miércoles, 2 de septiembre de 2015

Que vienen las algas: crónica de una plaga inexistente

El verano ya toca a su fin y parece que este año la cosecha de terrores veraniegos ha sido más dispersa y el protagonismo se lo ha llevado la ola de calor, que más que ola ha sido un tsunami, ya que ha durado casi dos meses, sobre todo en el centro y sur de la Península ibérica. 


Pero si hay una plaga de este verano que se termina que me ha llamado especialmente la atención ha sido la llamada "plaga de algas", que según parece indignó a los bañistas y veraneantes que visitaron la costa asturiana y gallega a finales de agosto, y que puso en pie de guerra a los ayuntamientos locales, que con tal de satisfacer al personal sacaron todo el armamento de palas e incluso de excavadoras para facilitar el acceso a los bañistas a la orilla del Cantábrico e impedir que sus delicados pies se mancharan.

Esta alarma infundada confirma de nuevo que nuestra sociedad cada vez se encuentra más separada de la naturaleza, a la que considera algo ajeno e incluso molesto, ya que se siente más cómoda rodeada de asfalto, humo y tráfico que de hierba, árboles y mar. Y debido a esto ya piensa que lo normal es una piscina azulejada y con el agua clorada y no una playa natural, con sus sus rocas, sus cangrejos y sus algas.

La arribazón de algas a las playas cantábricas es un fenómeno natural y que ha ocurrido siempre después de las marejadas estivales. Los pies de las algas se desprenden del fondo por la fuerza de las olas y cuando la mar se calma se depositan en las orillas. De hecho, lo realmente alarmante no fue la arribazón de algas de este verano sino su práctica ausencia durante los últimos años.


Las fotos anteriores son lo suficientemente explícitas para entender lo que ha pasado en la última década. Ambas fotografías, tomadas por Julio Arrontes, profesor de Ecología de la Universidad de Oviedo, han sido hechas en el mismo lugar de la Playa de Porcía (El Franco, Asturies), la superior en el año 2000 y la inferior en el año 2009. Tal como se puede observar, en tan solo 9 años, los bosques de laminarias que cubrían todo el pedrero habían desaparecido, y junto a ellas otras especies como el Fucus serratus y el Fucus vesiculosus

Pero la desaparición de las algas no ha supuesto tan sólo un cambio estético en las playas. Todas las especies asociadas a estos bosques de laminarias, sobre todo crustáceos y peces se han visto afectadas, tal como confirman los estudios realizados por la Universidad de Oviedo y el Centro de Experimentación Pesquera del Principado.

La desaparición del 95% de todos los bosques de laminarias en tan poco tiempo está relacionada con el aumento de las temperaturas de las aguas cantábricas como consecuencia del cambio climático. Las algas pardas son especies abundantes en latitudes septentrionales ya que la temperatura de crecimiento óptimo se encuentra entre los 15 y los 18ºC. Cuando las temperaturas superan esos límites, el crecimiento se reduce o incluso se detiene, por otra parte, la tolerancia térmica de estas algas es mucho más estricta durante el periodo en el que se fijan a las rocas, por lo que las temperaturas elevadas pueden reducir drásticamente el reclutamiento de nuevas algas y por consiguiente la regeneración de esos bosques marinos. 


En los últimos años, y tal como se puede observar en el gráfico anterior, elaborado por Judith Rojo y Julio Arrontes (Universidad de Oviedo), el número de mareas en las que la temperatura del agua superó los 20ºC aumento drásticamente, lo que ha dado lugar a unas condiciones ambientales intolerables para este tipo de algas.

Afortunadamente este año parece que los bosques de algas pardas se han recuperado un poco. Quizás se trate de un hecho puntual, quizás haya sido debido a que la temperatura del agua en el momento de la fijación de los propágulos ha sido más baja que en los últimos años. Quizás sea un canto del cisne antes de la desaparición de esos bosques que durante millones de años han cubierto los fondos del Cantábrico, porque el aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático sigue produciéndose con mayor rapidez que nunca, pero de todas formas, no deja de ser sorprendente que esta noticia en vez de ser un motivo de alegría sea un motivo de alarma y de preocupación.


Tal como comenté al principio, el fenómeno de la arribazón de algas a las playas no es algo extraño ni mucho menos una plaga y significa un auténtico maná para muchas especies, incluido el hombre, cuando este se consideraba una parte de la naturaleza y aprovechaba lo que ella le ofrecía. Desde siempre, los pueblos costeros han recogido esas algas para usarlas como abono y para venderlas, ya que con ellas se elaboran alimentos, cosméticos e incluso medicinas. Pero además del hombre, numerosas especies de animales encuentran su alimento entre las algas depositadas en la orilla. Innumerables especies de insectos, crustáceos y otros pequeños animales consumen estas algas contribuyendo de esta forma a su descomposición, y gran cantidad de peces y aves se alimentan de ellos, cerrando de esta manera el ciclo de los nutrientes.

No estaría mal recordarles a todos estos bañistas que protestan ante la presencia de algas que mucho antes de que el primer ser humano se untara de Nivea y plantara su sombrilla en la arena, otros animales visitaban las playas y se alimentaban en ellas. 

Y también habría que recordarles a las autoridades que antes de ceder a las presiones de estos colectivos deberían educar e informar, ya que al no hacerlo y gracias a nuestra desidia nos estamos convirtiendo a pasos agigantados en un rebaño de borregos, cada vez mas ignorantes, cada vez más estúpidos. Y cada vez más mansos. Aunque quizás sea eso lo que desean.

lunes, 31 de agosto de 2015

Navegando entre zifios y delfines

Después de un par de semanas de desconexión, cuando el orbayu y la niebla nos recuerdan que el otoño ya está llamando a la puerta, no puedo olvidarme de las muchas cosas que pasaron en estas últimas semanas. Entre todas esas experiencias recuerdo una de ellas, la vivida hace tan solo 10 días, cuando invitado por mi amigo Gorka Ocio salimos a la mar desde el puerto de Santurtzi para ver ballenas

Aunque las estrellas del viaje eran los rorcuales comunes, que en esas aguas y en estas fechas acuden a alimentarse, yo quería ver zifios, esos fantasmas del abismo que pueden permanecer más de una hora sumergidos persiguiendo calamares en la oscuridad y que en Asturies, aunque se ven de vez en cuando, son mucho más raros que aquí. Estas zona del Golfo de Bizkaia es uno de los mejores sitiospara verlos, ya que a pocas millas de costa la profundidad de la mar supera los 2000 metros y es ahí donde los zifios se alimentan.


Cuando apenas habíamos salido del puerto, nos encontramos con un enorme grupo de delfines mulares (Tursiops truncatus) que se alimentaban de sargos que acosados por todos los frentes nadaban hacia el barco para intentar zafarse sin éxito de sus perseguidores. Junto a los adultos, varias crías nadaban junto a ellos, pero la manada los mantenía alejados, para lo que acudían a la proa a "jugar" con nosotros. Este comportamiento, que había sido interpretado como un juego en el que los delfines disfrutaban nadando junto a las embarcaciones puede que no sea tan lúdico como parecía, y según algunos estudios podría ser una maniobra de distracción para alejarnos de las crías. De hecho, una vez que los delfines que nadaban junto al barco se habían alejado lo suficiente del grupo principal, de repente desaparecían como por arte de magia.


Después de disfrutar de los delfines seguimos viaje mar adentro, queríamos encontrar a los gigantes de la mar y aún teníamos varias horas de navegación hasta llegar a donde estaban. Durante el trayecto nos sorprendió la escasa presencia de aves marinas, sobre todo de algunas especies como el alcatraz (Morus bassanus), ya que ni un solo ejemplar se dejó ver durante toda la jornada, a pesar de que eran las mejores fechas para la migración de esta especie.

Pardela capirotada

Solo algunos grupos de pardelas aparecían dispersos, descansando sobre la superficie del agua y alzando el vuelo cuando nos acercábamos para posarse de nuevo unos metros más lejos. Las más numerosas resultaron ser las pardelas capirotadas (Puffinus gravis), que durante estos meses se encuentran en migración hacia el hemisferio sur, hacia el archipiélago de Tristán da Cunha, donde se reproduce la práctica totalidad de los individuos de estas especie.

Pardela sombría

Junto a las pardelas capirotadas vimos algunas pardelas sombrías (Puffinus griseus), que al igual que las capirotadas también se encontraban repostando para seguir viaje hacia las islas del sur. Alguna pardela cenicienta (Calonectris diomedea) y varios paíños (Hydrobates pelagicus) también aparecieron junto al barco, aunque en menor número de lo que sería normal para estas fechas.

Ya llevábamos varias horas navegando y habíamos llegado a la zona preferida por los rorcuales y los zifios, pero a pesar de que mirábamos continuamente con los prismáticos en todas direcciones, no había ni rastro de lomos ni soplos. En la mar nunca hay que perder la esperanza, pero este día parecía que a pesar de que las condiciones eran inmejorables, los gigantes estaban escondiéndose de nosotros.


Pero mientras mirábamos a lo lejos en busca de soplos, a unos pocos metros del barco apareció un enorme lomo, un lomo inconfundible por las innumerables marcas que tenía sobre la piel. Se trataba de un gran macho de Zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris) que nadaba al lado de una hembra, reconocible por su piel lisa y sin apenas marcas.


Los machos de zifio persiguen a las hembras para aparearse con ellas. En ocasiones se pueden ver varios machos persiguiendo a una misma hembra y en estos casos, los machos luchan entre sí hasta que el más fuerte se queda solo. Durante estas luchas, los rivales se agreden usando para ello sus dos prominentes dientes, fácilmente reconocibles en los individuos más grandes.


Las mordeduras de los machos dejan cicatrices permanentes sobre su piel, por lo que los ejemplares más viejos llegan a tener un aspecto casi totalmente blanco debido a la superposición de las mismas. El diseño de estas marcas, distinto para cada animal, hace que sea posible identificarlos individualmente y de esta forma seguirlos año tras año.


Después de varios minutos de observación, los zifios arquearon el lomo y se sumergieron para pasar más de una hora bajo el agua. Por fin los había visto a placer, como no los había visto nunca y creo que la sonrisa no se me quitó de la cara en todo el día.

Delfín común

Delfín listado

A pesar de que los rorcuales no aparecieron, la presencia de delfines fue continua durante todo el viaje, en ocasiones en grupos de más de 100 individuos. Además de los mulares, que volvimos a ver mar adentro, varios grupos de delfines comunes (Delphinus delphis) y comunes listados (Stenella coeruleoalba) rodearon el barco, aunque parecían estar más preocupados por alimentarse que por acercarse a nosotros. Esta última especie es de hábitos más pelágicos que el delfín común, pero no es raro que forme grupos mixtos con ellos.

Ya era hora de regresar, estábamos a 35 millas de la costa y aún quedaban unas cuantas horas para llegar a puerto, así que haciendo un pequeño rodeo para apurar las ultimas opciones de ver a los rorcuales dimos la vuelta rumbo a casa. Al final los rorcuales no quisieron aparecer, a pesar de que se estuvieron viendo casi continuamente durante las últimas salidas, pero aún así el día había merecido la pena con creces.


Una vez de vuelta en Santurtzi, quedaba despedirse y comentar la experiencia, que sin duda repetiremos la mayoría de nosotros. Antes de nada quisiera agradecer a Gorka la invitación para disfrutar de este viaje (gracias txabalote) y recomendaros que visitéis la página de Verballenas.com donde podréis encontrar toda la información sobre las salidas y como apuntarse a ellas, y también la página de Facebook, donde podréis estar al día de todas las novedades de cada salida y quedaros boquiabiertos con las fotografías de Gorka.

NOTA: haced click sobre las fotos para verlas a mayor tamaño.

jueves, 20 de agosto de 2015

La tragedia de los comunes y la pesca profesional

La "Tragedia de los Comunes" es una parábola que publicó en 1833 el matemático inglés William Foster Lloyd, que posteriormente popularizó el biólogo Garrett Hardin en un artículo que apareció en la revista Science en 1968. La historia original de Foster Lloid tenía lugar en una zona de pastos que usaba un grupo de pastores. Un día, uno de los pastores pensó que podía añadir una oveja más a su rebaño, ya que el impacto de una sola oveja apenas afectaría a la capacidad de regeneración de los pastos comunes. Cada uno de los demás pastores pensó individualmente lo mismo, que podían añadir una oveja más, sin que los pastos se deteriorasen. Pero la suma del deterioro causado por cada animal arruinó los pastos y tanto los animales como los pastores murieron de hambre. 

Esta historia, desgraciadamente, se produce más frecuentemente de lo que pensamos, y un caso clásico es el de la pesca profesional, en la que las ovejas podrían cambiarse por más barcos o para ser más precisos, por un mayor esfuerzo pesquero individual.


Como todos los atardeceres de verano cuando la mar lo permite, los barcos de Cuideiru salen de puerto al atardecer para pescar calamares. Cuando el sol se oculta tras el horizonte y la cae la noche sobre el Cantábrico, los barcos encienden sus potentes focos y empiezan su jornada de pesca.


Pero tras estas bellas imágenes se esconde un lado oscuro, un lado que ya poco tiene que ver con la pesca tradicional aunque siga recibiendo este nombre. La pesca con focos de luz atrae a muchos peces pequeños y tras ellos llegan los calamares que caen fácilmente en los aparejos. El uso de estos focos como método de pesca es tan efectivo que en muchos países e incluso en varias comunidades autónomas españolas está prohibido porque su uso continuado podría mermar gravemente las poblaciones de las especies objetivo.

Hace años no eran necesarios estos focos para pescar, había calamares para todos. Pero la demanda aumentó entre los consumidores y nuevos barcos llegaron a las zonas de pesca para satisfacer esa demanda. Pero con los métodos tradicionales ya no se conseguía capturar el número de animales de que exigía el mercado.

Surgieron nuevos métodos de pesca y con las nuevas tecnologías aplicadas a la industria pesquera como sondas, GPS, focos o nuevas fibras sintéticas, el número de capturas aumentó a costa de la reducción de los stocks de calamares. Cada nueva innovación tomada individualmente podría parecer que no afectaba demasiado a la población. Los pescadores seguían saliendo a pescar y pescaban su cupo de calamares. Pero cada vez costaba mas y para conseguir el cupo que satisfacía la creciente demanda de calamares fue necesario incrementar el esfuerzo, se necesitaron más medios, más potencia, mas recursos.

¿Qué pasará cuando el creciente esfuerzo pesquero no sea suficiente para satisfacer la demanda del mercado? ¿Será demasiado tarde para que "se recuperen los pastos"? 

Referencias
Harding, G (1968) The Tragedy of the Commons. Science 162:1243-1248 

jueves, 13 de agosto de 2015

Polladas tardías

La mayoría de las aves ya han terminado la reproducción y se preparan para la estación fría alimentándose y acumulando reservas. Muchas especies migratorias ya han abandonado sus lugares de cría y se dirigen en estos momentos hacia los lugares donde pasarán el invierno. A pesar de estos, algunas aves sedentarias, como los páridos, aprovechan hasta el último momento para sacar sus últimas polladas.

Los pequeños paseriformes tienen una vida muy corta y en ocasiones solo disponen de una temporada para criar. Mientras que otras aves, como las rapaces o las aves marinas, sacan uno o dos pollos por temporada, pero su vida fértil puede durar muchos años, los pequeños paseriformes basan su éxito en sacar la mayor cantidad de pollos en el menor tiempo posible.


Unos de estos pájaros que estiran hasta el límite su estación reproductora son los carboneros comunes (Parus major) que son pueden realizar 3 e incluso 4 puestas en una misma estación. 

Ayer mismo, 12 de agosto, una fecha muy tardía incluso para esta especie, la que seguramente sea la última pollada de la pareja este año, abandonó la caja nido donde habían nacido. Los días anteriores las visitas de los padres acarreando comida eran continuas, tanto como la insistencia con la que los pollos la reclamaban desde dentro de la caja.


Las horas antes de abandonar la caja, los pollos se asomaban continuamente al agujero de entrada, sin atreverse a dar el paso. Finalmente uno de ellos se animó y salio para posarse en una rama cercana. Y al primer pollo lo fueron siguiendo sus hermanos, hasta que finalmente 5 pollos en total salieron de la caja para dar sus primeros vuelos.

No lo tendrán nada fácil, y muchos de ellos morirán durante las primeras semanas, presas de gavilanes y otros depredadores. Al final de todos los pollos que ha sacado esta pareja en toda la estación, solo uno o dos llegarán a reproducirse para continuar la línea.

Por cierto, y cambiando de tema. El 5 de agosto me hicieron una entrevista en la RTPA sobre el libro "Los vencejos sueñan despiertos". Si os la perdisteis podéis escucharla completa en el siguiente enlace

lunes, 3 de agosto de 2015

Marta común con una dieta exótica

La Marta común (Martes martes) es un mamífero de la familia de los Mustélidos que tiene una distribución prácticamente eurosiberiana, encontrándose en Europa, oeste de Siberia, Turquía, norte de Irak y norte de Irán. En la Península ibérica ocupa la franja norte, donde se puede encontrar desde el nivel del mar hasta los 1500 metros de altitud.


La alimentación de la marta se ha estudiado en profundidad y los resultados señalan que su espectro alimenticio es muy amplio, incluyendo mamíferos, aves, reptiles, anfibios y frutos, siendo estos últimos la base principal de su dieta en numerosas zonas de la Península ibérica.

Hace unas semanas, un amigo de Nuveana me comentó que había sacado con el móvil unas fotos a un "bicho parecido a un gato" que acudía frecuentemente a comer los dátiles de una palmera que había podado en su jardín. El animal acudía a comer a plena luz del día y era muy confiado, hasta que el perro de la familia lo descubrió y se dedicó a perseguirlo. Las fotos no dejaban lugar a dudas, se trataba de una marta, probablemente un juvenil. Curiosamente, esta especie coincide en la misma zona con un pariente cercano, la garduña (Martes foina) que pude observar varias veces y que incluso acudía a comer el pienso del perro de otro de mis vecinos.

Con la intención de localizar de nuevo a la marta, coloqué una cámara de fototrampeo al lado de los restos de la poda de la palmera y una semana después la recogí para comprobar que había grabado.


Pocas horas después de haber colocado la cámara, la marta de dejó ver. Acudió como había hecho en días anteriores a comer los dátiles de la palmera. Al revisar los vídeos y la hora en que habían sido grabados, observé que su comportamiento había cambiado respecto a los días anteriores. Ya no se dejaba ver de día y esperaba a la caída de la noche, cuando el perro no merodeaba por la zona, para acudir a comer tranquilamente.

Asimismo, entre visita y visita, la marta marcó frecuentemente con orina los dátiles para avisar de su presencia a los posibles competidores. A pesar de este comportamiento, otros muchos animales acudieron a degustar este exótico maná. Numerosos pájaros, sobre todo mirlos, e incluso varios gatos domésticos, no dejaron pasar la oportunidad y visitaron asiduamente la zona para tomarse un nutritivo aperitivo.

jueves, 23 de julio de 2015

Curso de ética periodística: marchando una de plagas

Si el verano periodístico de 2015 se está caracterizando por algo es por la ausencia de un personaje atemorizante que llene las portadas de los diarios del país. Este año, ni medusas, ni perros asesinos, ni motos acuáticas, ni malvadas abejas aterrorizan a la población. Tan solo el calor sofocante sigue copando los titulares, aunque cada vez menos, ya que después de un mes de temperaturas asfixiantes poca gente se sigue sorprendiendo de que en verano las temperaturas superen los 40 ºC en gran parte de nuestra geografía. 

Pero si hay una palabra que sigue siendo imprescindible para lograr un buen titular, sobre todo si se refiere a nuestra fauna, esa es la palabra "plaga". Cualquier concentración de animales, ya sean pequeños o grandes, que causen molestias, aunque sean mínimas, ya es tildada de plaga a las primeras de cambio. Todo periódico local que se precie tiene que incluir una plaga de vez en cuando. Gaviotas, estorninos y palomas son los protagonistas recurrentes de las plagas urbanas. Curiosamente, en un ambiente tan inhóspito como el de la mayoría de las ciudades, donde los ruidos del tráfico o de las interminables obras, la contaminación, o la suciedad ya nos parecen algo normal, nos molesta cada vez más los sonidos de las gaviotas o las cacas de los estorninos. Y los periodistas hacen malabarismos lingüísticos para calificar a esas especies sin repetirse.


En las ciudades la desconexión de la población con la naturaleza es algo cada vez más preocupante. Una desconexión que es la responsable de que la mayoría de los niños urbanos conozcan mejor a los animales de la sabana africana que a los que viven al lado de sus casas (Genovart et al., 2013), o que reconozcan sin problemas a un Tiranosaurio pero no sean capaces de identificar a un petirrojo.





Pero si en las ciudades podría ser explicable esa desconexión, lo que no parece fácil de entender es que también ocurra en los ambientes rurales, donde la población convive y ha convivido siempre con los animales, tanto domésticos como salvajes.

En las últimas semanas, las noticias sobre supuestas "plagas" han empezado a aparecer como setas en otoño. Y no se trata de una sola especie, sino de varias: insectos de todo tipo, murciélagos, gaviotas, estorninos o víboras se reparten estos días la atención mediática, y como si el mismísimo Jehová hubiera desatado su cólera como hace 3000 años había hecho con el pueblo egipcio, hordas de animales parecen haber llegado para arruinar el campo asturiano y a sus habitantes.


Pero de todas estas supuestas plagas me ha llamado especialmente la atención una de ellas. Hace unos días, aparecía una noticia que alertaba sobre la "población excesiva" de buitres en el concejo de Morcín. En la noticia se comenta el caso de una potra que una vez muerta (supuestamente por "unos cánidos", aunque no aporta ninguna prueba) fue devorada por un grupo de buitres. El dueño de la potra y otros ganaderos de la zona comentaban que estas aves carroñeras se comían la carne y las vísceras y que "comen con tanta ansia que luego no son capaces de emprender el vuelo", lo que les producía angustia y preocupación.

Hace tan solo unos años, tras la crisis de las vacas locas, la UE prohibió dejar el ganado muerto en el monte. Los ganaderos deberían pagar de su bolsillo el traslado de esos cadáveres para que fueran incinerados o bien contratar un seguro que se hiciera cargo del mismo. En ese momento, los ganaderos de montaña montaron en cólera y exigieron que se dejara a los buitres que hicieran ese trabajo, como habían hecho hasta entonces. Incluso hacían culpable a esa prohibición de que algunos buitres acuciados por el hambre llegaran a matar a sus animales.


Tras 10 años de veto, en el año 2012, el congreso de los diputados aprobó un decreto que permitía de nuevo que las reses muertas pudieran dejarse en el monte para que fueran los buitres los que se encargaran de ellas. Ese decreto fue acogido con satisfacción tanto por los ganaderos como por ecologistas, científicos y cazadores. Unos aplaudían la medida porque les suponía un claro beneficio económico y otros porque la población de aves carroñeras de España podría recuperarse después del bache que había significado esa década de prohibición.


¿Cómo se explica entonces ese cambio de opinión?
Pues la respuesta vuelve a ser la misma de siempre, el interés económico. Los ganaderos a los que les parece molestar que los buitres no se comporten en la mesa, y que hasta llegan a compadecerse de los ellos por si no hay suficiente comida para todos, lo que realmente les preocupa es que no puedan cobrar los daños de los lobos, ya que según ellos, una vez que desaparece el cadáver, también desaparecen las pruebas. Lo cierto es que los daños de lobo pueden ser detectados en un análisis postmorten, incluso después de que los animales hayan sido devorados por los buitres, ya que como bien saben los guardas que se encargan de evaluarlos, hay marcas en los huesos y rastros en el terreno que sirven como pruebas para detectarlos.

Para finalizar la noticia, los ganaderos reclaman al Principado que ponga en marcha "un plan de control de la población", o sea, que se deje de chorradas y empiece a matar buitres. Confió, aunque con ciertas dudas teniendo en cuenta los numerosos precedentes, que nuestros gobernantes no se dejen chantajear de nuevo por este colectivo y que expliquen, no solo a los ganaderos sino también al resto de la población, que los buitres, al igual que el resto de carroñeros, son una parte esencial del ecosistema, que evitan la transmisión de enfermedades al eliminar los restos de los animales muertos, muchos de ellos enfermos. Por otra parte, habría que resaltar que todas las especies de buitres, al igual que el resto de aves rapaces están estrictamente protegidas por nuestra legislación y que matarlos o simplemente molestarlos, puede acarrear importantes sanciones económicas e incluso penas de cárcel.

Por último, y como siempre suelo hacer en cada entrega de los cursos de ética periodística, sugiero a los autores de estos artículos que no se dejen llevar por el morbo y que se informen consultando a los expertos antes de dejar volar su imaginación. En todo caso, y si lo que pretenden es amedrentar a la población a falta de noticias más interesantes, les aconsejaría que publiquen un especial plagas,  con entregas semanales dedicadas a una plaga distinta y que lo aderecen con frases del segundo libro del Pentateuco

"Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto (se puede cambiar Egipto por Asturias), sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre. Habrá sangre en toda la tierra de Egipto (Asturias), hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra"


Referencias
Genovart M, Tavecchia G, Enseñat JJ, Laiolo P. 2013. Holding up a mirror to the society: Children recognize exotic species much more than local ones. Biological Conservation 159: 484–489.

lunes, 20 de julio de 2015

Calma chicha y pardelas en migración

El pasado sábado me invitó mi amigo Ramón a salir en barco desde el puerto de Cuideiru. La mar apenas se movía, como en las dos últimas semanas, y solo una suave brisa nos acompañó durante el viaje. A solo un par de millas de tierra ya se veían algunas aves marinas en migración, varios paíños pasaban junto al barco y un goteo de pardelas baleares y cenicientas aparecían de vez en cuando por el este peinando la superficie del agua con la punta de sus alas.

Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)

Cuando estábamos a siete millas de la costa, encontramos un pequeño grupo de gaviotas patiamarillas que descansaba en la superficie de la mar, flotando como corchos y dejándose llevar por la corriente. Entre ellas, varias pardelas descansaban también, ajenas a nosotros y seguramente con el estómago lleno solo se separaban de la proa del barco cuando pasábamos a su lado.

                 
Al observar más de cerca el grupo de gaviotas y pardelas cenicientas, entre ellas encontramos cuatro pardelas capirotadas (Puffinus gravis). Casi del mismo tamaño que las cenicientas, las pardelas capirotadas son una de las aves más viajeras del mundo. Todas ellas se dirigen ahora hacia el hemisferio sur, hacia el Archipiélago de Tristan da Cunha, donde se reproduce toda la población mundial de esta especie.

Pardela capirotada 

Después de unos minutos, todo el bando levantó el vuelo para posarse unos cientos de metros más lejos. Después del descanso seguirán su viaje con rumbo sur. Ya ha comenzado la migración de las aves marinas por el Cantábrico, un espectáculo increíble en la que se podrán ver cientos de miles de aves de multitud de especies pasando frente a nuestras costas, unas hacia los lugares de invernada y otras, como las pardelas capirotadas, hacia sus colonias de cría cerca de la Antártida.

lunes, 13 de julio de 2015

Presentación del libro "Los vencejos sueñan despiertos"


Hoy lunes, 13 de julio, presento el libro "Los vencejos sueñan despiertos" en el Club de Prensa Asturiana, en Oviedo (C/ Calvo Sotelo, 7). Me acompañará en la presentación Florentino Braña, catedrático de Zoología de la Universidad de Oviedo.

Después de la presentación firmaré los libros que queráis, si es que os apetece emborronar la primera página, y también habrá libros para vender.

Estáis todos invitados

viernes, 10 de julio de 2015

Léxico ornitológico: charranes, gaviotas y logotipos políticos

Gracias a Carl Nilsson Linæus (1707-1778), el científico sueco que que creó un sistema de nomenclatura binomial para clasificar a los seres vivos, estos pueden ser conocidos en todos los países del mundo, independientemente del idioma que hablen, por dos términos en latín. El primero corresponde al género y el segundo a la especie. 

Además de este nombre científico, la mayoría de las especies, al menos las más conocidas, tienen un nombre común, un nombre que como es lógico es distinto en cada país, pero también es distinto en cada provincia o incluso en cada pueblo. Por lo general, el nombre común de una especie hace referencia a alguna de sus características más llamativas: su color, su canto, su comportamiento, su tamaño, etc, y al igual que ocurre con todas las cosas, las preferencias y gustos son muy variados y no todos nos tenemos que fijar en las mismas características. 

Los animales y plantas son usados frecuentemente como logotipos de marcas comerciales o incluso de partidos políticos. Quizás el caso más conocido sea el de los dos partidos mayorítarios de Estados Unidos. 


El símbolo del Partido demócrata es un burro, y según parece este animal se eligió porque en 1828, Andrew Jackson, en ese año candidato a la presidencia del país fue apodado como "burro", ya que se decía de él que además de tozudo no era muy inteligente. Fue entonces cuando el señor Jackson aprovechó la jugada para ponerla de su lado y empleó la figura de este animal como símbolo electoral, ya que afirmó que era un animal trabajador y modesto del que habría que sentirse orgulloso.


El símbolo del elefante que usa el Partido Republicano nació a partir del burro demócrata. Fue ideado por el caricaturista germano-estadounidense Thomas Nast cuando plasmó en una viñeta la derrota electoral de los demócratas en 1877 con un elefante que aplastaba a un burro. A partir de ese momento, los republicanos adoptaron al elefante como símbolo, destacando de él su inteligencia y su fuerza.


En España también hay partidos políticos que han usado y siguen usando animales en sus logotipos. Por ejemplo, el extinto Partido Socialista Popular (PSP) usó una paloma en su logo, seguramente simbolizando a la paloma de la paz. Pero sin lugar a dudas, el símbolo animal más conocido por todos nosotros es la gaviota del Partido Popular (PP).


O eso es lo que pensábamos todos hasta hace poco tiempo, ya que según nos habían contado, el símbolo que figuraba encima de las siglas del partido representaba a una gaviota en vuelo. Y digo hasta hace poco, porque en mayo de este año, el creador del logotipo, Fernando Martínez Vidal, nos sorprendió en una entrevista diciéndonos que estábamos confundidos, ya que el símbolo no representaba a una gaviota, sino a un charrán. Según sus propias palabras «la gaviota es un ave carroñera que vuela bajo y va comiendo basura. En cualquier vertedero las hay a miles. En uno de Madrid hay censadas más de 10.000. En cambio, un charrán es un ave marina que vuela alto».


De nuevo, las gaviotas siguen cargando con una mala fama, en la mayoría de las veces injustificada, que las convierte en seres sucios y despreciables. Quizás por eso, el partido que hasta hace poco tiempo la portaba en sus banderolas con orgullo, reniega de ella como de la peste y abraza a ese charrán de altos vuelos, esa ave marina que no frecuenta vertederos y cloacas, sino que danza en el aire y pesca pequeños pececillos sin mancharse su blanco plumaje. Y como muestra de renovación, ayer mismo nos presentaron su nuevo logotipo, que en mi ignorancia no se si se me asemeja más a los circulitos de Podemos o al hermoso ojo que glosó el gran Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, ese que "traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos, y abahado en una capa".

Pero volviendo al tema charrán-gaviota, con afán de ilustrar al lego en materia ornitológica, os pongo dos imágenes de dos representantes de la familia de las gaviotas y de los charranes para que decidáis vosotros a cual de ellas se parece el logotipo del PP.


En las fotografía podéis ver en la parte superior a un charrán común (Sterna hirundo)  y en la de abajo a una gaviota sombría (Larus fuscus). Dos aves hermosas, sin duda, y lo cierto es que no yo no sabría por cual decidirme a la hora de ponerla en un logotipo.

Llegado al caso de que tuviera dudas con la estética del animal, antes de decidirme por la gaviota o el charrán, lo que si haría sería consultar previamente el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ese libro tan nombrado pero desgraciadamente, tan pocas veces consultado. Como ya comenté al principio del artículo, los nombres comunes de las aves son muy variados y en algunos casos pueden tener más de un significado. Veamos pues cual es la primera acepción de la palabra "charrán" según el diccionario de la RAE:

1. adj. Pillo, tunante. Se dijo en un principio de los esportilleros malagueños vendedores de pescado. U. t. c. s.

No se, pero después de leerlo nunca se me ocurriría usar a un charrán en mi logotipo, no se vaya a pensar la gente que realmente ese ave tan grácil y de altos vuelos tiene un pasado tan oscuro que podrían asociar con alguna actividad de mi partido.

Pero ya que nuestro lenguaje es tan rico y en nuestro país se hablan varios idiomas, podríamos buscar a ver si nos podíamos quedar con la definición que se usa en otro lugar. Y ya que soy asturiano, voy a consultar las acepciones de la palabra charrán en el Diccionario de la la Academia de la Llingua Asturiana, y las acepciones que me encuentro son estas:

1.- Que charra. 2.- Dau a charrar. 3.- Que tien maña pa facer pifies y trastaes. 4.- Puerca [una persona]. 5.- Ordinariu. 6.-Faroleru, que presume muncho de daqué faciendo de menos a los demás.

Pues peor me lo pones, todo parece indicar que el señor Fernando Martínez Vidal mejor se hubiera quedado en casa pintando otros logotipos, que desvelar el oculto significado del que había diseñado para el PP. Al fin y al cabo, la gaviota que tanto odia este señor y que de tan ruin, sucia y basurera que es, casi la podríamos llamar una charrana, solo tiene una acepción en el diccionario de la RAE que no deja lugar a malentendidos ni a chistes fáciles:

1. f. Ave palmípeda, de unos 75 cm de largo desde el pico hasta el fin de la cola y 1 m de envergadura. Tiene plumaje muy tupido, blanco en general, dorso ceniciento; negras, pero de extremo blanco, las tres penas mayores de las alas, pico anaranjado y pies rojizos. Vive en las costas, vuela mucho, es muy voraz y se alimenta principalmente de los peces que coge en el mar. Hay otras especies muy parecidas, pero más pequeñas.

domingo, 5 de julio de 2015

Curso de ética periodística: busquemos un monstruo para un titular

Ya hemos entrado en el verano y tengo que admitir que me siento un poco desasosegado, ya que a estas alturas esperaba que una horda de medusas, abejas u otro animal del averno hubiera llegado a nuestras playas para arruinar las vacaciones al personal. Hasta el momento nos tenemos que conformar con las noticias sobre el calor, que no deja dormir a la gente y que según las entrevistas realizadas a pie de calle martiriza a los currantes y produce alegría a los bañistas y a los vendedores de refrescos.

El problema de usar el calor como titular es que acaba cansando. Una vez que caemos en la cuenta de que en verano las temperaturas suben, como todos los años, que en Córdoba y en Ourense te asas y que en Asturies un día te cueces y otro te cagas de frío, los periodistas descubren que el tema es difícil de estirar durante dos meses, así que tienen que buscar otra cosa.

Mientras aparece el ansiado tema del verano, por ahora los protagonistas de estos primeros días son los monstruos acuáticos que desconciertan a bañistas y científicos. Hace unos días aparecía una noticia en los periódicos nacionales con el siguiente titular


acompañada de la siguiente fotografía.


Esta noticia apareció por primera vez en el periódico The Siberian Times el 30 de junio, y comentaba la aparición de los restos de un animal en la isla de Sakhalin, en Rusia, "mucho mayor que un ser humano" y que tenía un "pico" muy grande. A partir de ese día, la noticia trascendió el ámbito local y llegó a todos los periódicos del mundo. La criatura desconcertante había saltado desde una playa siberiana al ciberespacio y al reino del esoterismo en pocas horas.


Lo cierto es que solo con ver la primera foto y esta segunda aparecida en el artículo original, parece evidente de que se trata de los restos de un cetáceo que murió en alta mar y que después de unos cuantos días o semanas llegó a la costa en mal estado debido a la putrefacción y me puedo imaginar, porque he visto más de uno con el mismo aspecto, que despidiendo un olor horrible.

Según los diarios que reproducían la noticia, el tamaño del animal, mucho más grande que un ser humano, y la aparente presencia de pelo en la zona de la cola solo se podrían explicar si se tratara de una criatura nueva para la ciencia o incluso de un Delfin del Ganges (Platanista gangetica), una especie de delfín de agua dulce que tiene entre sus características la presencia de un morro largo y puntiagudo, aunque ni tiene pelo ni tampoco ese gran tamaño. Según la noticia, los supuestos expertos que habían inspeccionado los restos estaban desconcertados.

Como yo no me suelo creer estas noticias busqué por internet y en unos pocos minutos encontré a un verdadero experto que había solucionado el misterio a las pocas horas de haberse publicado la noticia. Se trataba del Dr. Darren Naish, investigador de la Universidad de Portsmouth, que publicó en Twitter el siguiente mensaje


Tal como se aprecia en las fotografías, el supuesto monstruo no era ni una especie nueva peluda, ni un Delfín del Ganges. Los restos encontrados en la playa de Sakhalin correspondían a un Berardio de Baird (Berardius bairdii), una especie de cetáceo del grupo de los zifios que habita en aguas profundas y cuya área de distribución es continua por todo el Pacífico Norte a partir de los 35º N, o sea, que está presente en la zona de la isla de Sakhalin, donde aparecieron los restos.


El Berardio de Baird puede alcanzar los 12,8 metros de longitud, tiene una frente bulbosa que se puede apreciar en las fotografías en detalle de los restos de Sakhalin y dos dientes en la mandíbula inferior, un rasgo típico de los machos de todas las especies de Zifios que usan para pelearse entre ellos por las hembras. En las fotografías que incluye Darren Naish en su tweet, parece que se aprecian esos dos dientes. La supuesta presencia de pelo podrían ser jirones de piel o incluso de grasa producto de la putrefacción.

Por lo tanto, si tiene las características de un Berardio de Baird, tiene el tamaño de un Berardio de Baird, su área de distribución coincide con la de un Berardio de Baird, y además ha sido identificado por un señor que es experto en restos óseos, pues lo más seguro es que sea un Berardio de Baird y no una extraña criatura desconocida. No ha sido demasiado complicado desvelar este misterio, por lo que quizás los periodistas de nuestros diarios, antes de copiar literalmente otras noticias de otros medios podrían informarse también y contrastarlas antes de publicarlas. De todas formas, si lo que pretenden es causar asombro, o incluso pánico entre los bañistas, les aconsejo que lean las anteriores entradas de este curso sobre el uso de calificativos acojonadores, titulares impactantes y exageraciones.


Una buena idea sería publicar al lado de la fotografía de los restos putrefactos una posible recreación de la criatura, como la anterior. Eso siempre funciona.
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