sábado, 31 de octubre de 2015

Hayedos de otoño


Después de casi un mes encerrado en casa trabajando delante de la pantalla del ordenador, el cuerpo me pedía salir y desconectar. Hay veces, muchas, que necesito escaparme a la mar, escuchar el ruido de las olas y oler el salitre. Pero en esta época del año, durante unas pocas semanas, cuando el bosque se viste de otoño, no hay mejor lugar para perderse que un hayedo en la montaña.


Los hayedos son bosques limpios, casi como jardines ingleses. Al contrario que los robledales, en los hayedos apenas hay sotobosque, la disposición de las hojas y las ramas de las hayas apenas deja pasar la luz y son pocas las plantas que soportan esas condiciones de umbría durante gran parte del año.


Dentro de un par de semanas, los hayedos perderán su disfraz rojo y verde y se quedarán desnudos, pero solo será por un breve tiempo, pronto la nieve los cubrirá de blanco hasta que llegue la próxima primavera y vuelvan a despertar de nuevo.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño y con mejor calidad

jueves, 22 de octubre de 2015

Documental sobre las Salamandras de Oviedo

No es la primera vez que os hablo en este blog de las salamandras de Oviedo y seguramente no será la última. La historia de estos pequeños anfibios es tan sorprendente como interesante, no sólo por su biología, sino por todo lo que las rodea. La salamandra es un animal que aún hoy en día sigue despertando recelo y animadversión en muchas personas. Los mitos y leyendas que rodean a este animal nacieron en tiempos de Aristóteles y muchos de ellos, como su relación con el fuego, su comentada capacidad de envenenar fuentes y pozos  han perdurado hasta nuestros días, pese a ser completamente falsos.

Aunque ya sabíamos de la presencia de salamandras en Oviedo desde hacía mucho tiempo, desde que en 1928 el biólogo José Bernardez recogió unos ejemplares en los taludes de la estación del vasco y los envió a Alemania para que los clasificaran, no fue hasta hace unos pocos años cuando nos pusimos a trabajar en serio con ellas. 


Tras los primeros muestreos comprobamos que lejos de ser una especie rara en un ambiente aparentemente tan inhóspito como la ciudad, las salamandras eran muy abundantes y prácticamente no había apenas jardines o parques en los que no hubiera una población de esta especie. Tras siglos de urbanización, las salamandras habían sobrevivido al crecimiento urbano. Incluso dentro de las murallas del casco antiguo, entre las paredes de la catedral y del monasterio de las Pelayas, las salamandras habían llegado hasta nuestros días y se habían adaptado perfectamente a un hábitat muy distinto al que originalmente habían ocupado.

El hecho de que estas salamandras fueran capaces de parir crías completamente metamorfoseadas, que no necesitaban pasar por una fase acuática, como ocurre en la mayoría de las poblaciones de esta especie, habían contribuido sin duda a asegurar su supervivencia en la ciudad.

Hace unos meses, tras ponernos en contacto con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo para comentarles la historia de nuestras salamandras, surgió la posibilidad de realizar un documental en el que explicáramos la historia de estos increíbles animales y su relación con la ciudad. Y finalmente la idea a llegado a buen puerto y nos han concedido un proyecto para realizarlo con la productora Documentazul S.L., así que os puedo adelantar que dentro de unos meses estará listo y en abierto para que todos los podáis ver.

El guión ya está prácticamente terminado y aprovechando que el otoño es la época de máxima actividad de las salamandras ya hemos comenzado a grabar, tanto en exteriores como en estudio. Con el fin de obtener algunas escenas en las que resultaba necesario utilizar técnicas de aproximación hemos construido un pequeño estudio simulando un pequeño trocito de su hábitat.

Jorge Chachero haciendo el trabajo duro y el resultado sobre la mesa

El primer paso fue "cortar" un parche de prado, y ponerlo sobre una mesa de jardín. Las hojas y las flores de azafrán silvestre (Crocus sp.) le daban el toque otoñal que buscábamos. Solo faltaba completar el decorado con algunas piedras y llevarlo todo al estudio, donde sería más fácil controlar la iluminación.


Después de colocar unos focos y unos pantallas translúcidas para difuminar la luz y simular un ambiente de penumbra, comenzamos la grabación. No resulta sencillo, porque al trabajar con una iluminación tan suave y con objetivos macro, es muy normal que los "actores" se salgan del plano, por lo que lo mejor es dejarlos tranquilos y esperar a que sean ellos los que se comporten naturalmente.


Armados de paciencia y después de varias horas conseguimos los primeros planos de una de las hembras con dos de sus crías recién nacidas. Como podéis comprobar, las crías son réplicas en miniatura de los adultos y completamente independientes desde el momento del nacimiento.

Pero como ya he comentado, no todas las poblaciones de salamandra común paren crías completamente metamorfoseadas. En la mayoría de su área de distribución, incluso en muchas poblaciones cercanas a Oviedo, las salamandras paren larvas que necesitan pasar por una fase acuática antes de salir a tierra firme.


Estas larvas acuáticas, al igual que ocurre con las de otros anfibios urodelos, como los tritones, tienen branquias externas con las que son capaces de respirar el oxígeno disuelto en el agua. Asimismo, como podéis comprobar en los dos fotogramas anteriores, están muy poco pigmentadas. Después de un tiempo variable, que depende del estado de desarrollo en el que hayan nacido, las branquias se reabsorberán y abandonará el agua.

En los próximos días continuaremos con la grabación de exteriores. Ya os iré contando los progresos. 

viernes, 9 de octubre de 2015

Esos incómodos investigadores

Hace unos pocos días nos enterábamos de la fulminante destitución del director de la Estación Biológica de Doñana (EBD), Juan José Negro, por parte del presidente del CSIC. El motivo de esta destitución, según el CSIC, es la "pérdida de confianza", sobre todo por parte del propio presidente del CSIC, Eduardo Lora-Tamayo y del coordinador del CSIC en Andalucía, Miguel Ferrer.

Antes de nada convendría explicar como se nombran estos cargos, porque quizás eso ayude a entender esta decisión. El director de un instituto del CSIC, como la EBD se elige democráticamente por los miembros del claustro de dicho centro. Tal como explicaba el Dr. Negro en una reciente entrevista, en unas primeras elecciones los investigadores de plantilla del centro votan al candidato y una vez que se gana esa elección, se produce una nueva votación, esta ver por parte de la Junta del Instituto, formada por el personal investigador y el no investigador. Una vez ganadas ambas elecciones y una vez que se pronuncie el Comité Científico Asesor (formado por investigadores de prestigio) se comunica la decisión al presidente del CSIC que es el que hace formalmente el nombramiento. En resumidas cuentas, el director de un centro de este tipo se elige democráticamente entre el personal del centro, básicamente investigador.

En el caso del presidente del CSIC, ese cargo es nombrado a dedo por el gobierno, o sea, que es un cargo de confianza en este caso del Partido Popular, que es el que lo ha nombrado. Asimismo, el cargo de los delegados territoriales, también es nombrado a dedo por el presidente del CSIC. Resumiendo, son cargos políticos de confianza.

Después de estas explicaciones quizás se entienda mejor que la llamada "perdida de confianza" por parte de estos dos cargos políticos es sencillamente una pérdida de confianza por parte del gobierno que los nombró a dedo.

¿Pero que pudo ocasionar esa "perdida de confianza? 
Hace unos meses se convocó un concurso promovido por la junta de Andalucía para adjudicar los derechos mineros del yacimiento de Aznalcóllar, una explotación marcada por el desastre ecológico ocurrido el 25 de abril de 1998, cuando la rotura de la balsa de residuos de la multinacional sueca Boliden liberó al río Guadiamar, principal afluente de Doñana, seis hectómetros cúbicos de lodos tóxicos. Esta catástrofe ecológica, sin precedentes en España, quedó finalmente impune, y el Tribunal superior de justicia eximió a la empresa del pago de ningún tipo de indemnización.

Hace dos años, la Junta de Andalucía anunció un concurso internacional para reabrir la explotación de Aznalcóllar, que finalmente fue adjudicado en febrero de este año a la empresa  Minorbis, filial del Grupo Magtel. Días después de esta resolución, la empresa Emerita Resources que también se había presentado al concurso, denunció ante el Juzgado de Instrucción de Sevilla la posible prevaricación, cohecho y fraude en dicha adjudicación. 

Y al juicio que siguió a esta demanda, acudió como perito Juan José Negro, que declaró que la adjudicación contenía "errores de bulto", ya que apreció graves incorrecciones que hacían inviable los planes técnicos propuestos por la empresa Minorbis. entre otras cosas porque usaban datos que se habían inventado sin nombrar la fuente y que incluso había sumas con resultados incorrectos.

Aquí cavó su tumba el Dr. Negro. Había metido las narices en un asunto muy feo y había dado su opinión como experto, que por cierto era su obligación. No parece casual que una de las personas que decían haber perdido su confianza fuera el coordinador del CSIC en Andalucía, Miguel Ferrer, que a través de la Fundación Migres es asesor ambiental de la empres Minorbis. ni que el propio Miguel Ferrer, después de ser contratado por el Puerto de Sevilla intentara sustituir a Juan José Negro al frente de la EBD.

Paso de la romería de El Rocío por el PN de Doñana (foto EFE)

Pero que Juan José Negro era una persona incómoda para el gobierno y "otras instituciones" ya había quedado patente cuando en junio del año pasado se atrevió a criticar el estado en el que quedaba el Parque Nacional de Doñana después de cada romería de El Rocío. Al igual que en el caso de la adjudicación de la mina, el director de la EBD con estas declaraciones no hacía más que realizar su trabajo, ya que este instituto es el encargado de gestionar la Reserva Biológica de Doñana, un lugar de gran importancia ecológica donde solo pueden entrar 140 personas al día siguiendo unos itinerarios marcados y vigilados. Salvo durante la romería de El Rocio, cuando vale todo. Lo único que pedía era que no se usaran vehículos a motor, que se tirara la basura en contenedores y en resumen, que la gente fuera respetuosa ya que el PN de Doñana tiene el máximo nivel de protección. 

En una carta publicada hace un par de días y escrita por Miguel Delibes (director de la EBD entre 1988 y 1996), con el título Terremoto en Doñana (os recomiendo que la leáis y no os quedéis en el titular), explica muy sutilmente lo ocurrido estos días. Frases como "Me debo al gobierno que me ha nombrado", dicha por el director del CSIC cuando Delibes era director de la EBD lo dejan muy claro. Según comenta el propio Delibes en su carta, Juan José Negro "se ha hartado de Blancanieves y ha optado por cobrarse su corazón".

No es un caso aislado
Aunque el caso de la destitución del Dr. Negro como director de la EBD haya sido el caso más sonado de los últimos años, la presión que tienen que soportar los investigadores por parte de las altas esferas no son algo nuevo. Los investigadores son personajes incómodos, sobre todo cuando salen de sus laboratorios o se descuelgan los prismáticos y aparecen en público a exponer los datos de su trabajo y a dar su opinión, sobre todo si esa opinión no es del agrado de las grandes empresas, de la linea marcada por el partido del gobierno o incluso de la Iglesia.

No son pocas las ocasiones en que los investigadores han sido tachados de alarmistas, de agoreros y hablando en plata, de rompehuevos, por altos cargos de la administración. La sucesión de chistes, alusiones a parientes y descalificaciones hacia los investigadores que apoyándose en años de trabajo alertaban a las autoridades de los efectos del cambio climático, han sido frecuentes en los últimos años. El desprecio de la Administración hacia los científicos que estudiaron los efectos del vertido del Prestige fue tan escandaloso que ni siquiera se les consultó a la hora de abrir los caladeros tras la catástrofe. Se les tachó de interesados y de afán de protagonismo por exponer unos estudios en los que se se consideraba precipitada dicha apertura por el riesgo para la salud pública.

Los informes de los especialistas sobre los controles de depredadores, sobre repoblaciones y gestión piscícola, sobre los dragados de los ríos, sobre energía o sobre conservación de especies y espacios protegidos, muchas veces encargados por la propia Administración, se amontonan sobre las mesas de los cargos políticos y ni siquiera son tomados en cuenta para tomar decisiones. Son informes incómodos porque se basan en datos científicos y lo que interesa es satisfacer a los votantes, aunque las decisiones que se tomen sean erróneas (y ellos lo saben). No han sido pocos los cargos políticos que han calificado de cazasubvenciones, de "pseudocientíficos urbanitas" o de "vivir a cobijo de las universidades" a los investigadores que cuestionaban sus decisiones.

De los científicos se espera que estén y que no molesten. Que hagan sus cositas y que den lustre a la "Marca España", a pesar de los continuos recortes en las partidas destinadas a investigación que cada vez hacen más difícil su trabajo. Y sutilmente se les recuerda que ese dinero para investigación es escaso y que hay que ser bueno y dócil para que te toque algo. 

Y esas descalificaciones y desprecio hacia los investigadores por parte de la administración, desgraciadamente han ido calando en nuestra sociedad. Los investigadores son de los pocos profesionales que tienen que justificar continuamente el sueldo que reciben por hacer su trabajo. La idea de que los investigadores son cazasubvenciones o que lucran con proyectos de investigación ha llegado a un límite tan grotesco que parece asumido que un investigador debe trabajar exclusivamente por amor al arte. Parece que hace falta recordar que el dinero que se recibe en los proyectos de investigación no va al bolsillo del investigador, sino que se destina a los gastos generados por dicho proyecto y a pagar sueldos del personal contratado para ejecutarlo. Tampoco está de mas recordar que no son pocos los investigadores que acaban financiando gran parte de los gastos de sus investigaciones con su propio dinero. Ni tampoco debe olvidarse que el dinero invertido en investigación revierte en la sociedad, normalmente multiplicado por tres.

La forma en la que se ha producido la destitución del director de la EBD nos confirma lo mucho que nos queda para ponernos a la altura de otros países de nuestro entorno, donde la investigación es considerada como una pieza imprescindible para el desarrollo social, donde los investigadores son reconocidos y consultados para la toma de decisiones. La investigación y los organismos que la dirigen no deben estar supeditados a los intereses políticos de cada momento porque si lo sigue estando solo servirá para que pierda el rigor que se le supone.

NOTA: para evitar malentendidos quiero aclarar que en este post no valoro en ningún momento la actividad investigadora del Dr. Negro ni su labor como director de la EBD, simplemente comento la forma en la que se produjo su destitución y los acontecimientos que tuvieron lugar antes de que esta se produjera. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Berrea en el valle del Tietar

El pasado fin de semana, aprovechando que presentaba el libro en Talavera de la Reina, mi amigo Miguel Angel de la Cruz me invitó a ver la berrea desde un hide que tienen instalado desde hace años en una finca del Valle del Tietar, en las faldas de la sierra de Gredos. Yo siempre había disfrutado de este espectáculo en los montes de Asturies, donde los ciervos se escuchan más que se ven, donde aparecen furtivamente entre las escobas y helechos cuando refresca la tarde y abandonan el bosque. 


La berrea en las dehesas del centro y sur de la península ibérica no tienen nada que ver con la que estaba acostumbrado a ver en el norte. En los paisajes abiertos entre las encinas, los machos de ciervo pueden llegar a reunir harenes de varias decenas de hembras, algo insólito en las montañas del norte. La orografía de la cordillera y la menor densidad de animales no permiten estas aglomeraciones, como ocurre en las dehesas del centro y el sur.

Llegamos a la finca poco después de las cuatro de la tarde, con una temperatura muy alta para el mes de octubre que acaba de comenzar, aunque con alguna racha de viento que refrescaba el ambiente. La falta de lluvias y las altas temperaturas no eran las mejores condiciones para la berrea, pero poco después de bajarnos del coche ya escuchamos los primeros bramidos que hacían presagiar una buena tarde.


Poco después de meternos en el hide apareció el primer grupo de ciervos. Uno de los machos había reunido un grupo de unas 15 hembras y corría de un lado hacia otro intentando que no se dispersaran mientras expulsaba a otros competidores que intentaban acercarse.


De vez en cuando olfateaba a alguna de las hembras para comprobar si ya habían entrado en celo. No todas las hembras del harén entran en celo al mismo tiempo, por lo que deben ser "controladas" continuamente para poder aparearse con ellas en el momento adecuado. La duración de la berrea depende básicamente del celo de las hembras, si ellas están en buena condición y entran en celo a la vez, la berrea será corta, pero si hay alguna hembra en mala condición la berrea se alarga, y si la mayoría están mal, la berrea se retrasa.


Toda la dehesa era un continuo coro de bramidos, que eran producidos tanto por los grandes machos que monopolizaban las hembras como por los machos más jóvenes que trataban de ocupar su lugar. Este inconfundible sonido está dirigido sobre todo a otros machos, y tiene por objeto amedrentar a los rivales evitando de esa forma luchar con ellos continuamente. Algunos estudios han sugerido que la tasa de berridos por unidad de tiempo que emite un macho está relacionada con su fortaleza, por lo que puede ser una referencia para los rivales que les sirve para decidir retar o no a un oponente.


Pero cuando las fuerzas están igualadas y los bramidos son de una intensidad parecida, se producen las luchas, en las que los machos entrelazan sus cuernas y se empujan para medir sus fuerzas. La mayoría de estas peleas son incruentas y suelen terminar cuando uno de los machos, el más débil se retira del combate y se aleja.


Tras un par de semanas de berrea muchos machos se encuentran totalmente agotados y no es raro que se tumben a la sombra de las encinas para aliviarse del intenso calor. A pesar del cansancio, la tregua duró poco tiempo y el macho dominante se levantó a los pocos minutos para seguir con la frenética actividad de mantener unido al harén y perseguir a los rivales.


A medida que iba cayendo la tarde la intensidad de la berrea fue en aumento y tanto machos como hembras volvieron a salir al claro aprovechando el descenso de la temperatura. Y no solo los ciervos se dejaron ver, un grupo de jabalíes apareció entre las encinas y pasaron a pocos metros del hide donde seguíamos escondidos.


Tampoco se quiso perder la fiesta un zorro, que más lejos de nosotros se detuvo a comer algo que no logramos identificar. Poco a poco la luz fue haciéndose más tenue y aunque aún se podía ver perfectamente, ya teníamos que forzar las cámaras para captar las imágenes. Era hora de marcharse y mientras nos alejábamos en el coche, cuando ya solo se veía la luz de las estrellas, aún se seguían escuchando los bramidos de los venados. Seguramente durará un par de semanas más, hasta que las últimas hembras entren en celo y los machos, agotados tras el esfuerzo se retiren a descansar.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

jueves, 1 de octubre de 2015

Misiles, submarinos y piratas: diseños evolutivos

A lo largo de millones de años los animales han tenido que adaptarse a un ambiente cambiante y han competido entre ellos por los recursos. Esta competencia fue la responsable de que muchos animales que habían abandonado los mares y océanos para colonizar la tierra firme regresaran al agua para aprovechar unos nichos tróficos que hasta ese momento nadie ocupaba.

Al igual que un grupo de mamíferos con pezuñas y con una dieta carroñera empezó a internarse el el océano en el Eoceno superior para dar lugar a los actuales cetáceos, un grupo de aves terrestres evolucionaron desde el Mesozoico para dar lugar a las aves marinas.

Gaviota patiamarilla (Larus michaellis) en plumaje invernal

Los recientes análisis genéticos y paleontológicos parecen confirmar que todos los grupos actuales de aves marinas evolucionaron a partir de dos géneros de aspecto muy distinto: Ichtiornix y Hesperornix. Mientras que Ichtiornix guardaba un gran parecido con las actuales gaviotas, Hesperornix ya había perdido la mayoría de los huesos del ala y no tenía capacidad de volar pero era un gran buceador. 

Alcatraz atlantico adulto. Un dinosaurio volador

Casi todas las actuales aves marinas descienden de estos dos ancestros primitivos, y han seguido evolucionando desde entonces hasta nuestros días. Una gran cantidad de estos cambios, tanto morfológicos como fisiológicos han estado relacionados con la búsqueda de alimento y con la manera de conseguirlo. Todas las aves marinas son carnívoras, alimentándose sobre todo de peces, aunque muchas de ellas consumen krill o incluso medusas.

Alcatraz joven (Morus bassanus) en pleno picado

Pero la forma de capturar esos peces es muy variada. Mientras que algunas, como las gaviotas, se tienen que conformar con capturar el alimento en la superficie del agua, otras, como los alcatraces y los piqueros, se lanzan en picado desde las alturas a 100 km/h para sorprender a los peces. En el último momento pliegan las alas y entran en el agua como un misil para alcanzar varios metros de profundidad.


Otras, como los cormoranes, pescan persiguiendo a los peces bajo el agua. Para ello, primero introducen la cabeza en el agua mientras nadan hasta localizar a una posible presa. Una vez que la ven, dan un salto en la superficie y se sumergen para bucear tras ella hasta que la capturan, aunque es cierto que la muchos de esos intentos acaban en fracaso. Durante la inmersión, los cormoranes solo usan sus patas para desplazarse y su cola como timón. Las alas permanecen pegadas al cuerpo ya que no las necesitan para bucear. Esta "inutilidad" de las alas para la pesca ha hecho que una especie de esta familia, el cormorán áptero de las Galápagos (Phalacrocorax harrisi) haya acabado prescindiendo de ellas. 


Cuando un ancestro del cormorán áptero llegó al remoto archipiélago de Galápagos se encontró en un ambiente lleno de alimento en el que no había ningún depredador terrestre del que tener que huir volando. En esas condiciones y teniendo en cuenta que las alas no las necesitaba para pescar, esos apéndices resultaban solo un estorbo. A lo largo de miles de generaciones, los cormoranes que tenían alas más pequeñas resultaban más exitosos en la pesca y por lo tanto tenían un mayor éxito reproductivo. Actualmente, los comoranes de Galápagos tan solo tienen unas pequeñas alas no funcionales que seguramente acabaran perdiéndose completamente dentro de otras tantas generaciones.

Pero si hay una táctica que ha evolucionado en casi todos los grupos animales a la hora de conseguir el alimento esa es la piratería. ¿Por qué buscarte la comida si se la puedes robar al vecino? Y entre las aves marinas no podían faltar los piratas. Si en los mares tropicales son las fragatas las que roban el alimento a otras aves, en nuestros mares, son los págalos los que atemorizan y persiguen a otras aves marinas para que les entreguen sus capturas.


El págalo grande (Stercorarius skua) es el más grande y fuerte de todos los págalos, y acosa tanto a los pequeños charranes como a los grandes alcatraces. La estrategia de los págalos es perseguir a otras aves hasta que estas, agotadas y cansadas acaban soltando sus presas, tanto las que llevan en el pico como las que llevan dentro del buche. Pero además de piratas, los págalos grandes se comportan como auténticas aves de presa, pudiendo dar caza a aves más pequeñas o incluso de su mismo tamaño.

Págalo parásito (arriba) y págalo pomarino acosando a una gaviota patiamarilla (abajo)

Además de los págalos grandes, otras tres especies de págalos pueden verse en nuestros mares: el págalo parásito (Stercorarius parasíticus), el págalo pomarino (Stercorarius pomarinus) y el págalo rabero (Stercorarius longicaudus). Estas tres especies, de menor tamaño que el skua, son también mucho más ágiles y son capaces de hacer quiebros en el aire con mayor destreza que su pariente.


Pero la paciencia tiene un límite y no son pocas las ocasiones en que se cambian las tornas y los ataques de los págalos acaban volviéndose en su contra, siendo sus potenciales presas las que acaban persiguiéndolos a ellos para quitárselos de encima.


Aparte de los especialistas en piratería, otras muchas aves pueden convertirse en piratas esporádicos si el hambre les aprieta. Incluso las pardelas, como pudimos observar hace unos días a varias millas de la costa asturiana pueden acosar y perseguir a las gaviotas para conseguir un poco de pescado.

Misiles, nadadores, buceadores y piratas han sabido adaptarse al medio marino y sobrevivir hasta nuestros días, pero tal como comentaba en la entrada anterior, todos estos millones de años de evolución no han servido de nada para adaptarse a nosotros. En tan solo 60 años, las poblaciones de aves marinas en todo el mundo han caído más de un 70% y nosotros somos los responsables directos de su desaparición.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El ocaso global de las aves marinas

Las aves marinas han estado volando sobre la superficie de nuestros mares y océanos desde hace 60 millones de años. A lo largo de todo este tiempo, este grupo de aves compuesto por más de 300 especies se han adaptado a este medio hostil y han sobrevivido a temporales y catástrofes naturales de todo tipo. 


Pero todos estos millones de años de evolución no han servido para nada cuando se han tenido que enfrentar a la mayor amenaza que se podían esperar: nuestra especie. El ser humano en tan solo unas pocas décadas han convertido los océanos en un vertedero. Nuestra especie es una auténtica máquina de producir basura. Y el destino de gran parte de esa basura acaba finalmente en el mar, formando auténticas islas de plástico y todo tipo de residuos que en muchas ocasiones son consumidos por error por aves y mamíferos marinos al confundirlos con sus presas.


En algunas islas del Pacífico, como el atolón de Midway, se asienta una importante colonia de aves marinas formada por varios millones de ejemplares, entre las que destacan varios miles de parejas de Albatros de Lysan (Phoebastria immutabilis). La situación de este atolón hace que toneladas de plásticos acaben empujados por las corrientes hasta sus orillas. Todos los años, y tal como denunció el fotógrafo Chris Jordan en su proyecto Midway, una gran parte de los pollos de albatros nacidos en esta colonia mueren antes de abandonar el nido al haber ingerido estos plásticos con los que sus padres los ceban (os recomiendo que veáis el vídeo anterior para que tengáis una idea más clara del problema).


Además de la ingesta de plásticos, las aves marinas se encuentran gravemente amenazadas por otros muchos problemas, todos relacionados con nuestras actividades: sobrepesca, contaminación por hidrocarburos, muertes accidentales en aparejos de pesca, presencia de especies invasoras en las colonias de cría y un largo etcétera.

Las sospechas sobre los efectos de estas amenazas sobre las aves marinas se han visto confirmadas en el proyecto Sea Around Us Project, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de British Columbia y el Pew Charitable Trusts. En el marco de este proyecto, los investigadores analizaron las tendencias demográficas de 513 poblaciones de aves marinas que habían sido censadas en al menos 5 ocasiones. Aunque no se pudieron analizar todas las poblaciones de aves marinas del mundo, en el estudio se incluyeron todas las familias de aves marinas de las zonas más importantes para este grupo de animales.

Tendencia de la población de aves marinas monitorizadas en este estudio entre 1950 y 2010. La pérdida total de aves fue del 69,7% en estos 60 años. Las líneas discontinuas representan intervalos de confianza del 95%.

Los resultados obtenidos, y que recientemente han sido publicados en la revista Plos One incluso sorprendieron a los propios investigadores. Los datos confirmaron que la población global de aves marinas había descendido un 70% en los últimos 60 años, lo que representaba la muerte de más de 230 millones de animales. Y este descenso no afectaba solo a unas pocas especies sino que afectaba de manera indiscriminada a gran cantidad de familias en todo el mundo.

Charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis)

Aunque todas las familias de aves marinas se han visto afectadas, este declive está siendo especialmente alarmante para alguna de ellas, por ejemplo la familia de los charranes ha caído en un 85%, las fragatas un 81%, los petreles y las pardelas un 79%, y los albatros un 69%. Todo parece indicar que las especies que habitan en aguas abiertas están siendo más afectadas que las ligadas a ambientes más costeros, salvo el caso de los cormoranes, que según los datos de este estudio han descendido en un 73%.

Tal como ya he comentado varias veces en este blog, las causas del declive de las aves marinas se conocen desde hace tiempo, y este estudio no ha hecho más que confirmar que este declive esta siendo incluso más rápido de lo predecían algunos modelos. Y los remedios para minimizar este descenso también son conocidos. Sería necesario abordar de una vez el problema de las capturas accidentales en aparejos de pesca y el problema de la contaminación marina.

Es necesario que los gestores y políticos tomen conciencia de este problema y que actúen. En las últimas décadas hemos sido testigos de la extinción como reproductor de el Arao común y de la Gaviota tridáctila en las costas del Cantábrico y el Atlántico ibérico, el próximo en la lista es el Cormorán moñudo y si no se actúa ya quizás no lleguemos a tiempo para evitar que se una a ellos.

Referencias
Paleczny M, Hammill E, Karpouzi V & Pauly D (2015) Population Trend of the World’s Monitored Seabirds, 1950-2010. Plos One DOI: 10.1371/journal.pone.0129342.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Ya están aquí

Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Puntuales a su cita, como todos los otoños, las aves limícolas llegan a nuestras costas desde el lejano norte donde se reprodujeron. Muchos de los que llegan son jóvenes, que pocas semanas después de haber nacido en la tundra siberiana emprenden un viaje hacia el sur que llevará a algunos de ellos hasta las costas de África.


Seguramente sea la primera vez que ven seres humanos y por eso apenas huyen de nosotros. Sin hacernos demasiado caso, aunque mirándonos con el rabillo del ojo, por si acaso, buscan incansablemente comida entre la arena húmeda o entre las piedras de la orilla de un río costero. 

No tienen tiempo que perder, deben repostar para seguir viaje. Un viaje en el que cruzarán mares, montañas y ríos, pero no fronteras, porque las fronteras son un invento humano que las aves no entienden.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El último grito del cormorán


Hace ya unos cuantos meses que estoy trabajando en un proyecto para evaluar el impacto de la captura accidental de los aparejos de pesca sobre las poblaciones de cormorán moñudo en el Cantábrico y el Atlántico gallego.

Durante estos meses he recopilado la información disponible sobre muertes accidentales y también nos hemos recorrido la costa para comprobar donde se solapan las zonas de alimentación con las zonas de pesca de los moñudos.

A la espera de los resultados definitivos, los resultados confirman lo que sospechábamos desde hace tiempo. La mayoría de las muertes se producen durante los meses que siguen a la independencia de los pollos, en ocasiones cuando tienen menos de 2 meses de edad. Seguramente su inexperiencia hace que sean más proclives a caer en los aparejos que las aves adultas, que ya sea porque usan otras áreas de alimentación o porque son capaces de reconocer las artes, mueren en menor número.


Las dos fotografías anteriores son los suficientemente explícitas para entender la magnitud del problema. Para entender porqué si no se hace algo, y rápido, vamos a ser testigos de la extinción de los cormoranes moñudos en nuestras costas, como hace pocos años lo fuimos de otra ave marina, el Arao común, por la misma razón.

Probablemente la falta de capturas de especies más comerciales ha llevado a muchos barcos a faenar cada vez más cerca de costa y buscar otras especies como los lábridos que antes tenían menos salida en el mercado. Actualmente, tanto en Asturias como en Galicia o Euskadi, la legislación es muy laxa (o incluso inexistente), acerca de las distancias de costa a las que se pueden largar los aparejos. Asimismo, los planes de manejo aprobados para esta especie, por ejemplo en Asturies, hacen una mención especial a la necesidad de crear unas zonas de protección alrededor de las colonias de cría, pero es evidente que ese plan de manejo no se está cumpliendo.

Dos cormoranes moñudos adultos ahogados en un miño a escasos metros de la colonia de Cabu Bustu, Asturies (abril de 2014)

Pero si los aparejos legales ya son un problema de enorme magnitud, en este estudio hemos confirmado la existencia de un nuevo problema que no esperábamos, la mortalidad en aparejos furtivos. Se trata de palangres de superficie que son marcados con botellas de agua transparentes para ser más difíciles de localizar por la guardería. Ya hemos confirmado más de 5 animales muertos en solo dos de estos palangres y hemos visto unos cuantos aparejos mas que no hemos podido comprobar.

Ojalá que los resultados de este proyecto puedan servir para detener esta sangría. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Que vienen las algas: crónica de una plaga inexistente

El verano ya toca a su fin y parece que este año la cosecha de terrores veraniegos ha sido más escasa y el protagonismo se lo ha llevado la ola de calor, que más que ola ha sido un tsunami, ya que ha durado casi dos meses, sobre todo en el centro y sur de la Península ibérica. 


Pero si hay una plaga de este verano que se termina que me ha llamado especialmente la atención ha sido la llamada "plaga de algas", que según parece indignó a los bañistas y veraneantes que visitaron la costa asturiana y gallega a finales de agosto, y que puso en pie de guerra a los ayuntamientos locales, que con tal de satisfacer al personal sacaron todo el armamento de palas e incluso de excavadoras para facilitar el acceso a los bañistas a la orilla del Cantábrico e impedir que sus delicados pies se mancharan.

Esta alarma infundada confirma de nuevo que nuestra sociedad cada vez se encuentra más separada de la naturaleza, a la que considera algo ajeno e incluso molesto, ya que se siente más cómoda rodeada de asfalto, humo y tráfico que de hierba, árboles y mar. Y debido a esto ya piensa que lo normal es una piscina azulejada y con el agua clorada y no una playa natural, con sus sus rocas, sus cangrejos y sus algas.

La arribazón de algas a las playas cantábricas es un fenómeno natural y que ha ocurrido siempre después de las marejadas estivales. Los pies de las algas se desprenden del fondo por la fuerza de las olas y cuando la mar se calma se depositan en las orillas. De hecho, lo realmente alarmante no fue la arribazón de algas de este verano sino su práctica ausencia durante los últimos años.


Las fotos anteriores son lo suficientemente explícitas para entender lo que ha pasado en la última década. Ambas fotografías, tomadas por Julio Arrontes, profesor de Ecología de la Universidad de Oviedo, han sido hechas en el mismo lugar de la Playa de Porcía (El Franco, Asturies), la superior en el año 2000 y la inferior en el año 2009. Tal como se puede observar, en tan solo 9 años, los bosques de laminarias que cubrían todo el pedrero habían desaparecido, y junto a ellas otras especies como el Fucus serratus y el Fucus vesiculosus. 

Pero la desaparición de las algas no ha supuesto tan sólo un cambio estético en las playas. Todas las especies asociadas a estos bosques de laminarias, sobre todo crustáceos y peces se han visto afectadas, tal como confirman los estudios realizados por la Universidad de Oviedo y el Centro de Experimentación Pesquera del Principado.

La desaparición del 95% de todos los bosques de laminarias en tan poco tiempo está relacionada con el aumento de las temperaturas de las aguas cantábricas como consecuencia del cambio climático. Las algas pardas son especies abundantes en latitudes septentrionales ya que la temperatura de crecimiento óptimo se encuentra entre los 15 y los 18ºC. Cuando las temperaturas superan esos límites, el crecimiento se reduce o incluso se detiene, por otra parte, la tolerancia térmica de estas algas es mucho más estricta durante el periodo en el que se fijan a las rocas, por lo que las temperaturas elevadas pueden reducir drásticamente el reclutamiento de nuevas algas y por consiguiente la regeneración de esos bosques marinos. 


En los últimos años, y tal como se puede observar en el gráfico anterior, elaborado por Judith Rojo y Julio Arrontes (Universidad de Oviedo), el número de mareas en las que la temperatura del agua superó los 20ºC aumento drásticamente, lo que ha dado lugar a unas condiciones ambientales intolerables para este tipo de algas.

Afortunadamente este año parece que los bosques de algas pardas se han recuperado un poco. Quizás se trate de un hecho puntual, quizás haya sido debido a que la temperatura del agua en el momento de la fijación de los propágulos ha sido más baja que en los últimos años. Quizás sea un canto del cisne antes de la desaparición de esos bosques que durante millones de años han cubierto los fondos del Cantábrico, porque el aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático sigue produciéndose con mayor rapidez que nunca, pero de todas formas, no deja de ser sorprendente que esta noticia en vez de ser un motivo de alegría sea un motivo de alarma y de preocupación.


Tal como comenté al principio, el fenómeno de la arribazón de algas a las playas no es algo extraño ni mucho menos una plaga y significa un auténtico maná para muchas especies, incluido el hombre, cuando este se consideraba una parte de la naturaleza y aprovechaba lo que ella le ofrecía. Desde siempre, los pueblos costeros han recogido esas algas para usarlas como abono y para venderlas, ya que con ellas se elaboran alimentos, cosméticos e incluso medicinas. Pero además del hombre, numerosas especies de animales encuentran su alimento entre las algas depositadas en la orilla. Innumerables especies de insectos, crustáceos y otros pequeños animales consumen estas algas contribuyendo de esta forma a su descomposición, y gran cantidad de peces y aves se alimentan de ellos, cerrando de esta manera el ciclo de los nutrientes.

No estaría mal recordarles a todos estos bañistas que protestan ante la presencia de algas que mucho antes de que el primer ser humano se untara de Nivea y plantara su sombrilla en la arena, otros animales visitaban las playas y se alimentaban en ellas. 

Y también habría que recordarles a las autoridades que antes de ceder a las presiones de estos colectivos deberían educar e informar, ya que al no hacerlo y gracias a nuestra desidia nos estamos convirtiendo a pasos agigantados en un rebaño de borregos, cada vez mas ignorantes, cada vez más estúpidos. Y cada vez más mansos. Aunque quizás sea eso lo que desean.