lunes, 20 de octubre de 2014

Colores tropicales en el Cantábrico


En el Mar Cantábrico, escondidos en los charcos que deja la marea al retirarse, es posible ver organismos que pueden competir en colorido y belleza con los que nos podemos encontrar en los mares tropicales. Las actinias y anémonas son animales sésiles que pertenecen al Filum Cnidarios y que se caracterizan por poseer tentáculos urticantes con los que atrapan a sus presas. Al contrario que las medusas, que pertenecen al mismo grupo de animales, se fijan al sustrato por un pie que le permite desplazarse y a su vez adherirse a las rocas.


Los tentáculos son retráctiles, por lo que pueden recogerlos a su antojo, o cuando se quedan en seco durante las mareas vivas. La Anemona viridis es una de las especies más comunes en nuestros pedreros y pueden mostrar una enorme variabilidad de colores, desde el marrón al verde, de forma que es raro encontrar dos ejemplares iguales.


Este fin de semana tuve la suerte de compartir un par de jornadas de fotografía con dos grandísimos fotógrafos y buenos amigos, Pere Soler y Esteve Garriga. La idea era aprovechar para fotografiar la costa occidental de Asturies, pero a pesar de las buenas previsiones, la tarde del sábado y el amanecer del domingo el cielo estaba azul y sin apenas nubes, así que no pudimos sacarle todo el jugo que esperábamos.

La luna se refleja sobre un charco de marea poco después de amanecer

Pero ya que el domingo nos habíamos pegado el madrugón, cambiamos el angular por el macro y dirigimos nuestros ojos al suelo. En los charcos poco profundos, donde todavía se podía ver el reflejo de la luna menguante sobre la superficie del agua, ya se apreciaban las algas, las quisquillas y los pequeños peces que escapaban rápidamente al sentir nuestra presencia.


Sólo había que esperar a que la luz del amanecer iluminara la playa y nos dejara ver los intensos colores de las anémonas.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

viernes, 17 de octubre de 2014

Los anfibios de Picos de Europa al borde del colapso

Los anfibios son el grupo de vertebrados más amenazados a nivel mundial. Mas del 43% de todas las especies están en peligro y el 33% están globalmente amenazadas, habiéndose confirmado la extinción de muchas especies en los últimos años. 

Sapo dorado (Incilius periglenes)

En algunos casos, la velocidad a la que se extinguieron fue tan rápida que ni siquiera dio tiempo a recoger unos pocos individuos en el campo antes de que desapacieran, como ocurrió con el sapo dorado o sapo de Monteverde .

Las causas que están propiciando la desaparición de los anfibios son varias y muchas están ligadas a sus particulares características: elevada sensibilidad a los cambios en las condiciones ambientales y a la fragmentación del hábitat, limitada capacidad de movimiento en ambientes desfavorables, historias de vida ligadas a medios acuáticos y terrestres, etc.

Pero estas características que les sirvieron a los anfibios para mantenerse sobre la Tierra desde hace millones de años hasta nuestros días, ocupando prácticamente todos los rincones del mundo y mostrando una variedad y una diversidad de especies enorme, no les han servido para sobrevivir a la mayor catástrofe a la que se enfrentan desde que aparecieron en el Jurásico.

La mayor amenaza para este grupo de animales es relativamente reciente. La aparición de unas enfermedades emergentes, principalmente los hongos quitridios y los ranavirus, están consiguiendo acelerar su extinción a una velocidad nunca conocida hasta ahora. Y como suele ser habitual, en la rápida propagación de esta enfermedad los seres humanos tenemos la culpa. La afición al coleccionismo de especies exóticas y a soltar esos animales en el campo cuando nos aburrimos de ellos, están detrás de muchos casos de expansión de estas enfermedades.

Los últimos estudios parecen indicar que los ranavirus estaban presentes desde hace años en algunas especies de anfibios de África y del sudeste asiático. Especies que a pesar de portar el virus no desarrollaban la enfermedad. El problema surgió cuando el virus dio el salto a otras especies que si la desarrollaron.

Puntos de muestreo y especies afectadas por la enfermedad en el PN de Picos (Price et al, 2014)

En un artículo publicado hace unos pocos días en la revista Current Biology (y que se cita en varios periódicos nacionales (artículo en El Pais, artículo en El Mundo) hoy mismo), el equipo del investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, Jaime Bosh, que lleva varios años trabajando en el campo de las enfermedades emergentes, confirma el colapso de varias especies de anfibios en el Parque Nacional de Picos de Europa y su entorno. Especies como el sapo partero (Alytes obstetricans) prácticamente se han extinguido en gran parte de las localidades donde hace tan solo unos años era la especie más abundante. 


En la imagen anterior, extraída del articulo del Current Biology, se puede ver como en algunos lagos de Picos, donde estas especies eran muy abundantes, han desaparecido por completo en menos de 5 años. En algunos lagos, como el de las Moñetas, donde yo mismo he trabajado hace años, la densidad de renacuajos de sapo partero era espectacular y ahora todos se han evaporado.

Pareja de sapos parteros durante la puesta

Pero además de lo alarmante de los resultados expuestos en este trabajo, en el artículo se cita un caso de muerte de una Culebra viperina (Natrix maura) después de haber ingerido un anfibio infectado, lo que confirma la capacidad de la enfermedad para transmitirse a otras especies, incluso de otros vertebrados como los reptiles.

Todo parece indicar, que si sigue esta tendencia, en unos pocos años, muchas especies de anfibios serán tan solo un recuerdo en nuestra memoria. 

Referencias
Price et al., Collapse of Amphibian Communities Due to an Introduced Ranavirus, Current Biology 
(2014), http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2014.09.028 (PDF)

jueves, 9 de octubre de 2014

Curso de ética periodística: El madreñismo y la cruzada en búsqueda del pariente asturiano

Aventures de Pinín, que de Pinón ye sobrín (Alfonso, 1943)

El santo grial de gran parte de los diarios regionales es la búsqueda de un pariente nacido en la tierra entre cualquier ente que pueble este mundo. En el caso de los diarios asturianos, esta afición llega a rozar el esperpento, hasta tal punto que hemos decidido bautizar a este fenómeno con un nombre propio: el madreñismo. Hasta el momento se habían conformado con rebuscar en la genealogía de todos los seres humanos que hubieran hecho algo notable por la humanidad, desde patentar una vacuna a descubrir el secreto de las pelusas azules que crecen en el ombligo, para llegar a la conclusión de que eran más asturianos que el escroto del Rey Pelayo. Baste como ejemplo esta mínima selección de alguno de los casos más llamativos:

Madreñismo médico:


Madreñismo de papel couche:


Madreñismo científico:


Madreñismo político internacional:


Madreñismo cinematográfico:



Pero hace unos días, en un salto de calidad sin precedentes, han urgado profundamente en el árbol de la vida hasta encontrar parientes asturianos en los virus, en este caso del ébola. 


Y en un ejercicio de madreñismo superlativo y al mismo tiempo de promoción del acojonamiento entre los asturianos, publicaron un artículo en el que hablaban de los murciélagos como posibles vehículos de transmisión de este virus que según parece al leer el titular, es más asturiano que un carro del país.

Pero como ya comentamos varias veces en este curso, lo importante es escribir un titular impactante que atraiga al lector y lo secundario son los hechos probados. Si leemos la noticia con detenimiento (que solo está accesible online para suscriptores), descubriremos que según comenta Félix González, uno de los mayores expertos en murciélagos de España, algunas especies de murciélagos, como el Murciélago de cueva (Minopterus schreibersii) pueden ser portadores de un virus de la misma familia que el del ébola (Los Filovirus) y que algunos murciélagos de esta especie encontrados muertos en una cueva asturiana eran portadores de ellos. En ningún momento se afirma que el virus sea el del ébola ni mucho menos, ni que sea peligroso para el ser humano, pero lo importante era crear alarma al mismo tiempo que se ejercitaba el madreñismo.

Según los últimos estudios, el actual brote de ébola se pudo haber transmitido a partir de los murciélagos de la fruta o zorros voladores de la especie Eidolon helvum, una especie alejada filogeneticamente de los murciélagos de cueva. Se piensa que los habitantes de algunas aldeas de Guinea y Libería habrían cazado estos murciélagos para comérselos y de esta forma, se podrían haber contagiado de la enfermedad.

La probabilidad de contagio del ébola a través de los murciélagos de cueva que habitan en Asturias podemos considerarla nula, en primer lugar porque no se trata del mismo virus, y en segundo lugar porque el contacto de esta especie con el ser humano es casi inexistente, salvo para los investigadores que trabajan con ellos y que ya toman las debidas precauciones para evitar ser mordidos.

Lo más grave es que, sobre todo después del primer caso de contagio de ébola en España, una noticia como esta pueda ocasionar un temor infundado en la población, que podría llevar a que algún iluminado se plantee matar o causar daño a estos animales, que además de inofensivos son muy beneficiosos.


Desde este modesto curso aconsejamos a los diarios regionales que relajen su madreñismo, ya que debido a la confirmada caída de la calidad del semen patrio, cada vez se les complicará más la búsqueda de raíces asturianas, lo que podría ocasionar desasosiego y depresión en las redacciones.

Pero faltaríamos a la verdad si nos quedáramos con la impresión de que el madreñismo es un fenómeno exclusivo de Asturies. Baste como ejemplo para confirmar la pandemia global de esta búsqueda de raíces patrias el siguiente titular que he encontrado hoy mismo:


Sin lugar a dudas, este titular merece por derecho propio presidir la vitrina de los madreñismos sublimes (quizás en este caso merecería un nuevo nombre).

lunes, 29 de septiembre de 2014

Salida pelágica en el Cantábrico: Entre gaviotas de Sabine, págalos y pardelas

El pasado sábado salimos en barco desde Xixón para intentar ver las aves marinas que estos días se encuentran en migración por nuestras costas. Durante los últimos días de verano y los primeros días de otoño, aparte de las especies más comunes, como pardelas y alcatraces, es posible ver otras más escasas, como la Gaviota de Sabine (Xema sabini), el Págalo Rabero (Stercorarius longicaudus) o el Paíño de Wilson (Oceanites oceanicus). 

Las previsiones meteorológicas no eran demasiado halagüeñas, ya que un potente anticiclón situado cerca de las Islas Británicas era el responsable de que muchas de las aves marinas permanecieran alimentándose en esas aguas y no tuvieran la necesidad de viajar hacia el sur. Además, los viento de componente este que soplan casi continuamente desde hace varios días no son los más favorables para la migración.


Cuando llevábamos varias millas navegando, los peores presagios se hicieron realidad. Salvo algún alcatraz solitario y unas pocas gaviotas, la mar parecía desierta. Tuvimos que esperar hasta llegar casi a las 15 millas de costa para ver las primeras pardelas, en este caso un par de Pardelas capirotadas (Puffinus gravis). Pero a pesar de esas apariciones esporádicas, sólo la presencia de un pequeño grupo de delfines comunes nos despertó durante unos minutos de la monotonía de la travesía. Lo que no sabíamos aún, era que lo mejor estaba por llegar, y cuando menos lo esperábamos.

Llegamos a casi 25 millas y salvo algún ave dispersa, seguíamos sin encontrarnos con los grandes grupos de marinas o con grandes cetáceos, así que decidimos dar la vuelta y volver a tierra. Habíamos salido bastante lejos y quedaban por delante muchas horas de navegación hasta llegar a puerto. Ni siquiera los Págalos grandes, que nunca fallan, habían aparecido.


Cuando pensábamos que nos iríamos con las manos vacías, en la estela del barco apareció una pequeña gaviota y alguien cantó el nombre que todos estábamos esperando. Una gaviota de Sabine, que personalmente creo que es la gaviota más bonita de las que podemos ver en nuestras aguas, volaba lejos y apenas se acercaba. Al poco desapareció y tuvo que pasar casi una hora hasta que se acercaran al barco y se dejaran ver a placer.


Curiosamente, cuanto más nos acercábamos a costa más aves marinas aparecían. Poco después de ver las gaviotas de Sabine, que nos siguieron acompañando durante varias millas, apareció un págalo joven, que Jesús Menéndez, gracias a su experiencia y a sus cientos de horas de observación desde costa y desde embarcación, identificó rápidamente como un joven de Págalo rábero.


El diseño barreado del obispillo y el la proporción de blanco en las alas eran caracteres diagnósticos para diferenciarlo de los págalos parásitos.

A medida que nos íbamos acercando a la costa, el número de aves marinas iba aumentando y fueron apareciendo mas especies, entre ellos los págalos grandes (Stercorarius skua), que sorprendentemente no habían aparecido hasta entonces.


Nada más llegar, dejaron claro quién era el que mandaba en la zona y se dedicaron a acosar a las gaviotas patiamarillas, delatando su presencia sólo con fijarse en cómo se levantaban los grupos de gaviotas tras los ataques de estas imponentes aves marinas.

Págalo parásito adulto

Págalo pomarino joven

Las otras especies de págalos también también quisieron participar en la fiesta, varios Págalos parásitos, de todas las edades y tanto de fase clara como de fase oscura, hicieron su aparición y un págalo pomarino joven (Stercorarius pomarinus), se acercó a la popa a un par de metros, lo que nos permitió fotografiarlo a placer. Este último págalo, que en un primer momento fue identificado por error como un parásito, finalmente fue identificado gracias a las fotos por Ricardo Hevia y otros "marinólogos".

Pardela balear (Puffinus mauretanicus)

Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)

Entre las pardelas, aunque no las vimos en grandes números, aparte de las Pardelas capirotadas, pudimos ver varias Pardelas sombrías (Puffinus griseus), Pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) y Pardelas baleares (Puffinus mauretanicus).


Cuando ya estábamos a escasas millas de la costa, tanto el número de gaviotas patiamarillas como de alcatraces (Morus bassanus) aumentó considerablemente, volando alrededor del barco y tirándose en espectaculares picados a nuestro lado.


Los ejemplares adultos sólo aparecieron al final, siendo mucho más abundantes los jóvenes, tanto los de este año como los de dos y tres años. Muchos de ellos nos acompañaron hasta que entramos en el puerto, cuando se fueron uniendo al grupo las gaviotas locales y otras aves más costeras como los cormoranes grandes. Lo que si nos sorprendió a todos fue la ausencia durante todo el viaje de paínos, ya que no llegamos a ver ni un sólo ejemplar de ninguna de las especies que se podrían ver en estas fechas.


Cuando finalmente llegamos al pantalán desde donde habíamos salido hacía casi 9 horas, no podíamos disimular nuestra satisfacción y nuestra alegría, sobre todo después del mal comienzo del día y de las malas previsiones. La mar nunca dejará de sorprendernos.

El recuento final de lo que vimos en la salida os lo dejo a continuación, gracias a Jesús Menéndez y Germán Ibarra, que tuvieron la paciencia de apuntarlo (en orden de aparición desde la salida de puerto hasta el regreso):

AVES
- Martín pescador: 2
- Gaviota reidora: 3
- Ostrero: 1
- Cormorán moñudo: 1
- Collalba gris: 2
- Mosquitero (sp.): 1
- Cormorán grande: 5
- Alcatraz atlántico: > 50
- Gaviota patiamarilla: > 150
- Pardela sombría: 16
- Gaviota de Sabine: 5
- Charrán (sp.): 6
- Pardela (sp.): 1
- Pardela balear: 5
- Págalo parásito: 4
- Gaviota sombría: >67
- Bisbita común: >20
- Pardela cenicienta: 4
- Fumarel común: 1
- Petirrojo: 1
- Págalo grande: 5
- Págalo rabero: 3
- Charrán común: 5
- Garza real: 4

MAMÍFEROS
- Delfín común: 5-7

Además de poder disfrutar de todas estas especies, fue una gozada compartir el día con muchos amigos: Xurde (que organizó la expedición. Gracias Xurde), Chus Landeira, Pablo Miki, Gilberto, Germán, Jesús Menéndez, Xuanín, Amador (siento no acordarme del nombre del resto de la tripulación)

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño. Como comentario os diré que Blogger cada día estropea más las fotos que se cuelgan. Os puedo asegurar que la punta de las alas de los alcatraces es negra y no marrón como aparece en lla entrada.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ahora las playas son suyas

El verano ha terminado y las playas que hace unas pocas semanas estaban llenas de gente se han quedado desiertas. Ya no hay sombrillas, ni toallas esparcidas por la arena. Todo esta vació y sólo quedan los restos de las algas y muchos de nuestros residuos como recuerdo de las últimas mareas. Pero la playa no está tan vacía como parece a simple vista.


En la arena seca, unas pequeñas aves poco más grandes que un gorrión, aparecen y desaparecen rápidamente entre los montículos formados por el viento y las mareas. Son chorlitejos grandes, que hace pocos meses nacieron en las planicies de la tundra y se encuentran ahora en pleno viaje migratorio hacia el sur. 


La mayoría de ellos nunca hasta ahora se habían encontrado con un ser humano y no nos consideran una amenaza. Pero en su código genético está escrito que las mayores amenazas suelen venir desde arriba, por eso, mientras rebuscan entre las algas secas y las piedras de la orilla los pequeños invertebrados de los que se alimentan, miran al cielo de vez en cuando, quedándose quietos si sienten la menor amenaza.

Los choriletejos pertenecen al gran grupo de los limícolas (Orden Charadriformes) que comprende 13 familias y varios centenares de especies. Estas aves muestran una gran cantidad de adaptaciones, que les permiten alimentarse en distintas zonas de las playas y humedales. 


Algunas tienen picos cortos para buscar alimento en la superficie mientras que otras, como los correlimos tridáctilos (Calidris alba) gracias a sus picos largos y afilados, pueden capturar los gusanos y otros invertebrados que se esconden bajo la arena.


Pero no todos los limícolas son aves de pequeño tamaño. algunas como las agujas colipintas (Limosa lapponica) pueden alcanzar los 80 cm de envergadura. Su enorme pico le permite capturar sus presas que se entierran a gran profundidad en la arena.


Pero estas adaptaciones morfológicas no tiene solo ventajas. una acción aparentemente sencilla como beber agua puede resultar una tarea complicada para un ave cuyo pico tiene casi la mitad de la longitud de su propio cuerpo.

Ya ha llegado el otoño y cualquier lugar que visitemos estos días nos puede dar una agradable sorpresa. 

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

viernes, 19 de septiembre de 2014

Curso de ética periodística: ¡no me toquéis los testículos!

Los que seguís las entregas de este curso de ética periodística ya sabéis que uno de los ingredientes esenciales para que una noticia llame la atención de los lectores es poner un titular impactante. Para conseguirlo, lo más socorrido es buscar el morbo, usar cifras engañosas, o entrecomillar frases literales que contengan esos ingredientes.

Hoy me he encontrado con una noticia cuyo titular reúne todas esas características pero que además introduce una novedad: apelar a la masculinidad para llamar la atención.


Cualquier lector del sexo masculino sabe bien que si en una noticia, o en una conversación intrascendente, aparece la palabra testículos, o cualquiera de sus múltiples sinónimos (cojones, huevos, criadillas, bolas, pelotas, partes, y un largo etcétera), en un contexto que nos haga intuir dolor o malestar, las primeras reacciones son echarse las manos a la entrepierna, encoger los hombros, arrugar la frente y cerrar los ojos mientras estiramos la comisura de la boca hacia atrás. Todo esto acompañado de una inspiración profunda que suele ir acompañada de un sonido que podríamos transcribir como "ifffffffffff". Seguidamente, expulsamos el aire suavemente aliviados mientras pensamos hacia adentro "bueno, siguen ahí".


El autor del artículo aparecido en La Voz de Galicia en su sección de A Coruña, Toni Silva, del sexo masculino y seguramente experto en estas lides, aprovechó la frase de Mariflor, la esposa de Jesús Carlos, vecino de la parroquia de Verís, para conseguir ese efecto en el lector, que una vez impactado por el titular buscó la noticia rápidamente para recabar más información sobre el macabro suceso.

Por supuesto, el periodista prefirió no citar en el titular a la especie implicada, con lo cual nuestra primera reacción probablemente haya sido la de imaginarnos el esqueleto de un parroquiano de la especie humana, atacado por una horda de desalmados que dejaron sus testículos intactos como muestra de desprecio.

Lo cierto es que si leemos la noticia nos percataremos de que la víctima fue el pobre Chuzas, un can de palleiro que según sus dueños fue devorado por unos lobos salvajes, circunstancia que es aprovechada para solicitar a la Xunta de Galicia batidas de esta especie.

La Voz de Galicia, al igual que los periódicos asturianos, son especialmente proclives a este tipo de reportajes, en las que dan rienda suelta a su odio hacia el lobo, publicando noticias que como en este caso no se encuentran avaladas por ningún tipo de pruebas. En el caso de este artículo testicular, incluso se dice que no se sabe si fueron lobos o perros salvajes, e incluso al final del mismo se citan las opiniones de algunos expertos (de los que no dan sus nombres) que descartan casi con total seguridad que los lobos hayan sido los culpables.

Una vez más, queda confirmado que en una gran mayoría de las noticias que aparecen en la prensa, lo de menos es la noticia en sí, lo que realmente importa es conseguir lectores y subliminalmente, como en este caso, seguir alimentando el caldo de cultivo del odio hacia algunas especies como el lobo.

NOTA: Estimado Jesús Carlos, si tanto apreciabas a tu perro y tanto lloras su pérdida, ¿por que cojones lo tenías preso con una cadena de un par de metros" (el uso de la palabra cojones en este caso queda plenamente justificado como material del curso)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Migración de paseriformes y estabilidad meteorológica

Durante las últimas semanas, las condiciones atmosféricas están facilitando la entrada de paseriformes migrantes desde norte de Europa. Tal como nos explica perfectamente Jorge Valella en su magnífico blog, la configuración isobárica apenas está cambiando en los últimos días, y continuamos con un tiempo estable aunque con algunas tormentas aisladas por las tardes. Asimismo, la borrasca situada frente a las costas de Portugal favorece que muchas de las aves que llegan a nuestras costas después de atravesar la mar, se queden durante unos días hasta que las condiciones meteorológicas les permitan continuar su viaje hacia el sur.

Colirrojo tizón en los acantilados del Cabu Vidíu

En resumidas cuentas, para aquellos a los que nos gustan las aves, es un buen momento para acercarse a las rasas costeras y a los cabos a disfrutar de la migración de los paseriformes. En algunas ocasiones incluso podremos verlos llegar desde la mar, solos o en pequeños bandos después de haber realizado un viaje sin escalas que puede haber durado varios días.

Una vez que llegan a costa, agotados y sin apenas reservas de grasa, tienen que reponer fuerzas y no es raro verlos en los zarzales comiendo moras o en los prados alimentándose de los últimos insectos del verano. Algunas especies, como los colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) se unen a las aves locales por lo que su densidad en estas zonas aumenta considerablemente.

Collalba gris 

Las collalbas grises (Oenanthe oenanthe), muy abundantes tanto en los pasos migratorios primaverales como en los otoñales, también se dejan ver por el borde del acantilado y los prados y setos próximos. Su plumaje es completamente distinto que el que estamos acostumbrados a ver en nuestros reproductores de las zonas altas, están recién mudados y las poblaciones del norte de Europa suelen tener una coloración más intensa y más rojiza.

Mosquitero musical

Los mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) suelen aparecer en grandes números, pero prefieren quedarse entre los arbustos antes que en las zonas abiertas. El pasado domingo, en rasa del Cabu Vidíu (Ouviñana), llegué a contar más de 60 aves en menos de 500 metros de recorrido. Las alondras también se dejaron ver, incluso pude observar a varios grupos entrando desde la mar, que al llegar a tierra se dirigían rápidamente a los prados costeros a descansar y alimentarse.

Esta situación de estabilidad es probable que no dure mucho tiempo, pronto rolará el viento y los pequeños paseriformes se dirigirán hacia el sur. Será entonces el momento de mirar a la mar ya que es muy probable que tengamos varios días de intenso paso de aves marinas, un espectáculo que no deberíais perderos.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

viernes, 12 de septiembre de 2014

La gata montesa y la carrera de armamentos

Como os comentaba hace unos días, el verano está llegando a su fin, y para la mayoría de los animales la época de reproducción ya se ha terminado. Unos han tenido éxito y han logrado que sus descendientes sobrevivieran y se independizarán, otros han fracasado y tendrán que esperar a la próxima estación para intentarlo de nuevo y muchos habrán perdido para siempre la oportunidad de pasar sus genes y desaparecerán sin dejar rastro. La evolución está llena de historias de éxitos y fracasos y sólo aquellos más aptos, más fuertes o más hábiles, lograrán perdurar y traspasar sus genes a las futuras generaciones.


En un prado de las montañas cantábricas, una hembra de Gato montes (Felis silvestris) ha salido del refugio donde permaneció durante las horas más calurosas del día y ha comenzado su jornada de caza. Escondidos debajo de unos arbustos, dos cachorros ya crecidos esperan a que su madre les traiga la cena. 


Caminando sigilosamente, atenta a los ruidos que escucha bajo tierra, se va acercando a la boca de la madriguera de una rata topera (Arvicola scherman). El prado está totalmente perforado por sus galerías y cada pocos metros se abre la boca de la madriguera donde de vez en cuando el inquilino asoma la cabeza. Ese es el momento que está esperando la gata para capturarlo.


Después de unos pocos pasos se detuvo en seco y tras unos interminables segundos, dio un salto para precipitarse sobre la entrada de la topera. Introdujo una pata en el agujero e intentó atrapar a la rata. Pero esta vez no tuvo suerte, la rata se escapaó y seguramente permanecerá escondida hasta que se le pase el susto. La mayoría de los depredadores tienen que realizar varios intentos antes de conseguir atrapar una presa y los gatos monteses no son una excepción. 

La selección natural afecta de igual manera a depredadores y presas, de hecho, la interacción entre ellos es una auténtica carrera evolutiva de armamentos. Los depredadores evolucionan continuamente para desarrollar técnicas de captura más sofisticadas y efectivas. mientras que las presas, por su parte, desarrollan estrategias defensivas para evitar esos ataques. Sólo los depredadores más eficaces y las presas más esquivas sobrevivirán el tiempo suficiente para poder perpetuarse.


Después de varios intentos infructuosos la gata se tumbo a descansar. No tenía excesiva prisa y todavía había bastante luz. Aún así, no tardó en levantarse y volver a intentarlo de nuevo. En uno de esos intentos por fin consiguió atrapar a una rata y después de sacarla de la madriguera la mató de un mordisco y empezó a caminar con ella en la boca hacia donde la esperaban sus cachorros.

Cuando estaba a unos pocos metros del sauce donde se escondían, dos cachorros muy crecidos salieron a su encuentro con la cola levantada en alto. Ya tenían casi el mismo tamaño que ella y  les queda poco tiempo para disfrutar de la comida gratis. Dentro de unas pocas semanas los abandonará y tendrán que aprender a cazar por si mismos para poder sobrevivir al duro invierno que se acerca. Pero por ahora no deben preocuparse de eso, la gata dejó la presa delante de ellos y después de jugar un rato con ella comenzaron a comer. La carrera no ha hecho más que empezar y les quedan por delante muchas pruebas que superar hasta lograr el éxito de su madre. 


Antes de terminar esta entrada quisiera agradecer a Ana y a Héctor que me hayan acompañado a ver estas escenas. Hace ya varios años que conozco a Héctor, desde poco después que comenzara la carrera de biología, y todavía me sigue sorprendiendo cada vez que salgo con él de monte. Y no sólo por sus conocimientos sino sobre todo por el profundo amor que siente por la naturaleza y sobre todo por "sus" gatos monteses.

NOTA: haced click en las fotos si las queréis ver a mayor tamaño.