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viernes, 15 de enero de 2021

Nevadas y Cambio climático

Durante los últimos días hemos sido testigos de una nevada que ha vestido de blanco gran parte de España y cuyos efectos aún perduran. Una nevada histórica, ya que desde al menos 50 años no se habían registrado espesores de esta magnitud, sobre todo en el centro del país. Y como suele ser habitual cada vez que ocurre un fenómeno parecido, no han tardado en aparecer los que tachan de falacia el Cambio Climático con el socorrido argumento de que el hecho de que haga frío contradice la teoría del calentamiento global del planeta.

Aunque empieza a resultar tedioso explicar en qué consiste el cambio climático, después de las innumerables publicaciones científicas y artículos en prensa escritos por científicos de todo el mundo, es sorprendente que se sigan confundiendo ciertos conceptos básicos, no sé si intencionadamente o por desconocimiento. 

La primera confusión es una confusión de concepto, ya que se sigue tratando a la meteorología y a la climatología como si fueran sinónimos, cuando no lo son. La meteorología es la ciencia que estudia los cambios en la atmósfera (temperatura, humedad, viento, presión atmosférica, etc.) y en base a los datos observados hace predicciones a corto o medio plazo sobre lo que va a ocurrir. Evidentemente, cuanto más largo sea el plazo, la incertidumbre será mayor. La climatología, por el contrario, no es predictiva y lo que estudia es el clima y las variaciones del mismo a lo largo del tiempo. Para hacerlo, recopila la información meteorológica (temperatura, precipitación, humedad relativa etc.) en un determinado lugar durante un periodo largo de tiempo y obtiene unas conclusiones, y en base a esos datos describe el clima de ese lugar y sus variaciones temporales. 

De una manera sencilla, el clima sería un largometraje del que la meteorología sería un fotograma o una breve escena del mismo. Si pensamos en la película Blade Runner, recordaremos que durante toda el metraje no dejó de llover, una lluvia persistente que mezclada con una nube de contaminación creaba un ambiente lúgubre y sombrío. Pero en la última escena, de tan solo un par de minutos, vemos a Rachel y a Rick Deckard huyendo felices en un día soleado. Dos minutos de tiempo meteorológico soleado en un clima lluvioso y frío de 2 horas. Por cierto, a Ridley Scott nunca le gustó ese final soleado que le impusieron los productores de la película.

Que haga frío unos días o unas semanas, o que en un determinado momento caiga la nevada del siglo, no invalida en absoluto el cambio climático, igual que dos minutos soleados no cambian el clima de Blade Runner, porque cambio climático es mucho más que calentamiento. De todas formas, no hay que olvidar que a pesar del frío de estos días, la tendencia global es que el planeta se está calentando. De hecho, 2020, junto a 2016, fue el año más cálido desde que se tienen registros. Un año que cerraba la década más calurosa de la historia. En cuanto a la nieve, cualquiera que tenga más de 40 años recordará nevadas en cotas bajas prácticamente todos los años, unas nevadas que con solo revisar los datos de las últimas décadas, apenas se producen. De hecho, hace tan solo un año, se comentaba cómo "el invierno se había olvidado de la nieve en España"

Pero volviendo al CC, una de las consecuencias del mismo y de la que ya se lleva avisando desde hace tiempo, es el incremento de la frecuencia de eventos extremos, ya sean sequías prolongadas, lluvias torrenciales, o como en este caso, olas de frío extremas. Y esta última nevada, aunque a muchos les pueda parecer una paradoja, no ha sido una excepción a esa regla.

Este evento extremo está directamente relacionado con el aumento de las temperaturas en el ártico, que han tenido como consecuencia que el Vórtice polar (una especie de ciclón que se localiza cerca de la estratosfera sobre las zonas polares) se haya debilitado. Seguramente muchos no recordarán que en junio de 2020, hace tan solo 7 meses, se registraron récords de temperatura en el ártico, alcanzándose temperaturas de 38ºC en algunas localidades como Verjoyansk, en el corazón de Siberia. Esas elevadas temperaturas debilitaron el vórtice polar, que en condiciones normales atrapa el aire frío en esas latitudes impidiendo que circule hacia el sur. 

Por lo tanto, una vez debilitado, ese vórtice no podrá retener la masa de aire frío, que por lo tanto se escapará hacia el sur produciendo una bajada drástica de las temperaturas. Si a esto le unimos la entrada desde el sur de una borrasca cargada de humedad, el coctel perfecto estaba servido. Y los políticos, que aparte de tirarse los trastos a la cabeza entre ellos para escurrir sus propias responsabilidades, cargan ahora contra los meteorólogos por no haberles avisado de la magnitud de lo que nos venía encima, deberían recordar que desde mediados de diciembre ya se había pronosticado lo que iba a ocurrir. 

A estas alturas, solo un necio o un inconsciente, más aún si es un político o un gestor, puede negar las evidencias sobre los efectos del cambio climático. Se nos acaba el tiempo, si es que no se nos ha acabado ya. Y mientras sigamos buscando excusas, mirando hacia otro lado, ninguneando a los científicos y soñando con estaciones de esquí y bonanzas económicas, dentro de no demasiado tiempo esta nevada histórica será un recuerdo feliz de aquellos maravillosos años. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mi año de la marta

Si hay un animal que se ha convertido para mí en el animal del año, ese es la Marta (Martes martes). Un animal que hasta este año solo veía fugazmente y por desgracia, la mayoría de las veces me lo encontraba atropellado en los arcenes de la carretera. 

La marta es un mustélido de hábitos forestales, más abundante en manchas arbóreas caducifolias, aunque lo cierto es que se puede encontrar en una gran variedad de hábitats. Hasta hace no demasiado tiempo, en Asturias las martas eran abundantes en el interior, mientras que en la franja costera su lugar era ocupado por la Garduña (Martes foina), un pariente cercano de la marta y muy similar a ella. Desde hace unos años, la marta ha colonizado muchas zonas costeras y actualmente la distribución de ambas especies se solapa y en gran parte de la rasa ya es la especie dominante.

Durante los meses en los que estuvimos confinados durante este aciago 2020, tuve la suerte de tener varios encuentros con una marta, que al llegar el verano se hicieron tan habituales que era raro el día en que no aparecía por casa, incluso varias veces, volviéndose tan confiada que dejaba que me acercara a ella a menos de 3 o 4 metros sin alterarse lo más mínimo.

Todo empezó cuando a finales de marzo coloqué una cámara de fototrampeo cerca del montón de compost donde dejábamos los restos orgánicos de la casa. El primer día que la puse, poco después de oscurecer, una Garduña apareció y se pasó más de media hora revolviendo entre la hierba hasta que encontró varios restos de fruta que se comió allí mismo. A pesar de ser de noche y que las imágenes infrarrojas eran en blanco y negro, el aspecto de la cola, la forma de la mancha del pecho y el tamaño de las orejas, confirmaban que se trataba de una garduña y descartaban la confusión con una marta. 

Durante varios días, la garduña siguió visitando el montón de compost, pero siempre entre la puesta del sol y el amanecer. Hasta que un día, a principios de abril, poco después de que la garduña se hubiera marchado y cuando ya había amanecido, la marta apareció por primera vez. A partir de ese día, la marta y la garduña siguieron visitando el jardín, pero nunca coincidieron las dos juntas. 

 

Los días fueron pasando, y mientras la garduña seguía con sus hábitos nocturnos, la marta empezó a visitarnos con más frecuencia y a cualquier hora del día. Entrada la primavera y cuando muchos pájaros ya se encontraban criando, sabía que andaba por los alrededores al escuchar el reclamo de alarma de los petirrojos y los carboneros. Pero bastaba con que me acercara para que escapara corriendo sin que me diera tiempo a poder hacerle una foto decente.

Con el paso del tiempo mis encuentros con la marta fueron haciéndose más frecuentes. Ya la reconocía al verla por la forma del babero y por unos pocos pelos blancos que tenía entre las orejas. Y poco a poco se fue volviendo más confiada. Cuando me avisaban los petirrojos, salía al jardín y me sentaba a esperarla. Ya conocía el recorrido que hacía, entraba por debajo del seto, subía hasta el montón de compost, rebuscaba entre los restos del día anterior y luego seguía el mismo camino para salir de nuevo al bosque. 


Hasta que por fin, una mañana del mes de mayo, apareció delante de mí, a menos de 4 metros de donde la estaba esperando, se levantó sobre sus patas traseras y se me quedó mirando. Nos quedamos los dos quietos, sin movernos durante casi un minuto y luego, se agachó de nuevo y siguió el mismo camino que había recorrido tantas veces, haciendo alguna parada de vez en cuando para volver a mirarme.


A partir de ese día, no sabría explicar muy bien por qué, no se volvió a asustar al verme. Recuerdo haber preparado un hide para esconderme a hacerle fotos, pero nunca llegué a usarlo. Solo me sentaba, esperaba y ella se comportaba con naturalidad como si yo no estuviera allí. Probablemente se habría acostumbrado a mi presencia y de alguna manera sabía que no era peligroso. 

Pero las sorpresas no se iban a terminar. Una mañana, como siempre, volví a escuchar las llamadas de alarma de los pájaros y salí al jardín como los días anteriores. Al rato apareció corriendo en un sitio por el que no la esperaba, y poco después apareció de nuevo, y pocos segundos después otra vez. O se movía demasiado rápido o había más de una marta en el jardín. Y así fue.


La marta, que como ya me había percatado al ver las fotos, era una hembra, apareció con sus dos cachorros ya crecidos, pero que seguían siendo más pequeños que ella. Pero al contrario que "la de casa", los dos cachorros eran mucho más desconfiados y salieron despavoridos nada más verme. Fue su última visita, probablemente porque a esa edad ya estarían a punto de independizarse. 


Las martas son animales solitarios, que marcan los límites de su territorio con excrementos y otras marcas olorosas. Y como me había demostrado en varias ocasiones, sin ningún tipo de recato ni vergüenza, la hembra ya había decidido que mi casa era su territorio y como si fueran las piedrecitas con las que Pulgarcito marcaban el camino de regreso a casa, ella depositaba a diario sus excrementos a lo largo y ancho del jardín de casa.


La primavera se terminó y durante todo el verano la marta siguió apareciendo puntualmente a su cita. En más de una ocasión, mientras que quedaba embobado mirándola, llegué a pensar que le gustaba que le hiciera fotos, porque no solo no se asustaba de mí, ni del ruido del obturador de la cámara, sino que parecía posar y en más de una ocasión tuve que alejarme porque no me entraba en el encuadre.

Entre tanta visita y tanto recorrido por el jardín, prácticamente no había un rincón ni un árbol que la marta no se conociera de memoria, y como en muchos de ellos varias parejas de jilgueros, verdecillos y petirrojos habían instalado sus nidos, no tardó en ocurrir lo inevitable. Una pareja de jilgueros había construido el suyo en el peor sitio posible, a menos de 2 metros del suelo, pegado al tronco y demasiado visible. Un lujo para mí, que podía ver sus idas y venidas desde la ventana de casa, pero un terrible error para ellos, ya que era muy accesible para los depredadores, y más aún para uno que siente debilidad por los nidos y que es capaz de trepar sin esfuerzo a cualquier árbol, por alto que sea.


Durante las primeras semanas, mientras la hembra incubaba y los pollos eran aún muy pequeños, consiguieron pasar desapercibidos, a pesar de que la marta paseaba a diario bajo el nido. Pero los pollos crecieron rápido y el olor y sus reclamos solicitando alimento fueron demasiadas pistas y tentaciones para ella. Y el final de la historia os lo podéis imaginar. Una historia sin buenos ni malos, ya que la depredación es algo completamente natural en todos los ecosistemas y los errores se suelen pagar con la vida. 


Pero de todo se aprende, y después de poco más de un mes, la misma pareja de jilgueros consiguió sacar adelante una pollada de reposición. Esta vez habían construido el nuevo nido en el árbol de al lado, a más altura y en el extremo de una rama a la que la marta, por mucho que se esforzara, no podría llegar.

El verano se acabó, como se acaban todos los veranos, y con la llegada del otoño la marta volvió a retomar sus hábitos nocturnos y no la volví a ver. Pero sé que sigue visitándonos porque todas las noches revuelve el montón de compost y me sigue dejando sus recados en el camino de casa. 

PD: haced clic en las fotos para verlas mejor.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Todas las imágenes tienen una historia

Hoy hace justo dos años que grabamos la secuencia del desove de los salmones. Tan solo 25 segundos que condensan una historia que se ha repetido durante miles de años. Cuando Jorge Chachero y yo nos propusimos hace más de 10 años hacer un documental sobre el Salmón atlántico, ya teníamos esa secuencia en la cabeza y pensábamos que no nos costaría demasiado grabarla. Solo había que ir al río, localizar a los peces y grabarlos. No parecía muy complicado.

Durante varios inviernos estuvimos yendo al río y fracaso tras fracaso llegamos a pensar que no lo conseguiríamos. Si había llovido hacía poco, el río estaba muy turbio y no se veía nada, si estaba claro, no había peces. Si no había llovido y había peces en la zona de desove, teníamos que colocar la cámara, intuyendo tras observar su comportamiento, donde se produciría el desove. Si todo encajaba, solo teníamos que esperar por el resultado, revisar varias horas de grabación una vez que llegábamos a casa y cruzar los dedos. Muchas veces, la batería se había agotado antes de que desovaran. Otras veces, habían llegado a desovar, pero los salmones habían quedado fuera del encuadre. Alguna vez, todo estaba perfecto y en el último momento, unos segundos antes del desove, una hoja inoportuna arrastrada por la corriente se enganchó en la lente y nos tapó la escena. Solo disponíamos de unos pocos días al año, y si no lo conseguíamos teníamos que esperar al año siguiente para volver a intentarlo. Y eso hicimos durante 5 años, hasta que al final, el último año que nos habíamos puesto como tope, lo conseguimos.

Justo hace 2 años, después de varias visitas al río, localizamos a una hembra y a varios machos en una tablada. Durante los siguientes días regresamos a la zona donde la habíamos visto, colocamos las cámaras, pero la hembra no desovaba. Hasta que un día, volvimos a repetir la rutina habitual y mientras mirábamos desde fuera del río sin muchas esperanzas, vimos una nube blanquecina que enturbió el agua durante unos segundos. ¡¡Habían desovado, no había dado tiempo a que la batería se agotara y la cámara parecía estar bien colocada!!

En ese momento, aún más nerviosos que antes, pasaron por nuestras cabezas todos los desencuadres, todas las hojas inoportunas, y todas las tostadas que la ley de Murphy se encarga de que caigan por la cara de la mermelada. Afortunadamente, ese día la tostada cayó boca arriba y hasta la hembra de salmón tuvo el detalle de doblar la cola en el último momento para entrar en el plano.

 

La próxima vez que veáis un documental de naturaleza, recordad que detrás de cada segundo que veis en el montaje final hay muchas horas, muchas hojas inoportunas y muchas tostadas boca abajo.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Sol rojo e incendios forestales

El color de la luz que perciben nuestros ojos depende en gran medida de los fenómenos atmosféricos y varia según la hora del día y la posición que ocupe el sol en el firmamento y también de las condiciones particulares de cada momento. Ayer, poco antes del ocaso, el sol  se tiño de un intenso color rojo, tan intenso que parecía irreal, mucho más fuerte del que podemos ver en un ocaso normal.

Sol rojo, al fondo el Cabo Busto (Valdés, Asturias)

Durante toda la tarde, una bruma muy densa de un color anaranjado pálido cubría gran parte del horizonte y esas condiciones tenían mucho que ver con el extraño color del sol.

Que el sol se ponga anaranjado o rojizo en el momento del ocaso tiene una explicación física relacionada con las propiedades de la luz y que se conoce como dispersión de Rayleigh. Los rayos solares interaccionan con la atmósfera y con las numerosas partículas y aerosoles que se encuentran en ella. La luz visible que procede del sol comprende solo una parte del espectro electromagnético que tiene distintas longitudes de onda, que asociamos a los distintos colores que percibimos. Las longitudes de onda más cortas corresponden a los violetas y azules, mientras que las longitudes de onda más largas corresponden a los naranjas y violetas. De esta forma, cuando la luz penetra en la atmósfera estas ondas pueden ser reflejadas, dispersadas o refractadas.

Dispersión de Rayleigh (Tomado de Meteoclim

En el momento de la puesta de sol la luz atraviesa más cantidad de atmósfera que cuando está en el cenit y por lo tanto, las longitudes de onda más cortas (azules) se dispersarán más al chocar con un mayor número de partículas suspendidas en ella. Por el contrario, las luces cálidas (rojas y anaranjadas) al tener mayor longitud de onda se dispersaran menos y por eso llegarán en mayor cantidad a nuestra retina. 

Cuantas más partículas haya en suspensión en la atmósfera, más rojizo se verá el sol. Pero la densidad de esas partículas puede variar dependiendo de las circunstancias particulares de cada momento y pueden ser de varios tipos: aerosoles naturales, arena del desierto arrastrada por el viento, contaminación o cenizas procedentes de una erupción volcánica o por un gran incendio.

En el caso del sol rojizo de ayer, poco antes de tomar esta fotografía, se veía una densa calima sobre el mar, muy distinta a las frecuentes nieblas que suelen aparecer después de un día de fuerte calor y elevada humedad. No sería extraño que el origen de esa calima estuviera en los terribles incendios que asolan estos días Galicia, sobre todo Ourense y Lugo y que han sido arrastradas por los vientos de componente Oeste, pero también en el humo de los grandes incendios de California, llegado desde allí hasta Europa  arrastrado por la potente corriente de chorro que cruza el Atlántico.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Los otros primates europeos

 En Europa habitan dos primates en estado salvaje, nosotros y el Macaco de Berbería (Macaca sylvanus) que vive en el Peñón de Gibraltar. La distribución de esta especie a nivel mundial está restringida a este pequeño enclave en el sur de la Península ibérica, donde viven unos 200 ejemplares, y a unos pocos lugares del norte de África. Según un artículo publicado en la revista PNAS (Modolo et al., 2005) y tras analizar el ADN mitocondrial de 280 individuos, los macacos de Gibraltar descienden de unos pocos ejemplares capturados en Marruecos y en Argelia que fueron llevados a la Península ibérica por los árabes entre los años 711 y 1492. 

En el caso de los mamíferos, el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente de la hembra, ya que es el óvulo el que transfiere las mitocondrias al embrión, porque en el momento de la fecundación el espermatozoides solo contribuye con su material genético. Por lo tanto, los estudios de ADN mitocondrial son especialmente útiles para estudiar la filogenia de especies con linajes matrilineales. En el caso de los macacos, al tratarse de especies que tienen un sistema social en el que las hembras permanecen en el grupo donde nacieron, mientras que los machos cambian de grupo al alcanzar la madurez sexual, el ADN mitocondrial es clave para estudiar los fenómenos de dispersión. 

De todas formas, según señalan otros trabajos posteriores (Alba et al, 2018), el Macaco de Barbería pudo haber ocupado grandes extesiones de Europa durante el Plioceno, pudiendo haberse extinguido hace unos pocos miles de años debido a una combinación de causas, por una parte a cambios en el clima y también por la creciente presión antrópica.

En el caso de la población gibraltareña, su población se había reducido enormemente a mediados del siglo pasado, apuntándose que quizás la elevada endogamia de esa población estuviera afectando a la capacidad reproductiva de la especie. Alarmado por esta situación, en 1942, en plena guerra mundial, Winston Churchill, ordenó la captura de nuevos ejemplares en África para que fueran llevados a Gibraltar, ya que en ese momento solo quedaban 4 ejemplares en el peñón. Por lo que se ve, Churchill era muy supersticioso y no quería que se cumpliera la leyenda que decía que en el momento en que desaparecieran los monos de Gibraltar, el peñón dejaría de ser británico.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Nuevo reconocimiento para nuestro documental sobre el Salmón atlántico

En el último mes, nuestro trabajo sobre el Salmón atlántico, "El Ocaso del rey" (Twilight of the river king) nos ha dado muchas alegrías. Además de participar en las XIV Jornadas Medioambientales de Herramelluri (La Rioja) y en las V Xornadas Ambientais de Coruxo (Vigo) y tener la oportunidad de comentar con mucha gente la dramática situación por la que pasa esta especie en los ríos de la cornisa cantábrica, el documental ha sido seleccionado en dos importantes Festivales internacionales de conservación: el Wildlife Conservation Film Festival y el Latin American Nature Awards 2020, siendo en este último elegido como uno de los 10 finalistas en la sección "Mejor documental".


En este documental, además de seguir al salmón a lo largo de su increíble ciclo de vida, hemos querido mostrar la relación de los salmones con el ser humano, desde la prehistoria hasta nuestros días y llamar la atención sobre la situación actual de la especie en los ríos de la Península ibérica, en el límite sur de su área de distribución natural. 

Os recordamos que el documental está disponible se puede ver online en la modalidad ON DEMAND, tanto en su versión en castellano como en su versión en inglés, en los siguientes enlaces:

CASTELLANO: El Ocaso del rey

Ojalá que estos reconocimientos sirvan para dar a conocer al gran público, tanto en nuestro país como en el extranjero, los problemas a los que se enfrenta el Salmón atlántico. No podemos perder más tiempo, debemos actuar ya para tratar de evitar que esta especie, que lleva remontando nuestros ríos desde hace millones de años, desaparezca para siempre.

No queremos olvidarnos de los mecenas que con sus aportaciones han hecho posible que "El ocaso del rey" pudiera ver la luz. Muchas gracias a todos, estos premios también son vuestros.

martes, 25 de agosto de 2020

La incómoda investigación de los incendios forestales en Asturias

Estamos a finales de agosto, una época del año, junto a los meses de marzo y abril, en la que los incendios forestales son el pan nuestro de cada día. Unos incendios que en el caso de Asturias, y tal como han señalado en innumerables ocasiones los informes remitidos por la Guardia Civil y la Fiscalía de Medio Ambiente, tienen su principal origen en la quema de matorral para obtener pastos para el ganado. A pesar de estos informes, las políticas del Principado de Asturias, apoyadas por prácticamente todos los grupos de la oposición, han obviado los datos y han eliminado una de las pocas medidas que había resultado útil para reducir este tipo de incendios: acotar al pastoreo aquellos montes que habían sido quemados previamente. No hace falta ser demasiado perspicaz para entender que si se quitan los beneficios directos de una determinada acción, esa acción dejaría de tener sentido.

Tampoco hace falta ser demasiado avispado para darse cuenta de que una vez eliminados por ley los acotamientos al pastoreo, el número de incendios se iba a incrementar. Y así ocurrió. Y por enésima vez, la Fiscalía de Medio Ambiente volvió a defender los acotamientos, considerando que su eliminación,  aprobada por la Junta del Principado de Asturias  (con el apoyo de PP, PSOE, IU, Foro y Ciudadanos) había sido un grave error, ya que "contribuía de manera eficaz a la disminución de incendios provocados".

Y de nuevo, y como es habitual, el Principado de Asturias hizo caso omiso a estas advertencias y tanto gobierno como oposición (que para eso sí se ponen de acuerdo), negaron cualquier relación causa-efecto entre ambas situaciones, a pesar de la contundencia de las pruebas. Ya en el año 2017, cuando se aprobó esa medida, algunas voces díscolas del PSOE asturiano, afirmaron que No quedará un metro sin quemar por culpa de la reforma de la ley de Montes, lo que sin duda le valdría a José Antonio Mesa, alcalde de Allande, un tirón de orejas por saltarse el argumentario y una petición de prudencia por parte del PP de Allande, que le dijo que "no se puede culpar a los ganaderos de incendiarios ni a nadie sin pruebas". Se ve que tampoco se han leído, o más bien, lo han leído pero lo han ignorado, los sucesivos informes de la Fiscalía, colmados de pruebas y sentencias. 

Tras la eliminación de los acotamientos, el Gobierno asturiano parece haber dado con la solución para cambiar las estadísticas sobre el origen de los incendios: si no hay pruebas no hay sentencias, y por lo tanto no hay culpables. En Asturias existe un grupo de Agentes de Medio Natural que forman las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales (BRIPAS), cuya misión es buscar las pruebas sobre el origen de los incendios y en el caso de que se confirme que han sido provocados, proporcionar la información necesaria para que se sentencie a los culpables según la legislación vigente. Las BRIPAS se crearon el 2 de julio de 2002 dentro de la desaparecida Consejería de Administraciones Públicas y Asuntos Europeos del Principado de Asturias. Y desde entonces, su trabajo ha sido ha sido elogiado por el Fiscal de Medio Ambiente de Asturias, siendo un referente para los Agentes Forestales y Medioambientales del resto del Estado, habiendo conseguido 86 sentencias condenatorias desde su existencia, y marcando un récord en 2014 al sentar en el banquillo a 14 incendiaros, con sentencias condenatorias para todos ellos. Baste recordar que antes de la creación de estas brigadas la media de sentencias anuales por estos delitos oscilaba entre 1 y 3 al año. Sin duda, y a la vista de los resultados, la labor de las BRIPAS debería ser motivo de orgullo por parte del Principado, que incluso debería reforzarlas para lograr que la impunidad sobre estos delitos fuera cosa del pasado. Pero sorprendentemente, y coincidiendo con la modificación de la ley de montes que eliminó los acotamientos, el Principado modificó sus atribuciones y dependencias orgánicas, de forma que a partir de ese momento dependerían tanto orgánica como funcionalmente del Servicio de Extinción (SEPA), cuando antes dependían orgánicamente de la de la Dirección General de Justicia e Interior. De esta forma, y tal como ha denunciado la Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA),  esto "podría llegar a suponer la invalidación de pruebas en procedimientos judiciales de no quedar debidamente delimitadas sus actuaciones en esta materia" ya que "los mandos y resto de personal no cuentan con la condición de Policía Judicial que les ampare para intervenir ante ilícitos penales". 

En la memoria de la Fiscalía de Medio Ambiente del año pasado, se criticó con dureza este cambio de  atribuciones , ya que, tal como dice explicitamente en su informe, "la nueva labor de la BRIPAS se centra en la investigación de la causa, pero no en la averiguación de la autoría, con lo cual la mayoría de las denuncias acaban en sobreseimiento por falta de pruebas". Evidentemente, el Principado de Asturias no cambió de opinión y tal como ha hecho hasta ahora, ni ha vuelto a imponer los acotamientos ni ha devuelto a la BRIPAS a sus atribuciones originales, y el resultado es evidente, tras el sobreseimiento de varios casos por falta de pruebas. No deja de ser curioso que tras las críticas de la Fiscalía, la portavoz del ejecutivo asturiano dijera que el Principado "perseguirá con todo rigor a las personas que provoquen incendios forestales". Si ese rigor consiste en dejar libres de sanción a los incendiarios, no hay duda de que están siendo muy rigurosos.

Pero la confirmación del interés del gobierno asturiano en desmantelar la BRIPAS y con ello, de aumentar la impunidad de los incendiarios, ha ocurrido hace unos pocos días, cuando nos enteramos por la prensa de que el Principado de Asturias tiene previsto contratar el año que viene a investigadores privados para "localizar las causas del incendio". Resumiendo, que esos investigadores privados van a encargarse de realizar el trabajo que ya realizaban con éxito los 8 agentes de Medio Natural que forman parte de la BRIPAS, y lo que es más demencial, con 3 plazas vacantes que quedan por cubrir. Sin duda, una jugada perfecta que el presidente del Principado de Asturias debería explicar en el Parlamento asturiano.

A fin de cuentas, y tal como decía el ex-director de Política Forestal del Principado, Joaquín Arce, "los incendios forestales son a la sociedad asturiana como el narcotráfico a la sociedad mexicana o la colombiana, o como la corrupción a la clase política española, es decir, algo consustancial y asumido, aceptado y tapado por una parte importante de la sociedad, pese a lo que digan el sentido común, el Código Penal, la economía y la ciencia, lo que dificulta enormemente los esfuerzos para acabar con esas prácticas dañinas y delictivas", lo que hace que los incendios sean tapados y asumidos tanto por la sociedad asturiana, como por sus gobernantes. 

Mientras tanto, y ya que no interesa conseguir pruebas, seguiremos culpando de los incendios al viento, al calor y a la mala suerte, y mientras tanto los incendiarios seguirán campando a sus anchas. Como decía el otro, "viva el vino"


lunes, 24 de agosto de 2020

El fin del viaje

Todas las historias tiene un final y este es el final de la historia de un alcatraz, una de las aves marinas más grandes que surcan nuestros mares. Terminada la reproducción en sus colonias del norte de Europa, tanto los adultos como los jóvenes recién emancipados se dirigen hacia el sur, pasando estos días frente a la costa cantábrica en un viaje que los llevará hacia las costas de Mauritania o incluso más al sur. No todos llegarán a su destino, algunos enfermarán, otros morirán atrapados en redes y anzuelos y a otros, agotados tras muchos años de viajes y después de haberse reproducido varias veces, les abandonarán las fuerzas y morirán de viejos.


Hoy por la mañana, un alcatraz se dejaba llevar por la corriente muy cerca de la costa. Finalmente consiguió acercarse a unas rocas en la orilla y con esfuerzo se subió a una de ellas, agotado y empapado. Aleteó para sacudirse el agua de su plumaje y se quedó tumbado. No le vi ningún anzuelo, cuerda o sedal, como desgraciadamente se suelen ver en muchos de los alcatraces que se acercan a la costa y aparentemente no tenía ninguna fractura ni lesión. Simplemente parecía estar cansado. 

A pesar de que estaba muy débil, aún reservaba algunas fuerzas para defenderse y si me acercaba demasiado hacía ademán de volver a tirarse al agua. No había gente cerca, ni perros sueltos que lo molestaran. Solo el ruido de la mar y del viento, que parecía arrullarlo en sus últimos momentos, así que me fui y lo dejé tranquilo.

viernes, 21 de agosto de 2020

Luces fantasmales en la mar

Durante algunas noches al año, y más frecuentemente en verano, aparecen unas extrañas luces azuladas en la superficie de la mar que durante siglos han despertado la imaginación de marineros y habitantes de las poblaciones costeras. Como suele ocurrir con muchos fenómenos aparentemente inexplicables, la presencia de estas luces se relacionó con todo tipo de fenómenos paranormales, desde espíritus de marineros ahogados hasta almas de brujas que surgían de las aguas. En Uruguay y Argentina, a esos resplandores azulados se los llamaba "luces malas" aunque como veremos, no hay nada de malo y misterioso tras ellas.

“Mientras navegábamos, el mar presentó el más bello y maravilloso espectáculo. Había una brisa fresca y en cada parte de la superficie en la que durante el día se veía espuma ahora se emitía una luz pálida. La nave apartó dos nubes de fósforo líquido, y su estela era seguida por un séquito lechoso”

Así describía Charles Darwin en uno de sus cuadernos de viaje, su encuentro con esas luces durante su travesía a bordo del Beagle con el que dio la vuelta al mundo entre 1831 y 1836. De hecho, fue Darwin el primero que asoció la presencia de esas luces a organismos vivos.

Fotografia de Brett Chatwin

La aparición de esas luces azuladas se debe a la presencia de ciertas especies de dinoflagelados, unos organismos unicelulares que forman parte del plancton marino y que tienen la facultad de producir luz como un mecanismo de defensa contra los depredadores. En el interior de estos animales se produce una reacción química catalizada por la enzima luciferasa y que oxida las moléculas de Luciferina, que al transformarse en oxiluciferina desprende energía en forma de luz.


La capacidad de producir luz mediante este tipo de reacción química es más frecuente de lo que se cree y está presente en numerosos organismos a lo largo de prácticamente todos los niveles biológicos, desde hongos, microorganismos, artrópodos hasta algunos vertebrados como los peces. Asimismo, esta luz química puede usarse para varios fines: atraer a una pareja, como en el caso de las luciérnagas, atraer presas, como muchos peces abisales y también como un método de defensa contra los depredadores, funcionando como un mecanismo de distracción.

En el caso de los dinoflagelados que producen la bioluminiscencia marina, conocida en algunos lugares como "mar de ardora", las luces se producen cuando estos animales diminutos se excitan con las vibraciones de la superficie del mar, ya sea por el oleaje o por la presencia de otros organismos moviéndose dentro de ella. Incluso nosotros mismos, si tenemos la suerte de bañarnos en la mar en el que se den las condiciones propicias, podremos ver como el agua se ilumina mientras nos movemos dentro de ella.

Para que se produzca el mar de ardora se necesitan unas condiciones que favorezcan el crecimiento y la concentración de estos pequeños organismos. En las últimas semanas, estas condiciones de estabilidad ambiental y temperaturas altas ha producido un intenso crecimiento planctónico, que es el alimento de la Noctiluca scintillans. Las Noctilucas, debido a su limitada capacidad de movimiento se mueven empujadas por las corrientes marinas, y cuando se produce una estabilidad ambiental como consecuencia de la combinación de vientos y mareas, se concentran en determinados lugares que quedan en calma. Cuando la densidad de noctilucas es muy elevada, durante el día el agua aparece teñida de un color anaranjado muy característico, y es durante la noche cuando se produce la bioluminiscencia.


La presencia de estos dinoflagelados ha llamado la atención durante las últimas semanas en muchas playas gallegas, donde este año se ha producido un espectacular crecimiento de las mismas. Los primero que hay que decir es que no entrañan ningún riesgo para la salud, ni son responsables de otras mal llamadas mareas rojas, de las que hemos oído hablar muchas veces, y que si pueden ser tóxicas. En este último caso, estos episodios tienen su origen en la floración masiva de ciertas especies de microalgas que liberan toxinas como resultado de su actividad metabólica, y que cuando son filtradas por los moluscos que se alimentan de ellas concentran esas toxinas en sus tejidos, lo que los convierte en peligrosos para nosotros si los consumimos. 

En el caso de estas mareas rojas por el día y bioluminiscentes por la noche, como hemos comentado, son inofensivas y han protagonizado numeras fotografías, no solo en nuestras costas sino en muchos lugares del mundo. 

sábado, 8 de agosto de 2020

Sorpresa en la chimenea

Hacía ya unos meses que en casa de mis tíos se escuchaban ruidos extraños en el tejado. Algo raro sucedía allí arriba, y desde el mes de mayo, poco después de oscurecer, esos ruidos se habían hecho mucho más frecuentes. No había duda de que en la chimenea había algo más que hollín y cenizas.

Hace una semana, aprovechando que mis tíos tenían que pintar la fachada, me subí a la grúa y nos acercamos a la chimenea para tratar de confirmar la presencia de los supuestos fantasmas, cuya identidad ya conocía de antemano casi con total seguridad. Cuando la grúa estuvo a un metro de la chimenea, empecé a oír los siseos que mis tíos escuchaban por las noches, así que con cuidado, encendí una linterna y allí estaban los culpables.

Dos preciosos pollos volantones de Lechuza común (Tyto alba) no perdían detalle de mis movimientos, y entre sorprendidos y asustados, silbaban para tratar de intimidarme. Estaban completamente emplumados y les quedarían unos pocos días para abandonar el nido que sus padres habían instalado en el hueco de la chimenea. El sitio era perfecto, a cubierto de la lluvia, a buena altura y accesible desde todas las orientaciones. Solo había un problema, no para ellos, sino para mis tíos, que unos cuantos metros más abajo eran incapaces de encender la estufa, comprobando con sorpresa como cada vez que abrían el tiro, cientos de pelotillas de pelos, huesos y algunas plumas, caían por arte de magia por el hueco de la chimenea, llegando a obstruirla en varias ocasiones.