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lunes, 10 de diciembre de 2012

Sucedáneo de estrellas

La semana pasada, la mayoría de las ciudades encendieron la iluminación navideña. Miles de estrellas artificiales llenan ahora las calles y la gente sale de sus casas e incluso viaja a las grandes ciudades para disfrutar de un espectáculo que curiosamente es sólo un triste sucedáneo de lo que se podría ver si se apagaran.

Hace ya muchos años, la gente no necesitaba de luces artificiales para adornar el cielo de sus pueblos y ciudades, sólo tenían que mirar hacia arriba y contemplar el firmamento. Y esas luces no eran sólo un adorno, servían para guiar a los viajeros en la noche, para avisar de cuando sembrar la tierra y cuando recoger los frutos, también servían para marcar las estaciones e incluso las horas.

La vía láctea en una noche de verano

Mirando a las estrellas se soñaba con guerreros, dioses y animales fabulosos y se contaban leyendas y cuentos que desgraciadamente hemos ido olvidando a medida que las luces de la civilización las han ido tapando. 

Contaminación lumínica de la ciudad de Uvieo desde la sierra del Aramo

La noche ha cambiado el traje negro por un vestido naranja y para admirar la vía láctea en todo su esplendor tenemos que irnos a varios cientos de kilómetros de una ciudad. Solo las estrellas más brillantes se dejan ver y los guerreros y animales fabulosos se han marchado. Pero los habitantes de las ciudades no los echan de menos porque la mayoría de ellos nunca los han visto ni tan siquiera han tenido la curiosidad de ir a  buscarlos. 


Los vikingos pensaban que la vía láctea guiaba a los muertos hacia el Valhala y para los pueblos celtas si seguías el camino que señalaba la vía láctea llegarías al castillo de las hadas. En España, la vía láctea era la que marcaba a los peregrinos el camino hacia Santiago. Actualmente las estrellas de neón guían a peregrinos y residentes al Corte Inglés y mientras caminamos como borregos mirando a las lucecitas, las verdaderas estrellas siguen brillando sin que nadie se fije en ellas.

Yo quiero que se apague la luz para poder ver.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

lunes, 27 de agosto de 2012

Luces en la noche


Hace no muchos años, las únicas luces artificiales que se veían desde la mar eran las de los faros que guiaban a los marineros a puerto en las noches oscuras. Actualmente, faros como el de Vidío, en el concejo de Cuideiru, ven eclipsada su luz por las innumerables farolas que cubren con un un halo anaranjado toda la rasa costera, llegando hasta el mismísimo acantilado y privándonos a todos de la magia de la noche.

En una situación como la que estamos viviendo actualmente, resulta completamente injustificable mantener la red de alumbrado encendida desde el ocaso hasta el alba, en caminos y caleyas por las que muchas veces no pasa apenas nadie y menos a las cuatro de la mañana.


Algunos ayuntamientos ya han empezado a apagar el alumbrado para ahorrar, quizás ahora sus vecinos puedan empezar a disfrutar de las verdaderas luces de la noche y se den cuenta de lo que se habían perdido.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Júpiter y sus satélites

Júpiter, abajo en la fotografía. Con este aumento no son visibles los satélites.
Canon 50D, Canon 17-40 f/4 EF L USM a 17 mm. 30" a f 6.3, ISO 1600

En las noches despejadas de finales del verano, es suficiente con mirar a hacia el Este poco después de que se ponga el sol, para observar un punto muy luminoso que destaca sobre todas las estrellas que tiene a su alrededor.

Si tenemos a mano unos prismáticos o mejor aún, un telescopio, que no hace falta que tenga muchos aumentos, y miramos hacia ese punto comprobaremos que a su alrededor hay otros cuantro pequeños puntos luminosos. Si repetimos esta observacion durante varios días es fácil comprobar que los pequeños puntos van cambiando de posición relativa, hecho que ya había llamado la atención de Galileo hace 400 años.

De izquierda a derecha: Io, Júpiter, Europa, Ganímedes, y Calisto.
Canon 50D, Canon 100-400 f/4.5-5.6 EF L IS USM a 400 mm. 0,5" a f 6.3, ISO 250. Recorte.

Este gran punto brillante es Júpiter, y los cuatro pequeños puntitos son cuatro de sus satélites, que  ya había observado Galileo en 1610 y que desde entonces reciben el nombre de satélites galileanos. Galileo, utilizando un telescopio casero que él mismo había construido llegó a la conclusión de que esos puntos no eran estrellas sino cuerpos planetarios que orbitaban alrededor de Júpiter. Este hecho confirmaba que Copérnico estaba en lo cierto cuando afirmó que todas los objetos celestes no giraban alrededor de la Tierra. Gracias a los nuevos telescopios y sobre todo a las fotografías enviadas por las sondas espaciales se han llegado a identificar un total de 63 satélites que giran alrededor de Júpiter, aunque la mayoría son demasiado pequeños para verlos desde la Tierra. Hasta marzo del año que viene se podrá observar Júpiter en muy buenas condiciones, ya que será visible a partir de la puesta de sol.

La madrugada del pasado domingo a las 3 de la mañana, los cuatro satélites se encontraban alineados con Júpiter, y gracias al Stellarium, un programa gratuíto que nos permite conocer la posición de los astros según la hora y las coordenadas geográficas que le proporcionemos, se podían identificar. Empezando por la izquierda encontramos a Io, el siguiente satélite una vez que pasamos Júpiter es Europa, el siguiente es  Ganímedes , y el último y mas lejano de los cuatro es Calisto.

En las siguientes imágenes, obtenidas con el Stellarium se puede ver perfectamente el movimiento de los satélites alrededor de Júpiter, en tres simulaciones para tres días seguidos a las 3:00h y tomadas desde la misma posición geográfica.

Domingo 05-09-2010, 3:00h

Lunes 06-09-2010, 3:00h

 Martes  07-09-2010, 3:00h

Por desgracia, cada vez es más difícil encontrar un sitio en el que podamos ver el firmamento sin que las luces del alumbrado público nos lo impidan. Hasta hace pocos años sólo con que nos alejáramos unos kilómetros de las ciudades ya podíamos ver un cielo completamente limpio, pero ahora es prácticamente imposible incluso alrededor de pequeños pueblos de menos de 50 habitantes.

Contaminación lumínica a las 3:00h alrededor de un pueblo de menos de 30 habitantes.
Canon 50D, Canon 17-40 f/4 EF L USM a 17 mm. 30" a f 6.3, ISO 1600

Curiosamente, cuando estamos inmersos en una de las mayores crisis económicas y energéticas de la historia, el despilfarro es mayor. ¿Es realmente necesario colocar una farola cada 20 metros en un camino rural?¿Es necesario iluminar una catedral con 20 focos un martes de noviembre a las 5 de la mañana?

Aprovechad para mirar al cielo y disfrutad de Júpiter y sus satélites, de Orión, de Casiopea o de las Pléyades porque cada vez tendremos que ir a sitios más recónditos y alejados si queremos verlos. Por cierto, si ampliais la foto anterior, en línea con la "V" que dejan los dos pinos de la izquierda se puede ver a Aldebarán, la estrella más brillante y la única visible en estas condiciones de la constelación de Tauro y casi en el borde superior y prácticamente eclipsadas por la luz artificial se pueden observar a las Pléyades, un grupo de estrellas (la mayoría de los astrónomos no la considerán una constelación) que siempre me ha gustado. Según la mitología griega, las Pléyades son las hijas de Atlas y de Pleyone que fueron convertidas en estrellas por Zeus para protegerlas del guerrero Orión.