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miércoles, 8 de enero de 2014

La fuerza de la mar

La mar rompiendo en Los Negros, frente a la costa de Albuerne (Cuideiru)

Hay pocas cosas más impresionantes que observar la mar un día de temporal. Este pasado lunes pasé por Nuveana y pude ver como enormes olas de más de 8 metros rompían contra las rocas de la costa y contra los acantilados, levantando montañas de espuma y cubriendo la superficie de un blanco intenso.

Temporal en la bocana de la Ría de Avilés en noviembre de 2010

Estos temporales no son raros en invierno y ya se registraron olas de mayor tamaño en otras ocasiones, como en noviembre de 2010, cuando las boyas situadas en la costa de Xixón registraron olas de 11,5 metros con un periodo de 17,5 segundos.

Es en estos días cuando nos damos cuenta de la fuerza que tiene la naturaleza y lo pequeños y débiles que somos frente a ella. Las construcciones humanas: las carreteras, los diques y los edificios caen como castillos de arena ante la fuerza del oleaje. Pueden pasar años o décadas, pero al final la mar siempre vuelve a por lo que es suyo, llevándose por delante todo lo que encuentra en su camino.


Ayer, la mar volvió a enseñarnos su poder y durante unas horas pude ser testigo de cómo algunas de las rocas que conozco desde niño, como la Porcebera, que hace años escalábamos para anillar cormoranes y que mide más de 30 metros de altura, era rebasada por algunas olas.


Olas rompiendo frente a Verdicio, con la isla de la Herbosa al fondo

Hoy por la mañana me acerqué hasta Verdicio, pero la mar ya se había calmado bastante, y aunque había una mar de fondo considerable, las olas no superaban los 4 metros de altura, y fue amainando a medida que pasaron las horas. En unos pocos días se habrá calmado, pero sólo es un estado transitorio. La mar es como un león, la mayoría del tiempo esta dormida pero de vez cuando se despierta y nos enseña su verdadera cara.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

10 comentarios:

  1. Que guapas David, la primera parece la boca de algún bicho marino listo para tragarse algo. Ciertamente fue un espectáculo. Un abrazo David

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    1. Hola Jose,
      la mar estaba imponente, la pena fue no poder tener más tiempo para aprovecharlo, es lo que tiene ir con prisas y sin preparar. Pero bueno, más maretones habrá, seguro.
      un abrazo

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  2. Unas fotos espectaculares, enhorabuena.

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    1. Gracias por tus comentarios, Eduardo,
      un saludo

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  3. Como echo de menos este tipo de marejadas por las costas del Mediterraneo, a ver si se les pasaba de una vez la tontería de los paseos maritimos y las playas hechas a base de dumpers con grava de rio y arena...lástima que aquí las olas de tres metros son ya extraordinarias y que la mar les permite reconstruir cada año - o le permitía, a ver si recortan en esto- los daños y seguir convirtiendo la costa en un parking.
    Y, ahora pasado el momento destroyer, estos momentos, estas olas no son solo para ver. Son para oirlas y son para respirarlas. Son para sentir como el suelo vibra y son para sentirse pequeño, pequeño y frágil

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    1. Pues si, el espectáculo es para todos los sentidos, oler la mar un día de marejada y escuchar como rompe es parte de su encanto.
      un saludo

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  4. Ya lo dicen los güelos que el mar siempre recupera lo que es suyo. Una pasada la última foto con la espuma de la ola haciendo irisaciones.

    Saludos.

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