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sábado, 8 de agosto de 2020

Sorpresa en la chimenea

Hacía ya unos meses que en casa de mis tíos se escuchaban ruidos extraños en el tejado. Algo raro sucedía allí arriba, y desde el mes de mayo, poco después de oscurecer, esos ruidos se habían hecho mucho más frecuentes. No había duda de que en la chimenea había algo más que hollín y cenizas.

Hace una semana, aprovechando que mis tíos tenían que pintar la fachada, me subí a la grúa y nos acercamos a la chimenea para tratar de confirmar la presencia de los supuestos fantasmas, cuya identidad ya conocía de antemano casi con total seguridad. Cuando la grúa estuvo a un metro de la chimenea, empecé a oír los siseos que mis tíos escuchaban por las noches, así que con cuidado, encendí una linterna y allí estaban los culpables.

Dos preciosos pollos volantones de Lechuza común (Tyto alba) no perdían detalle de mis movimientos, y entre sorprendidos y asustados, silbaban para tratar de intimidarme. Estaban completamente emplumados y les quedarían unos pocos días para abandonar el nido que sus padres habían instalado en el hueco de la chimenea. El sitio era perfecto, a cubierto de la lluvia, a buena altura y accesible desde todas las orientaciones. Solo había un problema, no para ellos, sino para mis tíos, que unos cuantos metros más abajo eran incapaces de encender la estufa, comprobando con sorpresa como cada vez que abrían el tiro, cientos de pelotillas de pelos, huesos y algunas plumas, caían por arte de magia por el hueco de la chimenea, llegando a obstruirla en varias ocasiones.

No hace falta decir que no había nada fantasmagórico ni sobrenatural en toda esta historia, tan solo se trataba de una pareja de lechuzas que había escogido el mejor emplazamiento posible para instalarse y sacar adelante a sus pollos. Las bolitas de pelos y huesos eran egagrópilas, los restos no digeridos que las rapaces nocturnas (y otras muchas aves), expulsan por la boca varias veces al día. En este caso, el sitio que habían encontrado para deshacerse de las egagrópilas era el tubo de la chimenea. Qué más podía desear una pareja de lechuzas que un apartamento con aseo incorporado. El único inconveniente era que el uso del aseo por parte de las lechuzas impedía que mis tíos pudieran encender la chimenea, por lo que la única solución era cerrar con red el hueco por el que las lechuzas accedían al nido para evitar que se siguiera obstruyendo. Después de hablar con ellos, llegamos a un acuerdo mutuo que permitiría que mis tíos pudieran seguir calentando la casa en invierno y que las lechuzas continuaran con la cría y pudieran seguir criando en años venideros. Esperaríamos un par de semanas hasta que los pollos abandonaran el nido, luego cerraríamos los huecos de la chimenea con una red y después instalaríamos una caja nido en las proximidades con la esperanza de que las lechuzas aceptaran su nueva casa.

 

De esta forma, con la firma de este pacto todos saldrían beneficiados, las lechuzas dispondrían de un nido bien acondicionado y sin problemas de hollines y cenizas y mis tíos podrían usar la chimenea y seguir teniendo como vecinos al mejor raticida natural que existe, capaz de cazar cientos de ratones y topillos en cada temporada de cría, esos que le comen el maíz y le secan los manzanos. Sólo tenéis que ver el vídeo anterior para daros cuenta de lo bien que realizan el trabajo sin pedir nada a cambio.

Lo cierto es que la actitud de mis tíos no suele ser la más habitual, ya que aún hoy en día, las lechuzas y otras aves nocturnas siguen cargando con una pesada mochila de supersticiones totalmente infundadas, considerándolas aves de mal agüero que anuncian la muerte de algún vecino. En este caso, tengo que admitir que tampoco me lleve una sorpresa, porque alguien que cuando le muere una gallina se la lleva a la raposa, porque considera que llegado el caso "mejor que enterrarla, que se la coma ella", sabía que no iba a defraudar en esto.

Por desgracia, las lechuzas, al igual que otras rapaces nocturnas, se encuentran en regresión en muchos lugares. El uso indiscriminado de venenos y los atropellos en las carreteras causan miles de bajas todos los años. Asimismo, la alteración del hábitat y sobre todo la desaparición de sus sitios de nidificación tradicionales, como viejos árboles huecos y posteriormente los edificios y ruinas a donde se mudaron después, hace que la instalación de cajas nido sea una ayuda muy necesaria en estos momentos para recuperarlas. Ojalá cunda el ejemplo de mis tíos.

domingo, 26 de julio de 2020

Plantas invasoras: la Crocosmia

Una de las plantas invasoras que más se ha extendido en los últimos años es la Crocosmia, y más concretamente el híbrido Crocosmia x crocosmiiflora, obtenido por el cruce de Crocosmia aurea x Crocosmia pottsi, dos especies nativas de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Al igual que la gran mayoría de las plantas invasoras, esta especie fue cultivada en principio para su uso en jardinería, pero se naturalizó rápidamente ocupando grandes extensiones de Europa, América, Nueva Zelanda.


La Crocosmia es una planta herbácea, perenne y con unas inflorescencias que pueden tener hasta 20 flores de color naranja o rojizo según la variedad. De todas formas, su principal método de dispersión son los estolones bulbosos, que son capaces de propagarse con rapidez ocupando grandes extensiones de terreno en poco tiempo, lo que la convierte en una planta invasora muy peligrosa.

Desembocadura del arroyo Frieira en la playa de la Ribeirona (Cadavedo, Asturias), totalmente colonizado por Crocosmia

Desde su primera observación en estado salvaje a mediados de los años 70 del siglo pasado, la Crocosmia se ha extendido con rapidez, colonizando sobre todo las riberas de ríos, cunetas y bordes de caminos e incluso terrenos abiertos. El principal problema de la Crocosmia es que desplaza a vegetación autóctona de esas zonas, ocupando el espacio y no dejando crecer a otras plantas, lo que tiene un efecto en cascada sobre todos los organismos que habitan en esos ecosistemas.

Además de estos problemas asociados a su capacidad colonizadora, un problema añadido es la dificultad de erradicarlas, ya que no es suficiente con eliminar la parte área, sino que es necesario extraer los bulbos, lo que en muchas zonas resulta imposible.

martes, 21 de julio de 2020

La visita del NEOWISE: ciencia y profecías

Una de las sorpresas de este año, aparte de las relacionadas con la pandemia del Covid-19, ha sido la visita del cometa C/2020 F3, más conocido como NEOWISE, por el nombre del telescopio que lo descubrió el 27 de marzo de este año. Y es más sorprendente aún porque su brillo es muy superior a los de otros cometas que aparecieron en las últimas décadas, alcanzando en su perihelio una magnitud aparente de -0,9, lo que permite que sea visible sin necesidad de ningún instrumento óptico.

Cometa NEOWISE en la madrugada del 13 de julio de 2020 a las 5:40h

El momento de máximo acercamiento del cometa al sol tuvo lugar el 3 de julio, cuando la distancia entre ambos fue de "tan solo" 43 millones de kilómetros. Durante unos días se temió que al igual que ocurrió con otros cometas que nos visitaron recientemente, el C/2019 Y4 (Atlas), y C/2020 (Swan), se acabara desintegrando. Pero sobrevivió, y desde principios de julio, el cometa fue visible a diario poco antes del amanecer, por lo que dadas las fechas en las que nos encontramos, para poder verlo era necesario madrugar y cruzar los dedos para que estuviera despejado.

Localización del cometa NEOWISE entre el 13 y el 31 de julio de 2020

Afortunadamente, desde el 13 de julio NEOWISE empezó a mostrarse tras la puesta del sol, siendo muy sencillo de localizar debido a su proximidad (aparente) a la Osa Mayor. El máximo acercamiento a la Tierra tendrá lugar el 23 de julio, cuando se encuentre a 103 millones de kilómetros de nosotros. A partir de entonces y continuando su viaje hacia los confines del sistema solar, su intensidad irá disminuyendo paulatinamente hasta que el 31 de julio dejemos de verlo, al menos hasta que regrese dentro de 6800 años, lo que hace bastante complicado que los que estamos aquí podamos volver a verlo.

lunes, 6 de julio de 2020

Los peces se dispersan por el aire

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan los seres vivos es el de dispersarse, o sea, moverse fuera de su lugar de nacimiento. De esta forma, los organismos son capaces de ampliar su área de distribución original y colonizar nuevas zonas donde antes no estaban presentes, siempre que las condiciones sean favorables para su asentamiento.

En muchas ocasiones, esos movimiento dispersivos no implican que sea el organismo el que se mueva, sino que son sus propágulos (semillas, esporas, huevos o embriones) los que lo hacen. El problema es que esos propágulos no tienen capacidad de movimiento, lo que evidentemente dificulta sus posibilidades de dispersión, pero para ello los organismos han "ideado" estrategias que les permiten hacerlo. En el caso de las plantas, algunas de sus semillas son muy ligeras y están provistas de estructuras que les permiten aprovechar el viento para desplazarse cientos de kilómetros (anemocoria), en otros casos pueden flotar y usar las corrientes de los ríos o incluso las corrientes marinas para colonizar nuevas islas (hidrocoria). 

Excrementos de tejón llenos de semillas

En otros casos utilizan, las plantas usan a los animales como medio de transporte (zoocoria), ya sea enganchándose en su pelaje o viajando en su interior (endozoocoria) después de haber sido ingeridas y expulsadas posteriormente con los excrementos. Para conseguirlo, las plantas rodean las semillas de una pulpa carnosa nutritiva y sabrosa, apetecible para los animales y además protegen a esas semillas con una cubierta que resiste a la digestión. En muchos casos, ese paso por el intestino es imprescindible, ya que los ácidos del estómago hacen que se rompan o agrieten las envolturas duras permitiendo la germinación. 

lunes, 8 de junio de 2020

Vida y muerte en dos imágenes

Aquí tenemos dos imágenes de una especie en peligro de extinción, una hecha en junio y otra en diciembre del mismo año.


En la primera, ese animal está agonizando después de ser pescado por afición y acabará sus días en una sartén, acompañado de una pizca de sal y pimienta. En la segunda, ese mismo animal, que de haber seguido en el río estaría desovando más de 4000 huevos que conseguirían aliviar en parte su inexorable declive.

Ahora cierra los ojos e imagínate que es un urogallo, un águila imperial, un lince o un oso.

lunes, 1 de junio de 2020

Curso de ética periodística: "Los lobos ya no son veganos"

Retomo el curso de ética periodística para hacerme eco de una noticia aparecida en la prensa local asturiana que confirma un increíble descubrimiento: los lobos ya no son veganos.


Un escalofrío recorre mi cuerpo y me pregunto a mí mismo cómo es posible que un hallazgo tan extraordinario no haya aparecido en ninguna revista científica de alto impacto y se haya tenido que recurrir a un diario como La Nueva España para sacarlo a la luz. Es de todos conocido que los lobos de Cotobello limitan su actividad alimenticia a la polinización y la herbivoría, por lo que el salto evolutivo hacia una dieta carnívora de alto contenido proteico ha tenido que venir asociado a cambios estructurales que implicarían, entre otros, la modificación de la fórmula dentaria y el acortamiento de los intestinos. Un cambio de semejante magnitud suele necesitar millones de años, pero en la población del alto de Cotobello solo ha sido necesaria una pandemia y 3 meses de confinamiento para que tuviera lugar. 

Vegetarian Big Bad Wolf I Don't Even Eat Sausages Apron | Kidozi.com

Comienzo a leer la noticia y las sorpresas no cesan: "Un nuevo ataque de lobos en el concejo de Aller" es la frase que encabeza el artículo. O sea, que ha habido otros casos antes, por lo que es evidente que en esta población de lobo, la transición evolutiva hacia la depredación ha sucedido en menos tiempo del que sugería el titular. Pero aún hay más, ya que todos los indicios apuntan a un rápido cambio de dieta que puede tener consecuencias catastróficas: "Tememos que cambien de menú y ataquen a los xatos". Por lo tanto, la transición hacia la dieta proteica no se limitará a las bestias salvajes, sino que según los científicos consultados, los lobos de Cotobello seleccionarán positivamente a los animales domésticos, en concreto crías de vaca, frente a los salvajes, ya que su carne es más tierna y por tanto más digerible.

Según comentan en la noticia, la depredación de corzos por parte de los nuevos lobos carnívoros supone una amenaza para la población de estos ungulados, ya que en los últimos años se han detectado numerosos casos de la enfermedad del gusano de la nariz del corzo. Esta enfermedad la produce el parásito Cephenemyia stimulator, una especie de tábano cuyas larvas, con forma de gusano, se alojan en las fosas nasales de los corzos, dificultando la respiración y la ingestión de alimento, por lo que se debilitan y son más susceptibles a otras enfermedades.

Desde el punto de vista de la conservación del corzo, el nuevo rol depredador del lobo carnívoro y cazador no debería ser tomado como una amenaza, sino como un alivio, ya que innumerables trabajos científicos confirman el papel de los depredadores como controladores de plagas y enfermedades, ya que al seleccionar los animales enfermos y débiles reducen la transmisión de las mismas (Wild et al, 2011). 

En cuanto a los daños al ganado, también se ha confirmado que en casos de manadas de lobos carnívoros (no como los de Cotobello, que como hemos visto antes, eran veganos), si hay abundancia de presas salvajes, los daños sobre el ganado son mínimos, a no ser que los "controles poblacionales", los envenenamientos y la caza furtiva, desestructuren las manadas, en cuyo caso, la incidencia sobre las reses domésticas se incrementa (Wielgus & Peebles, 2014, Fernández-Gil et al, 2016).

Un comentario aparte merece el tratamiento informativo de la noticia por parte de la prensa generalista. Una vez asumido el salto evolutivo hacia la depredación por parte de los lobos, deberían hacer una reflexión sobre esta especie. Teniendo en cuenta que estos cambios no son reversibles y que habrá que asumir el papel depredador de los nuevos lobos de Cotobello, ¿qué sugerencias proponen para el futuro? Ya que si comen ganado es malo, si comen presas salvajes también es malo y cómo hemos explicado, el cambio reversible a una dieta herbívora y polinizadora es muy improbable, yo creo que podrían sugerirles a los lobos una nueva dieta basada en gravilla, siempre que por supuesto no entre en conflicto con las explotaciones mineras a cielo abierto de la región.

Por otra parte, teniendo en cuenta que se aproxima la temporada estival y se prevé un incremento de la actividad turística tras la desescalada, les recomiendo que presten atención a la actividad fotosintética de las plantas y a la más que probable acaparación de rayos solares por parte de las mismas. 

Las proliferación de hortensias en los jardines costeros pone en jaque al sector turístico asturiano: "Sus hojas anchas acaparan más luz de la que podemos asumir" 


Para facilitarles el trabajo les sugiero el anterior titular, que podría ser la punta de lanza de una fructífera serie de artículos para los próximos meses sobre las catastróficas desgracias naturales que se avecinan.

Referencias
- Fernández-Gil A, Naves J, Ordiz A, Quevedo M, Revilla E, Delibes M (2016) Conflict Misleads Large Carnivore Management and Conservation: Brown Bears and Wolves in Spain. PLoS ONE 11(3): e0151541.
-  Wielgus RB, Peebles KA (2014) Effects of Wolf Mortality on Livestock Depredations. PLoS ONE 9(12): e113505. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0113505
- Wild MA, Hobbs NT, Graham MS & Miller MW (2011) The role of predation in disease control: a comparison of selective and nonselective removal on prion disease dynamics in deer. Journal of Wildlife Diseases 47:78-93.

martes, 26 de mayo de 2020

Los abejorros manipulan las plantas para que florezcan antes

Uno de los casos de simbiosis más conocidos y más estudiados es el de los insectos polinizadores y las plantas angiospermas. Los insectos se encargan de transportar el polen de unas flores a otras, con lo que facilitan la fecundación cruzada minimizando la endogamia, y las plantas, a cambio, producen néctar para los ellos y les "regalan" parte del polen que producen en abundancia. De esta manera, tanto plantas como insectos salen beneficiados en esta relación. La prueba de que este pacto funciona es que lleva produciéndose desde hace 100 millones de años (Hu et al, 2008), a lo largo de los cuales se ha ido perfeccionando y sofisticando por el mecanismo de la coevolución

Bombus terrestris polinizando una flor de Centaurea nigra

Para que esta relación funcione es necesario que se produzca un ajuste perfecto entre la floración de las plantas y la emergencia de los insectos, de forma que cuando los insectos aparezcan, las flores ya tengan las reservas de néctar repletas, el polen maduro y hayan desplegado todos sus atractivos para atraerlos hacia ellas. Si ese ajuste temporal no se produce, las flores se marchitarán sin haber sido fecundadas y los insectos se morirán de hambre. 

martes, 19 de mayo de 2020

El primer vuelo

Hoy llegó el gran día y tras varios intentos, el pollo de carbonero se ha atrevido a volar por primera vez. No ha sido un gran vuelo, solo unos pocos metros hasta un muro cercano, pero ha sido la prueba más difícil de su corta vida. 

Encerrado en la caja nido en la que nació, a oscuras y acompañado de sus cinco hermanos, solo veía un rayo de luz que se colaba por el pequeño agujero de la entrada. Ahora todo es nuevo y enorme. Es la primera vez que ve el cielo, las nubes, los árboles y las flores. También es la primera vez que siente el viento y el calor del sol.


Mira hacia arriba y se queda embobado viendo a las gaviotas que gritan mientras pasan planeando por encima de su cabeza. Por fin sabe de dónde viene el sonido que escuchaba desde que nació.

lunes, 11 de mayo de 2020

Pequeñas alegrías del confinamiento

Hacía ya tantos años que no veía Lagartos verdinegros en Novellana que se me había olvidado que una vez los hubo. Un incendio hace mucho tiempo, intencionado como la mayoría de los que ocurren por aquí, arrasó con el bosque de carbayos, sauces y abedules que tenía al lado de casa. Y también se llevó por delante matorrales de toxos de flores amarillas, brezos verdes y morados y zarzas llenas de moras. Lo que muchos siguen llamando maleza y basura estaba lleno de vida. Allí criaban alcaudones dorsirrojos y zarceros, tarabillas y currucas y se asoleaban las culebras de collar y los lagartos. 

Recuerdo aquel incendio como si fuera ahora. Tendría yo 15 o 16 años y tengo grabada la imagen de la gente del pueblo haciendo cadenas humanas para tirar cubos de agua a las llamas y a mi padre mojando las paredes de casa con la manguera, "porque nos la comía el fuego". Y recuerdo aquel olor cuando todo acabó, cuando no quedaba nada más que ceniza y palos negros y un suelo caliente del que siguió saliendo humo durante varios días. Y con el fuego desaparecieron los lagartos y no volvieron. Y en las cenizas de carbayos, abedules, toxos y brezos, plantaron eucaliptos, porque según decían, por lo menos te dan algo. Y el monte que tenía al lado de casa ya nunca volvió ser igual. 


Hoy por la mañana, más de 40 años después de aquel incendio, me los encontré encima del cierre de casa. Allí estaban, una pareja de lagartos verdinegros tomando el sol. Él con su cabeza azul hacía guardia y ella con su cabeza gris me miraba de reojo. Habían vuelto y no se muy bien como llegarían, pero me alegraron la mañana y me recordaron aquel monte donde nos perdíamos cuando éramos niños, con sus carbayos, sus abedules y sus toxos de flores amarillas. 

Mientras tanto, ahí siguen los eucaliptos, porque según me dicen ahora, cuesta más sacarlos de lo que te dan por ellos.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Boca a boca

Hay muchos animales que transportan la comida dentro de su cuerpo para luego regurgitarla y dársela a sus crías, a sus parejas o a otros miembros de su familia. En muchos de ellos, esa transferencia de alimento se realiza directamente de boca a boca. En un principio se pensó que la trofalaxis, un término acuñado en 1928 por W.M.Wheller en su libro "The socal insects", tenía una función exclusivamente alimenticia, pero varios trabajos posteriores han demostrado que tiene un papel más complejo, relacionado con la comunicación e incluso con la inmunidad social (Hamilton et al., 2010).

Trofalaxis en Formica pratensis

Los insectos sociales, como las hormigas y las abejas, forman colonias que pueden agrupar a millones de individuos, todos ellos emparentados, ya que todos son hijos de una o unas pocas hembras fértiles. Para comunicarse entre ellos utilizan varios mecanismos, a veces frotan las antenas entre sí y otras veces utilizan el boca a boca. Durante ese contacto, dos de los miembros de la colonia se intercambian alimento, pero también mensajes químicos en forma de feromonas. Según un estudio realizado con la hormiga Camponotus floridanus, este intercambio sirve para cohesionar a los miembros de la colonia, distinguiendo a los familiares de los intrusos y también para transmitir información que sirva para decidir colectivamente el desarrollo de la colonia, por ejemplo si la reina debe poner más o menos huevos, si deben invertir más recursos en alimentar a las larvas o si la colonia está saturada y es hora de que la hembra produzca descendientes fértiles que colonicen otros lugares (Le Boeuf et al, 2016).