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lunes, 26 de agosto de 2013

Los grandes escarabajos del bosque

Cerambyx cerdo en un encinar de Potes

En los bosques de la Cordillera Cantábrica hay unos animales que aunque no tienen la espectacularidad de otras especies más carismáticas, como el oso o el urogallo, dependen como ellas de las masas forestales autóctonas, y son muy sensibles a los procesos de alteración de estos bosques, como la fragmentación del hábitat, las talas indiscriminadas o los incendios. Se trata de los grandes escarabajos forestales, y al igual que ocurre con el oso y el urogallo son especies protegidas, tanto por la legislación europea como por la española.


Una de las especies más conocidas de estos insectos es el Longicornio mayor o Gran capricornio (Cerambyx cerdo), que pertenece a la familia de los Cerambícidos y que puede alcanzar los 6 cm de longitud, caracterízándose por las largas antenas que pueden tener la misma longitud que el resto del cuerpo. Habita bosques maduros de encinas o robles, de cuya madera se alimentan las larvas, que pueden permanecer en ese estado durante 3 o 4 años. La fase adulta es muy breve y durante ella prácticamente no se alimentan, aunque pueden lamer la savia de algunos árboles o la fruta madura.

Macho de vacaloria (Lucanus cervus)

Otra de las especies de insectos forestales, y quizás la más conocida de todas ellas, es el Ciervo volante (Lucanus cervus) o vacaloria como la conocemos en Asturies. Las vacalorias también pueden alcanzar un gran tamaño, aunque las variabilidad entre individuos puede ser muy acusada. Los machos más grandes pueden llegar a los 9 cm y se caracterizan por sus enormes mandíbulas, que utilizan para luchar con otros machos por el derecho a aparearse. Las hembras son más pequeñas y sus mandíbulas no están desarrolladas como armas ofensivas.


La vacaloria pertenece a la familia de los Lucánidos, y al igual que en el caso de los Cerambícidos, sus larvas se alimentan de la madera en descomposición durante varios años antes de emerger como adultos. Durante las noches de finales de verano es frecuente ver a estos insectos acudir a las luces de las farolas o de las casas. Muchos de ellos ya se encuentran en las fases finales de su vida y aparecen muy débiles o moribundos. Esta especie, al igual que el Longicornio, se encuentra en regresión, lo que ha propiciado su inclusión en las listas de especies protegidas de España y de la Unión Europea.



Además de la destrucción del hábitat, una de las causas del declive de estas especies ha sido el coleccionismo, ya que muchos ejemplares son capturados todos los años por aficionados a la entomologia, llegando incluso a darse casos de venta ilegal de estos animales en el mercado negro. Este tipo de coleccionismo es ilegal aparte de ser completamente injustificado, por lo que lo mejor que podemos hacer es dejar a estos animales en el bosque para que sigan su vida y se reproduzcan, y que si queremos coleccionarlos, podemos hacerles unas fotografías.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

4 comentarios:


  1. Hola David,

    Más bien los definiría como coleccionistas sin ética ni cerebro que aficionados a nada.
    Esa gentuza no los aprecia en absoluto.

    Ni siquiera para hacer estudios genéticos es necesario sacrificar Ciervos volantes, p. ej. Se recogen muertos (atropellados que por desgracia abundan, o depredados) que no estén resecos ni parasitados. Desde hace dos años y los que me queden, colaboro recogiendo ex. para un estudio (Marcos Méndez), siguiendo un protocolo, y ni hablar de sacrificarlos. La confianza en el colaborador es la base.


    un abrazo, ángeles p.

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  2. Perdón,no me dí cuenta, se me ha escapao un insulto. Quiero decir, esa GENTE que se dedica a eso.

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  3. Hola Ángeles,
    Pues si, de hecho incluso si se quisieran hacer análisis genéticos de animales vivos es suficiente con una uña de una pata. No hace falta matarlos ni mucho menos.

    un abrazo

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  4. ¡No te quepa la menor duda!, al que vean se lo llevan o a los mas afortunados por lo menos lo trasladan, lo enseñan a niños y amiguetes y luego lo sueltan en cualquier seto despistando al pobre animal.
    Cualquier cosa menos morir lentamente pinchado en una alfiler. Ay, ay.

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