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lunes, 24 de mayo de 2021

¿Es la ciencia radical o es que no queremos creer lo que dice?

Llevamos más de un año sufriendo los efectos de la pandemia del Covid-19, que se ha llevado por delante a casi 4 millones de personas, aunque los últimos análisis apuntan a que podrían ser muchos más. Una pandemia que ha cambiado, quizás para siempre, nuestra forma de vida, nuestras relaciones sociales y seguramente nuestra manera de afrontar el futuro.

Cuando aparecieron los primeros casos, rápidamente comenzaron a florecer las teorías conspiranoicas para justificar lo que nos estaba ocurriendo. Ese virus tenía que haber sido creado en un laboratorio, no era posible que esto nos estuviera pasando a nosotros, la especie elegida, el sumum de la evolución. No podíamos estar amenazados por un ser insignificante, minúsculo, que ni siquiera llega a la categoría de ser vivo porque ni siquiera tiene un metabolismo propio. Sólo nosotros, otra vez nosotros, podríamos haber sido capaces de crearlo, con alguna intención abyecta y oscura. Pronto empezaron a publicarse trabajos científicos que tras secuenciar su genoma confirmaban el origen natural del virus, descartando las hipóteisis de su origen artificial (Andersen et al, 2020). Se trataba de un nuevo caso de zoonosis o salto de un virus de un animal al ser humano. No era la primera vez que ocurría (SIDA, SARS, Ébola, etc.) pero esta vez se había extendido más rápido, debido en parte a la mayor virulencia del virus y también a que nuestra capacidad para desplazarnos se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. 


Al mismo tiempo que aparecieron estos trabajos, surgieron las voces que trataron de desacreditarlos. Se acusó a los científicos de estar vendidos a las élites, de publicar artículos de impacto para medrar en las instituciones y engrosar su curriculum e incluso de querer enriquecerse a costa de la enfermedad. La ciencia ya no servía, y no servía porque nos decía lo que no queríamos oir y nos volvía a bajar del pedestal al que nosotros seguíamos empeñados en seguir subidos. Nada nuevo que no hubiera pasado antes con Galileo, Darwin, Pasteur y tantos otros, que aplicando el método científico se enfrentaron a las teorías unánimente aceptadas por la sociedad para demostrarnos que ni éramos el centro del universo, ni éramos una especie bendecida por un hálito divino, y que por tanto, estabamos tan sometidos a las leyes de la naturaleza como el resto de especies consideradas "inferiores".

Lo cierto es que la ciencia ya llevaba mucho tiempo avisando de que la pérdida de biodiversidad y la degradación y destrucción de los ecosistemas incrementaba el riesgo de zoonosis (Quammen, 2012*). Si la biodiversidad es elevada, el riesgo de zoonosis se reduce. Un ecosistema sano y biodiverso está habitado por multitud de especies que tienen distintos roles dentro del mismo. Hay depredadores y presas, hay especies generalistas y especialistas, también hay especies que compiten por los mismos recursos. Asimismo, los depredadores eliminan los animales enfermos y débiles, atajando la dispersión de los patógenos por los que han enfermado. Y toda esta red de interacciones hace que se mantenga un equilibrio que impide que la población de ciertas especies exceda unos límites. En resumen, un ecosistema sano, con elevada biodiversidad, hace que esos patógenos estén diluidos entre toda esa diversidad de especies, dificultando e incluso bloqueando su salto hacia los humanos (Halliday et al, 2012; Kahli et al., 2016). 

Ante estas evidencias científicas, lo esperable sería que basándonos en la experiencia adquirida durante estos meses, hiciéramos el mayor esfuerzo posible para detener la alarmante pérdida de biodiversidad que estamos sufriendo, restauráramos los ecosistemas alterados y defendiéramos con uñas y dientes los pocos espacios que aún se encuentran en buen estado de conservación. No sólo se trataría de un deber moral, ya que nosotros somos los primeros responsables de este desaguisado, también se justificaría por un puro egoismo de especie para lograr un escudo contra futuras pandemias.

Para lograr esos objetivos deberíamos hacer cambios, deberíamos sacríficar algunas comodidades, deberíamos ceder espacio a otras especies y deberíamos contener nuestro crecimiento, entre otras cosas. El esfuerzo, sin duda, merecería la pena y los beneficios de adoptar esos cambios superarían con creces los sacrificios asumidos. 

Pero lo cierto es que no queremos cambiar, y ahora que parece que se empieza a vislumbrar el final de esta pandemia (gracias a los científicos y a las vacunas que nos están sacando del atolladero), olvidamos todo lo aprendido y queremos volver cuanto antes a la "normalidad". Una normalidad que implica seguir como hasta ahora, seguir destruyendo la biodiversidad y así tener más superficie para "progresar" y seguir creciendo, bajo la única variable que entienden los gobiernos: el PIB. Nos dicen que hay que recuperar el tiempo perdido e incrementar aún más los esfuerzos para conseguirlo. La naturaleza vuelve a ser el enemigo y los científicos vuelven a ser un incordio que lo único que hacen es poner palos en las ruedas del progreso.


Hoy por la mañana, leía en un periódico regional que tras encargar un informe sobre la restauración ecológica del río Piles, en Gijón, los afectados por la restricción de actividades que implicaría dicha restauración, exigían al ayuntamiento eliminar ese informe e "inhabilitar a los responsables del mismo". El argumento se basaba en que a pesar de ser “científicos brillantes”, “son representantes de una de las tendencias más radicales en la estrategia de restauración de ríos”, que centran sus esfuerzos en “la restauración geomorfológica y biológica de los cauces”. Como señalaban en otro medio, "un conocimiento bien caracterizado en los libros de ciencia es que las personas que se dedican a la investigación científica son influenciadas por sus creencias, a veces de forma inconsciente". 

Hemos vuelto a ponernos la venda en los ojos y estamos reparando la escalera para volver a subirnos al pedestal. Seguimos siendo la especie elegida y por eso, si se repite la historia, sacaremos a los científicos de sus cajitas para que vengan al rescate. Mientras tanto, que estén callados y no estorben.


Referencias

Andersen KG, Rambaut A, Lipkin WI, Holmes EC & Garry RF (2020) The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature Medicine volume 26, pages450–452 

Halliday FW, Rohr JR & Laine A-S (2020) Biodiversity loss underlies the dilution effect of biodiversity. Ecology Letters https://doi.org/10.1111/ele.13590

Khalil H, Ecke F, Evander M, Magnusson M & Hörnfeldt B (2016) Declining ecosystem health and the dilution effect. Scientific Reports 6, Article number: 31314

Quammen (2012) Spillover. W.W. Norton & Company. 592 pp (* en 2020 se publicó la traducción en castellano con el título "Contagio)


martes, 4 de mayo de 2021

¿Será el oso pardo el próximo candidato a especie cinegética en Asturias"

Quizás sea porque hace tiempo que no creo en las casualidades, cuando veo que la prensa repite insistentemente una noticia o se ceba con un determinado tema, suelo pensar que hay algo más detrás. Puede que sea muy mal pensado. Quizás.

Hace una semana, la Fundación Oso Pardo (FOP) comentaba que el oso pardo ya no estaba en peligro de extinción. Desde ese día, "casualmente", la prensa asturiana ha publicado prácticamente a diario noticias sobre daños del oso a ganado, a colmenas, a frutales, hace 2 dias, comentaban el caso de unos vecinos de Cangas que se encontraron con un oso y que tuvieron que darle unas voces para que se fuera, y la FOP saca, justo ese día, su informe sobre 8 ataques de osos a personas en 30 años. Una columna de hoy en LNE ya exige que el principado tome cartas en el asunto, y nos recuerda que el oso pardo no es Yogui, así que hay que andarse con cuidado. Puede que sea muy mal pensado. Quizás.

Cuando hace 6 años, los cazadores reclamaban poder matar osos "cuando la especie se recupere", todo el mundo se lo tomó a coña. Quizás estaban allanando el terreno mientras el Principado decía que "la sociedad marcaría los tiempos". Parece que causualmente la prensa encendió el ventilador, justo ahora. Puede que sea muy mal pensado. Quizás.


La FOP, que tiene firmados varios convenios con las Federaciones de Caza, desde 2018 la Fundación Oso Pardo y la Federación Cántabra de Caza participan en el proyecto conjunto ‘Caza y Oso’, saca ahora todas estas noticias, casi una a diario. Puede que sea muy mal pensado. Quizás.

Quizás el Principado de Asturias pueda opinar algo sobre este tema. Puede que sea muy mal pensado. Quizás.

Puede que muchos estéis pensando que una cosa es lo que diga la prensa y otra muy distinta son las decisiones que tome la administración. Por si sirve de ayuda para entender estas casualidades, copio literalmente el fragmento del último "Programa de actuaciones de control del lobo en Asturias", donde el gobierno asturiano explica como mide la conflictividad social de una especie, en este caso del lobo: "Resulta difícil medir la “conflictividad social existente” más allá de la que, de forma indirecta, puede reflejar el análisis de los daños, pero, no obstante, el lobo es un tema recurrente en los medios de comunicación escritos regionales (La Nueva España, El Comercio, El Fielato…) y las noticias aparecidas en los mismos son también, de alguna forma, imagen de lo que la sociedad asturiana piensa del lobo y de la trascendencia que le otorga". 

Puede que sea muy mal pensado. Quizás

domingo, 2 de mayo de 2021

El salmón se extingue ante nuestros ojos

Otros años por estas fechas, los periódicos y los informativos asturianos nos ofrecían a diario las estadísticas de pesca de salmón. Acompañaban sus crónicas con fotos de los orgullosos pescadores y con publirreportajes sobre el paraíso astur de la pesca de salmón. "En los ríos asturianos hay salmones para regalar", así se titulaba un artículo de la prensa regional hace tan solo 4 años. Alcaldes, políticos de todo signo, hosteleros, presidentes de asociaciones y vecinos de las localidades ribereñas, relataban sus logros y apostaban por el negocio, frotándose las manos pensando en los millones de euros que supondría la pesca del salmón para la maltratada economía asturiana. Pero este año esas páginas brillan por su ausencia. Silencio casi absoluto, como si no hubiera temporada de pesca o se hubiera suspendido por alguna razón desconocida.

Y os preguntaréis qué está pasando. Pues la respuesta es muy sencilla: no hay salmones. La temporada de pesca con muerte comenzó el 11 de abril y todas las capturas de este mes han alcanzado la increible cifra de ¡23 peces! Probablemente se trate del peor inicio de temporada de la historia. En el Esva, como era esperable, no se ha pescado ni un solo salmón, pero los pescadores no quieren oir hablar de que se vede este río.

Ya es cada vez más difícil justificar este triste balance culpando a los cormoranes, las garzas y las nutrias. Tampoco es creíble que sea la pesca en el mar la que está acabando con los salmones, porque desde hace más de una década es una pesquería anecdótica, entre otras cosas porque ya no es rentable. Aunque les cueste admitirlo, o sencillamente no quieran creerlo, el salmón se extingue, las repoblaciones no funcionan y además son perjudiciales, tal como confirman cientos de artículos científicos. O se veda el salmón inmediatamente o se extinguirá en unos pocos años.

Adios a la pesca, adiós a la gallina de los huevos de oro y lo peor de todo, adiós a una especie excepcional y a una población única en el mundo, que se perderá para siempre por culpa del egoismo y la avaricia de unos pocos. Y por supuesto, con la inestimable ayuda de una administración que antepone los votos y los sillones a las evidencias científicas.


sábado, 6 de febrero de 2021

La protección del lobo y las reacciones políticas

El pasado jueves, 4 de febrero, la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural votó a favor de incluir al lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). La votación, en la que participaron todas las comunidades autónomas del estado español, salió adelante por un solo un voto de diferencia. Asturias, Galicia, Cantabria y Castilla León, entre otras, votaron en contra de ese cambio de estatus. Esta aprobación implicará que el lobo dejará de ser considerado especie cinegética en todo el estado, algo que ya ocurría en las poblaciones que habitaban al sur del Duero. O sea, que se prohibirá su caza deportiva, pero no se prohibirán los llamados controles poblacionales, es decir, la matanza de lobos por parte de la administración con el fin de reducir los daños al ganado.

Resumiendo, la inclusión del lobo en el LESPRE no cambiará prácticamente nada en algunas comunidades autónomas como Asturias, en las que la especie no es cinegética y en la que se realizan esos controles para que la población sea "compatible con el desarrollo de las explotaciones agrarias", tal como figura en el actual Plan del Lobo aprobado por el Principado de Asturias (Decreto 23/2015, de 25 de marzo, por el que se aprueba el II Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias).


Pocos minutos después de la votación, los representantes de los gobiernos que habían votado en contra salieron en tromba exigiendo justicia y anunciando que acudirían a los tribunales para impugnar ese acuerdo, demostrando una vez más que su idea de la democracia, y de ese estado de derecho del que tanto alardean en público, solo es respetable cuando el resultado les favorece. Y una vez más, y también como es habitual en la clase política, para dar más empaque a su indignación, recurren de nuevo al consabido truco de incluir a toda la sociedad como partícipe de sus opiniones personales, olvidando intencionadamente que esas opiniones solo son compartidas por parte de la población, esa a la que cortejan para conseguir unos cuantos votos. 

Pero volviendo al meollo de la cuestión, si en realidad esta nueva norma solo implica que los cazadores deportivos no podrán incluir al lobo en su lista de trofeos, ni podrán acudir a subastas pagando miles de euros por hacerse con una cabeza de lobo para sacarse una foto ¿cómo se explica el rechazo e indignación del gobierno asturiano ante esta noticia, si el lobo no es una especie cinegética en Asturias?

Según el actual consejero de Medio Rural, Alejandro Calvo, esta decisión «hurta de manera efectiva la posibilidad de seguir gestionando la especie con garantías». ¿A qué garantías se refiere? ¿se referirá quizás a la posibilidad de hacer y deshacer sin tener que dar explicaciones a nadie? Si realmente, y tal como se refleja en el vigente plan del lobo de Asturias, esa gestión «estará basada en conocimientos científicos actualizados y contrastados», no debería temer ningún hurto, ya que como ya se ha indicado antes, los controles poblacionales podrían aprobarse si están debidamente justificados y avalados por un comité científico. 

Los controles letales, tal como se realizan en Asturias, han sido cuestionados en numerosos artículos científicos, tanto en el extranjero (ej. Krofel et al, 2011; Wielgius & Peebels, 2014) como en España (Fernández Gil, 2013). Esos trabajos confirman que los "controles letales" no solo no son efectivos para reducir los daños al ganado, sino que aunque pueda resultar paradójico, los incrementan. Por lo tanto, la respuesta de las administraciones ante esa falta de resultados tangibles ha sido la de aumentar los cupos permitidos, aunque el único fin parece ser el de acallar las protestas de los ganaderos. Pero es bien sabido que ceder a un chantaje implica un chantaje posterior, y si se matan 10 se pedirán 100 y si se matan 100 se pedirán 1000. Por lo tanto, una política de control letal cuyo único objetivo es el de acallar las protestas de los ganaderos, no pasaría ningún aval científico si este debe ser supervisado por una administración superior a la autonómica. Y eso es realmente lo que solivianta a las autonomías que no han votado a favor de la inclusión del lobo en el LESPRE.

Por otra parte, la inclusión en dicho catálogo debería obligar a las autonomías a luchar de manera efectiva contra el furtivismo, una lacra que sigue muy presente en España, donde un elevado número de lobos mueren todos los años envenenados, tiroteados, o atrapados en lazos de acero. De hecho, no han sido pocas las amenazas de algunos ganaderos si el gobierno asturiano no atendía a sus demandas. Cómo olvidar las declaraciones del regidor de pastos de la montaña de Covadonga,  que declaró en prensa que «Si no hay batidas en condiciones, tendremos que hacer como hacían los pastores de antes: empezar a poner veneno». Unas amenazas, que a pesar de que eran un flagrante delito, quedaron sin respuesta por parte de la administración. 


Tampoco deberíamos olvidar la campaña de chantaje y amenazas que hace tan solo 3 años convirtió a Asturias en una vergüenza nacional, durante la que varios lobos fueron colgados de señales de tráfico, decapitados y arrojados a piscinas públicas, e incluso colocando cuerpos y cabezas cortadas en vehículos oficiales de la guardería. La única respuesta por parte del Principado de Asturias fue la de pedir calma y sosiego, porque esas actuaciones "únicamente perjudican la imagen de Asturias". Lo de las amenazas a unos servidores públicos y los chantajes a la administración no parecían importantes. Eso si, desde la consejería de Medio Rural, recordaron a los furtivos que "el control de cánidos se establece a través de un plan de batidas que coordina el Principado", o sea, justo lo que esperaban escuchar. También nos dijeron que las investigaciones para encontrar a los culpables "estaban muy avanzadas", y seguimos esperando, aún sabiendo que no hay ningún interés en que aparezcan.

Si la votación sobre la inclusión del lobo en el LEPRE queda finalmente plasmada en un documento oficial, el control sobre las actuaciones realizadas por las administraciones autonómicas deberá ser más exhaustivo. Ya no se podrá hacer y deshacer sin dar explicaciones y los criterios científicos que avalen cualquier plan de gestión deberán ser claros y transparentes, algo a lo que debería aspirar cualquier político o gestor. A no ser que toda esta indignación oculte un interés mucho más prosaico: un caladero de votos por el que todos los partidos políticos quieren competir.

Referencias
Fernández Gil A (2013) Comportamiento y conservación de grandes carnívoros en ambientes humanizados. Osos y lobos en la Cordillera Cantábrica. Tesis Doctoral. Universidad de Oviedo.
Krofel M, Cerne E & Jerina K (2011) Effectiveness of wolf (Canis lupus) culling to reduce livestock depredations. ZGIL 95: 11-12.
Wielgus RB & Peebles KA (2014) Effects of Wolf Mortality on Livestock Depredations. PLoS ONE 9(12): e113505. doi:10.1371/journal.pone.0113505.


viernes, 15 de enero de 2021

Nevadas y Cambio climático

Durante los últimos días hemos sido testigos de una nevada que ha vestido de blanco gran parte de España y cuyos efectos aún perduran. Una nevada histórica, ya que desde al menos 50 años no se habían registrado espesores de esta magnitud, sobre todo en el centro del país. Y como suele ser habitual cada vez que ocurre un fenómeno parecido, no han tardado en aparecer los que tachan de falacia el Cambio Climático con el socorrido argumento de que el hecho de que haga frío contradice la teoría del calentamiento global del planeta.

Aunque empieza a resultar tedioso explicar en qué consiste el cambio climático, después de las innumerables publicaciones científicas y artículos en prensa escritos por científicos de todo el mundo, es sorprendente que se sigan confundiendo ciertos conceptos básicos, no sé si intencionadamente o por desconocimiento. 

La primera confusión es una confusión de concepto, ya que se sigue tratando a la meteorología y a la climatología como si fueran sinónimos, cuando no lo son. La meteorología es la ciencia que estudia los cambios en la atmósfera (temperatura, humedad, viento, presión atmosférica, etc.) y en base a los datos observados hace predicciones a corto o medio plazo sobre lo que va a ocurrir. Evidentemente, cuanto más largo sea el plazo, la incertidumbre será mayor. La climatología, por el contrario, no es predictiva y lo que estudia es el clima y las variaciones del mismo a lo largo del tiempo. Para hacerlo, recopila la información meteorológica (temperatura, precipitación, humedad relativa etc.) en un determinado lugar durante un periodo largo de tiempo y obtiene unas conclusiones, y en base a esos datos describe el clima de ese lugar y sus variaciones temporales. 

De una manera sencilla, el clima sería un largometraje del que la meteorología sería un fotograma o una breve escena del mismo. Si pensamos en la película Blade Runner, recordaremos que durante toda el metraje no dejó de llover, una lluvia persistente que mezclada con una nube de contaminación creaba un ambiente lúgubre y sombrío. Pero en la última escena, de tan solo un par de minutos, vemos a Rachel y a Rick Deckard huyendo felices en un día soleado. Dos minutos de tiempo meteorológico soleado en un clima lluvioso y frío de 2 horas. Por cierto, a Ridley Scott nunca le gustó ese final soleado que le impusieron los productores de la película.

Que haga frío unos días o unas semanas, o que en un determinado momento caiga la nevada del siglo, no invalida en absoluto el cambio climático, igual que dos minutos soleados no cambian el clima de Blade Runner, porque cambio climático es mucho más que calentamiento. De todas formas, no hay que olvidar que a pesar del frío de estos días, la tendencia global es que el planeta se está calentando. De hecho, 2020, junto a 2016, fue el año más cálido desde que se tienen registros. Un año que cerraba la década más calurosa de la historia. En cuanto a la nieve, cualquiera que tenga más de 40 años recordará nevadas en cotas bajas prácticamente todos los años, unas nevadas que con solo revisar los datos de las últimas décadas, apenas se producen. De hecho, hace tan solo un año, se comentaba cómo "el invierno se había olvidado de la nieve en España"

Pero volviendo al CC, una de las consecuencias del mismo y de la que ya se lleva avisando desde hace tiempo, es el incremento de la frecuencia de eventos extremos, ya sean sequías prolongadas, lluvias torrenciales, o como en este caso, olas de frío extremas. Y esta última nevada, aunque a muchos les pueda parecer una paradoja, no ha sido una excepción a esa regla.

Este evento extremo está directamente relacionado con el aumento de las temperaturas en el ártico, que han tenido como consecuencia que el Vórtice polar (una especie de ciclón que se localiza cerca de la estratosfera sobre las zonas polares) se haya debilitado. Seguramente muchos no recordarán que en junio de 2020, hace tan solo 7 meses, se registraron récords de temperatura en el ártico, alcanzándose temperaturas de 38ºC en algunas localidades como Verjoyansk, en el corazón de Siberia. Esas elevadas temperaturas debilitaron el vórtice polar, que en condiciones normales atrapa el aire frío en esas latitudes impidiendo que circule hacia el sur. 

Por lo tanto, una vez debilitado, ese vórtice no podrá retener la masa de aire frío, que por lo tanto se escapará hacia el sur produciendo una bajada drástica de las temperaturas. Si a esto le unimos la entrada desde el sur de una borrasca cargada de humedad, el coctel perfecto estaba servido. Y los políticos, que aparte de tirarse los trastos a la cabeza entre ellos para escurrir sus propias responsabilidades, cargan ahora contra los meteorólogos por no haberles avisado de la magnitud de lo que nos venía encima, deberían recordar que desde mediados de diciembre ya se había pronosticado lo que iba a ocurrir. 

A estas alturas, solo un necio o un inconsciente, más aún si es un político o un gestor, puede negar las evidencias sobre los efectos del cambio climático. Se nos acaba el tiempo, si es que no se nos ha acabado ya. Y mientras sigamos buscando excusas, mirando hacia otro lado, ninguneando a los científicos y soñando con estaciones de esquí y bonanzas económicas, dentro de no demasiado tiempo esta nevada histórica será un recuerdo feliz de aquellos maravillosos años. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mi año de la marta

Si hay un animal que se ha convertido para mí en el animal del año, ese es la Marta (Martes martes). Un animal que hasta este año solo veía fugazmente y por desgracia, la mayoría de las veces me lo encontraba atropellado en los arcenes de la carretera. 

La marta es un mustélido de hábitos forestales, más abundante en manchas arbóreas caducifolias, aunque lo cierto es que se puede encontrar en una gran variedad de hábitats. Hasta hace no demasiado tiempo, en Asturias las martas eran abundantes en el interior, mientras que en la franja costera su lugar era ocupado por la Garduña (Martes foina), un pariente cercano de la marta y muy similar a ella. Desde hace unos años, la marta ha colonizado muchas zonas costeras y actualmente la distribución de ambas especies se solapa y en gran parte de la rasa ya es la especie dominante.

Durante los meses en los que estuvimos confinados durante este aciago 2020, tuve la suerte de tener varios encuentros con una marta, que al llegar el verano se hicieron tan habituales que era raro el día en que no aparecía por casa, incluso varias veces, volviéndose tan confiada que dejaba que me acercara a ella a menos de 3 o 4 metros sin alterarse lo más mínimo.

Todo empezó cuando a finales de marzo coloqué una cámara de fototrampeo cerca del montón de compost donde dejábamos los restos orgánicos de la casa. El primer día que la puse, poco después de oscurecer, una Garduña apareció y se pasó más de media hora revolviendo entre la hierba hasta que encontró varios restos de fruta que se comió allí mismo. A pesar de ser de noche y que las imágenes infrarrojas eran en blanco y negro, el aspecto de la cola, la forma de la mancha del pecho y el tamaño de las orejas, confirmaban que se trataba de una garduña y descartaban la confusión con una marta. 

Durante varios días, la garduña siguió visitando el montón de compost, pero siempre entre la puesta del sol y el amanecer. Hasta que un día, a principios de abril, poco después de que la garduña se hubiera marchado y cuando ya había amanecido, la marta apareció por primera vez. A partir de ese día, la marta y la garduña siguieron visitando el jardín, pero nunca coincidieron las dos juntas. 

 

Los días fueron pasando, y mientras la garduña seguía con sus hábitos nocturnos, la marta empezó a visitarnos con más frecuencia y a cualquier hora del día. Entrada la primavera y cuando muchos pájaros ya se encontraban criando, sabía que andaba por los alrededores al escuchar el reclamo de alarma de los petirrojos y los carboneros. Pero bastaba con que me acercara para que escapara corriendo sin que me diera tiempo a poder hacerle una foto decente.

Con el paso del tiempo mis encuentros con la marta fueron haciéndose más frecuentes. Ya la reconocía al verla por la forma del babero y por unos pocos pelos blancos que tenía entre las orejas. Y poco a poco se fue volviendo más confiada. Cuando me avisaban los petirrojos, salía al jardín y me sentaba a esperarla. Ya conocía el recorrido que hacía, entraba por debajo del seto, subía hasta el montón de compost, rebuscaba entre los restos del día anterior y luego seguía el mismo camino para salir de nuevo al bosque. 


Hasta que por fin, una mañana del mes de mayo, apareció delante de mí, a menos de 4 metros de donde la estaba esperando, se levantó sobre sus patas traseras y se me quedó mirando. Nos quedamos los dos quietos, sin movernos durante casi un minuto y luego, se agachó de nuevo y siguió el mismo camino que había recorrido tantas veces, haciendo alguna parada de vez en cuando para volver a mirarme.


A partir de ese día, no sabría explicar muy bien por qué, no se volvió a asustar al verme. Recuerdo haber preparado un hide para esconderme a hacerle fotos, pero nunca llegué a usarlo. Solo me sentaba, esperaba y ella se comportaba con naturalidad como si yo no estuviera allí. Probablemente se habría acostumbrado a mi presencia y de alguna manera sabía que no era peligroso. 

Pero las sorpresas no se iban a terminar. Una mañana, como siempre, volví a escuchar las llamadas de alarma de los pájaros y salí al jardín como los días anteriores. Al rato apareció corriendo en un sitio por el que no la esperaba, y poco después apareció de nuevo, y pocos segundos después otra vez. O se movía demasiado rápido o había más de una marta en el jardín. Y así fue.


La marta, que como ya me había percatado al ver las fotos, era una hembra, apareció con sus dos cachorros ya crecidos, pero que seguían siendo más pequeños que ella. Pero al contrario que "la de casa", los dos cachorros eran mucho más desconfiados y salieron despavoridos nada más verme. Fue su última visita, probablemente porque a esa edad ya estarían a punto de independizarse. 


Las martas son animales solitarios, que marcan los límites de su territorio con excrementos y otras marcas olorosas. Y como me había demostrado en varias ocasiones, sin ningún tipo de recato ni vergüenza, la hembra ya había decidido que mi casa era su territorio y como si fueran las piedrecitas con las que Pulgarcito marcaban el camino de regreso a casa, ella depositaba a diario sus excrementos a lo largo y ancho del jardín de casa.


La primavera se terminó y durante todo el verano la marta siguió apareciendo puntualmente a su cita. En más de una ocasión, mientras que quedaba embobado mirándola, llegué a pensar que le gustaba que le hiciera fotos, porque no solo no se asustaba de mí, ni del ruido del obturador de la cámara, sino que parecía posar y en más de una ocasión tuve que alejarme porque no me entraba en el encuadre.

Entre tanta visita y tanto recorrido por el jardín, prácticamente no había un rincón ni un árbol que la marta no se conociera de memoria, y como en muchos de ellos varias parejas de jilgueros, verdecillos y petirrojos habían instalado sus nidos, no tardó en ocurrir lo inevitable. Una pareja de jilgueros había construido el suyo en el peor sitio posible, a menos de 2 metros del suelo, pegado al tronco y demasiado visible. Un lujo para mí, que podía ver sus idas y venidas desde la ventana de casa, pero un terrible error para ellos, ya que era muy accesible para los depredadores, y más aún para uno que siente debilidad por los nidos y que es capaz de trepar sin esfuerzo a cualquier árbol, por alto que sea.


Durante las primeras semanas, mientras la hembra incubaba y los pollos eran aún muy pequeños, consiguieron pasar desapercibidos, a pesar de que la marta paseaba a diario bajo el nido. Pero los pollos crecieron rápido y el olor y sus reclamos solicitando alimento fueron demasiadas pistas y tentaciones para ella. Y el final de la historia os lo podéis imaginar. Una historia sin buenos ni malos, ya que la depredación es algo completamente natural en todos los ecosistemas y los errores se suelen pagar con la vida. 


Pero de todo se aprende, y después de poco más de un mes, la misma pareja de jilgueros consiguió sacar adelante una pollada de reposición. Esta vez habían construido el nuevo nido en el árbol de al lado, a más altura y en el extremo de una rama a la que la marta, por mucho que se esforzara, no podría llegar.

El verano se acabó, como se acaban todos los veranos, y con la llegada del otoño la marta volvió a retomar sus hábitos nocturnos y no la volví a ver. Pero sé que sigue visitándonos porque todas las noches revuelve el montón de compost y me sigue dejando sus recados en el camino de casa. 

PD: haced clic en las fotos para verlas mejor.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Todas las imágenes tienen una historia

Hoy hace justo dos años que grabamos la secuencia del desove de los salmones. Tan solo 25 segundos que condensan una historia que se ha repetido durante miles de años. Cuando Jorge Chachero y yo nos propusimos hace más de 10 años hacer un documental sobre el Salmón atlántico, ya teníamos esa secuencia en la cabeza y pensábamos que no nos costaría demasiado grabarla. Solo había que ir al río, localizar a los peces y grabarlos. No parecía muy complicado.

Durante varios inviernos estuvimos yendo al río y fracaso tras fracaso llegamos a pensar que no lo conseguiríamos. Si había llovido hacía poco, el río estaba muy turbio y no se veía nada, si estaba claro, no había peces. Si no había llovido y había peces en la zona de desove, teníamos que colocar la cámara, intuyendo tras observar su comportamiento, donde se produciría el desove. Si todo encajaba, solo teníamos que esperar por el resultado, revisar varias horas de grabación una vez que llegábamos a casa y cruzar los dedos. Muchas veces, la batería se había agotado antes de que desovaran. Otras veces, habían llegado a desovar, pero los salmones habían quedado fuera del encuadre. Alguna vez, todo estaba perfecto y en el último momento, unos segundos antes del desove, una hoja inoportuna arrastrada por la corriente se enganchó en la lente y nos tapó la escena. Solo disponíamos de unos pocos días al año, y si no lo conseguíamos teníamos que esperar al año siguiente para volver a intentarlo. Y eso hicimos durante 5 años, hasta que al final, el último año que nos habíamos puesto como tope, lo conseguimos.

Justo hace 2 años, después de varias visitas al río, localizamos a una hembra y a varios machos en una tablada. Durante los siguientes días regresamos a la zona donde la habíamos visto, colocamos las cámaras, pero la hembra no desovaba. Hasta que un día, volvimos a repetir la rutina habitual y mientras mirábamos desde fuera del río sin muchas esperanzas, vimos una nube blanquecina que enturbió el agua durante unos segundos. ¡¡Habían desovado, no había dado tiempo a que la batería se agotara y la cámara parecía estar bien colocada!!

En ese momento, aún más nerviosos que antes, pasaron por nuestras cabezas todos los desencuadres, todas las hojas inoportunas, y todas las tostadas que la ley de Murphy se encarga de que caigan por la cara de la mermelada. Afortunadamente, ese día la tostada cayó boca arriba y hasta la hembra de salmón tuvo el detalle de doblar la cola en el último momento para entrar en el plano.

 

La próxima vez que veáis un documental de naturaleza, recordad que detrás de cada segundo que veis en el montaje final hay muchas horas, muchas hojas inoportunas y muchas tostadas boca abajo.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Sol rojo e incendios forestales

El color de la luz que perciben nuestros ojos depende en gran medida de los fenómenos atmosféricos y varia según la hora del día y la posición que ocupe el sol en el firmamento y también de las condiciones particulares de cada momento. Ayer, poco antes del ocaso, el sol  se tiño de un intenso color rojo, tan intenso que parecía irreal, mucho más fuerte del que podemos ver en un ocaso normal.

Sol rojo, al fondo el Cabo Busto (Valdés, Asturias)

Durante toda la tarde, una bruma muy densa de un color anaranjado pálido cubría gran parte del horizonte y esas condiciones tenían mucho que ver con el extraño color del sol.

Que el sol se ponga anaranjado o rojizo en el momento del ocaso tiene una explicación física relacionada con las propiedades de la luz y que se conoce como dispersión de Rayleigh. Los rayos solares interaccionan con la atmósfera y con las numerosas partículas y aerosoles que se encuentran en ella. La luz visible que procede del sol comprende solo una parte del espectro electromagnético que tiene distintas longitudes de onda, que asociamos a los distintos colores que percibimos. Las longitudes de onda más cortas corresponden a los violetas y azules, mientras que las longitudes de onda más largas corresponden a los naranjas y violetas. De esta forma, cuando la luz penetra en la atmósfera estas ondas pueden ser reflejadas, dispersadas o refractadas.

Dispersión de Rayleigh (Tomado de Meteoclim

En el momento de la puesta de sol la luz atraviesa más cantidad de atmósfera que cuando está en el cenit y por lo tanto, las longitudes de onda más cortas (azules) se dispersarán más al chocar con un mayor número de partículas suspendidas en ella. Por el contrario, las luces cálidas (rojas y anaranjadas) al tener mayor longitud de onda se dispersaran menos y por eso llegarán en mayor cantidad a nuestra retina. 

Cuantas más partículas haya en suspensión en la atmósfera, más rojizo se verá el sol. Pero la densidad de esas partículas puede variar dependiendo de las circunstancias particulares de cada momento y pueden ser de varios tipos: aerosoles naturales, arena del desierto arrastrada por el viento, contaminación o cenizas procedentes de una erupción volcánica o por un gran incendio.

En el caso del sol rojizo de ayer, poco antes de tomar esta fotografía, se veía una densa calima sobre el mar, muy distinta a las frecuentes nieblas que suelen aparecer después de un día de fuerte calor y elevada humedad. No sería extraño que el origen de esa calima estuviera en los terribles incendios que asolan estos días Galicia, sobre todo Ourense y Lugo y que han sido arrastradas por los vientos de componente Oeste, pero también en el humo de los grandes incendios de California, llegado desde allí hasta Europa  arrastrado por la potente corriente de chorro que cruza el Atlántico.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Los otros primates europeos

 En Europa habitan dos primates en estado salvaje, nosotros y el Macaco de Berbería (Macaca sylvanus) que vive en el Peñón de Gibraltar. La distribución de esta especie a nivel mundial está restringida a este pequeño enclave en el sur de la Península ibérica, donde viven unos 200 ejemplares, y a unos pocos lugares del norte de África. Según un artículo publicado en la revista PNAS (Modolo et al., 2005) y tras analizar el ADN mitocondrial de 280 individuos, los macacos de Gibraltar descienden de unos pocos ejemplares capturados en Marruecos y en Argelia que fueron llevados a la Península ibérica por los árabes entre los años 711 y 1492. 

En el caso de los mamíferos, el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente de la hembra, ya que es el óvulo el que transfiere las mitocondrias al embrión, porque en el momento de la fecundación el espermatozoides solo contribuye con su material genético. Por lo tanto, los estudios de ADN mitocondrial son especialmente útiles para estudiar la filogenia de especies con linajes matrilineales. En el caso de los macacos, al tratarse de especies que tienen un sistema social en el que las hembras permanecen en el grupo donde nacieron, mientras que los machos cambian de grupo al alcanzar la madurez sexual, el ADN mitocondrial es clave para estudiar los fenómenos de dispersión. 

De todas formas, según señalan otros trabajos posteriores (Alba et al, 2018), el Macaco de Barbería pudo haber ocupado grandes extesiones de Europa durante el Plioceno, pudiendo haberse extinguido hace unos pocos miles de años debido a una combinación de causas, por una parte a cambios en el clima y también por la creciente presión antrópica.

En el caso de la población gibraltareña, su población se había reducido enormemente a mediados del siglo pasado, apuntándose que quizás la elevada endogamia de esa población estuviera afectando a la capacidad reproductiva de la especie. Alarmado por esta situación, en 1942, en plena guerra mundial, Winston Churchill, ordenó la captura de nuevos ejemplares en África para que fueran llevados a Gibraltar, ya que en ese momento solo quedaban 4 ejemplares en el peñón. Por lo que se ve, Churchill era muy supersticioso y no quería que se cumpliera la leyenda que decía que en el momento en que desaparecieran los monos de Gibraltar, el peñón dejaría de ser británico.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Nuevo reconocimiento para nuestro documental sobre el Salmón atlántico

En el último mes, nuestro trabajo sobre el Salmón atlántico, "El Ocaso del rey" (Twilight of the river king) nos ha dado muchas alegrías. Además de participar en las XIV Jornadas Medioambientales de Herramelluri (La Rioja) y en las V Xornadas Ambientais de Coruxo (Vigo) y tener la oportunidad de comentar con mucha gente la dramática situación por la que pasa esta especie en los ríos de la cornisa cantábrica, el documental ha sido seleccionado en dos importantes Festivales internacionales de conservación: el Wildlife Conservation Film Festival y el Latin American Nature Awards 2020, siendo en este último elegido como uno de los 10 finalistas en la sección "Mejor documental".


En este documental, además de seguir al salmón a lo largo de su increíble ciclo de vida, hemos querido mostrar la relación de los salmones con el ser humano, desde la prehistoria hasta nuestros días y llamar la atención sobre la situación actual de la especie en los ríos de la Península ibérica, en el límite sur de su área de distribución natural. 

Os recordamos que el documental está disponible se puede ver online en la modalidad ON DEMAND, tanto en su versión en castellano como en su versión en inglés, en los siguientes enlaces:

CASTELLANO: El Ocaso del rey

Ojalá que estos reconocimientos sirvan para dar a conocer al gran público, tanto en nuestro país como en el extranjero, los problemas a los que se enfrenta el Salmón atlántico. No podemos perder más tiempo, debemos actuar ya para tratar de evitar que esta especie, que lleva remontando nuestros ríos desde hace millones de años, desaparezca para siempre.

No queremos olvidarnos de los mecenas que con sus aportaciones han hecho posible que "El ocaso del rey" pudiera ver la luz. Muchas gracias a todos, estos premios también son vuestros.