ser resistente a ella, pero que al entrar en contacto con las especies europeas se ha vuelto mortal.

No hay duda de que estas enfermedades podrían ocasionar la extinción masiva de muchas especies de anfibios a corto o medio plazo, por lo que cada vez es más necesario hacer hincapié en la necesidad de extremar las medidas de precaución a la hora de manipular los anfibios, no haciéndolo si no es necesario. Y por supuesto, en el caso de que se tuviera que hacer siempre habría que tomar las precauciones necesarias para desinfectar el material y evitar el contacto entre poblaciones.

Asimismo es necesario tomar conciencia de la gravedad del problema de la importación y venta de animales exóticos, cuyo origen muchas veces se desconoce. Las autoridades deberían extremar los controles en las aduanas y todo el mundo debería pensarse muy seriamente que sentido tiene comprar uno de estos animales para mantenerlo sentenciado en un terrario. Todos sabemos que muchas veces su destino final será una muerte por falta de cuidados adecuados o ser soltados en el campo, en una errónea muestra de compasión,  cuando el antes feliz propietario se aburre de ellos.


Referencias
Martel A, Spitzen-van der Sluijsb A, Blooia M, Bert W, Ducatelle R, Fisher MC, Woeltjes A, Bosman W, Chiers K, Bossuyte F & Pasmans F (2013) Batrachochytrium salamandrivorans sp. nov. causes lethal chytridiomycosis in amphibians. PNAS 110 no. 38. 15325–15329, doi: 10.1073/pnas.1307356110.

Spitzen-van der Sluijsb A, Spikmans F,  Bosman W, de Zeeuw M, van der Meij T, Goverse E, Kik M, Pasmans F & Martel A (2013) Rapid enigmatic decline drives the fire salamander (Salamandra salamandra) to the edge of extinction in the Netherlands. Amphibia-Reptilia 34 (2013): 233-239.


lunes, 10 de marzo de 2014

Las salamandras y el fuego: mitos, leyendas y supersticiones sobre un animal inofensivo


Uno de los mitos más extendidos desde la antigüedad es el de la relación entre la salamandra y el fuego, y que incluso le da el nombre en inglés a la salamandra común (Fire salamander). Las primeras referencias a esta relación aparecen en al mitología griega. Prometeo, el Titán amigo de los mortales, subió al monte Olimpo para robar el fuego a los dioses y entregárselo a los humanos, ya que Zéus se lo había quitado como castigo a un un engaño que Prometeo le había hecho con el reparto de un buey. Pero el fuego estaba en las profundidades, y fueron las salamandras, las hadas más antiguas, anteriores incluso a los propios dioses, las que lo rescataron de allí y lo trasportaron a la superficie, al mundo conocido.

Según Aristóteles, la salamandra estaba asociada al fuego y era capaz de sofocarlo cuando caminaba sobre él, creencia que fue posteriormente recogida por Plinio el Viejo (23-79 d.C.), que aparte de las cualidades apaga fuegos de las salamandras, fue el primero que comentó sus propiedades venenosas, ya que según él, sólo con que una salamandra diera una vuelta a un árbol era capaz de envenenar su fruto y al que lo consumía.

Leonardo da Vinci (1452-1519) afirmaba que la salamandra no poseía órganos digestivos, y solamente adquiría alimento del fuego, el cual renovaba constantemente su piel escamosa. Por su parte, Paracelso (1493-1541), en su "Tratado de los ninfos, silfos, pigmeos, salamandras y otros seres" sugirió que de los cuatro reinos o elementos (tierra, aire, fuego y agua) la salamandra era el elemento del fuego.

Representación de una salamandra en el fuego (Historia de la alquimia y de los principios de la Química, 1902)

Curiosamente, la buena imagen de la salamandra, a la que siglos atrás se la había considerado nuestra aliada, al rescatar el fuego para que pudiera ser usado por nosotros, cambió radicalmente y la idea de que se trataba de un animal venenoso y perjudicial aún llega hasta nuestros días, una vez que estas creencias paganas fueran adoptadas por la Iglesia católica. Isidoro de Sevilla, que fue arzobispo de esta ciudad entre 599 y 636, influenciado por los textos de Plinio, escribió que las salamandras eran capaces "de emponzoñar y secar un árbol frutal, y envenenar los pozos de agua potable", mientras que San Agustín decía de ellas que eran el símbolo de los condenados, ya que eran capaces de sufrir las llamas del infierno sin consumirse.


La creencia de la resistencia al fuego de las salamandras aún llega a nuestros días, e incluso son frecuentes los símbolos que hacen referencia a ello en la literatura y el cine. En Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury llevada al cine por François Truffaut, los bomberos se dedicaban a quemar libros, ya que el gobierno afirmaba que leer llenaba de angustia e impedía la felicidad. Pues en el escudo de este singular cuerpo de bomberos, junto a unos libros ardiendo, aparecía la figura de una salamandra.


Pero incluso en nuestra vida cotidiana utilizamos su nombre para relacionarla con el fuego, por ejemplo, las estufas de hierro inventadas por Benjamin Franklin en 1742, y que fueron el primer sistema de calefacción que no estaba integrado en la construcción, reciben el nombre genérico de salamandras, quizás porque se puede ver el fuego arder en su interior y al señor Franklin se le ocurrió que alguno de estos pobres anfibios debía arder allí dentro.

En cuanto a la mala fama de las salamandras, en Asturies y el norte de la Península ibérica no faltan los dichos populares que hacen referencia a las sacaveras, a las que se les atribuye la capacidad de matar de un sólo mordisco o de un picotazo, lo que no deja ser sorprendente para un animal que no tiene ni dientes ni pico, ni aguijón:

- "Mordedura de sacavera nun espera misa entera"
- "Si te muerde una sacavera, nun y-da tiimpu al cura a encender una vela" (concejo de Aller)
- "Esquirpión y sacavera ni la confesión esperan; sacavera y esquirpión no esperan confesión"
- "Si te pica la sacavera, prepara la pala y la batedera” (Laciana, León)
- "Si te pica la sacavera reza y compra cera". (Omaña, León)

También en Asturies, son curiosas las frases que se refieren a las sacaveras, ya que cuando se compara a una persona con una sacavera nunca es para piropearla, por ejemplo decir que una persona es como una sacavera, es lo mismo que decir que es una persona malvada y más aún si se la compara como una "sacavera rucia". También se dice que la mujer que "tien la llingua como una sacavera", es una deslenguada.

De todas formas, la imagen de la salamandra no siempre se asoció al mal. Curiosamente, en heráldica la salamandra representa al valor y al amor y también se la considera como la personificación de la constancia y el coraje en la adversidad.


Blasón medieval de la villa de Gennes, en el valle del Loira (Francia) en el que se representa una salamandra en el fuego.

Las representaciones de salamandras en escudos y blasones, siempre rodeadas de fuego, son muy frecuentes en Francia y España.

Lo que no está muy claro es de donde parte esa idea de la inmunidad de las salamandras al fuego, que evidentemente no es real, ya que una salamandra moriría en poco tiempo si se viera rodeada de llamas. Una de las posibles explicaciones era que las salamandras durante el día se escondían entre la leña y que al llegar la noche y coger esa leña para echarla al fuego, las salamandras salían entre las ramas secas ante el asombro de los que observaban la escena.

En cuanto al terrible veneno con el que las salamandras son capaces de "emponzoñar ríos y manantiales", "secar árboles" y "morder o picar" a un ser humano y matarlo en segundos, nada de esto es cierto. Las salamandras son capaces de secretar una sustancia blanquecina (la salamandrina) si se sienten amenazadas. Esa sustancia, ligeramente tóxica e inocua para el ser humano, tiene un sabor desagradable que disuade a muchos depredadores de que se la coman. Aún así, tampoco es demasiado eficaz, ya que muchos de ellos como erizos, tejones, víboras, o aves como cárabos o ratoneros, las capturan y se alimentan de ellas.

Salamandra común en una noche lluviosa entre las piedras del Monasterio de las Pelayas

Afortunadamente, muchas de esas falsas creencias ya se están perdiendo y gracias a la difusión de artículos, trabajos, o simplemente gracias al boca a boca, mucha gente está empezando a ver a las salamandras como lo que son, unos animales inofensivos, beneficiosos y además muy bonitos.

lunes, 27 de enero de 2014

Las salamandras del Oviedo antiguo: un estudio histórico y biológico


Aunque no existe un acuerdo entre los historiadores a la hora de datar el origen de Oviedo, se suele aceptar el año 761 como el punto de arranque de la ciudad, ýa que fue el momento en el que se supone que los monjes Máximo y Fromestano se asentaron en una colina en lo que hoy es el casco antiguo de la ciudad. De todas formas, otros autores, como Fernandez-Buelta y Hevia, hablan de un Oviedo de fundación romana anterior al S. VIII.

En ese lugar, el Rey Fruela, en el año 768 ordenó el levantamiento de la primitiva Basílica de San Salvador, que después de varios añadidos y remodelaciones dio lugar a la actual Catedral de Oviedo. De todas formas, el florecimiento de la ciudad llegó de la mano de Alfonso II (791-842), que trasladó la corte a Oviedo y planificó una serie de construcciones, sobre todo eclesiásticas, que junto con el antiguo monasterio de San Vicente fueron cerrados con una muralla. Esta antigua muralla se fue modificando y ampliando su perímetro durante los siguientes siglos, y se culminó a finales del S. XIII, después de que el rey Alfonso X el Sabio ordenara la construcción de una nueva muralla en 1258.

Fotografía aérea del Oviedo antiguo. Línea azul: perímetro de la muralla de Alfonso II según Uría Ríu (1974). Línea roja: perímetro de la muralla de Alfonso X. Las marcas rojas indican los lugares donde se han encontrado salamandras

Esta última muralla de 1400 metros de perímetro,4 metros de alto y 2,20 metros de ancho, resguardaba una urbe de 11,4 hectáreas. En la actualidad aún se conservan varios fragmentos de esta última muralla, sobre todo en la calle Paraíso.

Estas construcciones amuralladas sirvieron de alguna manera para aislar a la población que vivía intramuros, sobre todo formada por personas del clero, de la mayoría de la población, que se asentaba en las zonas extramuros. Pero además de servir de barrera para las personas, hubo algunos animales que quedaron atrapados en su interior. De esta forma, lo que anteriormente era una población continua en la que se producía un transito de individuos sin dificultad, se fue transformando en un conjunto de pequeñas poblaciones fragmentadas que poco a poco se fueron aislando unas de otras.

Entre estos animales, unos anfibios de movimientos lentos y pausados, las salamandras, quedaron atrapados en estas pequeñas islas urbanas hasta nuestros días, pero sus hábitos nocturnos y su comportamiento discreto las ha mantenido ocultas a los ojos de los miles de personas que pasan a diario por estas calles, que ni siquiera sospechan de su existencia. El hecho de que estas salamandras tuvieran la capacidad de parir a sus crías totalmente desarrolladas sin necesidad de pasar por una fase acuática, les permitió sobrevivir en un ambiente en el que la presencia de masas de agua permanente era prácticamente nula.

Salamandra labrada en un capitel del claustro de la Catedral de Oviedo

Pero estos animales no pasaron desapercibidos para todo el mundo. Durante los últimos siglos, en las noches lluviosas y templadas, las sacaveras, que es como se conoce a las salamandras en Asturies, salían de sus escondites entre las piedras de los muros para alimentarse y buscar pareja. Y los artesanos y canteros que construyeron la catedral de Oviedo y muchos de los muebles que hay en su interior, dejaron constancia de ellas en sus obras, junto a representaciones de otros animales, tanto reales, como osos, lobos o caballos, como imaginarios.

Figura de una salamandra tallada en la sillería del coro de la Catedral de Oviedo

Después de haber investigado todos estos indicios y de haber escuchado a varias personas hablar de estas salamandras, sólo quedaba una cosa, comprobar que seguían ahí. En los últimos años se han llevado a cabo varias obras de restauración, tanto en la catedral como del resto de edificios históricos del casco antiguo, que en algunas ocasiones han implicado el rejunteado de los muros de piedra y el pavimentado del suelo. ¿Habrían logrado sobrevivir las salamandras a estas obras o las habríamos perdido para siempre?

Patio de Pachu el Campaneru en la Catedral de Oviedo

Pero había un problema añadido, para confirmar la presencia de las salamandras había que acceder un día de lluvia después de anochecer, pero todas los lugares en los que se había documentado presencia histórica estaban en propiedades privadas a los que no se podía entrar libremente. Tengo que admitir que pensé que me tendría que conformar con mirar desde fuera, pero mis dudas se despejaron después de hablar con Don Benito Gallego, el deán de la Catedral, que se mostró muy interesado en el tema desde el principio y que no sólo me dejó acceder sino que me prestó las llaves para que pudiera entrar cuando considerara que era el mejor momento. Sólo tuve que esperar al primer día de lluvia y a las 9 de la noche abrí la reja del Patio de Pachu el campaneru, en el Tránsito de Santa Bárbara, para buscar a las salamandras.

Al bajar las escaleras comprobé que habían cubierto el suelo de grava y que sólo había unas pocas manchas de hierba, sobre todo en el perímetro. En un primer vistazo no vi ninguna salamandra, a pesar de que la noche era perfecta, y llegué a pensar que ya no las encontraría, pero después de unos minutos rebuscando con la linterna, en una esquina de la catedral, entre unas hierbas apareció una macha negra y amarilla.


Ahí estaban. No tardé en encontrar unas cuantas más, que iban asomando de las pequeñas grietas de los muros o caminaban lentamente entre la poca vegetación herbácea del perímetro. A pesar de que tenía referencias de su presencia, me dio una gran alegría encontrarlas, ya que me seguía pareciendo asombroso que esta población hubiera sobrevivido aislada en una parcela de 400 metros cuadrados durante más de 1000 años.

Después de este primer éxito tenía que intentar confirmar la presencia de salamandras en el resto de zonas posibles que se encontraban dentro del perímetro de la muralla (Monasterio de las Pelayas y Casa Sacerdotal), que al igual que las situadas en la catedral, eran propiedades de la Iglesia. Y al igual que me ocurrió en la catedral, aunque al principio pensé que iba a tener muchas dificultades, fue todo lo contrario y la respuesta no pudo ser mejor, ya que además de interesarse por el estudio me permitieron acceder sin problemas a todos los lugares que les propuse.

Un rincón en el patio de Las Pelayas donde encontramos varias salamandras

Después de varios meses de muestreo, hemos podido confirmar la presencia de salamandras en 28 parcelas de la ciudad, tres de las cuales están situadas dentro del perímetro de la antigua muralla de Alfonso II (el Patio de Pachu el Campaneru, el Cementerio de los Peregrinos y el Monasterio de las Pelayas), y otra más en los jardines de la Casa Sacerdotal, que se encuentra dentro de la muralla construida en el reinado de Alfonso X.

Puntos en los que se ha confirmado la presencia de Salamandras en Oviedo. Los puntos rojos son las poblaciones en las que ya se han recogido muestras para los análisis genéticos

Además de confirmar la presencia de salamandras, hemos recogido muestras de tejido de algunos individuos en varias de estas parcelas para estudiar el efecto de la fragmentación del hábitat sobre la estructura genética de estas poblaciones, ya que la construcción de barreras arquitectónicas o viarias ha podido impedir el libre tránsito de individuos, limitando, o incluso eliminando totalmente, los movimientos de emigración e inmigración entre las distintas poblaciones.

Este aislamiento obligado puede ocasionar a largo plazo fenómenos de deriva génica, ya que al reducirse el número de individuos reproductores se limita también el número de genotipos en la población. Después de varios años, se podría haber producido diferenciación entre poblaciones debido a una diferente combinación de material genético.

En la mayoría de los ambientes naturales resulta imposible datar con precisión la aparición de estas barreras a la dispersión, pero en los ambientes urbanos es posible encontrar documentación en la que figuren las fechas de edificación de murallas o fosos, o el año de construcción de carreteras u otras infraestructuras que han podido actuar como barreras.

¿Se habrán diferenciado estas poblaciones entre sí después de todos estos años?¿Cual es el tamaño mínimo que puede tener una población aislada para sobrevivir?¿Estarán realmente aisladas o habrá una migración subterránea que permita la conexión entre poblaciones? Espero que podamos resolver estas preguntas y alguna más en un futuro próximo, pero mientras tanto seguiré buscándolas en las noches de lluvia en las aceras de mi ciudad.

Por cierto, 2014 es el año de la Salamandra, ¿lo sabíais?

Estos trabajos los estoy realizando en colaboración con Guillermo Velo-Antón, del Centro de Investigação em Biodiversidade e Recursos Genéticos (CIBIO), y con Daniel Oro, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA).

Agradecimientos
Quisiera agradecer a Don Benito Gallego, a Sor Rosario del Camino Fernández-Miranda y a Don Amalio Bayón, todas las facilidades que me han dado para acceder a los patios de la Catedral de Oviedo, al Monasterio de las Pelayas y a la Casa Sacerdotal. También quisiera agradecerle a Jacobo Blanco y a Gaspar Fernández-Cuesta la cesión de varios planos antiguos y la información que me facilitaron sobre las distintas fases de urbanización de Oviedo. Quiero agradecer especialmente a Araceli todas las indicaciones y contactos que me facilitó para poder localizar los distintos sitios dentro del Oviedo antiguo y la documentacion historíca que me consiguió. Y por supuesto, también quisiera agradecer a todas las personas, muchas más de las que esperaba, que me pasaron datos sobre localizaciones de salamandras dentro de la ciudad, y especialmente a Belén, que me avisa cada vez que se encuentra una por el antiguo.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño