martes, 29 de diciembre de 2015

Monte limpio, monte sucio

Con este título, "Monte limpio, monte sucio", se encabezaba un articulo aparecido en el diario La Nueva España el pasado 26 de diciembre, en el que el periodista de siglas E.G. nos resumía en dos imágenes y "con absoluta veracidad lo que estaba ocurriendo aquí". Supongo que se refiere el señor E.G. al motivo por el cual, desde el pasado sábado se ha calcinado gran parte del occidente asturiano. 

Como prueba irrefutable de sus afirmaciones, E.G. nos muestra dos fotografías que según él representan un bosque cuidado y otro dejado "al albur de la naturaleza" y quiero suponer, aunque en ningún momento lo menciona, que el bosque sucio se quema mientras que el limpio no.  


Lo primero que llama la atención es el concepto de limpieza y suciedad que tiene el autor, que a la vista de las imágenes, parece que equipara a orden y desorden, respectivamente, ya que en ninguna de las imágenes se aprecia suciedad alguna. entendida como inmundicia o porquería, normalmente de origen humano.


Con el fin de aclararle al señor E.G. el concepto de suciedad, le adjunto la anterior fotografía de uno de los múltiples vertederos ilegales que aún se pueden encontrar "aquí", en nuestros campos y montes y que están compuestos básicamente de neumáticos usados, compresas, envases multicolores, muebles viejos y demás residuos humanos.

Lo que el señor E.G. y mucha gente entiende por suciedad es cualquier tipo de vegetal que forme parte del sotobosque y el matorral, o sea, todo lo que no sean árboles. Conviene recordar, aunque ya resulta un poco cansino, que un bosque no es solo un montón de árboles, sino que un bosque es un ecosistema complejo, compuesto de árboles, arbustos, formaciones herbáceas, pero también madera muerta, microorganismos y numerosos animales. Esas formaciones vegetales no arbóreas son fundamentales para el mantenimiento de una fauna característica y ese sotobosque, suciedad según el autor del artículo, también aporta nutrientes y protección a las semillas de los árboles que permiten que el bosque se regenere y evolucione.

Bosque afortunadamente "dejado al albur de la naturaleza"

En segundo lugar llama la atención el concepto que tiene el autor de lo que es un "bosque", ilustrándonos con una imagen de una plantación de pinos, que podría sustituirse perfectamente por una plantación de berzas o de nabos, ya que su significado ecológico y económico es el mismo, eso si, "cuidada, mantenida, limpia, saneada", como una gallina sedosa del Japón. Como imagen de bosque sucio, o "monte sucio" como literalmente escribe el autor, nos adjunta una fotografía de un eucaliptal, que probablemente no esté en explotación porque tras unas pocas cortas ya no es rentable y se ha abandonado.

Las dos fotografías del artículo poco tienen que ver con un bosque, eso si, tienen que ver bastante con los incendios, y no precisamente por la supuesta suciedad que describe el autor, sino porque ambas especies son altamente inflamables, tanto por la presencia de resina en los pinos, como por la de alcoholes y aceites en los eucaliptos. No es de extrañar que la mayoría de los incendios tengan lugar en estas plantaciones, mientras que los bosques autóctonos maduros sufren menos (se puede leer un interesante artículo sobre el tema en este enlace).

Plantación "limpia" de eucaliptos ardiendo el pasado fin de semana. Foto: EFE

Confundir un bosque con una plantación es un error bastante común, y muchas veces interesado, así como equiparar un bosque a un jardín, en el que el ser humano se encarga de segar, podar, desinfectar. Aunque ya resulta tedioso y ya se ha repetido mil veces, ni una plantación es un bosque ni un bosque es un jardín.

En cuanto a la conclusión del señor E.G. de que ha dado con el origen de los incendios, hay que recordarle que el origen de los mismos es, en el 90% de los casos, un mechero y un individuo que lo enciende, y no un matorral que arde por arte de magia. La solución para evitar los incendios no es transformar los bosques en cuidadas plantaciones de pinos, sino en dejar de una vez de justificar las quemas y a los que las producen, así como reconsiderar la actual política forestal de la franja cantábrica, que se ha convertido en un monocultivo continuo de plantaciones de eucaliptos y pinos. Tampoco estaría mal que empezáramos a llamar a las cosas por su nombre, a los eucaliptales, plantaciones y a los incendiarios, delincuentes.
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