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lunes, 26 de febrero de 2018

Notas en un cuaderno sobre el último Quebrantahuesos de Cazorla

Hace unos días, haciendo limpieza en casa de mis padres, me encontré con un pequeño tesoro que creía perdido desde hacía mucho tiempo. En un cajón, escondido debajo de un montón de papeles, bolígrafos y llaveros, apareció uno de mis viejos cuadernos de campo, pero no uno cualquiera, uno muy especial. En ese cuaderno estaban anotadas mis observaciones desde febrero a octubre de 1984. Solo tenéis que restar para daros cuenta del tiempo que ha pasado desde entonces. Por aquella época, ni yo ni ninguno de mis amigos tenía coche, pero todos los sábados nos arreglábamos para ir a ver bichos en autobús o a dedo, aunque lloviera, nevara o hiciera sol. La mayoría de los días íbamos a sitios cerca de casa, a la ría de Avilés, al puerto de El Musel o a la campiña en los alrededores de Oviedo.

No necesitábamos ir más lejos, disfrutábamos con los petirrojos, con los mirlos, con los limícolas de la ría, con los colimbos del puerto de Gijón o los tritones y renacuajos de un bebedero de ganado en Pola de Siero.

También por aquella época empecé a fijarme en los cormoranes moñudos, esos bichos negros que criaban en los acantilados cerca de la casa de mis padres en Novellana y que visitaba cada vez que iba por allí.

Y lo anotaba todo en aquel cuaderno. Apuntaba lo que hacían, el tiempo que pasaban buceando, los cortejos y también hacía dibujos donde marcaba los nidos que iba localizando. Y curiosamente, al visitar ahora las colonias me fijo en que algunas parejas, evidentemente no las mismas, siguen usando los mismos sitios para criar, en algunas de las grietas que había pintado hace tantos años.

Pero cuando digo que este cuaderno era especial y distinto a los anteriores y a los que vinieron después, es porque en él están apuntadas todas las observaciones de la primera excursión ornitológica fuera de Asturias, más concretamente a la Sierra de Cazorla, en un campamento que organizaba ADENA y en el que conocí a muchos de los amigos que afortunadamente aún conservo a día de hoy.

sábado, 24 de febrero de 2018

Naturaleza Cantábrica en las Redes Sociales

Aunque muchos de vosotros ya lo sabéis, el blog Naturaleza Cantábrica tiene una página hermana en Facebook que lleva funcionando desde hace poco más de 4 años. Aunque me sigue gustando más publicar en el blog, porque permite desarrollar más los temas, la ventaja del Facebook es la inmediatez y la posibilidad de enlazar noticias y temas actuales con rapidez y sin necesidad de extenderse mucho, además de fotografías, videos y por supuesto los artículos que se van publicando en el blog. Asimismo también permite que vosotros podáis interactuar con más frecuencia comentando las noticias y los artículos, algo que en blog es menos frecuente debido a la menor frecuencia con la que se publican los artículos.

Hoy la página de Facebook de Naturaleza Cantábrica ha alcanzado los 10.000 me gusta y 10.095 seguidores, una cifra que ni me podía ni imaginar cuando empecé con ella, y menos para una página sobre medio ambiente, biología y conservación.


Si queréis visitar la página de Facebook, estáis todos invitados a participar y a comentar lo que queráis haciendo clic en este enlace. Y recordad que también podéis visitar la página de Vimeo donde podéis ver vídeos sobre naturaleza y la de 500px con varias galerías fotográficas.

Muchas gracias a todos

jueves, 22 de febrero de 2018

Adiós, Forges



domingo, 18 de febrero de 2018

Siguen los picogordos

No hay duda que éste está siendo el año de los Picogordos. Esta especie, el fringílido de mayor tamaño que aparece en la Península ibérica, no es muy abundante en la cornisa cantábrica, ni como reproductor ni como invernante, pero con cierta frecuencia se producen irrupciones en las que números elevados de estas aves aparecen de repente tras abandonar sus lugares de invernada habituales en el norte de Europa, normalmente debido a la escasez de alimento.


Desde finales de octubre del año pasado, se lleva produciendo un goteo continuo de observaciones en toda la Península ibérica y en Asturias, ya se han citado a estas alturas de año más de 1000 ejemplares en casi 200 localidades distintas.

sábado, 10 de febrero de 2018

Vete a ver la ballena

El 11 de octubre de 1895, el vapor Sultán se encontró una ballena muerta a 20 millas del puerto de Gijón y decidieron remolcarla hasta los muelles. Tras informar a las autoridades, estas resolvieron que el enorme animal fuera trasladado a una pequeña cala situada cerca de la playa del Rinconín, donde gracias al trabajo de varias parejas de bueyes y con la ayuda de la marea, quedó depositada en la orilla. 

Rorcual en Gijón (1895). Fotografía de Marcos Arguelles

Se trataba de un rorcual común de 21 metros de longitud y que tal como se narraba en el artículo publicado en el diario El Comercio el 15 de octubre de ese año, recogido en el blog Gijón en el Recuerdo, "convirtió la ería del Piles y las inmediaciones en donde se halla varada la ballena, en verdadera romería, con sus barracas y bailes correspondientes". Miles de personas se acercaron a ver el espectáculo del enorme cetáceo varado, y de los trabajos que se realizaron para extraer del cadáver más de 30 pipas de aceite y grasa (unos 12.000 litros), que eran muy estimadas tanto para uso doméstico como para la industria. 

martes, 6 de febrero de 2018

Gatos monteses en la nieve

El temporal de estos días está poniendo a prueba a muchos animales. Las intensas nevadas hacen que  se encuentren con grandes dificultades, no solo para aguantar las bajas temperaturas, sino también para encontrar alimento, ya que la hierba, los brotes tiernos o incluso las propias presas, se encuentran sepultadas bajo una gruesa capa de nieve congelada.


Los ciervos y corzos, con sus patas largas y finas no lo tienen nada fácil para desplazarse y para encontrar comida y muchos mueren en los años de grandes nevadas. Pero sus cadáveres no se desperdiciarán y servirán de alimento para los carnívoros y los carroñeros. Lobos, zorros, osos, buitres o águilas reales, entre otros, encontrarán en las víctimas del temporal el alimento que garantizará su supervivencia.

domingo, 4 de febrero de 2018

La historia de Nigel y su novia de cemento

Hace unos días se publicó una noticia en numerosos medios extranjeros que rápidamente corrió como la pólvora por las redes sociales: Nigel, el alcatraz solitario, se había muerto en la lejana isla de Mana, en Nueva Zelanda. Nigel era un Alcatraz de El Cabo (Morus capensis), un ave marina que habita en el hemisferio sur y que tiene sus colonias de cría más importantes en Sudáfrica y en Namibia. Esta especie es un pariente cercano del alcatraz atlántico que estamos acostumbrados a ver frente a nuestras costas durante las migraciones y que se reproduce en el Atlántico norte. 

El Alcatraz de El Cabo tiene actualmente una población estimada de 250.000 ejemplares, y aunque se ha reducido considerablemente en los últimos años, la muerte de uno de ellos no sería algo noticiable a no ser que se tratara de un animal diferente al resto. Y Nigel lo era.

Colonia de cría de Alcatraz de El Cabo

La población global de alcatraces de El Cabo ha sufrido un importante descenso en los últimos años, que según algunos ha significado una reducción del 50 al 79% en las últimas tres generaciones (BirdLife International, 2017), por lo que ha sido recientemente catalogado como En Peligro. Con el fin de revertir esta situación en muchos lugares de su área de distribución se están desarrollando proyectos de conservación que entre otras actuaciones tratan de favorecer la recolonización en islas donde estas aves han desaparecido. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Los lobos de La Culebra

En el noroeste de la provincia de Zamora, lindando con Sanabria y con la comarca de Trás-os-Montes, en Portugal, se encuentra la sierra de la Culebra. Esta sierra ha sido declarada como LIC y ha sido incluida en la Red Natura 2000 debido a la presencia de importantes comunidades vegetales como los brezales secos europeos o los Brezales húmedos atlánticos de zonas templadas de Erica ciliaris y Erica tetralix. A pesar de esto, la vegetación de La Culebra ha sufrido un paulatino proceso deforestador y repoblador, que ha sustituido los bosques de melojos, encinas, madroños y alcornoques por pinares, que se empezaron a plantar a mediados del siglo XX, cambiando completamente el paisaje de la sierra.


Pero además de esta riqueza botánica lo que más destaca de la Sierra de la Culebra, incluso a nivel internacional, es la presencia de una de las mejores poblaciones de lobos de la Unión Europea, junto con la del suroeste de Ourense, suroeste de León y noroeste portugués.

Y la presencia de lobos fue lo que me llevó de nuevo a La Culebra el fin de semana del 20 y 21 de enero pasados, en la segunda parte de un curso organizado por la Asociación Conservacionista La Manada. La primera parte se había impartido en el Centro de Educación ambiental La Dehesa, en Riópar, donde yo había acudido como ponente para hablar de las situaciones de conflicto con la fauna salvaje. En la segunda parte del curso se trataría el lobo desde el punto de vista biológico y de la conservación, así como su relación con el hombre, y en este caso fue impartido por Javier Talegón, de  la empresa Llobu: ecoturismo y medio ambiente.