jueves, 24 de septiembre de 2015

El ocaso global de las aves marinas

Las aves marinas han estado volando sobre la superficie de nuestros mares y océanos desde hace 60 millones de años. A lo largo de todo este tiempo, este grupo de aves compuesto por más de 300 especies se han adaptado a este medio hostil y han sobrevivido a temporales y catástrofes naturales de todo tipo. 


Pero todos estos millones de años de evolución no han servido para nada cuando se han tenido que enfrentar a la mayor amenaza que se podían esperar: nuestra especie. El ser humano en tan solo unas pocas décadas han convertido los océanos en un vertedero. Nuestra especie es una auténtica máquina de producir basura. Y el destino de gran parte de esa basura acaba finalmente en el mar, formando auténticas islas de plástico y todo tipo de residuos que en muchas ocasiones son consumidos por error por aves y mamíferos marinos al confundirlos con sus presas.


En algunas islas del Pacífico, como el atolón de Midway, se asienta una importante colonia de aves marinas formada por varios millones de ejemplares, entre las que destacan varios miles de parejas de Albatros de Lysan (Phoebastria immutabilis). La situación de este atolón hace que toneladas de plásticos acaben empujados por las corrientes hasta sus orillas. Todos los años, y tal como denunció el fotógrafo Chris Jordan en su proyecto Midway, una gran parte de los pollos de albatros nacidos en esta colonia mueren antes de abandonar el nido al haber ingerido estos plásticos con los que sus padres los ceban (os recomiendo que veáis el vídeo anterior para que tengáis una idea más clara del problema).


Además de la ingesta de plásticos, las aves marinas se encuentran gravemente amenazadas por otros muchos problemas, todos relacionados con nuestras actividades: sobrepesca, contaminación por hidrocarburos, muertes accidentales en aparejos de pesca, presencia de especies invasoras en las colonias de cría y un largo etcétera.

Las sospechas sobre los efectos de estas amenazas sobre las aves marinas se han visto confirmadas en el proyecto Sea Around Us Project, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de British Columbia y el Pew Charitable Trusts. En el marco de este proyecto, los investigadores analizaron las tendencias demográficas de 513 poblaciones de aves marinas que habían sido censadas en al menos 5 ocasiones. Aunque no se pudieron analizar todas las poblaciones de aves marinas del mundo, en el estudio se incluyeron todas las familias de aves marinas de las zonas más importantes para este grupo de animales.

Tendencia de la población de aves marinas monitorizadas en este estudio entre 1950 y 2010. La pérdida total de aves fue del 69,7% en estos 60 años. Las líneas discontinuas representan intervalos de confianza del 95%.

Los resultados obtenidos, y que recientemente han sido publicados en la revista Plos One incluso sorprendieron a los propios investigadores. Los datos confirmaron que la población global de aves marinas había descendido un 70% en los últimos 60 años, lo que representaba la muerte de más de 230 millones de animales. Y este descenso no afectaba solo a unas pocas especies sino que afectaba de manera indiscriminada a gran cantidad de familias en todo el mundo.

Charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis)

Aunque todas las familias de aves marinas se han visto afectadas, este declive está siendo especialmente alarmante para alguna de ellas, por ejemplo la familia de los charranes ha caído en un 85%, las fragatas un 81%, los petreles y las pardelas un 79%, y los albatros un 69%. Todo parece indicar que las especies que habitan en aguas abiertas están siendo más afectadas que las ligadas a ambientes más costeros, salvo el caso de los cormoranes, que según los datos de este estudio han descendido en un 73%.

Tal como ya he comentado varias veces en este blog, las causas del declive de las aves marinas se conocen desde hace tiempo, y este estudio no ha hecho más que confirmar que este declive esta siendo incluso más rápido de lo predecían algunos modelos. Y los remedios para minimizar este descenso también son conocidos. Sería necesario abordar de una vez el problema de las capturas accidentales en aparejos de pesca y el problema de la contaminación marina.

Es necesario que los gestores y políticos tomen conciencia de este problema y que actúen. En las últimas décadas hemos sido testigos de la extinción como reproductor de el Arao común y de la Gaviota tridáctila en las costas del Cantábrico y el Atlántico ibérico, el próximo en la lista es el Cormorán moñudo y si no se actúa ya quizás no lleguemos a tiempo para evitar que se una a ellos.

Referencias
Paleczny M, Hammill E, Karpouzi V & Pauly D (2015) Population Trend of the World’s Monitored Seabirds, 1950-2010. Plos One DOI: 10.1371/journal.pone.0129342.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Ya están aquí

Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Puntuales a su cita, como todos los otoños, las aves limícolas llegan a nuestras costas desde el lejano norte donde se reprodujeron. Muchos de los que llegan son jóvenes, que pocas semanas después de haber nacido en la tundra siberiana emprenden un viaje hacia el sur que llevará a algunos de ellos hasta las costas de África.


Seguramente sea la primera vez que ven seres humanos y por eso apenas huyen de nosotros. Sin hacernos demasiado caso, aunque mirándonos con el rabillo del ojo, por si acaso, buscan incansablemente comida entre la arena húmeda o entre las piedras de la orilla de un río costero. 

No tienen tiempo que perder, deben repostar para seguir viaje. Un viaje en el que cruzarán mares, montañas y ríos, pero no fronteras, porque las fronteras son un invento humano que las aves no entienden.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El último grito del cormorán


Hace ya unos cuantos meses que estoy trabajando en un proyecto para evaluar el impacto de la captura accidental de los aparejos de pesca sobre las poblaciones de cormorán moñudo en el Cantábrico y el Atlántico gallego.

Durante estos meses he recopilado la información disponible sobre muertes accidentales y también nos hemos recorrido la costa para comprobar donde se solapan las zonas de alimentación con las zonas de pesca de los moñudos.

A la espera de los resultados definitivos, los resultados confirman lo que sospechábamos desde hace tiempo. La mayoría de las muertes se producen durante los meses que siguen a la independencia de los pollos, en ocasiones cuando tienen menos de 2 meses de edad. Seguramente su inexperiencia hace que sean más proclives a caer en los aparejos que las aves adultas, que ya sea porque usan otras áreas de alimentación o porque son capaces de reconocer las artes, mueren en menor número.


Las dos fotografías anteriores son los suficientemente explícitas para entender la magnitud del problema. Para entender porqué si no se hace algo, y rápido, vamos a ser testigos de la extinción de los cormoranes moñudos en nuestras costas, como hace pocos años lo fuimos de otra ave marina, el Arao común, por la misma razón.

Probablemente la falta de capturas de especies más comerciales ha llevado a muchos barcos a faenar cada vez más cerca de costa y buscar otras especies como los lábridos que antes tenían menos salida en el mercado. Actualmente, tanto en Asturias como en Galicia o Euskadi, la legislación es muy laxa (o incluso inexistente), acerca de las distancias de costa a las que se pueden largar los aparejos. Asimismo, los planes de manejo aprobados para esta especie, por ejemplo en Asturies, hacen una mención especial a la necesidad de crear unas zonas de protección alrededor de las colonias de cría, pero es evidente que ese plan de manejo no se está cumpliendo.

Dos cormoranes moñudos adultos ahogados en un miño a escasos metros de la colonia de Cabu Bustu, Asturies (abril de 2014)

Pero si los aparejos legales ya son un problema de enorme magnitud, en este estudio hemos confirmado la existencia de un nuevo problema que no esperábamos, la mortalidad en aparejos furtivos. Se trata de palangres de superficie que son marcados con botellas de agua transparentes para ser más difíciles de localizar por la guardería. Ya hemos confirmado más de 5 animales muertos en solo dos de estos palangres y hemos visto unos cuantos aparejos mas que no hemos podido comprobar.

Ojalá que los resultados de este proyecto puedan servir para detener esta sangría. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Que vienen las algas: crónica de una plaga inexistente

El verano ya toca a su fin y parece que este año la cosecha de terrores veraniegos ha sido más escasa y el protagonismo se lo ha llevado la ola de calor, que más que ola ha sido un tsunami, ya que ha durado casi dos meses, sobre todo en el centro y sur de la Península ibérica. 


Pero si hay una plaga de este verano que se termina que me ha llamado especialmente la atención ha sido la llamada "plaga de algas", que según parece indignó a los bañistas y veraneantes que visitaron la costa asturiana y gallega a finales de agosto, y que puso en pie de guerra a los ayuntamientos locales, que con tal de satisfacer al personal sacaron todo el armamento de palas e incluso de excavadoras para facilitar el acceso a los bañistas a la orilla del Cantábrico e impedir que sus delicados pies se mancharan.

Esta alarma infundada confirma de nuevo que nuestra sociedad cada vez se encuentra más separada de la naturaleza, a la que considera algo ajeno e incluso molesto, ya que se siente más cómoda rodeada de asfalto, humo y tráfico que de hierba, árboles y mar. Y debido a esto ya piensa que lo normal es una piscina azulejada y con el agua clorada y no una playa natural, con sus sus rocas, sus cangrejos y sus algas.

La arribazón de algas a las playas cantábricas es un fenómeno natural y que ha ocurrido siempre después de las marejadas estivales. Los pies de las algas se desprenden del fondo por la fuerza de las olas y cuando la mar se calma se depositan en las orillas. De hecho, lo realmente alarmante no fue la arribazón de algas de este verano sino su práctica ausencia durante los últimos años.


Las fotos anteriores son lo suficientemente explícitas para entender lo que ha pasado en la última década. Ambas fotografías, tomadas por Julio Arrontes, profesor de Ecología de la Universidad de Oviedo, han sido hechas en el mismo lugar de la Playa de Porcía (El Franco, Asturies), la superior en el año 2000 y la inferior en el año 2009. Tal como se puede observar, en tan solo 9 años, los bosques de laminarias que cubrían todo el pedrero habían desaparecido, y junto a ellas otras especies como el Fucus serratus y el Fucus vesiculosus

Pero la desaparición de las algas no ha supuesto tan sólo un cambio estético en las playas. Todas las especies asociadas a estos bosques de laminarias, sobre todo crustáceos y peces se han visto afectadas, tal como confirman los estudios realizados por la Universidad de Oviedo y el Centro de Experimentación Pesquera del Principado.

La desaparición del 95% de todos los bosques de laminarias en tan poco tiempo está relacionada con el aumento de las temperaturas de las aguas cantábricas como consecuencia del cambio climático. Las algas pardas son especies abundantes en latitudes septentrionales ya que la temperatura de crecimiento óptimo se encuentra entre los 15 y los 18ºC. Cuando las temperaturas superan esos límites, el crecimiento se reduce o incluso se detiene, por otra parte, la tolerancia térmica de estas algas es mucho más estricta durante el periodo en el que se fijan a las rocas, por lo que las temperaturas elevadas pueden reducir drásticamente el reclutamiento de nuevas algas y por consiguiente la regeneración de esos bosques marinos. 


En los últimos años, y tal como se puede observar en el gráfico anterior, elaborado por Judith Rojo y Julio Arrontes (Universidad de Oviedo), el número de mareas en las que la temperatura del agua superó los 20ºC aumento drásticamente, lo que ha dado lugar a unas condiciones ambientales intolerables para este tipo de algas.

Afortunadamente este año parece que los bosques de algas pardas se han recuperado un poco. Quizás se trate de un hecho puntual, quizás haya sido debido a que la temperatura del agua en el momento de la fijación de los propágulos ha sido más baja que en los últimos años. Quizás sea un canto del cisne antes de la desaparición de esos bosques que durante millones de años han cubierto los fondos del Cantábrico, porque el aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático sigue produciéndose con mayor rapidez que nunca, pero de todas formas, no deja de ser sorprendente que esta noticia en vez de ser un motivo de alegría sea un motivo de alarma y de preocupación.


Tal como comenté al principio, el fenómeno de la arribazón de algas a las playas no es algo extraño ni mucho menos una plaga y significa un auténtico maná para muchas especies, incluido el hombre, cuando este se consideraba una parte de la naturaleza y aprovechaba lo que ella le ofrecía. Desde siempre, los pueblos costeros han recogido esas algas para usarlas como abono y para venderlas, ya que con ellas se elaboran alimentos, cosméticos e incluso medicinas. Pero además del hombre, numerosas especies de animales encuentran su alimento entre las algas depositadas en la orilla. Innumerables especies de insectos, crustáceos y otros pequeños animales consumen estas algas contribuyendo de esta forma a su descomposición, y gran cantidad de peces y aves se alimentan de ellos, cerrando de esta manera el ciclo de los nutrientes.

No estaría mal recordarles a todos estos bañistas que protestan ante la presencia de algas que mucho antes de que el primer ser humano se untara de Nivea y plantara su sombrilla en la arena, otros animales visitaban las playas y se alimentaban en ellas. 

Y también habría que recordarles a las autoridades que antes de ceder a las presiones de estos colectivos deberían educar e informar, ya que al no hacerlo y gracias a nuestra desidia nos estamos convirtiendo a pasos agigantados en un rebaño de borregos, cada vez mas ignorantes, cada vez más estúpidos. Y cada vez más mansos. Aunque quizás sea eso lo que desean.

lunes, 31 de agosto de 2015

Navegando entre zifios y delfines

Después de un par de semanas de desconexión, cuando el orbayu y la niebla nos recuerdan que el otoño ya está llamando a la puerta, no puedo olvidarme de las muchas cosas que pasaron en estas últimas semanas. Entre todas esas experiencias recuerdo una de ellas, la vivida hace tan solo 10 días, cuando invitado por mi amigo Gorka Ocio salimos a la mar desde el puerto de Santurtzi para ver ballenas

Aunque las estrellas del viaje eran los rorcuales comunes, que en esas aguas y en estas fechas acuden a alimentarse, yo quería ver zifios, esos fantasmas del abismo que pueden permanecer más de una hora sumergidos persiguiendo calamares en la oscuridad y que en Asturies, aunque se ven de vez en cuando, son mucho más raros que aquí. Estas zona del Golfo de Bizkaia es uno de los mejores sitiospara verlos, ya que a pocas millas de costa la profundidad de la mar supera los 2000 metros y es ahí donde los zifios se alimentan.


Cuando apenas habíamos salido del puerto, nos encontramos con un enorme grupo de delfines mulares (Tursiops truncatus) que se alimentaban de sargos que acosados por todos los frentes nadaban hacia el barco para intentar zafarse sin éxito de sus perseguidores. Junto a los adultos, varias crías nadaban junto a ellos, pero la manada los mantenía alejados, para lo que acudían a la proa a "jugar" con nosotros. Este comportamiento, que había sido interpretado como un juego en el que los delfines disfrutaban nadando junto a las embarcaciones puede que no sea tan lúdico como parecía, y según algunos estudios podría ser una maniobra de distracción para alejarnos de las crías. De hecho, una vez que los delfines que nadaban junto al barco se habían alejado lo suficiente del grupo principal, de repente desaparecían como por arte de magia.


Después de disfrutar de los delfines seguimos viaje mar adentro, queríamos encontrar a los gigantes de la mar y aún teníamos varias horas de navegación hasta llegar a donde estaban. Durante el trayecto nos sorprendió la escasa presencia de aves marinas, sobre todo de algunas especies como el alcatraz (Morus bassanus), ya que ni un solo ejemplar se dejó ver durante toda la jornada, a pesar de que eran las mejores fechas para la migración de esta especie.

Pardela capirotada

Solo algunos grupos de pardelas aparecían dispersos, descansando sobre la superficie del agua y alzando el vuelo cuando nos acercábamos para posarse de nuevo unos metros más lejos. Las más numerosas resultaron ser las pardelas capirotadas (Puffinus gravis), que durante estos meses se encuentran en migración hacia el hemisferio sur, hacia el archipiélago de Tristán da Cunha, donde se reproduce la práctica totalidad de los individuos de estas especie.

Pardela sombría

Junto a las pardelas capirotadas vimos algunas pardelas sombrías (Puffinus griseus), que al igual que las capirotadas también se encontraban repostando para seguir viaje hacia las islas del sur. Alguna pardela cenicienta (Calonectris diomedea) y varios paíños (Hydrobates pelagicus) también aparecieron junto al barco, aunque en menor número de lo que sería normal para estas fechas.

Ya llevábamos varias horas navegando y habíamos llegado a la zona preferida por los rorcuales y los zifios, pero a pesar de que mirábamos continuamente con los prismáticos en todas direcciones, no había ni rastro de lomos ni soplos. En la mar nunca hay que perder la esperanza, pero este día parecía que a pesar de que las condiciones eran inmejorables, los gigantes estaban escondiéndose de nosotros.


Pero mientras mirábamos a lo lejos en busca de soplos, a unos pocos metros del barco apareció un enorme lomo, un lomo inconfundible por las innumerables marcas que tenía sobre la piel. Se trataba de un gran macho de Zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris) que nadaba al lado de una hembra, reconocible por su piel lisa y sin apenas marcas.


Los machos de zifio persiguen a las hembras para aparearse con ellas. En ocasiones se pueden ver varios machos persiguiendo a una misma hembra y en estos casos, los machos luchan entre sí hasta que el más fuerte se queda solo. Durante estas luchas, los rivales se agreden usando para ello sus dos prominentes dientes, fácilmente reconocibles en los individuos más grandes.


Las mordeduras de los machos dejan cicatrices permanentes sobre su piel, por lo que los ejemplares más viejos llegan a tener un aspecto casi totalmente blanco debido a la superposición de las mismas. El diseño de estas marcas, distinto para cada animal, hace que sea posible identificarlos individualmente y de esta forma seguirlos año tras año.


Después de varios minutos de observación, los zifios arquearon el lomo y se sumergieron para pasar más de una hora bajo el agua. Por fin los había visto a placer, como no los había visto nunca y creo que la sonrisa no se me quitó de la cara en todo el día.

Delfín común

Delfín listado

A pesar de que los rorcuales no aparecieron, la presencia de delfines fue continua durante todo el viaje, en ocasiones en grupos de más de 100 individuos. Además de los mulares, que volvimos a ver mar adentro, varios grupos de delfines comunes (Delphinus delphis) y comunes listados (Stenella coeruleoalba) rodearon el barco, aunque parecían estar más preocupados por alimentarse que por acercarse a nosotros. Esta última especie es de hábitos más pelágicos que el delfín común, pero no es raro que forme grupos mixtos con ellos.

Ya era hora de regresar, estábamos a 35 millas de la costa y aún quedaban unas cuantas horas para llegar a puerto, así que haciendo un pequeño rodeo para apurar las ultimas opciones de ver a los rorcuales dimos la vuelta rumbo a casa. Al final los rorcuales no quisieron aparecer, a pesar de que se estuvieron viendo casi continuamente durante las últimas salidas, pero aún así el día había merecido la pena con creces.


Una vez de vuelta en Santurtzi, quedaba despedirse y comentar la experiencia, que sin duda repetiremos la mayoría de nosotros. Antes de nada quisiera agradecer a Gorka la invitación para disfrutar de este viaje (gracias txabalote) y recomendaros que visitéis la página de Verballenas.com donde podréis encontrar toda la información sobre las salidas y como apuntarse a ellas, y también la página de Facebook, donde podréis estar al día de todas las novedades de cada salida y quedaros boquiabiertos con las fotografías de Gorka.

NOTA: haced click sobre las fotos para verlas a mayor tamaño.

jueves, 20 de agosto de 2015

La tragedia de los comunes y la pesca profesional

La "Tragedia de los Comunes" es una parábola que publicó en 1833 el matemático inglés William Foster Lloyd, que posteriormente popularizó el biólogo Garrett Hardin en un artículo que apareció en la revista Science en 1968. La historia original de Foster Lloid tenía lugar en una zona de pastos que usaba un grupo de pastores. Un día, uno de los pastores pensó que podía añadir una oveja más a su rebaño, ya que el impacto de una sola oveja apenas afectaría a la capacidad de regeneración de los pastos comunes. Cada uno de los demás pastores pensó individualmente lo mismo, que podían añadir una oveja más, sin que los pastos se deteriorasen. Pero la suma del deterioro causado por cada animal arruinó los pastos y tanto los animales como los pastores murieron de hambre. 

Esta historia, desgraciadamente, se produce más frecuentemente de lo que pensamos, y un caso clásico es el de la pesca profesional, en la que las ovejas podrían cambiarse por más barcos o para ser más precisos, por un mayor esfuerzo pesquero individual.


Como todos los atardeceres de verano cuando la mar lo permite, los barcos de Cuideiru salen de puerto al atardecer para pescar calamares. Cuando el sol se oculta tras el horizonte y la cae la noche sobre el Cantábrico, los barcos encienden sus potentes focos y empiezan su jornada de pesca.


Pero tras estas bellas imágenes se esconde un lado oscuro, un lado que ya poco tiene que ver con la pesca tradicional aunque siga recibiendo este nombre. La pesca con focos de luz atrae a muchos peces pequeños y tras ellos llegan los calamares que caen fácilmente en los aparejos. El uso de estos focos como método de pesca es tan efectivo que en muchos países e incluso en varias comunidades autónomas españolas está prohibido porque su uso continuado podría mermar gravemente las poblaciones de las especies objetivo.

Hace años no eran necesarios estos focos para pescar, había calamares para todos. Pero la demanda aumentó entre los consumidores y nuevos barcos llegaron a las zonas de pesca para satisfacer esa demanda. Pero con los métodos tradicionales ya no se conseguía capturar el número de animales de que exigía el mercado.

Surgieron nuevos métodos de pesca y con las nuevas tecnologías aplicadas a la industria pesquera como sondas, GPS, focos o nuevas fibras sintéticas, el número de capturas aumentó a costa de la reducción de los stocks de calamares. Cada nueva innovación tomada individualmente podría parecer que no afectaba demasiado a la población. Los pescadores seguían saliendo a pescar y pescaban su cupo de calamares. Pero cada vez costaba mas y para conseguir el cupo que satisfacía la creciente demanda de calamares fue necesario incrementar el esfuerzo, se necesitaron más medios, más potencia, mas recursos.

¿Qué pasará cuando el creciente esfuerzo pesquero no sea suficiente para satisfacer la demanda del mercado? ¿Será demasiado tarde para que "se recuperen los pastos"? 

Referencias
Harding, G (1968) The Tragedy of the Commons. Science 162:1243-1248 

jueves, 13 de agosto de 2015

Polladas tardías

La mayoría de las aves ya han terminado la reproducción y se preparan para la estación fría alimentándose y acumulando reservas. Muchas especies migratorias ya han abandonado sus lugares de cría y se dirigen en estos momentos hacia los lugares donde pasarán el invierno. A pesar de estos, algunas aves sedentarias, como los páridos, aprovechan hasta el último momento para sacar sus últimas polladas.

Los pequeños paseriformes tienen una vida muy corta y en ocasiones solo disponen de una temporada para criar. Mientras que otras aves, como las rapaces o las aves marinas, sacan uno o dos pollos por temporada, pero su vida fértil puede durar muchos años, los pequeños paseriformes basan su éxito en sacar la mayor cantidad de pollos en el menor tiempo posible.


Unos de estos pájaros que estiran hasta el límite su estación reproductora son los carboneros comunes (Parus major) que son pueden realizar 3 e incluso 4 puestas en una misma estación. 

Ayer mismo, 12 de agosto, una fecha muy tardía incluso para esta especie, la que seguramente sea la última pollada de la pareja este año, abandonó la caja nido donde habían nacido. Los días anteriores las visitas de los padres acarreando comida eran continuas, tanto como la insistencia con la que los pollos la reclamaban desde dentro de la caja.


Las horas antes de abandonar la caja, los pollos se asomaban continuamente al agujero de entrada, sin atreverse a dar el paso. Finalmente uno de ellos se animó y salio para posarse en una rama cercana. Y al primer pollo lo fueron siguiendo sus hermanos, hasta que finalmente 5 pollos en total salieron de la caja para dar sus primeros vuelos.

No lo tendrán nada fácil, y muchos de ellos morirán durante las primeras semanas, presas de gavilanes y otros depredadores. Al final de todos los pollos que ha sacado esta pareja en toda la estación, solo uno o dos llegarán a reproducirse para continuar la línea.

Por cierto, y cambiando de tema. El 5 de agosto me hicieron una entrevista en la RTPA sobre el libro "Los vencejos sueñan despiertos". Si os la perdisteis podéis escucharla completa en el siguiente enlace

lunes, 3 de agosto de 2015

Marta común con una dieta exótica

La Marta común (Martes martes) es un mamífero de la familia de los Mustélidos que tiene una distribución prácticamente eurosiberiana, encontrándose en Europa, oeste de Siberia, Turquía, norte de Irak y norte de Irán. En la Península ibérica ocupa la franja norte, donde se puede encontrar desde el nivel del mar hasta los 1500 metros de altitud.


La alimentación de la marta se ha estudiado en profundidad y los resultados señalan que su espectro alimenticio es muy amplio, incluyendo mamíferos, aves, reptiles, anfibios y frutos, siendo estos últimos la base principal de su dieta en numerosas zonas de la Península ibérica.

Hace unas semanas, un amigo de Nuveana me comentó que había sacado con el móvil unas fotos a un "bicho parecido a un gato" que acudía frecuentemente a comer los dátiles de una palmera que había podado en su jardín. El animal acudía a comer a plena luz del día y era muy confiado, hasta que el perro de la familia lo descubrió y se dedicó a perseguirlo. Las fotos no dejaban lugar a dudas, se trataba de una marta, probablemente un juvenil. Curiosamente, esta especie coincide en la misma zona con un pariente cercano, la garduña (Martes foina) que pude observar varias veces y que incluso acudía a comer el pienso del perro de otro de mis vecinos.

Con la intención de localizar de nuevo a la marta, coloqué una cámara de fototrampeo al lado de los restos de la poda de la palmera y una semana después la recogí para comprobar que había grabado.


Pocas horas después de haber colocado la cámara, la marta de dejó ver. Acudió como había hecho en días anteriores a comer los dátiles de la palmera. Al revisar los vídeos y la hora en que habían sido grabados, observé que su comportamiento había cambiado respecto a los días anteriores. Ya no se dejaba ver de día y esperaba a la caída de la noche, cuando el perro no merodeaba por la zona, para acudir a comer tranquilamente.

Asimismo, entre visita y visita, la marta marcó frecuentemente con orina los dátiles para avisar de su presencia a los posibles competidores. A pesar de este comportamiento, otros muchos animales acudieron a degustar este exótico maná. Numerosos pájaros, sobre todo mirlos, e incluso varios gatos domésticos, no dejaron pasar la oportunidad y visitaron asiduamente la zona para tomarse un nutritivo aperitivo.

jueves, 23 de julio de 2015

Curso de ética periodística: marchando una de plagas

Si el verano periodístico de 2015 se está caracterizando por algo es por la ausencia de un personaje atemorizante que llene las portadas de los diarios del país. Este año, ni medusas, ni perros asesinos, ni motos acuáticas, ni malvadas abejas aterrorizan a la población. Tan solo el calor sofocante sigue copando los titulares, aunque cada vez menos, ya que después de un mes de temperaturas asfixiantes poca gente se sigue sorprendiendo de que en verano las temperaturas superen los 40 ºC en gran parte de nuestra geografía. 

Pero si hay una palabra que sigue siendo imprescindible para lograr un buen titular, sobre todo si se refiere a nuestra fauna, esa es la palabra "plaga". Cualquier concentración de animales, ya sean pequeños o grandes, que causen molestias, aunque sean mínimas, ya es tildada de plaga a las primeras de cambio. Todo periódico local que se precie tiene que incluir una plaga de vez en cuando. Gaviotas, estorninos y palomas son los protagonistas recurrentes de las plagas urbanas. Curiosamente, en un ambiente tan inhóspito como el de la mayoría de las ciudades, donde los ruidos del tráfico o de las interminables obras, la contaminación, o la suciedad ya nos parecen algo normal, nos molesta cada vez más los sonidos de las gaviotas o las cacas de los estorninos. Y los periodistas hacen malabarismos lingüísticos para calificar a esas especies sin repetirse.


En las ciudades la desconexión de la población con la naturaleza es algo cada vez más preocupante. Una desconexión que es la responsable de que la mayoría de los niños urbanos conozcan mejor a los animales de la sabana africana que a los que viven al lado de sus casas (Genovart et al., 2013), o que reconozcan sin problemas a un Tiranosaurio pero no sean capaces de identificar a un petirrojo.





Pero si en las ciudades podría ser explicable esa desconexión, lo que no parece fácil de entender es que también ocurra en los ambientes rurales, donde la población convive y ha convivido siempre con los animales, tanto domésticos como salvajes.

En las últimas semanas, las noticias sobre supuestas "plagas" han empezado a aparecer como setas en otoño. Y no se trata de una sola especie, sino de varias: insectos de todo tipo, murciélagos, gaviotas, estorninos o víboras se reparten estos días la atención mediática, y como si el mismísimo Jehová hubiera desatado su cólera como hace 3000 años había hecho con el pueblo egipcio, hordas de animales parecen haber llegado para arruinar el campo asturiano y a sus habitantes.


Pero de todas estas supuestas plagas me ha llamado especialmente la atención una de ellas. Hace unos días, aparecía una noticia que alertaba sobre la "población excesiva" de buitres en el concejo de Morcín. En la noticia se comenta el caso de una potra que una vez muerta (supuestamente por "unos cánidos", aunque no aporta ninguna prueba) fue devorada por un grupo de buitres. El dueño de la potra y otros ganaderos de la zona comentaban que estas aves carroñeras se comían la carne y las vísceras y que "comen con tanta ansia que luego no son capaces de emprender el vuelo", lo que les producía angustia y preocupación.

Hace tan solo unos años, tras la crisis de las vacas locas, la UE prohibió dejar el ganado muerto en el monte. Los ganaderos deberían pagar de su bolsillo el traslado de esos cadáveres para que fueran incinerados o bien contratar un seguro que se hiciera cargo del mismo. En ese momento, los ganaderos de montaña montaron en cólera y exigieron que se dejara a los buitres que hicieran ese trabajo, como habían hecho hasta entonces. Incluso hacían culpable a esa prohibición de que algunos buitres acuciados por el hambre llegaran a matar a sus animales.


Tras 10 años de veto, en el año 2012, el congreso de los diputados aprobó un decreto que permitía de nuevo que las reses muertas pudieran dejarse en el monte para que fueran los buitres los que se encargaran de ellas. Ese decreto fue acogido con satisfacción tanto por los ganaderos como por ecologistas, científicos y cazadores. Unos aplaudían la medida porque les suponía un claro beneficio económico y otros porque la población de aves carroñeras de España podría recuperarse después del bache que había significado esa década de prohibición.


¿Cómo se explica entonces ese cambio de opinión?
Pues la respuesta vuelve a ser la misma de siempre, el interés económico. Los ganaderos a los que les parece molestar que los buitres no se comporten en la mesa, y que hasta llegan a compadecerse de los ellos por si no hay suficiente comida para todos, lo que realmente les preocupa es que no puedan cobrar los daños de los lobos, ya que según ellos, una vez que desaparece el cadáver, también desaparecen las pruebas. Lo cierto es que los daños de lobo pueden ser detectados en un análisis postmorten, incluso después de que los animales hayan sido devorados por los buitres, ya que como bien saben los guardas que se encargan de evaluarlos, hay marcas en los huesos y rastros en el terreno que sirven como pruebas para detectarlos.

Para finalizar la noticia, los ganaderos reclaman al Principado que ponga en marcha "un plan de control de la población", o sea, que se deje de chorradas y empiece a matar buitres. Confió, aunque con ciertas dudas teniendo en cuenta los numerosos precedentes, que nuestros gobernantes no se dejen chantajear de nuevo por este colectivo y que expliquen, no solo a los ganaderos sino también al resto de la población, que los buitres, al igual que el resto de carroñeros, son una parte esencial del ecosistema, que evitan la transmisión de enfermedades al eliminar los restos de los animales muertos, muchos de ellos enfermos. Por otra parte, habría que resaltar que todas las especies de buitres, al igual que el resto de aves rapaces están estrictamente protegidas por nuestra legislación y que matarlos o simplemente molestarlos, puede acarrear importantes sanciones económicas e incluso penas de cárcel.

Por último, y como siempre suelo hacer en cada entrega de los cursos de ética periodística, sugiero a los autores de estos artículos que no se dejen llevar por el morbo y que se informen consultando a los expertos antes de dejar volar su imaginación. En todo caso, y si lo que pretenden es amedrentar a la población a falta de noticias más interesantes, les aconsejaría que publiquen un especial plagas,  con entregas semanales dedicadas a una plaga distinta y que lo aderecen con frases del segundo libro del Pentateuco

"Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto (se puede cambiar Egipto por Asturias), sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre. Habrá sangre en toda la tierra de Egipto (Asturias), hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra"


Referencias
Genovart M, Tavecchia G, Enseñat JJ, Laiolo P. 2013. Holding up a mirror to the society: Children recognize exotic species much more than local ones. Biological Conservation 159: 484–489.

lunes, 20 de julio de 2015

Calma chicha y pardelas en migración

El pasado sábado me invitó mi amigo Ramón a salir en barco desde el puerto de Cuideiru. La mar apenas se movía, como en las dos últimas semanas, y solo una suave brisa nos acompañó durante el viaje. A solo un par de millas de tierra ya se veían algunas aves marinas en migración, varios paíños pasaban junto al barco y un goteo de pardelas baleares y cenicientas aparecían de vez en cuando por el este peinando la superficie del agua con la punta de sus alas.

Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)

Cuando estábamos a siete millas de la costa, encontramos un pequeño grupo de gaviotas patiamarillas que descansaba en la superficie de la mar, flotando como corchos y dejándose llevar por la corriente. Entre ellas, varias pardelas descansaban también, ajenas a nosotros y seguramente con el estómago lleno solo se separaban de la proa del barco cuando pasábamos a su lado.

                 
Al observar más de cerca el grupo de gaviotas y pardelas cenicientas, entre ellas encontramos cuatro pardelas capirotadas (Puffinus gravis). Casi del mismo tamaño que las cenicientas, las pardelas capirotadas son una de las aves más viajeras del mundo. Todas ellas se dirigen ahora hacia el hemisferio sur, hacia el Archipiélago de Tristan da Cunha, donde se reproduce toda la población mundial de esta especie.

Pardela capirotada 

Después de unos minutos, todo el bando levantó el vuelo para posarse unos cientos de metros más lejos. Después del descanso seguirán su viaje con rumbo sur. Ya ha comenzado la migración de las aves marinas por el Cantábrico, un espectáculo increíble en la que se podrán ver cientos de miles de aves de multitud de especies pasando frente a nuestras costas, unas hacia los lugares de invernada y otras, como las pardelas capirotadas, hacia sus colonias de cría cerca de la Antártida.