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jueves, 16 de septiembre de 2010

Entre delfines, calderones, rorcuales y orcas

El pasado domingo nos juntamos unas 20 personas en el puerto de Santurzi para repetir el viaje en el Pride of Bilbao en busca de cetáceos. Después de la mala suerte que tuvimos el año pasado habíamos decidido repetir una vez mas, y ya que esta línea de ferry que une Bilbao y Portsmouth dejará de funcionar a finales de este mes, no nos quedaban muchas mas oportunidades.

El barco partió puntual y el orbayu del momento del embarque dio paso a un viento del nordeste que despejó el cielo pero que fue arreciando poco a poco hasta que al cabo de unas pocas horas alcanzó una fuerza 4-5 que hacía casi imposible la observación. Las olas empezaron a aumentar de tamaño y los borregos que se formaban hacían muy difícil ver cualquier cetáceo en superficie, ni siquiera sus soplos.

Alcatraces comunes

Durante el primer día vimos muy pocas aves, algunos grupos de alcatraces y unos pocos págalos grandes, y entre los cetáceos tan solo se dejaron ver un par de Zifios de Cuvier (Ziphius cavirostris) que pasaron muy cerca del barco y que desaparecieron por la popa casi sin que nos enteráramos. Todo lo que ocurría a mas distancia pasaba completamente desapercibido debido a las condiciones meteorológicas.

El segundo dia no empezó mucho mejor, el viento seguía soplando y además una vez en el Canal de la Mancha los cetáceos son mas escasos que dentro del Golfo de Bizkaia, aun así pudimos ver bastante lejos a un par de rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata) y unas pocas marsopas (Phocoena phocoena). Tras desembarcar en Portsmouth y tomarnos unas pintas en un pub de la ciudad regresamos al barco esperando que el tercer y último día cambiara la suerte de una vez y pudieramos tener un buen día. Mientras tanto, los ánimos iban decayendo y ya éramos varios los que apostábamos por pasar por la quilla al chavalote Gorka Ocio en vista de que la situación empezaba a parecerse cada vez más a la del año pasado.

El martes era nuestro último día, y teníamos depositadas todas nuestras esperanzas en el momento en que entráramos en la zona de los barrancos franceses, un auténtico punto caliente para los cetáceos debido a los afloramientos que se producen al pasar de la zona abisal a las zonas más superficiales de la plataforma. El viento, esta vez del sureste y la mar de fondo de entre 2 y 3 metros no parecía que nos fuera a abandonar en todo el día e íbamos perdiendo las esperanzas a medida que iba pasando el tiempo y las condiciones no mejoraban. Durante la mañana sólo vimos alcatraces, un arao (Uria aalge) y varias alcas (Alca torda) y ni un sólo cetáceo.

Sorprendentemente, a las 4 de la tarde, cuando entrábamos en los barrancos, el viento empezó a calmarse y la mar se fue quedando poco a poco. Justo en ese momento empezaron a aparecer grupos de delfines comunes (Delphinus delphis), primero unos pocos y después mas y mas delfines.



Delfines comunes

En algunos momentos llegamos a ver algunos grupos de varias decenas de animales saltando muy cerca del barco, pudiendo observar perfectamente diseño característico de esta especie, con la forma en reloj de arena y el color amarillento de la parte delantera.

Un págalo grande y un bando de gaviotas de sabine

Al mismo tiempo que aparecían los delfines, fue aumentando el número de aves marinas, sobre todo págalos grandes (Catharacta skua) de los que se llegaron a juntar hasta 7 ejemplares a la vez y algunos págalos parásitos (Stercorarius parasiticus) y Paíños comunes (Hydrobates pelagicus). También siguió el paso casi contínuo de alcatraces y se vieron varios grupos de gaviotas de sabine (Xema sabini), y algunos falaropos picogruesos (Phalaropus fulicarius).


Calderones de aleta larga

Inmediatamente después de que aparecieran los primeros delfines, justo cuando entrabamos en las zonas mas profundas, alguien cantó los primeros calderones (Globicephala melas) que se acercaban al barco. En un momento empezaron a aparecer por todos lados, unos muy cerca, casi pegados a los laterales y otros mas lejos. Había calderones por todas partes, en ocasiones mezclados con los grupos de delfines.

Solpo y parte del lomo de un cachalote

La práctica ausencia de viento en esos momentos y el estado de la mar, sin prácticamente olas nos permitió disfrutar de la imagen de una gran cantidad de soplos de los grandes cetáceos. Vimos varios cachalotes (Physeter macrocephalus), que con su soplo oblicuo y dirigido hacia adelante resultaban inconfundibles. No se acercaron al barco y permanecieron a distancia aunque en varias ocasiones los vimos sumergirse mientras enseñaban su enorme cola antes de desparecer en las profundidades.

Soplo de un rorcual comun

También vimos gran cantidad de soplos de rorcuales comunes (Balaenoptera physalus), que con sus 25 metros de longitud es el segundo animal mas grande de la Tierra tras la ballena azul. En algunos momentos llegamos a contar hasta 10 soplos distintos de otros tantos animales alrededor del barco, pero al igual que pasó con los cachalotes, ninguno se acercó demasiado aunque alguno nos permitió ver su lomo antes de desaparecer.

 Rorcual comun

Ese era el gran momento del día, y las carreras hacia proa y hacia popa y hacia babor y estribor eran contínuas, ya que los animales aparecían por todas partes a la vez. De repente, Jon Hidalgo vio una salpicadura de gran tamaño que no parecía que se hubiera producido por el salto de un delfín, y junto a ese salto se vieron algunos mas. Poco a poco fue aumentando la actividad y en un momento esa zona del océano se llenó de saltos y de salpicaduras cerca de al menos un rorcual común. Aunque la luz venía casi de frente, hubo un momento en que se vieron claramente las aletas dorsales y una de ellas pertenecía sin duda a un macho de Orca común (Orcinus orca), su forma recta y su gran tamaño la hacían inconfundible. A su lado se veían otras aletas, probablemente pertenecientes a hembras de su misma especie.

En un instante, lo que parecían un salto aislado se convirtió en una actividad frenética con saltos en todas direcciones y al menos dos grupos de orcas separados por varios cientos de metros que parecían que se encontraban en plena cacería. Entre las orcas se llegaron a ver varios rorcuales comunes, que probablemente fueran las presas, algunos delfines mulares y varios calderones que en vez de huir parecían nadar hacia el lugar donde se encontraban las orcas.

Delfin listado al atardecer

Poco a poco el barco se fue alejando del lugar y tanto las orcas como el resto de cetáceos se fueron viendo cada vez mas lejos hasta desaparecer de nuestra vista. Cuando ya no había casi luz, pero aun se seguían viendo varios soplos de rorcuales en la distancia apareció un grupo de delfines listados (Stenella coeruleoalba) que hicieron varias cabriolas cerca del barco.


Para finalizar el día pudimos disfrutar del rayo verde en el momento de la puesta de sol, aunque no tan claro como lo había podido ver hacía unas semanas. Y como ocurrió en el viaje anterior, nos fuimos con el buen recuerdo de haber pasado unos días entre un buen grupo de grillaos por los bichos, compartiendo pintas, embutido, conversaciones y horas de mar. Ojala que al Pride lo sustituya otro ferry y podamos repetir el viaje en el futuro.

lunes, 12 de octubre de 2009

Aves marinas en Cariño





Este fin de semana estuvimos unos cuantos aficionados a las aves marinas en Cariño (A Coruña) para embarcarnos en el Aula do Mar, un viejo pesquero que el ayuntamiento de esta localidad ha acondicionado para realizar excursiones ornitológicas. Las espectativas eran muy buenas ya que el viento era favorable, la mar estaba completamente en calma y tal como comprobamos el sabado por la tarde en la Estaca de Bares, el paso de marinas era muy bueno, destacando sobre todo los págalos pomarinos (Stercorarius pomarinus), con más de 120 ejemplares en menos de 4 horas.



El domingo a las 8:40 salimos del puerto de Cariño, estaba nublado y amenazaba lluvia, y al poco de salir comprobamos que el paso migratorio era muy intenso, los alcatraces (Morus bassanus) volaban muy cerca de la costa, tanto en solitario como en grupos y pronto empezaron a seguirnos junto a las gaviotas patiamarillas (Larus michaellis) que no nos abandonaron casi en ningún momento. 

 

Cuando aun estábamos a la altura de los Aguillons de Cabo Ortegal aparecieron los primeros pomarinos, y al poco tiempo se nos unió un ejemplar de fase oscura, una forma mucho menos común que la de fase clara que vimos casi continuamente durante todo el viaje sumando un total de unos 30 ejemplares.

 

Este ejemplar permaneció con nosotros durante mas de media hora, a veces se separaba y otras se acercaba a la popa haciéndonos continuas pasadas que nos permitieron observarlo a placer.

 



 

Además de los pomarinos, los págalos grandes (Catharacta skua) también aparecieron al poco tiempo de salir de puerto, llegando a juntarse más de 7 u 8 aves a la vez. Esta especie es mucho más agresiva que los pomarinos y los observamos frecuentemente atacando a las gaviotas para robarles el alimento.

 

 

 

Las pardelas capirotadas (Puffinus gravis), al igual que ocurrió en la salida de Xixón hace dos semanas fueron las pardelas más visibles durante todo el viaje. Varios grupos se acercaron al barco para alimentarse de los trozos de pescado que les ibamos echando. Cuando nos deteníamos ellas se posaban en el agua y esperaban a que se arrancaran los motores para continuar el viaje con nosotros.


 

Otras especies de pardelas fueron apareciendo durante todo el trayecto pero contrariamente a las capirotadas solo las veíamos pasar a nuestro lado pero no se engancharon al barco en ningún momento ni parecían estar interesadas en el macizo. Entre estas pardelas, las más abundantes fueron las sombrías (Puffinus griseus) pero también vimos varias pardelas baleares (Puffinus mauretanicus) y algunas pichonetas (Puffinus puffinus).




Entre las gaviotas las especies más frecuentes fueron las gaviotas sombrías (Larus fuscus) y las patiamarillas (Larus michaellis), siendo mucho más comunes los jóvenes que los adultos. 

 

De todas formas la especie de gaviota que todos esperábamos era la Gaviota de sabine (Xema sabini). Esta es una especie pelágica que suele encontrarse a varias millas de la costa, a pesar de esto ya vimos alguna al poco de salir, aunque fue a partir de las 12 millas cuando resultó mas abundante, contando entre 50 y 60 individuos.

 

A pesar de encontrarnos en pleno mes de octubre algunas gaviotas aun conservaban el plumaje nupcial, con la cabeza negra y la punta del pico amarilla.

 

Además de las especies que ya he comentado vimos unos pocos charranes comunes (Sterna hirundo), algunos bandos de negrones (Melanitta nigra), un paíño de Leach (Oceanodroma leucorhoa), 4-5 paíños comunes (Hydrobates pelagicus) y 5-6 págalos parásitos (Stercorarius parasiticus). Y aparte de aves marinas, pudimos ver durante unos momentos el chorro de un rorcual, pero no pudimos relocalizarlo cuando intentamos llegar hasta donde estaba.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El otro viaje del Pride: el que pudo ser y no fue

Tres orcas (1 hembra y 2 machos) nadando al lado del Pride of Bilbao. Foto: Gorka Ocio

Pues si, lo que aparece en la foto son nada más y nada menos que 3 Orcas (Orcinus orca) que formaban parte de un grupo de unos 20 individuos que se observaron desde el Pride of Bilbao el domingo pasado. Justo 4 días después de que nosotros regresaramos del otro viaje, en el que la suerte no nos acompañó y apenas vimos unos pocos delfines y un par de calderones, los afortunados del siguiente viaje pudieron ver a uno de los animales más increíbles que se puede encontrar en el océano, una de las especies que siempre quise ver y que por ahora se me resiste.


Grupo de 3 orcas. Foto: Gorka Ocio

Según me comentó Gorka Ocio, el domingo por la tarde, al llegar a la zona de los barrancos franceses pudieron ver como 3 orcas se acercaban por un lado del barco. Al poco tiempo, avisaron de que otras se acercaba por el otro lado hasta completar un grupo de entre 20 y 25 animales, lo que sin duda es la mejor observación de esta especie en todas las excursiones que se llevan realizando desde hace año, y probablemente una de las mejores de todo el Golfo de Bizkaia.


Rorcual comun. Foto: Gorka Ocio

Pero en el viaje no solo pudieron disfrutar de las orcas, sino que también vieron, como es más habitual, varios rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) y mas de 30 Zifios de Cuvier (Ziphius cavirostris) lo que sin duda completo un viaje perfecto.


Zifio de cuvier. Foto: Gorka Ocio


Parece claro que como decía el otro día, la mar es muy grande, no tiene puertas ni rejas y los animales se mueven en ella sin atender a horarios ni planes programados. Unos días hay suerte y nos dejan que los veamos y otros la suerte nos da la espalda y parecen esconderse y demostrarnos de nuevo lo insignificantes que somos.

Quizas no haga falta ver las fotos anteriores para comprobar nuestras reacciones después de disfrutar de uno de estos espectáculos. Si giramos nuestra cabeza y miramos en cubierta será muy fácil adivinar cuál de los dos días fue el "viaje de las orcas" y cuál no. ¿A ver si lo adivinais vosotros?


El txabalote Gorka durmiendo en cubierta hace una semana. Foto: Miguel Angel de la Cruz

El mismo txabalote tres días después

El año que viene lo volveremos a intentar, volveremos a salir de Santurtzi rumbo a Porstsmouth y cruzaremos el Golfo de Bizkaia. Quizás tengamos suerte o quizás no, pero sabemos que por ahí están las orcas y si nos dan permiso podremos disfrutar de ellas.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El viaje del Pride


El Pride of Bilbao en el puerto de Santurtzi

Acabamos de llegar de uno de esos viajes que hacía tiempo que quería hacer, el trayecto entre Santurtzi y Portsmouth en el "Pride of Bilbao". En un viaje de ida y vuelta de tres días y medio se atraviesa el Golfo de Bizkaia, uno de los mejores lugares para ver cetáceos y aves marinas de todo el Atlántico Norte, sobre todo durante finales de verano y principios de otoño.


Ruta del Pride of Bilbao a través del Golfo de Bizkaia y el Canal de la Mancha

Aparte de la observación de estos animales estos viajes son siempre una buena disculpa para encontrarse con viejos amigos, tan locos como yo y que aunque sea con menos frecuencia de la que quisiéramos coincidimos en alguno de estos saraos una o dos veces al año.

El viento del nordeste no era muy favorable, ya que suele ser sinónimo de escasez de aves marinas, pero aun así el estado de la mar era lo suficientemente bueno para que pudieramos disfrutar de la observación de varias especies de cetáceos, sobre todo rorcuales y delfines. Sorprendentemente, cuando llevábamos poco más de una hora de viaje, el barco comenzó a virar en redondo, lo que evidentemente no era una buena señal. Según nos confirmarón por megafonía, una urgencia médica de uno de los pasajeros les obligaba a regresar a puerto por lo que entre ida y vuelta zarpamos definitivamente con más de tres horas de retraso. Como comprobaríamos después este hecho condicionaría todo el viaje ya que no se cumpliría el horario de llegada a los puntos calientes de observación, los barrancos franceses, donde se asciende bruscamente desde mas de 4000 metros de profundidad hasta los 200 metros de la plataforma y que es la principal zona de alimentación tanto de los cetáceos como de las aves marinas.

Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)

A las pocas millas de distancia de la costa apareció un grupo de pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) que se aproximaron a la proa del barco resguardándose del fuerte viento y estuvieron surfeando entre las olas durante unos minutos hasta que desaparecieron. Entre ellas volaban un par de pardelas capirotadas (Puffinus gravis) que también se fueron descolgando del grupo hasta abandonarnos definitivamente.


Pardela capirotada (Puffinus gravis)

Parecía que el viaje se iba a animar aunque desgraciadamente después de las pardelas apenas vimos más aves marinas, lo que confirmaba una vez mas que los vientos del este no son nada buenos para su observación. Solo esperábamos que de un momento a otro apareciera algún cetáceo y buscábamos sin cesar cualquier indicio que los delatara: un soplido, un salto, una sombra sospechosa en el agua, pero no aparecía nada, la mar estaba desierta.


Zifio de Cuvier (Zyphius cavirostris)

Después de unas horas algo saltó no muy lejos del barco, y al poco tiempo saltó de nuevo y así hasta tres veces. Se trataba de un zifio de cuvier (Zyphius cavirostris) y poco después de ver a ese ejemplar otro más apareció por sorpresa nadando a estribor sin que me diera tiempo a sacarle una foto decente, pero pudimos ver perfectamente el color marrón del dorso e incluso los dos colmillos característicos de los machos. Aun había esperanzas de que se pudiera arreglar el día aunque definitivamente ya no nos daría tiempo a llegar a los barrancos antes de que anocheciera.


Jon y yo contando ballenas en sueños

Las horas fueron pasando y las ballenas no aparecían, alguien decía haber visto un lomo, alguien un soplido pero a pesar de las carreras de un lado a otro se estaban haciendo de rogar y la luz se iba acabando sin que los esperados rorcuales se dignaran a aparecer. Parecía que habría que esperar al día siguiente, aunque según decian los veteranos en estos viajes y Gorka Ocio, organizador del minicrucero, lo bueno llegaría el último día, cuando en el viaje de vuelta pasáramos de nuevo sobre los ya famosos barrancos franceses.


Paloma y Miguel Angel ("con lo bonito que es pasear por la dehesa y nosotros aquí")

Además de los fanáticos de las marinas se apuntaron a este viaje mis amigos Paloma y Miguel Angel, que en compañía de sus dos hijos cambiaron las dehesas toledanas por el Mar Cantábrico con intencion de ver ballenas, delfines y todo lo que terciara. Pero parecía que la cosa seguía sin animarse y empezaban a no creerse que realmente estuvieran ahí abajo (y yo empezaba a creerlos a ellos).

Alcatraz atlantico (Morus bassanus)

El lunes por la mañana amanecimos en el Canal de la Mancha, una zona no muy buena para los avistamientos pero que era el paso obligado hasta Portsmouth, donde estaba previsto que llegáramos a las 9 de la noche en vez de a las 6 de la tarde ya que no habíamos conseguido recuperar el retraso del primer día. Por el camino sólo vimos alguna pardela despistada y varios alcatraces (Morus bassanus), probablemente algunos de los reproductores de las colonias bretonas.

Mientras el tiempo pasaba nos entreteníamos mirando los gigantescos barcos cargados de contenedores y los petroleros que surcaban las aguas del canal. Al llegar al Portsmouth tuvimos que desembarcar y aprovechamos para tomarnos unas pintas en uno de los pubs de la localidad, no sin antes jugarnos el pellejo atravesando la carretera y saltando las vallas mientras seguíamos a Oscar, al que habíamos nominado líder de la expedición sin que a él le hiciera demasiada gracia.

De nuevo en el barco nos avisaron de un nuevo retraso, finalmente zarparíamos a la una de la mañana en vez de a las 9 de la noche, que sería el horario normal en este viaje. Las probabilidades de que pudieramos llegar a tiempo a los barrancos eran cada vez menores, pero la esperanza es lo último que se pierde y parecía imposible que el tercer día fuera a ir peor que los dos anteriores.

Al amanecer del martes nos despertamos con una considerable marejada dentro del canal, con olas que en algunos momentos superaban los 4 y 5 metros de altura, mucho viento y lluvia. La cosa se ponía cada vez mas fea y parecía que definitivamente este no iba a ser nuestro viaje.


Jesús (después de haber "respichado") y Olga a la busca de algún sintoma de vida animal

A medida que fueron pasando las horas y nos ibamos acercando al Golfo de Bizkaia la mar empezó a mejorar y se empezaron a abrir algunos claros. Aun así la cantidad de aves era mínima y los cetáceos brillaban por su ausencia. De vez en cuando alguien gritaba y tras las consiguientes carreras conseguimos ver unos cuantos fulmares (Fulmarus glacialis), pardelas y poca cosa más.


Fulmar (Fulmarus glacialis)

Lo mas destacado fueron unas pocas Gaviotas de Sabine (Xema sabini) que se acercaron al barco dejándonos que las observáramos a placer, pero la escasez de aves y sobre todo de cetáceos ya empezaba a ser sospechosa y muchos empezamos a dudar entre pasar por la quilla al txabalote Gorka o tirar por la borda a Albert, que también por aclamación popular fue considerado el gafe oficial del viaje.


Gaviota de Sabine (Xema sabini) adulta en plumaje de verano

A medida que nos adentrábamos en el Golfo de Bizkaia las condiciones iban mejorando, la marejada de la mañana había dado paso a una ligera marejadilla con olas de un metro y un cielo casi completamente despejado. Pero nada cambiaba, las horas pasaban y los rorcuales seguían sin aparecer, ni saltos, ni soplidos, ni siquiera una mancha sospechosa que nos despertara del sopor que poco a poco nos iba invadiendo a todos.



Araceli, Claudia y Paloma dormitando en cubierta

La mayoría de la gente ya se había dado por vencida, y el cansancio de tres días seguidos en pie con los ojos pegados a prismáticos y telescopios empezaba a ser considerable. Cada vez había más gente sentada por la cubierta o haciendo corrillos en los que los que los que ya habían estado en otros viajes nos contaban a los nuevos historias de ballenas, de manadas de orcas cazando delfines, de balsas de miles de pardelas y nos repetían una y otra vez que dentro de poco llegaríamos a la tierra prometida.



Nico, yo, Óscar y Jesús rendidos a la evidencia

Ya eran las 7 de la tarde cuando llegamos a la zona de los barrancos franceses, en teoría el punto culminante del viaje, aunque con 4 horas de retraso. De repente alguien avisó de que un grupo de delfines comunes de acercaban nadando hacia la proa. Necesitábamos eso para despertar del sopor y correr hacia las barandillas, ya no pedíamos ballenas, ni orcas ni cachalotes, solo algo, y los delfines eran lo más emocionante que había pasado en todo el día. Varios grupos se fueron acercando durante unos cinco minutos, no sabíamos a donde mirar porque no queríamos perdernos nada.



Delfines comunes (Delphinus delphis)

Tan rápido como aparecieron por la proa desaparecieron por la popa, pero al menos la gente que ya había dejado los prismáticos a un lado los agarró de nuevo y todos nos volvimos a pegar a las barandillas. La suerte iba a cambiar y aunque solo faltaba una hora para que oscureciera volvimos a creernos que las ballenas llegarían para alegrarnos la tarde.



Aun quedaban esperanzas

Mientras mirábamos la mar con más de mil ojos unas aletas negras mayores que las de un delfín aparecieron de repente al lado del barco. Por un momento y confundido por la espuma blanca que dejaron al sumergirse pense que se trataba de un grupo de orcas y grite todo lo que pude provocando algunos amagos de infarto en varias personas. Cuando las aletas aparecieron de nuevo me di cuenta de mi error y pude comprobar que se trataba de un pequeño grupo de calderones (Gobicephala melas). No era lo que esperaba pero al menos era algo, ya no podíamos pedir mucho más porque empezaba a anochecer y cada vez se veía menos.



Calderones de aleta larga (Gobicephala melas)

Cuando apenas quedaba algo de luz pudimos ver unas cuantas pardelas cenicientas y capirotadas surfeando las olas cerca del barco. Era evidente que estabamos en el lugar que llevábamos esperando durante horas pero desafortunadamente habíamos llegado tarde.



Había anochecido y el viaje llegaba a su fin. A la mañana siguiente llegaríamos de nuevo a Santurtzi tras tres dias de viaje. Nuestras espectativas no se habían cumplido pero a pesar de todo no estábamos tristes por ello, estabamos más tristes pensando que se había acabado el viaje y que probablemente pasarían varios meses hasta que nos volvieramos a reunir todos otra vez para hablar de ballenas y de aves marinas, a reirnos y a contarnos batallitas.

Una cosa que nunca debemos olvidar es que la Naturaleza es imprevisible y que al contrario que en un zoo o en un acuario, los animales no están enjaulados ni tienen un horario. Mientras nos despediamos después de desayunar sólo teníamos una cosa clara, el año que viene volveríamos a buscar a las ballenas. No se si veremos muchas, pocas o ninguna, si saltarán, si soplarán o si nadarán cerca del barco, pero allí estaremos y si no las vemos hablaremos de ellas.