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jueves, 5 de enero de 2023

El sueño de la invisibilidad

Una de las fantasías mas recurrentes a lo largo de la historia de la humanidad es la de la invisibilidad. Ya en la mitología griega, Perseo, el hijo de Zeus y Danae, consiguió cortar la cabeza de Medusa gracias al casco de Hades, el dios del inframundo, que volvía invisible a todo el que se lo pusiera. Desde entonces, han sido muchas las historias que han hablado del sueño de la invisibilidad, desde el hombre invisible de H.G. Wells hasta el anillo del Señor de los anillos o la capa de invisibilidad de Harry Potter.

Lo cierto es que todos hemos soñado alguna vez con poder hacernos invisibles y ver sin ser vistos y para eso nos vestimos de camuflaje o nos pintamos la cara de verde y ocre, como vemos muchas veces en las películas. Ese sueño de la invisibilidad ha hecho, por ejemplo, que la industria armamentística invirtiera millones de euros para construir aviones "invisibles", o más bien indetectables al radar para poder sorprender a los ejércitos rivales. 

En la naturaleza, hay muchos ejemplos de animales que han logrado acercarse mucho a la invisibilidad como una estrategia para pasar desapercibidos, sobre todo ante sus depredadores, aunque también para no ser detectados por sus presas. La forma más frecuente de invisibilizarse es gracias al camuflaje. Algunos tienen una coloración y un diseño corporal que unidos a su inmovilidad hace que pasen desapercibidos. Otros, como los camaleones, pueden cambiar su coloración dependiendo de la coloración del fondo, y lo hacen porque tienen varias capas de células con distintos pigmentos (rojos, amarillos, azules y marrones) que además pueden reflejar distintas longitudes de onda y así, dependiendo de como se estimulen pueden cambiar rápidamente su diseño y su color para mimetizarse con el medio en el que se encuentran.

Pero parte del camuflaje, hay una forma más asombrosa de lograr la invisibilidad y es haciéndose transparente, y aunque parezca increíble, no son pocos los animales que lo han conseguido. La mayoría de esos animales transparentes son invertebrados y mayoritariamente acuáticos, como las medusas, cuyo cuerpo está compuesto en su 99% de agua. Pero en los vertebrados apenas hay casos de animales transparentes, lo que parece bastante lógico porque tienen un sistema circulatorio muy desarrollado por el que viajan los glóbulos rojos que transportan el oxígeno y que al ser opacos atenúan la luz y no se transparentan.

Macho de rana de cristal, Hyalinobatrachium valerioi, vigilando tres puestas de huevos (Foto: Jaime Culebras)

Uno de los vertebrados más increíbles son las llamadas Ranas de cristal, que viven en sur y centro América. Se trata de un grupo de anfibios que reúne más de 150 especies que se caracterizan porque tienen una piel muy fina que hace que se transparenten sus órganos. Estas ranas viven en bosques tropicales y miden unos 3 cm de largo y cuando están sobre las hojas se vuelven prácticamente invisibles. Solo hay un problema, por su sistema circulatorio, como ya he comentado, se mueven los  glóbulos rojos que absorben mucha luz y por lo tanto no transparentan. 

Las ranas de cristal son nocturnas, mostrandose muy activas tanto para alimentarse como para aparearse y cuidar de las puestas. Pero durante el día se quedan inmóviles sobre las hojas y así consiguen pasar desapercibidas ante sus depredadores. Pero, ¿cómo se arreglan para que sus glóbulos rojos no sean visibles? Como las ranas son nocturnas, los investigadores se volvieron nocturnos y las estudiaban por la noche, pero fue cuando capturaron algunas y las pusieron en un recipiente de cristal cuando se fijaron en que los glóbulos rojos aparentemente "desaparecían". 

En un artículo publicado recientemente en la revista Sicence se explicó que lo que hacían hacían estas ranas era extraer aproximadamente el 90% de los glóbulos rojos de la sangre de su sistema circulatorio y empaquetarlos en el hígado. De esa forma, por el sistema circulatorio seguía circulando el plasma pero no los glóbulos rojos. Cuando se despiertan y necesitan activarse, libera los glóbulos rojos al sistema circulatorio y el hígado, que antes se había dilatado, vuelve a encogerse.

Soprendentemente, esta concentración de glóbulos rojos, que en otros vertebrados produciría coágulos y lesiones o incluso la muerte, a las ranas de cristal no les afecta. Por otra parte, también resulta asombroso que sin glóbulos rojos en el sistema circulatorio y por lo tanto, sin poder transportar el oxígeno a los tejidos, las ranas puedan permanecer en un estado de latencia sin sufrir daños. Si se supiera como lo consiguen podría ser de gran ayuda para aplicarlo a terapias humanas para reducir la incidencia de ictus o enfermedades cardiacas.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Los otros primates europeos

 En Europa habitan dos primates en estado salvaje, nosotros y el Macaco de Berbería (Macaca sylvanus) que vive en el Peñón de Gibraltar. La distribución de esta especie a nivel mundial está restringida a este pequeño enclave en el sur de la Península ibérica, donde viven unos 200 ejemplares, y a unos pocos lugares del norte de África. Según un artículo publicado en la revista PNAS (Modolo et al., 2005) y tras analizar el ADN mitocondrial de 280 individuos, los macacos de Gibraltar descienden de unos pocos ejemplares capturados en Marruecos y en Argelia que fueron llevados a la Península ibérica por los árabes entre los años 711 y 1492. 

En el caso de los mamíferos, el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente de la hembra, ya que es el óvulo el que transfiere las mitocondrias al embrión, porque en el momento de la fecundación el espermatozoides solo contribuye con su material genético. Por lo tanto, los estudios de ADN mitocondrial son especialmente útiles para estudiar la filogenia de especies con linajes matrilineales. En el caso de los macacos, al tratarse de especies que tienen un sistema social en el que las hembras permanecen en el grupo donde nacieron, mientras que los machos cambian de grupo al alcanzar la madurez sexual, el ADN mitocondrial es clave para estudiar los fenómenos de dispersión. 

De todas formas, según señalan otros trabajos posteriores (Alba et al, 2018), el Macaco de Barbería pudo haber ocupado grandes extesiones de Europa durante el Plioceno, pudiendo haberse extinguido hace unos pocos miles de años debido a una combinación de causas, por una parte a cambios en el clima y también por la creciente presión antrópica.

En el caso de la población gibraltareña, su población se había reducido enormemente a mediados del siglo pasado, apuntándose que quizás la elevada endogamia de esa población estuviera afectando a la capacidad reproductiva de la especie. Alarmado por esta situación, en 1942, en plena guerra mundial, Winston Churchill, ordenó la captura de nuevos ejemplares en África para que fueran llevados a Gibraltar, ya que en ese momento solo quedaban 4 ejemplares en el peñón. Por lo que se ve, Churchill era muy supersticioso y no quería que se cumpliera la leyenda que decía que en el momento en que desaparecieran los monos de Gibraltar, el peñón dejaría de ser británico.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Los ríos que tiran el agua a la mar

Resulta sorprendente que todavía haya gente que siga pensando que el agua que vierten los ríos a la mar es agua desperdiciada, agua que no sirve para nada y que debería ser trasvasada y utilizada para regar cultivos y campos de golf antes de perderse en las procelosas aguas del océano. Lo realmente grave de estas afirmaciones, que cada cierto tiempo vuelven a aparecer en la prensa, es que las hacen personas con responsabilidades políticas, personas que tienen en sus manos el poder de cambiar las leyes y que llegado el caso podrían poner en práctica sus ideas peregrinas.

El último en realizar esta afirmación ha sido el presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, que hace un par de meses afirmaba sin sonrojarse que "en España no falta agua. Cada año se arrojan 80.000 hectómetros cúbicos al mar". En el fondo no es sorprendente este tipo de declaraciones, muy numerosas entre la población de diputados, consejeros y políticos de todo signo que pueblan parlamentos nacionales, autonómicos y municipales y que confirman por enésima vez que la ignorancia es un valor que cotiza al alza a la hora de ascender en el escalafón político.

Quizás por esto sea conveniente recordar una vez más en qué consiste el ciclo del agua y el ciclo de los nutrientes, unos temas que por cierto tanto el señor López Miras como la mayoría de diputados y concejales deberían haber estudiado tanto en la EGB como en el Bachillerato, pero que a la vista de los resultados mucho me temo que debieron haber dedicado su etapa escolar a hacer papiroflexia y a dibujar monigotes en el libro de Ciencias Naturales.

El ciclo del agua

Lo primero que debería recordarse es que en la naturaleza no se pierde ni se desperdicia nada, y que unos procesos alimentan a otros y que la energía producida en un ecosistema se distribuye y se consume no solo en ese ecosistema sino que incluso puede usarse en ecosistemas muy distantes.


El agua en la Tierra siempre está en movimiento y cambia constantemente de estado (líquido, gaseoso y sólido), lo que está directamente relacionado con la energía proporcionada por el sol.  El sol calienta el agua de los océanos y ésta se evapora, de forma que las corrientes ascendentes llevan el vapor a las capas superiores de la atmósfera, donde se forman las nubes. Las corrientes de aire mueven esas nubes sobre la superficie de la Tierra y cuando se producen unas condiciones de presión y temperatura determinadas, el agua se condensa y por efecto de la gravedad precipita en forma de lluvia, granizo o nieve.

martes, 18 de octubre de 2016

Los ritos funerarios en los animales: ¿duelo o fuente de información?

Está generalmente admitido que sólo los seres humanos tienen conciencia de lo que significa la muerte. Cuando somos adultos comprendemos que la muerte es inevitable e inherente a la propia vida y que además es irreversible, o sea que una vez que nos morimos ya no podemos volver a la vida. También se asume que nuestra especie es la única que experimenta el duelo por la muerte de un ser querido, precisamente porque somos conscientes de su irreversibilidad.


Aún así todos recordamos historias de animales que siendo conscientes de que se aproximaba su final, se dirigían a un lugar apartado para morir. En la memoria de los que ya tenemos unos años están grabadas las escenas de los cementerios de elefantes de las películas de Tarzán, en los que se apilaban cientos de sus cadáveres y en los que nadie se atrevía a entrar. Pero ¿qué hay de cierto en estas historias? ¿Se trata sólo de mitos que despertaron la imaginación de escritores y cineastas o tienen un fundamento real?

viernes, 16 de septiembre de 2016

Las ballenas jorobadas protegen a otras especies de los ataques de las orcas

En el año 2009, Robert Pitman, un ecólogo marino especializado en aves marinas y cetáceos se encontraba en la Antártida observando un grupo de orcas que trataban de cazar a una foca de weddel. La foca se encontraba sobre una placa de hielo y las orcas nadaban alrededor mientras con movimientos de sus cuerpos producían una serie de olas que barrían la superficie del hielo con la intención de arrastrar a la foca al agua. 

En ese momento ocurrió algo insólito. Dos ballenas jorobadas o yubartas aparecieron en escena y se interpusieron entre las orcas y la foca. Esta última, presa del pánico y ayudada por una ola se subió encima del pecho de una de las dos ballenas que en ese momento estaba panza arriba. La yubarta, con la foca encima, arqueó su cuerpo para mantenerla fuera del agua y cuando empezó a resbalar la empujó con una de sus aletas pectorales hacia arriba para evitar que cayera de nuevo al agua. Poco después la ballena se acercó a una nueva placa de hielo y la foca saltó hacia ella poniéndose a salvo de las orcas. Este episodio quedó grabado en una serie de fotografías tomadas por el propio Pitman, entre ellas la de la yubarta que llevaba sobre su pecho a la aterrorizada foca.

Arriba: orca acosando a una foca mientras es observada por la yubarta. Abajo: Yubarta transportando en su viente a una foca de Wedell tras un ataque de orcas. Fotografías: Robert. L. Pitman

lunes, 14 de julio de 2014

Pequeños depredadores

Juvenil de Mantis religiosa, en el momento del nacimiento son aún más pequeñas

Las mantis religiosas, al contrario que otros insectos, como las mariposas o los escarabajos, tienen un aspecto muy similar al del adulto cuando salen del huevo. Este tipo de insectos recibe el nombre de Hemimetábolos, y sufren un tipo de metamorfosis incompleta, ya que no pasan por los estados de larva y pupa. 

Larva de mariposa de la familia de los Geométridos

En los insectos con metamorfosis completa (Holometábolos), tras la eclosión del huevo emerge una larva que no se parece absolutamente en nada al adulto, no sólo en su aspecto externo sino incluso en su fisiología y su anatomía interna. En este tipo de insectos, como por ejemplo las mariposas, las orugas se alimentan de tejidos vegetales y una vez que alcanzan un determinado tamaño, se encierran en un capullo de seda y en su interior se produce una metamorfosis completa en la que su aparato digestivo se transforma, se desarrollan las alas y tras un periodo de tiempo variable emerge un adulto completamente desarrollado.

Hembra adulta de Mantis religiosa lista para realizar la puesta

En los insectos Hemimetábolos, como los grillos o las mantis, al eclosionar el huevo nace una ninfa que al igual que los adultos tiene ojos compuestos, patas y unos rudimentos de alas, y su fisiología es muy similar a la del adulto, salvo en su aparato reproductor que aún no está completamente desarrollado. En el caso de las mantis, las hembras ponen sus huevos dentro de una estructura espumosa que se solidifica rápidamente y que recibe el nombre de ooteca. Una vez que eclosionan los jóvenes, ya tienen completamente desarrolladas sus habilidades para la caza y sus primeras víctimas probablemente sean sus propios hermanos.


jueves, 13 de febrero de 2014

El Salmón: una reliquia glacial en peligro

La glaciación de Würm comenzó hace 80.000 años y terminó hace unos 10.000. Durante este periodo, Escandinavia y gran parte del norte de Europa se congeló, quedando la región cantábrica, así como el sudoeste del continente, libre de hielo, lo que la convirtió en un refugio tanto para los seres humanos como para otros animales y plantas. 


Con el aumento de las temperaturas tras el fin de esta última glaciación, la cubierta de hielo fue desapareciendo y muchas de las especies que se refugiaron en el sur, realizaron el viaje inverso retornando a sus primitivos lugares. Pero algunas poblaciones quedaron atrapadas en el sur, sobreviviendo a duras penas en algunos enclaves con un microclima particular. Una de las especies más conocidas de este grupo es el Urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus), que se encuentra al borde de la extinción tras siglos de persecución y acorralado en unos bosques que en nada se parecen a los que ocuparon sus antecesores.

Pero además de aves, mamíferos y muchos invertebrados, algunas especies de peces, como el Salmón atlántico (Salmo salar) aún sobrevive en algunos ríos del norte de la Península ibérica como una auténtica reliquia de la glaciación de Würm. En todo su rango de distribución, la mayoría de sus poblaciones se localizan en áreas más septentrionales, en zonas árticas y subárticas, por lo que las poblaciones del Cantábrico y el Atlántico ibérico, que constituyen el límite más meridional de la especie (exceptuando algunas poblaciones introducidas artificialmente en el hemisferio sur), son una rareza.

Pero el salmón, además de una especie con una apasionante historia biológica, ha sido también una especie muy importante para el ser humano desde tiempos inmemoriales. En el periodo Magdaleniense, entre 16.000 y 8.000 años a.C. la situación era muy distinta a la actual. La población humana era muy reducida y estaba formada por grupos tribales de cazadores-recolectores que basaban su alimentación en la caza, la recogida de frutos y el marisqueo.

Representación de un salmón en la cueva de Ekain, Zestoa, Guipuzcoa). Foto: Gobierno vasco

Entre todos los animales que formaban la base de la dieta de nuestros antepasados estaba también el salmón. Todo parece indicar que la pesca de salmones y reos era una actividad estacional, aprovechando las épocas de entrada en los ríos para realizar las capturas. Una muestra de la importancia de los salmones en su cultura son las representaciones artísticas de esta especie, tanto en las paredes de las cuevas que les servían de refugio (cueva de Ekain, cueva de El Pindal), como en adornos y utensilios. El salmón compartía la pinacoteca magdaleniense con los ciervos, caballos, renos y uros.

Costilla grabada con representación de salmón (Cueva de las Caldas, Priorio, Uvieo). Museo Arqueológico de Asturias

En Asturies, los restos fósiles de salmones en forma de mandíbulas o vertebras aparecen en numerosas cuevas, como prueba de su consumo por parte de los habitantes del paleolítico, pero además son frecuentes las representaciones grabadas en costillas y otros huesos, como por ejemplo los que se encontraron en la cueva de las Caldas, a las orillas del río Nalón. Algunos investigadores atribuyen un importante papel al salmón en la dieta de estos grupos humanos, ya que podía ser conservado en salazón y también secado, por lo que podía estar disponible para su consumo mucho tiempo después de su captura.

Arpón, Cueva de los Azules, Contranquil, Cangues d'Onis

La pesca del salmón se realizaba con arpones tallados en asta de ciervo. Los arpones son considerados por los arqueólogos como fósiles directores o fósiles guía, ya que permiten identificar el estrato donde se localizan a la cultura magdaleniense. Muchos de estos útiles estaban a su vez decorados con figuras geométricas.

Arpón, Cueva de Tito Bustillo, Ardines, Ribesella 

Arpón con ojal, Cueva de los Azules, Contraquil, Cangues d'Onis

La tecnología de los arpones es muy variable, ya que se encuentran desde arpones con una larga hilera de dientes y con los dos extremos acabados en punta, hasta arpones con extremos modificadas para ser amarrados a una cuerda o a un mango. Para ello disponían de abultamientos en la base o de orificios en forma de ojal.

Distintos modelos de arpón inuit, Alaska (Clark, DW, 2000)

Resulta sorprendente el gran parecido de estos arpones magdalenienses con los usados por muchos pueblos inuits del ártico, tanto del norte de Europa como de Norteamérica. Los materiales han cambiado en la actualidad, el asta de reno se ha sustituido por metal, pero la estructura y la funcionalidad de los mismos sigue siendo prácticamente igual.

La situación del salmón ha cambiado radicalmente desde que nuestros antepasados los pescaban con sus arpones. La pesca de subsistencia se fue transformando en una actividad industrial, sobre todo durante su estancia en mar abierto, y actualmente ya se ha extinguido en 29 de los 43 ríos con presencia histórica en el Península (sólo el 9% de los ríos con presencia histórica alberga poblaciones relativamente sanas). A pesar de esta situación, el salmón sigue sin ser considerado como una especie protegida y se sigue pescando, pero actualmente por deporte. Si continua esta presión, unida al deterioro de los cauces fluviales y a los efectos del cambio climático, es muy probable que después de decenas de miles de años asistamos a la extinción de  los salmones en la Península ibérica

NOTA: Las imágenes que forman parte de este artículo han sido tomadas en el Museo Arqueológico de Asturias, situado en Uvieo, en el claustro del antiguo monasterio de San Vicente. La visita a este museo es muy recomendable ya que contiene una extraordinaria colección de piezas procedentes de los numerosos yacimientos que tenemos en Asturies. 

Quisiera agradecer a Ignacio Alonso, director del museo y a Jorge Camino, arqueólogo del mismo, por todas las facilidades que nos han dado para la toma de fotografías y vídeos de las piezas arqueológicas y que formarán parte de un documental sobre el salmón que estamos preparando. 

Como siempre, haced click en las imágenes para verlas a mayor tamaño

jueves, 10 de octubre de 2013

Ven, cómeme y trabaja para mi

Con la llegada del otoño, muchos árboles y arbustos se llenan de frutos comestibles. A lo largo de millones de años de evolución, las semillas de muchas plantas se han rodeado de una envoltura carnosa apetecible y sabrosa para atraer a los animales (sobre todo aves y mamíferos) y al mismo tiempo, estos han evolucionado para consumirlas. De esta forma, una vez que sean ingeridas, las semillas serán transportadas en el tracto digestivo y depositadas con los excrementos, en ocasiones a varios kilómetros de distancia.

Serbal (Sorbus aucuparia) cargado de frutos en medio del bosque

Pero el primer paso es atraer la atención de los potenciales consumidores. Muchos de los frutos, una vez maduros, adquieren colores intensos y brillantes que resaltan entre el follaje del bosque. Algunos de ellos, como los del Serbal de los cazadores, se tiñen de rojo, siendo visibles a una gran distancia.

El Serbal de la foto anterior en detalle

Si formáramos parte de un bando de zorzales que pasara volando sobre el bosque, seguramente nos sentiríamos atraídos por ellos, al destacar entre las hojas de los árboles que los rodean y bajaríamos rápidamente a repostar.

Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans) comiendo moras de Rubus sp.

Una vez que el animal, en este caso un ave, ha llegado al arbusto, los frutos deben tener un sabor agradable que estimule su consumo. La pulpa carnosa tiene una gran cantidad de azúcares, como la fructosa o la sacarosa, que resultan muy apetecibles para muchas aves y mamíferos, que además consiguen una gran cantidad de energía ya que son rápidamente metabolizables.

Pero después de haber comido, el ave no ha terminado su trabajo para la planta. Las semillas suelen estar rodeadas de una cáscara dura que las protege. Muchas plantas necesitan que esas semillas pasen por el tracto digestivo de las aves, donde la cáscara de las mismas se adelgaza y ablanda, lo que favorece su posterior germinación. Este proceso recibe el nombre de escarificación.

Evidentemente, en todo este juego salen beneficiadas ambas partes, lo que constituye un claro ejemplo de interacción mutualística: las aves consiguen alimento y energía y las plantas consiguen un servicio de mensajería previo pago de un tasa (azúcares y pigmentos) que disperse sus semillas a larga distancia.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

sábado, 19 de mayo de 2012

El sueño de la abeja


No es la primera vez que me encuentro como una escena como la de la fotografía, una abeja dormitando plácidamente en una flor. En este caso, la abeja estaba tan quieta que llegué a pensar que estaba muerta, ya que después de hacerle una foto, la pata del trípode golpeó con la flor y la abeja se cayó al suelo, quedándose quieta durante unos segundos. Pero para mi sorpresa, luego empezó a moverse y completamente atontada se tambaleó un momento y al cabo de unos minutos se subió a una hierba más alta y se fue volando.


Tengo que admitir que nunca me había parado a pensar si los insectos duermen. Lo cierto es que para el ser humano no es fácil saber si un insecto duerme o no, para empezar no tienen párpados, pero bueno, tampoco los tienen los peces y cualquiera que tenga un acuario se habrá dado cuenta de que al encender la luz por la noche, muchos de ellos están completamente dormidos. Tampoco es viable, al menos por ahora, hacer un encefalograma a una abeja para comprobar como se comportan sus ondas cerebrales.

Pues el caso es que como siempre que me surge una duda de este tipo no paro de darle vueltas hasta que encuentro la respuesta, me puse a buscar bibliografía sobre el tema y encontré varias referencias que no dejaban lugar a dudas: las abejas si que duermen, y durante ese sueño se parecen a nosotros, ya que permanecen quietas, relajan sus músculos y no reaccionan rápidamente a estímulos externos.

Pero hay algunos estudios muy interesantes que demuestran que los insectos no sólo duermen, sino que en el caso de las moscas de la fruta (Drosophila sp.), aquellos individuos que tienen una vida social más activa necesitan dormir más tiempo. Otros estudios, realizados también con moscas de la fruta, confirmaron que al igual que ocurría con los seres humanos, las moscas jóvenes dormían mas tiempo que las más viejas y que si a las moscas se les impedía dormir el tiempo necesario, se reducía su esperanza de vida.

Parece evidente que la mayoría de los organismos vivos necesitan dormir, no sólo para descansar, sino para consolidar los recuerdos adquiridos. Y hablando de sueño, ¿como hacen los vencejos para dormir cuando no se posan en el suelo? Mirad este post, que a lo mejor os sorprende.

Referencias

Ganguly-Fitzgerald I, Donlea J, & Shaw PJ (2006). Waking experience affects sleep need in Drosophila. Science (New York, N.Y.), 313 (5794), 1775-81 PMID: 16990546

Southwick, E. E. (1991). Bee Sleep American Bee Journal, 131, 165-166

domingo, 22 de enero de 2012

¡Sácame esa planta de la habitación que me asfixio!


Siempre me ha llamado la atención la facilidad que tiene el ser humano para tomar como ciertos los mitos y leyendas relacionados con la biología. Incluso cuando hay pruebas irrefutables que confirman que no tienen ningún fundamento científico, es sorprendente la cantidad de gente que sigue aceptándolos "por si acaso".

Pasillo de un hospital por la noche

Una de las leyendas más extendidas es la de las plantas que consumen el oxígeno de los dormitorios durante la noche, por lo que hay que sacarlas de la habitación nada mas ponerse el sol para evitar el riesgo de fallecer de asfixia.

Hace poco tiempo me tuve que quedar en el hospital a dormir y en un momento en el que salí de la habitación, me sorprendió ver el pasillo repleto de orquídeas, ficus y ramos de flores, que si hiciéramos caso a la leyenda estarían salvando de hipoxia a los pacientes de la habitación, pero estarían condenando a una muerte agónica a las enfermeras y al resto del personal sanitario que deambulaba por allí.


¿Pero tienen fundamento todos estos temores y precauciones? La respuesta claramente es que no. Evidentemente las plantas, como todos los organismos vivos, respiran, tanto por el día como por la noche. Durante el día, las plantas consumen oxígeno y liberan CO2 como hacemos nosotros, pero además, mediante la reacción química de la fotosíntesis transforman la materia inorgánica en orgánica con ayuda de la energía solar y en ese proceso liberan oxígeno al aire, que proviene de la disociación de las moléculas de agua.


Por la noche, o sea, en ausencia de luz solar, las plantas sólo respiran, pero el balance final de los dos procesos es que las plantas producen más oxígeno del que consumen. Debemos tener en cuenta que todo el oxígeno que hay en la atmósfera procede de las plantas superiores, algas y fitoplancton que realizan la fotosíntesis. La atmósfera primitiva no contenía oxígeno, pero contenía grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y amonio (NH4+). Actualmente, la composición aproximada de la atmósfera es de 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y el 1% restante está compuesto por anhídrido carbónico y otros gases. Y todo ese oxígeno ha sido liberado por las plantas, por lo que es evidente que liberan mas oxígeno del que consumen.


Pero volvamos a nuestra orquídea del hospital, el terrible enemigo del paciente capaz de consumir el oxígeno de la habitación donde el pobre enfermo se recupera de una operación. ¿Cuánto oxígeno consume por la noche? Aunque la tasa respiratoria de las plantas varia según la temperatura y según la especie, se estima que una planta como una orquídea tiene una tasa metabólica aproximada de 0,51 mililitros de Oxigeno por cada gramo y hora, o sea, que una planta de unos 200 gr consumirá 102 ml de O2/hora.

¿Pero eso es mucho o poco? Supongamos que una habitación de hospital estándar tiene 4 x 4 m de planta y 2,5 m de altura. El volumen de aire en esa habitación seria de 40 metros cúbicos, o sea, 40.000 litros, de los que el 21% son oxígeno, por lo que con un sencillo cálculo deducimos que en esa habitación hay 8.400 litros de oxígeno. Teniendo en cuenta que nuestra nuestra terrible y asesina orquídea consume 0,102 litros de oxígeno por hora, necesitaría 82.352 horas para consumir todo el oxígeno de la habitación, más o menos 9 años y cuatro meses, y eso si la habitación estuviera completamente sellada, lo que evidentemente no ocurre. No parece demasiado probable que nuestra orquídea pueda asfixiarnos en una noche.

Enfermera zombi. Pasó a este estado después de una noche deambulando por un pasillo del hospital lleno de plantas

Por último, curiosamente todas las personas que sacan las plantas de la habitación al llegar la noche, no se plantean sacar al pasillo a su compañero de cama, que consume infinitamente más oxígeno, no hace la fotosíntesis y además ronca.