Hace un par de semanas pude disfrutar, gracias a la invitación de David Gómez, de una jornada en los Hides de Calera, observando y fotografiando aves esteparias. Para alguien del norte, como yo, acostumbrado a los montes y a la mar, siempre es una sensación extraña ver el paisaje de las llanuras de cereal, los campos de barbecho y las colinas suaves y onduladas que se pierden en el horizonte.
A las 6 de la mañana ya estábamos en el hide, yo en el mío y mi amigo Miguel en el suyo, unos centenares de metros más lejos. Las avutardas son aves muy tímidas y asustadizas y cualquier ruido o movimiento sospechoso es suficiente para que levanten el vuelo y se marchen para no volver a aparecer en todo el día, así que para poder observarlas hay que entrar en el hide cuando aún no ha amanecido y salir cuando el sol se ponga de nuevo.
