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lunes, 18 de enero de 2016

Somormujo cuellirrojo y muchas más aves por Santoña

Ayer, como todos los inviernos, volví a pasarme por las marismas de Santoña en compañía de mis amigos Jesús Menéndez, Germán Ibarra y Toño Lastra. Esta vez nos falló Jon Hidalgo, que estaba de salida marina desde Bermeo, donde no les fue nada mal. Otros años solíamos quedar a finales de año, pero debido a las inusuales condiciones meteorológicas, con un viento sur casi continuo y con temperaturas superiores a 20ºC durante casi todo diciembre, el estuario estaba prácticamente desierto y preferimos retrasar la salida unas semanas. Y no fue mala decisión, ya que con la llegada de los primeros frentes fríos del año, la marisma se llenó de aves, algunas muy poco comunes en los últimos inviernos.


Cuando llegué, Jesús y Germán ya habían localizado al Somormujo cuellirrojo (Podiceps grisigena) que ya lleva unos diez días por allí y que es una especie bastante rara, sobre todo últimamente. Eran las 9:30 de la mañana y aún hacía bastante frío y viento, lo que no parecía agradarnos mucho a ninguno. Unas horas más tarde, cuando calentó un poco y paró el viento, el somormujo entró en el puerto y se mostró mucho más confiado, moviéndose tranquilamente entre los pantalanes y dejándose fotografiar a placer por todos los que nos encontrábamos allí.


martes, 12 de mayo de 2015

Regreso a Monfragüe

Como todos los años por estas fechas, el pasado fin de semana me bajé hasta el Parque Nacional de Monfragüe y cambié por unos días el olor de la mar por el olor de las jaras. En poco mas de 4 horas de viaje ya estaba en la Portilla del Tietar, donde decenas de Buitres leonados descansaban en las rocas que caían sobre el río como gárgolas en una catedral gótica. A escasos metros de las rocas, en una encina que se recortaba contra el cielo, la pareja de Águilas imperiales que tienen aquí su territorio habían decidido instalar su nido. Decenas de curiosos enfocaban sus telescopios hacia allí para ver como la hembra protegía a su único pollo de los rayos del sol. El pequeño aguilucho, de color blanco inmaculado asomaba de vez en cuando entre las hojas ajeno a todo el revuelo.


El sol pegaba fuerte a esas horas de la tarde y no fue hasta la mañana siguiente, poco después de amanecer, cuando pude ver a la pareja de águilas con la mejor luz del día. La hembra salió a estirar las alas y voló ante nosotros para volver a posarse de nuevo en el nido. Unos metros más allá, en el acantilado, un búho real había llegado minutos antes para posarse junto a sus dos pollos ya crecidos.


Unos cientos de metros más lejos, una hembra de alimoche incubaba sus huevos en una pequeña cueva en la que apenas cabía. Ya llevan varios años criando allí, pero la cigüeña negra que nidificaba a escasos metros ya no estaba, hace unos años que ha cambiado de sitio, desplazada por una pareja de buitres.

En Monfragüe siempre hay algo que ver, la densidad de aves rapaces es tan alta que es raro encontrar un cachito de cielo en el que no encontremos alguna. Y sobre todo para los que venimos del norte, donde prácticamente todas las rapaces que vemos volar sobre nuestras cabezas son ratoneros comunes, nos llama la atención la enorme variedad de especies: buitres negros y leonados, alimoches, águilas imperiales, culebreras, calzadas, milanos y si hay suerte alguna de las águilas perdiceras, que cada vez más amenazadas en la Península Ibérica, aún se pueden encontrar con relativa facilidad en Monfragüe.


El monte aún estaba verde por las últimas lluvias, pero en un par de semanas se habrá agostado y tomará el color amarillo y ocre del verano. Entre las jaras, muchas de las cuales aún conservaban las flores, los ciervos se guardaban del calor esperando a a la tarde para salir a los claros. En Monfragüe no tienen grandes depredadores que controlen su población y tanto ciervos como corzos se muestran muy confiados, sabiendo que tienen pocos peligros que los amenacen.


La visita obligada al Salto del Gitano, sin duda el observatorio ornitológico más conocido de España, nos deparó una sorpresa. A la larga lista de especies que han elegido estos impresionantes cortados sobre el Tajo para nidificar se les ha unido una nueva especie. Una pareja de Garzas reales había construido su nido en una encina justo enfrente del mirador. Mas retrasadas que los buitres leonados, algunos de los cuales ya tenían pollos muy crecidos, las garzas aún no habían hecho la puesta y se encontraban en plena fase de apareamiento.


Cerca del nido de las garzas se encontraba vacío el nido de las cigüeñas negras, sin duda el nido más visto y fotografiado de esta especie, no solo en el parque nacional sino en toda la Península. Hace unos años una pareja de buitres leonados las echó de su casa y se tuvieron que buscar un nuevo sitio en una roca sobre al agua a pocos metros de allí.


En estos cortados el año pasado anidaban 3 parejas de esta especie, pero este año solo hemos visto dos nidos, en los que aún no habían eclosionado los pollos. Al igual que ocurre con otras especies del parque, seguramente no haya un lugar mejor para ver a las cigüeñas negras que éste. Con un poco de suerte, en uno de los viajes que hacen al nido nos llegarán a pasar justo por debajo de nosotros, dejándonos imágenes que no solemos ver casi nunca.


Además de las "aves grandes" multitud de otras especies habituales en la zona también se dejaron ver. El infatigable roquero solitario cantaba sin descanso posándose a menudo en las rocas cercanas y junto a él, herrerillos, carboneros, colirrojos tizones y escribanos montesinos también se mostraban confiados posándose en ocasiones a menos de un metro de nosotros. Los aviones roqueros y las golondrinas dáuricas también volaban en círculos ante nuestros ojos, posándose de vez en cuando en las rocas donde habían construido sus nidos. Me entretuve con las golondrinas un buen rato, tratando de sacarles una foto, lo que no resultaba nada fácil ya que aparte de su pequeño tamaño en comparación con sus vecinos, se movían mucho más rápido, siendo casi imposible no solo hacerles una foto sino incluso llegar a encuadrarlos. Finalmente conseguí salvar un par de imágenes decentes.


Estos hirundínidos, al contrario que las golondrinas comunes no aprovechan las casas humanas para construir sus nidos y prefieren los cortados rocosos, aunque no le hacen ascos a otras construcciones como viaductos o túneles.

Pero además de aves, en Monfragüe también hay una buena variedad de anfibios y reptiles. Aunque esta vez muchas de las que especies que vimos otros años, como la culebra de herradura o la de escalera, no se dejaron ver y a pesar de que la víbora hocicuda sigue siendo una asignatura pendiente, algunas especies como la lagartija colilarga, el lagarto ocelado o el galápago leproso, si aparecieron.


Hace casi 30 años que visité Monfragüe por primera vez y desde entonces muchas cosas han cambiado. En esa primera visita este espacio era "sólo" un Parque Natural y no había prácticamente infraestructuras para los visitantes. Se podía acampar libremente cerca de Villarreal de San Carlos y no había las aglomeraciones que se encuentran ahora. A partir de 2007 Monfragüe se convirtió en  el decimocuarto Parque Nacional de España. Esta nueva catalogación ha servido para aumentar su protección, aunque con la nueva ley de Parques Nacionales aprobada recientemente por el actual gobierno no se sabe muy bien, como afectará.

Después de tres intensos días en los que compartimos excursiones, cenas y risas con mis amigos de la asociación Ardeidas, que nos llevan invitando desde hace tiempo a estas quedadas, llegaba la hora de marcharse. Todavía nos quedaba tiempo para hacer una última visita a las águilas imperiales antes de irnos. 

Hay sitios a los que siempre apetece volver, y Monfragüe es uno de ellos.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

miércoles, 14 de mayo de 2014

Fin de semana en Monfragüe con Ardeidas


Hay algunos lugares a los uno no se cansa de volver y por los que no parece pasar el tiempo. Hace 30 años que visité Monfragüe por primera vez, coincidiendo con la última visita del cometa Halley, al que pudimos ver desde la entrada de la tienda de campaña en una noche de la semana santa de 1984. Han cambiado muchas cosas desde entonces, como la declaración de este espacio como Parque Nacional en 2007, con lo que se consiguió definitivamente el grado de protección que este espacio merecía por derecho propio. 


Incomprensiblemente, el giro dado en los últimos meses a la gestión de los Parques Nacionales, permitiendo cacerías en su interior y autorizando algunos usos turísticos prohibidos hasta ahora, ha vuelto a poner de manifiesto el verdadero interés de los políticos en la conservación de la naturaleza y su ignorancia sobre lo que significa el Medio Ambiente.


Desde esa primera visita, he vuelto a Monfragüe en muchas ocasiones, en algunas incluso me he desviado de mi ruta para estar sólo una hora asomado al Salto del Gitano antes de seguir viaje. Para alguien del norte, viajar a Extremadura, y a Monfragüe en particular, es algo muy especial. La vegetación es completamente diferente, el olor de las jaras, las encinas y alcornoques, y la fauna, sobre todo las aves, pero también los anfibios y los reptiles, hacen que nos parezca que hemos cambiado de país e incluso de continente.


Además de estas visitas particulares, desde hace 4 años, nuestros amigos de la asociación Ardeidas, seguramente la asociación ornitológica y conservacionista más importante de Castilla la Mancha, con sede en Talavera de la Reina, nos invitan a pasar un fin de semana con ellos en este lugar mágico, y el pasado fin de semana acudimos a la cita con más ganas que nunca. Hace un año no pudimos bajar por un asunto personal y ya teníamos muchas ganas verlos, aunque fuera solo un par de días. Es un auténtico lujo sentirse como uno más entre ellos, ver y disfrutar de Monfragüe y compartir mesa, risas y conversaciones con un grupo de amigos de todas las edades, que sienten la misma pasión que nosotros por la naturaleza.


Y hablar de Monfragüe es hablar de aves rapaces, no sólo por la variedad de especies, sino también por su densidad. Los buitres negros se dejaron ver a placer sobre la Portilla del Tietar, e incluso pudimos ver un nido en la copa de un pino desde el Salto del Gitano.


Y por supuesto la reina de las aves de Monfragüe, el Águila imperial ibérica (Aquila adalberti), que aunque se hizo de rogar, al final apareció sobrevolando la zona donde tenía su nido, y donde dos pequeños pollos asomaban la cabeza de vez en cuando entre las ramas de la encina donde se encontraban.


Los buitres leonados (Gyps fulvus) tienen en Monfragüe una de sus mayores colonias a nivel mundial, y pudimos verlos en casi todos los sitios. Desde el mirador del Salto del Gitano, en la mayoría de los nidos ya había pollos crecidos. Por el contrario, las cigüeñas negras (Ciconia nigra), que tienen un nido en la peña y otro en una isla del río, parecen estar mucho más atrasadas que en años pasados y mientras que una pareja estaba incubando la otra parecía que ni siquiera tenía huevos.


Los alimoches (Neophron percnopterus) tampoco fallaron a la cita, tanto en la Portilla del Tietar como en el Salto del Gitano. Sólo faltó el Quebrantahuesos para completar el pocker de buitres ibéricos y no hubiera sido raro verlo, ya que un ejemplar inmaduro apareció en este último lugar hace tan sólo un par de semanas.


Pero aparte de mirar para las aves, también aproveché para buscar otros animales que no veo el resto del año. Esta vez no tuve suerte con los reptiles, que no quisieron presentarse a pesar de mis esfuerzos por encontrarlos. Pero bajo una piedra me encontré con este escorpión (Buthus occitanus) que aunque muy común en el sur, es muy escaso o esta ausente en la mayoría de las zonas del norte peninsular. Así que aproveché para hacerle unas fotos y dejarlo tranquilo donde lo había encontrado.


En la charca que se encontraba a escasos metros de los chozos de Villarreal de San Carlos donde dormimos, las ranas se encontraban en plena actividad reproductora. Ranas verdes (Pelophylax perezi), Ranitas meridionales (Hyla meridionalis) y unos pocos Sapillos pintojos (Discoglossus galganoi) se juntaban para cantar poco después de anochecer, mientras por la orilla, una enorme hembra de Sapo común (Bufo spinosus) merodeaba en busca de comida. 

Tuvimos tiempo incluso de ver los satélites de Júpiter y los anillos de Saturno, a pesar de que la luna estaba casi llena. Muchos de los que allí estaban nunca los habían visto y se quedaron tan boquiabiertos como me quedé yo la primera vez que pude comprobar con mis propios ojos que esos anillos no eran sólo una ilustración en un libro, o una imagen de televisión, realmente se podían ver sin dificultad con un telescopio.


El fin de semana se acabó tan pronto que casi no nos dimos cuenta, y a la mañana del tercer día llegó la hora de las despedidas y de volver a casa. No quiero dejar esta entrada sin agradecer de nuevo a todos los miembros de Ardeidas los buenos momentos que pasamos juntos estos días. Muchas gracias por acoger a esta pequeña avanzadilla del norte, y ya sabéis donde encontrarnos cuando os apetezca cambiar las encinas por los hayedos y los acantilados marinos. Y a vosotros, Migue, Paloma, Jose y Conchi, un abrazo muy fuerte, nos vemos pronto.

LISTA DE ESPECIES OBSERVADAS.
Aves (46): Águila imperial, Buitre negro, Alimoche, Buitre leonado, Águila calzada, Milano negro, Ratonero común, Cernícalo común, Halcón peregrino, Cigüeña negra, Cigüeña blanca, Garza real, Perdiz roja, Triguero, Alondra común, Cogujada común, Pinzón común, Ruiseñor común, Collalba rubia, Escribano montesino, Estornino negro, Chotacabras gris, Alcaudón común, Carbonero común, Herrerillo común, Mito, Escribano montesino, Avión común, Golondrina común, Avión roquero, Vencejo común, Avión zapador, Chotacabras, Mirlo, Zorzal común, Gorrión común, Roquero solitario, Curruca capirotada, Paloma torcaz, Paloma bravía, Lavandera blanca, Lavandera cascadeña, Urraca, Rabilargo, Críalo, Cuervo común.
Mamíferos (2): zorro, ciervo
Anfibios (5): Rana verde, Ranita meridional, Sapillo pintojo, Sapo común, Tritón ibérico
Reptiles (4): Salamanquesa común, Galápago leproso, Lagartija colilarga

NOTA: haz click en las fotos para verlas a mayor tamaño

lunes, 17 de marzo de 2014

Los buitres que volaban sobre la mar


Hay sólo dos lugares en el mundo en los que se puede observar una imagen como la anterior, en la que un buitre leonado (Gyps fulvus) sobrevuela la superficie del mar acosado por una Gaviota patiamarilla (Larus michahellis). Uno se encuentra en la isla croata de Cres y el otro en el Monte Candina, en Cantabria, un macizo calizo de 483 metros de altura cuyas laderas y acantilados caen directamente sobre el Mar Cantábrico. En ambos lugares, los buitres han abandonado sus tradicionales riscos en las montañas para ubicar sus nidos en los acantilados marinos.

El miércoles pasado quedé con mis amigos Jesús Menéndez y Germán Ibarra para visitar esta zona única a la que le tenía ganas desde hacía años, pero siempre lo íbamos retrasando por falta de tiempo o porque la meteorología no acompañaba. Esta vez no había excusa, el tiempo era inmejorable y además tenía que hacer un viaje a Bilbao y me pillaba de camino. Y no podía tener unos guías mejores, ya que Germán, junto a su hermano Javi, habían sido de los primeros ornitólogos en visitar y censar la avifauna de este lugar privilegiado.


Aunque hay varias rutas para subir al Candina, puede que la más sencilla sea desde la localidad de Sonabia, desde donde se asciende por las dunas remontantes que parten desde la playa de Valdearenas. Una de las características geológicas de este sistema dunar es la existencia de cuatro estructuras dunares (primaria, secundaria, terciaria y rampante) muy diferentes entre sí, ya que se depositaron por distintos vientos. Pero tal como me comentó Jesús, un estudio reciente ha revelado que desde el punto de vista granulómetrico, las arenas de la duna rampante y las de la playa son de dos momentos geológicos muy diferentes, de ahí su gran singularidad. La estructura  básica de las dunas de la playa (primarias, secundarias y terciarias) son sedimentos del periodo cuaternario mientras que los de la duna rampante tienen una composición que no se corresponde con las citadas del cuaternario sino que son mucho más antiguas, y han sido originadas por transporte en un tiempo geológico en el que las aguas estaban más bajas, en las que la orilla estaba a gran distancia de la actual, desconociéndose el origen de su formación.

Desde la playa se sube por un camino bastante tendido y suave que discurre por la duna rampante y que sido labrado tanto por los montañeros como por las cabras que pastan por la zona.


A medida que íbamos subiendo ya vimos a los primeros buitres volando sobre nosotros. Varias parejas anidan en las paredes calizas que se orientan hacia el este. Sus nidos se pueden ver cómodamente desde el chiringuito playero reformado en observatorio que está cerca del aparcamiento de la playa. Pero nuestro mayor interés era ver a los que habían elegido los acantilados marinos para criar, y para verlos había que seguir subiendo un poco más.


A unos 150 metros para la cima, nos sentamos en el borde del acantilado para admirar las vistas del monte Buciero, en la desembocadura del estuario del Río Asón, que forma parte del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.


Desde ese lugar se podían observar dos nidos de buitre pegados a la pared caliza en uno de los cuales un pollo de pocos días era protegido por uno de sus padres. Solo con girar la cabeza teníamos la sensación de viajar en el tiempo y en el espacio, ya que mientras a un lado la imagen era la típica de la alta montaña, hacia el otro se veían bandos de gaviotas patiamarillas peleándose por los descartes de un pesquero mientras eran acosadas por un págalo grande, y un poco más lejos, dos araos comunes flotaban como corchos sumergiéndose cada poco para pescar. Al enfocar los prismáticos hacia el horizonte se veían pasar los alcatraces y a lo lejos, un águila pescadora volaba camino de su nido en el norte de Europa.

A pesar de que el sol ya brillaba desde hacía un par de horas, no hacía demasiado calor y aún no se habían formado las corrientes térmicas que muchas aves aprovechan para coger altura, y la imagen que esperábamos, la de los buitres volando sobre la mar se estaba haciendo de rogar.


No tuvimos que esperar mucho tiempo para que aparecieran los primeros, algunos salían de sus nidos después de pasar la noche en ellos y otros llegaban, probablemente con el buche lleno de comida para alimentar a los pollos. Y tras los buitres, las gaviotas, que ya se encuentran acotando los territorios de cría y no dudan en acosar a cualquiera que se acerque por las proximidades, aunque tenga más de dos metros y medio de envergadura.


Algunos buitres aparecían repentinamente detrás del monte y volaban durante unos instantes sobre la superficie de la mar para girar como grandes aviones comerciales, plegar las alas y sacar los trenes de aterrizaje para entrar directamente a los nidos. Aunque desde la posición en la que estábamos no podíamos ver el lugar exacto donde se ubicaban, siguiendo su trayectoria se interpretaban sin dificultad que estaban en los cortados marinos que caían verticales sobre la mar, a no demasiados metros de la superficie, lo que los hacía únicos.

Esta ubicación de los nidos es la responsable de que todos los años algún pollo de buitre se caiga al agua durante sus primeros vuelos y tenga que ser rescatado por algún pesquero o por las patrullas de salvamento marítimo. Si llegan a tiempo no hay ningún problema, ya que una vez seco y después de pasado el susto es capaz de remontar el vuelo sin problemas.


Ya era la hora de bajar y volviendo sobre nuestros pasos nos dirigimos de nuevo hacia la playa. Los buitres seguían volando sobre nosotros y una pareja de halcón peregrino pasó varias veces a nuestro lado, gritando continuamente. Las vistas desde aquí eran espectaculares; hacia el oeste se apreciaba perfectamente el perfil irregular de este tramo de costa, formado por pequeños acantilados, numerosas calas y pequeños islotes y al fondo el cabo Cebollero, también conocido como la ballena.


Una vez que llegamos a la playa cogimos el coche para ver el monte Candina desde otra perspectiva, esta vez desde la playa de San Julián, al oeste. Desde aquí se puede observar el monte aún más impresionante, divisándose perfectamente los acantilados verticales en donde los cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis) y los buitres comparten las repisas para nidificar.

Milano negro volando sobre la playa

Pero el monte Candina no es sólo especial por su colonia de Buitre leonado, que con sus más de 100 parejas nidificantes es la más numerosa de Cantabria. En sus laderas se reproducen otras muchas aves características de los cortados rocosos de media y alta montaña. Y no sólo están presentes, sino que algunas alcanzan en esta zona relativamente pequeña unas densidades inusitadamente altas. Entre estas aves destacan 4 parejas de alimoche (Neophron percnopterus), 4 de Halcón peregrino (Falco peregrinus), que es una de las mayores densidades a nivel mundial,  1 de Águila culebrera (Circaetus gallicus), 1-2 de Águila calzada (Hieraaetus pennatus) y varias parejas de Milano negro (Milvus migrans). Aparte de las rapaces, las dos especies de chovas, la Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y la Chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus), también nidifican aquí, siendo para esta última especie el único lugar costero de nidificación en la Península Ibérica y el que está situado a menor altitud. También se pueden observar las dos especies de roqueros, el rojo (Monticola saxatilis) y el solitario (Monticola solitarius) y una gran cantidad de pequeños paseriformes.

En cualquier lugar del mundo, un lugar como este gozaría de la máxima figura de protección, pero sorprendentemente, el Monte Candina sólo está incluido en el L.I.C Río Agüera, lo que no lo protege en absoluto. La zona esta sometida a una gran presión humana, sobre todo turística y en estos momentos a cualquier empresa se le podría ocurrir abrir una cantera en las mismas laderas del monte y no encontraría demasiados impedimentos.

Como comentaba al principio, solo hay otro lugar en el mundo como este, pero mientras en la Isla de Cres, su colonia de buitres marinos goza de la máxima protección y actualmente cuenta con un importante proyecto de conservación y voluntariado, el monte Candina tiene un futuro preocupante e incierto y no parece que las autoridades competentes estén dispuestas a hacer algo para remediarlo.

Jesús y Germán, muchas gracias por la visita y todo lo que aprendí con vosotros ese día.

NOTA: haced click en las fotos si las queréis ver a mayor tamaño.

martes, 18 de febrero de 2014

Invierno y gatos monteses en las montañas de Laciana

Ayer por la tarde me acerqué hasta los valles de Laciana a disfrutar un poco del invierno en la montaña. Después de varias semanas de mar y temporales me apetecía cambiar un poco de aires y pasar unas horas "al otro lado".

Los que vivimos en Asturies sabemos que cuando cruzamos el Negrón, es como si entráramos en otro mundo. En los cuatro kilómetros que atraviesan el macizo del mismo nombre se produce un cambio radical, no sólo en el paisaje sino también en las condiciones meteorológicas. Si venimos del sur, lo normal es que a mitad del túnel veamos los primeros carteles luminosos que nos avisan de la presencia de niebla y lluvia y al salir nos damos de golpe con empinadas laderas tapizadas de hayedos cubiertos por la niebla. Si hacemos el viaje inverso suele pasar lo contrario, la niebla y la lluvia dan paso al cielo azul y despejado y las hayas desaparecen para transformarse en montañas ralas con parches de vegetación alpina, melojos y sabinas.

Pero ayer se había invertido la situación. La temperatura al salir de Uvieo era de unos agradables 15ºC y brillaba el sol, pero al cruzar el Negrón, la temperatura descendió bruscamente hasta los 2ºC, la niebla se pegaba a las montañas y nevaba suavemente. Los días de viento sur todo se vuelve del revés.


Había quedado con Héctor Ruiz para vernos y dar una vuelta por "sus montañas". Al primer sitio que fuimos fue a la espectacular cascada de Lumajo, que debido a las fuertes lluvias del invierno bajaba a tope de agua. Esta es la mejor época para visitarla, ya que aparte de la gran cantidad de agua, con la llegada de la primavera, las hojas de los árboles tapan el chorro,lo que impide disfrutarla como ahora.



La cascada está formada por dos saltos que juntan sus aguas en un torrente caudaloso antes de desembocar en el Río Sil. Mucha de la nieve que cubría las laderas hace unos días había desaparecido debido a las intensas lluvias, pero el frío de las noches aún mantenía congelada parte de la vegetación de los alrededores.

Después de la visita a la cascada intentamos probar suerte a ver si alguno de los vecinos de la zona se dejaba ver, eran las 4 de la tarde y estas horas antes de que oscurezca son muy buenas para ver carnívoros, que aprovechando que aun no ha comenzado a helar y el suelo todavía está blando, aprovechan para buscar ratas y ratones.


Pero lo que primero encontramos fue lo que menos esperábamos. En un prado al lado de la carretera vimos el cuerpo de un animal que al principio no supimos identificar. Al acercarnos comprobamos que se trataba del cadáver de una nutria joven parcialmente depredada. El río estaba lejos y probablemente se hubiera metido en el prado encharcado en busca de anfibios cuando encontró la muerte. No tenía señales de haber sido atropellada y todo indicaba que había sido atacada y parcialmente comida por un depredador.


Había empezado a nevar con más fuerza a medida que íbamos ganando altura, y en un prado cercano vimos un corzo que se fue corriendo nada más darse cuenta de nuestra presencia. Poco más adelante, a escasos metros del coche, un zorro (Vulpes vulpes) buscaba ratas toperas (Arvicola sherman) en un prado libre de nieve, que delataban su presencia por los abundantes montones de tierra que se encontraban dispersos entre la hierba. El pelaje de invierno del zorro, denso y tupido, le protegía perfectamente del frío que no parecía molestarle en absoluto.

Pero los que conocemos a Héctor sabemos que hay una especie por la que siente una pasión especial y a la que dedica muchas de sus horas de campo. Una especie que a pesar de que tiene en esta zona de la cordillera cantábrica una de sus mejores poblaciones ibéricas, ha sido muy poco estudiada, contándose casi con los dedos de la mano los estudios realizados en la Península. Se trata del gato montes (Felis silvestris). Aunque ya había observado alguno con él en otras ocasiones, no perdía la esperanza de que hoy tuviéramos suerte y nos encontráramos con otro.


Y como si no quisiera faltar a la cita, mientras yo miraba hacia otro lado, Héctor paró el coche de repente y a su derecha ya había localizado a un macho en una zona donde él no lo había visto antes. Casi no me dio tiempo a reaccionar y busqué la cámara en el asiento de atrás mientras el gato nos miraba fijamente a escasos metros de nosotros. Al igual que el zorro, estaba en un prado buscando ratas toperas.


Después de unos minutos, el gato se levantó y se fue caminando lentamente hasta que lo perdimos de vista. Siempre es un placer ver a un animal tan esquivo como este. Después de este encuentro inesperado nos dirigimos a un prado a la orilla de un río que suele ser frecuentado como cazadero por esta especie. A las ratas toperas no les gustan los prados encharcados y prefieren aquellos que presentan una ligera pendiente que impide que el agua se acumule y anegue sus madrigueras. Y si las presas eligen estas zonas, sus depredadores también.

Al llegar al prado observamos una gran cantidad de montículos de tierra, que como me comentó Héctor, al contrario que los de los de los topos, no se disponen en líneas, sino que forman grupos arbitrarios por todo el prado. No había duda de que ese sitio era un buen cazadero, y no sólo para los gatos monteses, sino también para tejones y zorros, de los que había muchísimos rastros.

A pesar de que lo buscamos, el gato ya no estaba, solo quedaban sus excrementos frescos y sus huellas en la nieve. Seguramente ya habría cazado suficientes presas por ese día y se encontraría descansando en algún sitio cercano, probablemente observándonos a nosotros.

Ya eran las 6 de la tarde y empezaba a oscurecer. Aunque ya se nota que los días han crecido en las últimas semanas, aún estamos en pleno invierno y los días nublados la luz se va pronto y es difícil ver con claridad a partir de esa hora, así que para entrar en calor nos fuimos a tomar un chocolate caliente con frisuelos a un pueblo de Babia antes de despedirnos. No había estado nada mal, esta vez la suerte quiso que el día saliera mucho mejor de lo que esperábamos. Los que salimos al campo sabemos perfectamente que esto no es lo normal y que tratándose de especies tan esquivas como el gato montés, lo más frecuente es que te vuelvas a casa sin haberlo visto. De todas formas siempre es un gusto darse una vuelta por los valles de Babia y Laciana, y si es en buena compañía mucho mejor.

Si queréis conocer muchas más cosas sobre el gato salvaje, os recomiendo que visitéis la página del Proyecto Gato Montés, que han creado recientemente Héctor y Jorge Falagán, donde además de encontrar mucha información y disfrutar de unas fotos y unos vídeos increíbles, podéis aportar vuestros datos y observaciones para tratar de conocer un poco más a este animal tan especial.

Os recuerdo también que si queréis votar a Naturaleza Cantábrica para los Premios 20blogs, podéis hacerlo hasta el 3 de marzo siguiendo las instrucciones de este enlace.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño

viernes, 28 de mayo de 2010

Escapada a Monfragüe

El fin de semana del 21 al 23 de mayo nos escapamos de fin de semana al Parque Nacional de Monfragüe, invitados por nuestros amigos de la Asociación Ardeidas. Este espacio protegido se encuentra en la provincia de Cáceres y representa uno de los enclaves mejor conservados de bosque y matorral mediterráneo.

La Asociación Ardeidas, sin duda una de las asociaciones ornitológicas y conservacionistas más importantes de Castilla la Mancha, con sede en Talavera de la Reina, organiza desde hace varios años una salida a Monfragüe a la que suelen acudir un buen número de socios. En esta ocasión, Araceli y yo tuvimos la suerte de ser invitados por ellos a pasar unos días, durmiendo un par de noches en los chozos de Villarreal de San Carlos, que son restos de antiguas construcciones usadas por los ganaderos trashumantes y que han sido rehabilitados por el Parque Nacional.

Dehesa a la entrada de Monfragüe

Desde Asturies el viaje es mas llevadero de lo que podría parecer al ver el mapa, ya que la mayor parte de la Autovía de la Plata está terminada y desde Uvieo se llega en unas cinco horas. Al entrar en la provincia de Salamanca ya resultaba evidente que este año está siendo más lluvioso de lo normal, y que las lluvias del invierno y el principio de la primavera habían conseguido que el verde cubriera los campos y dehesas que a estas alturas del año ya deberían estar completamente amarillas. Aunque el pico de la floración ya ha pasado, muchas dehesas aun se encontraba completamente cubiertas de flores de todos los colores que les daban un aspecto impresionante.

Pareja de Cigüeñas negras (Ciconia nigra)

A los pocos kilómetros de tomar la carretera que une Plasencia y Navalmoral de la Mata nos desviamos hacia la carretera comarcal que nos llevó directos a la Portilla del Tietar, ya estábamos en Monfragüe. En este lugar se localiza uno de los puntos calientes del Parque, y nada mas parar el coche ya pudimos observar un Águila imperial (Aquila adalberti) y a un par de Cigüeñas negras (Ciconia nigra) volando sobre los cortados. Al menos 30 parejas de esta última especie nidifican en Monfragüe, lo que lo convierte en uno de sus mejores refugios, ya que sólo hay 900 parejas en toda Europa, de las que 200 se reproducen en Extremadura. Desde el mirador se puede observar uno de los nidos de las cigüeñas, un nido de Alimoche (Neophron percnopterus), varios nidos de Buitre leonado (Gyps fulvus) y si hay suerte el nido del Buho real (Bubo bubo), aunque nosotros no lo vimos y según nos comentaron después, este año no consiguió sacar adelante a los pollos que nacieron hace unos meses.

Poco después de esta visita relámpago a la Portilla del Tietar, donde nos encontramos con Miguel Angel y Paloma, nos dirigimos hacia Villarreal de San Carlos y a medio camino nos sorprendió un zorro (Vulpes vulpes) que estaba tan acostumbrado a la presencia humana que se acercó a nosotros solicitando comida sin asustarse en absoluto. En este caso se trataba de un ejemplar joven que después de que nos marcháramos siguió allí tumbado a la sombra esperando a que alguien más pasara a darle algo de comer.




Después de unos pocos kilómetros por una estrecha carretera llegamos a Villarreal de San Carlos, donde nos reunimos con parte del grupo y nos repartimos en los chozos, que tienen capacidad para que duerman unas 6 u 8 personas en literas de madera. A lo largo de la tarde fue apareciendo el resto del grupo y finalmente nos juntamos 29 personas con ganas de pegarnos unos buenos pateos por el monte y disfrutar de la fauna y la flora de éste lugar único.

Sentados a la puerta de "nuestro chozo"

La mañana del sábado nos levantamos temprano y después de desayunar comenzamos una ruta que sale desde Villarreal hasta el Cerro Gimio. A ambos lados del camino el suelo del bosque y el matorral estaba tapizado de flores, incluso las zonas que hace años estaban cubiertas de plantaciones de eucaliptos y que actualmente han sido arrancados y replantadas con encinas y alcornoques (vamos, igualito a lo que ocurre en Asturies).



A lo largo de la subida al cerro observamos gran cantidad de aves, destacando una pareja de cigüeñas negras y entre las rapaces los numerosos buitres leonados y un buitre negro (Aegypius monachus), mucho más escaso que su pariente, pero que en Monfragüe alcanza una de las mayores densidades poblacionales de la Península Ibérica, ya que se tienen controlados 250 nidos ocupados.

Buitre leonado (Gyps fulvus)



Una vez en la cumbre del Cerro Gimio pudimos disfrutar de una increíble panorámica de Monfragüe, ya que desde allí se ve perfectamente el Salto del Gitano y el Castillo de Monfragüe, así como gran parte del recorrido del Tajo y el Tietar.


Es suficiente con quedarse un rato sentado en este lugar para disfrutar del gran número y variedad de rapaces que se reproducen en la zona, ya que sin moverse podremos ver buitres leonados y negros, alimoches, milanos negros, águilas calzadas y culebreras y con suerte alguna perdicera o alguna imperial.

Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)

Cuando el calor empezaba a apretar emprendimos el regreso hacia Villarreal pero sin perder detalle de todo lo que se movía entre los matorrales y brezales. Además de una rica fauna ornitológica, en Monfragüe hay una gran densidad de otros animales, como anfibios y reptiles. Una muestra de estos últimos es la Lagartija colilarga (Psammodromus algirus), que es frecuente en las zonas de rocas desnudas a estas horas del día.


A la vuelta seguimos el camino de las pasarelas, que discurre paralelo al Arroyo Malvecino, un afluente del Tietar. A lo largo de todo el trayecto se aprecia una buena muestra de bosque de ribera, que este año se encuentra muy frondoso debido a las intensas lluvias que han elevado el nivel del cauce casi un metro sobre el nivel normal de ésta época.


En un descanso que hicimos durante el camino para refrescarnos encontramos a una preciosa culebra de escalera (Elaphe scalaris) que pacientemente se dejó fotografiar por nosotros antes de escapar trepando por las ramas de un árbol cercano. Una vez abandonado el camino del arroyo, el valle se abre y comienza la subida hacia el pueblo. En uno de los pequeños cortados arcillosos, varios abejarucos (Merops apiaster) habían construido sus nidos aunque probablemente aun no hayan realizado la puesta, ya que no se observaba mucha actividad en la colonia, a pesar de que varios de ellos volaban en las proximidades y se posaban en los cables de alta tensión que colgaban sobre nuestras cabezas.


En las zonas abiertas, sobre todo en los bordes de los caminos, aun se veían pequeños grupos de Amapolas (Papaver rhoeas), aunque el pico de la floración de esta especie ya ha pasado.


Milano negro (Milvus migrans)

Águila culebrera (Circaetus gallicus)

Sin lugar a dudas, las aves rapaces son las estrellas de este espacio protegido, sobre todo por la presencia de Buitres negros y Águilas imperiales, de todas formas, la rapaz más abundante y que observamos en cualquier momento y en cualquier lugar del parque es el Milano negro (Milvus migrans). Además de milanos tuvimos la suerte de ver varias Aguilas culebreras (Circaetus gallicus), que han llegado hace pocas semanas de África y en estos dias se encuentran realizando las paradas nupciales.

Pero si hubo una especie de ave de la que pudimos disfrutar a placer durante esos días fue la Cigüeña negra. Además de verla volando sobre nosotros en varias ocasiones, tuvimos la suerte de verlas en dos de sus nidos, que casualmente habían sido construdios a un par de metros sobre el agua del Tajo, y que tenían tres pollos en los dos casos.

Nido de cigüeña negra en el Puente del Cardenal

Nido de cigüeñas negras en el nuevo sitio del Salto del Gitano

Otra curiosidad es que este año, el tradicional nido del Salto del Gitano, con toda seguridad el nido de cigüeña negra más visitado de España, y que llevaba siendo ocupado ininterrumpidamente durante décadas, había sido usurpado por una pareja de Buitres leonados y las cigüeñas se tuvieron que construir un nuevo nido en una pequeña isla a pocos metros.


Dos vistas desde el Castillo de Monfragüe

Una visita obligada cuando se acude a Monfragüe es la subida al castillo, aunque sólo se conserva parte de la muralla original y de una de las torres, se puede subir a ella y desde allí se tienen las mejores vistas de todo el parque, desde los embalses del Tajo, hasta los montes de encinas y alcornoques y las dehesas. Además se puede disfrutar de la vista de numerosas rapaces con una perspectiva a la que no estamos acostumbrados, por encima de ellas.

A los pies del castillo se encuentra el Salto del Gitano, probablemente una de las mecas de la ornitología en España, ya que desde la misma carretera se ven a escasa distancia al menos dos nidos de cigüeña negra, la mayor buitrera del Parque, con 150 nidos de buitre leonado, un nido de halcón peregrino, un nido de buitre negro, un nido de Alimoche y con suerte una pareja de buho real. Además en los acantilados se reproducen numerosos paseriformes: aviones roqueros, golondrinas daúricas, escribanos y roqueros solitarios (Monticola solitarius), que tiene una gran querencia por las rocas situadas bajo el observatorio.

El Salto del Gitano

Alimoche (Neophron percnopterus)

Mirando los nidos

El fin de semana se estaba terminando, pero después de estos tres días y a pesar de que no era la primera vez que vistába Monfragüe, nos fuimos con mejor recuerdo que nunca. Nos encontrarnos con nuestros amigos Miguel Angel, Paloma, Jose Luis y Conchi  y además conocimos a un montón de gente encantadora con la que aparte de disfrutar del monte, los bichos y las plantas compartimos muchas conversaciones, comidas y sobremesas. Un abrazo y muchas gracias a todos, esperamos veros pronto, ya sea en Talavera, aquí en el norte, o en cualquier otro sitio.


Pero que bien se te da !!

Para terminar esta crónica, os cuelgo una lista a modo de resumen de las especies de aves, mamiferos, anfibios y reptiles, que observamos en estos 3 días, por orden de aparición (vistos y oídos), como en los créditos de las películas. Ah, y voy a usar los nombres de toda la vida, lo siento pero a mi los busardos, las aguilillas y las águilas-azores no me convencen.

AVES (53)
Buitre leonado, Avión roquero,  Águila imperial, Águila perdicera, Mito, Cigüeña negra, Gorrión común, Rabilargo, Tórtola turca, Buitre negro, Avión común, Abejaruco, Milano negro, Águila calzada, Golondrina común, Urraca, Alcaudón real, Triguero, Ruiseñor común, Golóndrina daúrica, Roquero solitario, Garza real, Mirlo común, Lavandera blanca, Águila culebrera, Verderón común, Ruiseñor bastardo, Oropéndola, Curruca rabilarga, Pinzón vulgar, Tórtola común, Gavilán, Mirlo acuático, Chochín, Curruca capirotada, Estornino negro, Alcaudón común, Cogujada común, Perdiz roja, Arrendajo común, Petirrojo, Chova piquirroja, Verdecillo, Vencejo común, Escribano montesino, Colirrojo tizón, Carbonero común, Cuervo, Alimoche, Agateador común, Cormorán grande, Chotacabras pardo, Gaviota reidora, Vencejo real.

MAMIFEROS (2)
Zorro, Ciervo

ANFIBIOS (4)
Sapo común, Rana verde ibérica, Ranita meridional, Gallipato.

REPTILES (7)
Salamanquesa común,  Lagartija ibérica, Culebra de herradura, Lagartija colilarga, Lagarto ocelado, Lagartija colirroja, Culebra de herradura.

Y no podía faltar la lista de todos los que nos reúnimos a pasar estos días, todos miembros de Ardeidas, salvo Araceli y yo, y nuestra amiga Mónica que se unió al grupo el último día, espero que no se me olvide nadie.

Juanjo, Eugenio, Gloria, José Luis, Manolo, Yolanda, José Luis, Conchi, Ana, José Manuel, Angelines, Paco, Claudia, Alejandro, Gonzalo, Javi, Flora, Eva, Candela, Antonio, Nicolas, Richard, Iñaki, Ana, Mónica, Paloma, Miguel Angel, Araceli y David, ahh, y Jara y Kika.