viernes, 31 de julio de 2009

Escarabajos cazadores


Normalmente se suele asociar la imagen de un depredador a la de un gran carnívoro sediento de sangre, que mata y devora todo lo que encuentra. Incluso en muchas ocasiones, gran parte de la población considera a los depredadores como animales malos y perversos que cazan sádicamente a dulces hervívoros que viven placenteramente sin hacerle daño a nadie.

Esta imagen, fomentada en muchas ocasiones por algunos documentales de escaso rigor científico dista mucho de la realidad. Como ya comenté en varias ocasiones en este mismo blog, los depredadores ni son sádicos ni son asesinos despiadados, simplemente se alimentan de carne en vez de comer vegetales, y son una pieza clave para la supervivencia del ecosistema en su conjunto. Sin ellos, y aunque pueda parecer paradójico, sus propias presas acabarían muriendo de inanición o de enfermedad al aumentar su número exponencialmente y agotar los recursos, produciendo una reacción en cadena que destruiría el ecosistema.

La imagen de los depredadores como animales de gran tamaño tampoco es cierta, ya que hay depredadores de todos los tamaños, incluso algunos microscópicos. Entre los insectos hay numerosas especies depredadoras, y unas de las que siempre me han llamado la atención son las Cicindelas, unos coleópteros de la familia de los Carábidos que son unos cazadores muy efectivos y voraces.

La Cicindela campestris es un pequeño coleóptero que mide entre 1,5 y 2 cm y que se suele encontrar en lindes de caminos, normalmente sobre superfices arenosas. Se trata de un cazador muy hábil, que se alimenta de otros insectos y sus larvas, de arañas y de ácaros. Sus mandíbulas son enormes en relación a su tamaño y le permiten atrapar y trocear a sus presas fácilmente. Para cazar patruyan su territorio, corriendo rápidamente y realizando pequeños vuelos lo que dificulta aun mas hacerles una foto decente.

miércoles, 29 de julio de 2009

El significado del canto de la rana

Coro de machos de rana cantando

Las ranas verdes ibéricas (Pelophylax perezi) es probablemente nuestra rana más ruidosa y que tiene una temporada de canto más prolongada. Desde hace varios meses ya empezaron a llegar a sus lugares de reproducción y aun durante finales de julio y gran parte de agosto, cuando la temperatura de las charcas donde se encuentran puede superar los 25 o 30ºC, los machos siguen cantando. Este canto tiene una doble función: atraer a las hembras y delimitar el territorio frente a otros machos.

Macho de Rana verde hinchando sus sacos bucales durante el canto

Durante el canto, los machos hinchan los dos sacos bucales que se encuentran situados a ambos lados de la cabeza, pudiendo emitir hasta cinco tipos de sonidos diferentes, que varían tanto en su duración como en la frecuencias de los mismos.

Macho dominante sometiendo a un macho subordinado

Los machos de Rana verde son muy agresivos con otros machos que entren en su territorio. Solo hace falta sentarse unos minutos en el borde de una charca poblada por estos anfibios para que podamos observar las escaramuzas entre ellos.

El pequeño territorio se delimita con el canto y mediante pequeños saltos que ponen de manifiesto la fuerza de cada macho. Por regla general, los machos más viejos y de mayor tamaño son los dominantes y mantienen a raya a los machos más pequeños. Si alguno entra en su territorio, el macho dominante se abalanzará sobre él aplastándolo y dejando claro su estatus. Por lo general estas demostraciones son suficientes para que el intruso abandone el territorio.

Pareja de Rana verde durante el amplexus

Los cantos y las escaramuzas territoriales tienen una sola meta, que es la de aparearse con las hembras. El canto de la Rana verde es un indicador honesto de la calidad del macho, y las hembras, al escoger a un macho por su canto, estarán eligiendo también a un buen padre para sus hijos.

lunes, 27 de julio de 2009

Plantas carnívoras


En un talud de la carretera que sube al Puerto de la Cubilla aparece un grupo e plantas de color verde intenso que no se parecen a las otras hierbas que tienen alrededor. El agua cae a chorro procedente de un manantial en la parte superior del talud empapando el sustrato donde se amontanan muchas de estas plantas. Sobre las hojas hay multitud de pequeños insectos que se encuentran pegados, en algunas hoja hay mas de 100, algunos de un tamaño bastante grande.

La planta es una Pinguicula grandiflora, una planta carnívora relativamente frecuente en Asturies y en el norte de La Península ibérica. Le gustan los lugares muy húmedos y con fiuerte inclinación, pudiendo encontrarse hasta los 2000 metros de altitud.

Cuando nos fijamos en las hojas vemos unos pequeños puntitos blancos que son unas glándulas encargadas de producir mucílago, que es una sustancia pegajosa a la cual se quedan adheridos los insectos cuando se posan en las hojas.



Los insectos una vez atrapados no tienen escapatoria, y serán lentamente digeridos por la planta gracias a los enzimas segregados por otras glándulas que se encuentran en la epidermis de la hoja.

Las flores, de color violeta y de unos 2 cm de longitud, aparecen entre abril y agosto, aunque la mayoría se producen al principio de la estación. La semana pasada, sólo una de las plantas que vi tenía flores

jueves, 23 de julio de 2009

Listas para volar


El sabado pasado, mientras cenábamos en el Bar el Rosal, en Samartín de Lluiña (Cuideiru), justo encima de la puerta de la cocina, los inquilinos de un nido de golondrinas (Hirundo rustica) descansaban tranquilamente ajenos al ajetreo de camareros y comensales.

Ya les quedan unos pocos días para volar y casi no caben en el nido. Mientras los mirábamos, ejercitaban los músculos de sus alas entre cabezada y cabezada. A las golondrinas les gusta hacer sus nidos en las construcciones humanas, probablemente porque allí se encuentran a salvo de muchos depredadores salvajes, aunque no de los domésticos, como gatos y perros.



A menos de un metro del nido, posados en el cable de la antena de televisión, sus padres dormían apaciblemente sin que pareciera importarles el alboroto del bar y a pesar de que ya eran mas de las 12 de la noche.

Dentro de menos de un mes, jóvenes y adultos abandonarán Asturies rumbo a África donde pasarán el invierno para regresar el año que viene, quizás a Samartín, quizás al Bar El Rosal.

miércoles, 22 de julio de 2009

El falso fósil del pedrero


Caminando entre las rocas del intermareal es relativamente frecuente encontrarse con unos dibujos con formas vegetales encima de las rocas. Aunque en un principio pueda parecer que estamos ante la imagen perfecta de una planta fosilizada, la realidad es que se trata de una "impresión fotográfica" que probablemente tenga tan sólo unos pocos días en vez de los millones de años que nos pudiera parecer.

Estas imágenes son el resultado de la degradación del alga Desmarestia aculeata (o de la Desmarestia ligulata, más rara en el Cantábrico) después de quedar expuesta a los rayos del sol en la marea baja. Estas algas tienen unas vesículas rellenas de ácido sulfúrico que cuando se calientan por el sol explotan, liberando el ácido que contienen. Este ácido matará cualquier resto animal o vegetal adherido a la roca y que se encuentre dentro del perímetro del alga. Posteriormente, al subir la marea, la mar arrastrará los restos de la Desmarestia dejando como recuerdo su imagen sobre la roca.


La presencia de ácido sulfúrico es una defensa química del alga para evitar la depredación por parte de crustaceos y equinodermos, como los erizos de mar. Las células de las Desmarestias contienen iones sulfato que al entrar en contacto con el agua de mar producen ácido sulfúrico. Ese ácido se acumula en unas vacuolas que cuando son perforadas por los fitófagos mientras se alimentan del alga, lo liberan, haciendo desistir a los hervíboros en futuros encuentros.

martes, 21 de julio de 2009

La mariposa Apolo


La mariposa Apolo (Parnassius apollo) es uno de los Lepidópteros más bonitos y espectaculares de nuestra fauna. Tiene un gran tamaño, ya que puede llegar a los 80 mm y unos ocelos rojos o anaranjados que destacan sobre el fondo blanco de las alas.

Esta mariposa es una especie característica de la alta montaña, pudiendo encontrarse a alturas superiores a los 2000 metros. La Apolo es una reliquia de la última glaciación, ya que al igual que ocurrió con otras muchas especies de nuestra fauna alpina, una vez que se retiraron los hielos hace unos 10000 años , muchos animales adaptados a climas fríos emigraron al norte y otros quedaron aislados en las zonas más altas de los sistemas montañosos.

Este aislamiento ha sido el responsable de los numerosos fenómenos de especiación que se han producido en esta especie, ya que casi cada montaña tiene su propia subespecie de Apolo, aislada de las demás por zonas subóptimas. Tan sólo en la Peninsula ibérica se han catalogado 23 subespecies diferentes.


El cambio climático y la paulatina subida de las temperaturas esta condenando a muchas especies alpinas a la extinción, entre ellas a la Apolo, y ya se han registrado varias extinciones locales de algunas poblaciones.

Además del cambio climático, la Parnassius apollo tiene otro enemigo: el coleccionismo. Esta es una de las especies, que debido a su relativa rareza y a lo aislado de muchas de sus poblaciones, ha llamado la atención de muchos coleccionistas aficionados que en ocasiones han llegado a acabar con poblaciones enteras.

Una alternativa mucho mejor que la de tener una de estas mariposas en una caja clavada con un alfiler, es intentar fotografiarla. Os aseguro que no es nada sencillo porque vuelan muy rápido y en ocasiones muy alto, y andar saltando entre las rocas de las laderas de Peña Ubiña con la cámara al hombro tiene su cosa.

sábado, 18 de julio de 2009

El que no llora no mama

Pollos de golondrina (Hirundo rustica) solicitando alimento cuando se acercan sus padres

Todos lo dichos populares, por regla general, tienen un fundamento real, y este no iba a ser menos. En la mayoría de los animales en los que se produce cuidado maternal (y paternal) las crías deben hacer notar a sus padres que tienen hambre y para ello deben emitir señales que ellos puedan comprender. Desde el más desvalido de todas las crías de mamífero, el ser humano, que llora cuando tiene hambre, hasta los pequeños paseriformes que pían insistentemente cuando se acercan sus padres.

Pollos de Chova piquigualda (Pyrrhocorax garrulus) ya emplumados solicitando alimento

Estos sonidos despiertan en los padres el llamado "instinto maternal" que al menos en los mamíferos se produce por la liberación al torrente sanguíneo de la hormona oxitocina tras el parto y que tiene picos de liberación a lo largo del periodo de cría. En el caso de las aves nidícolas, además de estos estímulos auditivos hay importantes estímulos visuales que incitan a los padres a cebar a los pollos. Estos, al poco de liberarse del cascarón empiezan a solicitar alimento, para ello abren el pico desproporcionadamente mostrando el paladar y el interior de la boca que tiene un color anaranjado o rojizo muy llamativo. Cuanto más abierto esté el pico y más intenso sea el color del interior, más fuerte será la respuesta de los padres para alimentarlo.


Pollos de Estonino negro (Sturnus unicolor). Se aprecia el desarrollo de las comisuras bucales

Durante este periodo, las comisuras del pico, que funcionan como bisagras, están muy desarrolladas y permiten al polluelo abrir la boca muchísimo más de lo que podrá hacer cuando sea adulto. Cuando la nidada está formada por varios pollos, los padres serán capaces de distinguir entre los pollos más hambrientos, a los que cebarán antes, de los pollos más saciados. Los que llevan mas tiempo sin comer abrirán más el pico, piarán más fuerte y levantarán más la cabeza que sus hermanos, de esta forma, al final todos los pollos tendrán su ración de alimento.

jueves, 16 de julio de 2009

Muerte en la charca II

Larva de Ditisco atrapando una Notonecta glauca

Con el calor del verano las charcas temporales van desapareciendo y es suficiente con una semana de sol y ausencia de lluvias para que las zonas humedas se conviertan en una superficie de barro cuarteado.

A medida que se retira el agua en los pequeños charcos que quedan se van concentrando no sólo los renacuajos sino también los insectos depredadores. Estos últimos aprovechan la alta densidad de presas y las dificultades que tienen para huir y consiguen atrapar algunos animales que en condiciones normales les sería casi imposible.

Las larvas de Ditisco (Dytiscus marginales) son grandes depredadores y están provistos de unas fuertes mandíbulas con las que capturan renacuajos, crustaceos y otros insectos. Una vez atrapados les inyectan una solución enzimática que disuelve sus tejidos para luego succionarlos. Esta vez ha tenido suerte y ha conseguido cazar una Notonecta glauca, un insecto acuático, también depredador que en condiciones normales le sería muy difícil de capturar.


Pero la sequía no hace concesiones y afecta tanto a depredadores como a presas. Una hora después de su captura, el charco se había secado y tanto el ditisco como la Notonecta yacían muertos sobre el barro seco. Al igual que ocurrió con los renacuajos, pronto serían devorados por los necrófagos.

miércoles, 15 de julio de 2009

Muerte en la charca I


Hace dos semanas que no llueve en la campera de la Cubilla y las charcas que antes estaban repletas de agua están ahora prácticamente secas. La mayoría de los renacuajos de Rana temporaria han conseguido desarrollarse lo suficientemente rápido para completar la metamorfosis y librarse de una muerte segura, pero otras especies de anfibios han tenido peor suerte.


Las Ranitas de San Antonio (Hyla arborea) realizaron las puestas casi un mes más tarde que las temporarias y este año, debido a las intensas nevadas del invierno, con casi dos meses de retraso respecto a los años anteriores. En los pequeños encharcamientos que aun resisten, con el agua a una temperatura de más de 30ºC, se amontonan cientos de renacuajos que no han completado la metamorfosis y que si no llueve hoy mismo están condenados a morir deshidratados.


Es mediodía y el sol está dando de pleno sobre la campera. La evaporación es muy rápida y en algunos de los charcos ya no queda ni rastro de agua y sólo permanece algo de humedad en un barro cada vez mas seco. Los renacuajos de Hyla arborea que habían quedado atrapados ya no tienen escapatoria.


Diez minutos más tarde el sol ha dejado a los renacuajos convertidos en pequeñas momias resecas y las moscas y otros insectos necrófagos se han encontrado con un festín inesperado donde comer y poner sus huevos. En la Naturaleza no se desperdicia nada, y la muerte de un organismo suele significar la supervivencia de otros.


En otro de los pequeños pozos, situado a menos de un metro del anterior algunos renacuajos casi han completado la metamorfosis. Sus patas delanteras ya han aparecido y son capaces de respirar el oxígeno atmosférico. Aprovechando sus nuevas facultades, uno de ellos camina y se arrastra con dificultad entre el barro húmedo en busca de otro pequeño charco donde completar su desarrollo. A pesar de estar en un estado muy avanzado aun no tiene la capacidad de sobrevivir a la desecación fuera del agua o de un ambiente muy húmedo. Tiene poco tiempo, quizás menos de 5 minutos para recorrer 30 cm hasta el siguiente charco, una distancia enorme para un animal de menos de 2 cm de largo que se arrastra lentamente. Esta es la diferencia entre la vida y la muerte para un pequeño renacuajo.


Mientras tanto, a su lado, aparece un pequeño metamorfo de Rana temporaria ajeno a los problemas de su pariente. Ya se ha convertido en una pequeña rana en miniatura, capaz de recorrer en dos segundos y con un par de saltos la distancia que para la Hyla era un mundo .

Este ha sido un mal año para la población de Ranitas de San Antonio de la Cubilla. Las condiciones meteorológicas del invierno y dos semanas sin llover han sido suficientes para que el fracaso reproductor haya sido prácticamente total. Las Ranas temporarias han tenido más suerte, pero quizás la temporada que viene ocurra al revés. No lo sabremos hasta entonces.

lunes, 13 de julio de 2009

Memoria de pez

Experimento de aprendizaje en espinosos, Gasterosteus aculeatus (Álvarez & Bell, 2007)

Una de las creencias más extendidas entre la gente es la que dice que los peces no tienen memoria, o más exactamente que tienen una memoria de tan sólo tres segundos, ni uno, ni dos, ni cuatro. Cómo ha surgido esta leyenda urbana es algo que siempre me ha llamado la atención, sobre todo porque al igual que la mayoría de las leyendas urbanas es falsa. Según la Real Academia de la Lengua, la memoria es la "facultad psíquica por la cual se retiene y se recuerda el pasado", o sea, que si un pez no tuviera memoria no sería capaz de acordarse en el futuro de las experiencias vividas anteriormente. Esto implicaría que si por ejemplo se hubiera encontrado con un depredador que lo hubiera atacado y afortunadamente para el hubiera conseguido escapar, la próxima vez que se lo encontrara no sabría reconocerlo ni reaccionar y tendría muchas probabilidades de que se lo comiera.

Grupos de espinosos para un estudio sobre relaciones sociales

Numerosos estudios demuestran que ocurre exactamente lo contrario ya que los peces son capaces de aprender de las experiencias pasadas y reaccionar en consecuencia cuando se repiten. Y más aun, son capaces de relacionar estímulos, por ejemplo si en el pasado un pez tuvo un encuentro con un depredador que desprendía un olor característico, sería suficiente con la exposición a ese estímulo para desencadenar la respuesta de huida (un claro ejemplo de condicionamiento clásico), incluso semanas después del primer encuentro. Algunos investigadores como Cullum Brown han demostrado que los peces son capaces de recordar los refugios y el camino para llegar a ellos durante meses, lo que según sus propias palabras sugeriría que "son capaces de crear mapas mentales como los que usa la gente cuando planea un viaje familiar".

 
Pareja de Microgeophagus ramirezi (Cichlidae) cuidando la puesta

Pero la existencia de memoria en los peces no ha sido sólo demostrada en el caso de las defensas anti-depredador. Hay algunas familias de peces, como la de los cíclidos, en las que los peces forman parejas monógamas que pueden permanecer unidas durante años. Estos peces son muy territoriales recordando durante mucho tiempo a su pareja (incluso cuando se los separa varios meses), los límites de su territorio y a los demás miembros de su comunidad, con los que establece complejas relaciones jerárquicas que serían imposible si su memoria sólo fuera de tres segundos. La memoria, el aprendizaje e incluso el olvido, son necesarios para la mayoría de los organismos, no sólo para los peces y gracias a ellos pueden sobrevivir en un medio ambiente complejo, con miles de señales químicas y visuales que deben saber reconocer e interpretar. Como dice Cullom Brown "es completamente ridículo que un animal pueda sobrevivir sin memoria".