lunes, 14 de septiembre de 2009

Estamos arrasando la mar

Barco largando nasas en la zona de Tapia (Asturies)

El pulpo (Octopus vulgaris) es una de las especies más cotizadas y perseguidas en el Cantábrico. Su alta demanda por parte de restaurantes y particulares, y el alto precio que alcanza en el mercado ha hecho que gran parte de las cofradías del occidente de Asturies se dediquen casi exclusivamente a su pesca durante todos los meses del año.


Nasas en el puerto de Xixón

Pero no solo las pequeñas cofradías artesanales se dedican a la pesca del pulpo. Actualmente en los grandes puertos, como el de Xixón o Avilés, parte de su flota centra su actividad pesquera en este cefalópodo, largando miles de nasas diariamente por todo el litoral sin ningún tipo de restricción, ya que incomprensiblemente, las vedas para la pesca comercial que hace unos años estaban vigentes se han levantado y actualmente se puede pescar durante todo el año. Lo mismo ocurre con todas las especies de peces marinos de los que ni siquiera se respetan las épocas de reproducción, tal como se puede comprobar en la tabla de vedas de la Dirección General de Pesca. De todas las especies objeto de pesca comercial en Asturies, solo 15 (8 de crustáceos y 7 de moluscos) están sujetos a algún tipo de veda durante unos pocos meses, el resto se puede pescar ininterrumpidamente.


Pulpo en el pedreru

La actual sobrepesca comercial a la que está sometida el pulpo hace que cada vez sea más difícil observar uno en el pedrero. Pocos son capaces de atravesar las líneas de nasas largadas frente a las playas y llegar a aguas someras para reproducirse. Y una vez allí, miles de pescadores deportivos esperan gancho en mano para capturar a los pocos que llegan.

Estamos arrasando la mar y acabando con lo poco que queda mientras sigue habiendo mucha gente que piensa que es inagotable. El pulpo sólo es un ejemplo, la langosta (Palinurus elephas) y el bugre (Homarus gammarus) ya están virtualmente extinguidos en Asturies, y muchas especies de peces marinos se encuentran en la misma situación. Mientras tanto, los responsables de la gestión pesquera no hacen nada y miran hacia otro lado, no se atreven a dar ni un sólo paso para reconvertir un sector pesquero obsoleto y evitar el colapso de las pesquerías que se producirá irremediablemente en unos pocos años. Luego iremos a llorar a Europa, como hacemos siempre, para pedir subvenciones y ayudas para el sector, pero ya será tarde.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Limícolas otoñales I

Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Son las nueve de la mañana en la playa de la Espasa, situada entre los concejos de Colunga y Caravia (Asturies). La marea está alta y apenas hay gente, las gaviotas descansan en un gran bando en la orilla de la mar y mientras tanto, en el río hay un pequeño grupo de limícolas buscando comida entre la arena y los restos de algas.


Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Todos son jóvenes de este año y hace unos pocos días que han llegado de la tundra ártica, donde nacieron hace unos meses. Es muy probable que nunca antes hayan visto a una persona por lo que son extremadamente confiados y siguen comiendo activamente a pesar de que me encuentro a pocos metros de ellos.


Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Sólo hay que sentarse en la arena y quedarse quieto y a los pocos minutos se van acercando e incluso llegan a pasar caminando entre mis pies mientras buscan insectos en la superficie de la arena y pequeños invertebrados enterrados a escasos centímetros de la superficie. Aunque en estas playas no se suelen encontrar los grandes grupos que se ven en las rías y estuarios próximos, hay unos cuantos correlimos tridáctilos (Calidris alba), correlimos comunes (Calidris alpina) y chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula).


Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula)

Los chorlitejos, al contrario que los correlimos, tienen un pico muy corto y prefieren buscar su alimento en la superficie de la arena y entre las rocas. A medida que va bajando la marea, los chorlitejos grandes se empiezan a dispersar por la playa y corretean entre las algas secas capturando pequeñas moscas y mosquitos.


Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula)


Cuando se encuentran entre la arena seca, el color del plumaje de los chorlitejos hace que pasen desapercibidos, aun así cada poco giran la cabeza y miran al cielo, como si supieran que el mayor peligro puede venir de arriba. Halcones y otras rapaces suelen capturar muchas de estas aves durante los pasos migratorios, y es mejor ser precavidos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La investigación: otra víctima de la crisis económica


Hoy aparece en la prensa una noticia que ya nos esperábamos desde hacía mucho tiempo. Desde que se empezó a hablar de la crisis económica nos imaginábamos que si se recortaban gastos, la investigación era una de las candidatas a reducir el presupuesto. Y estábamos en lo cierto, porque aunque a los políticos (de un lado y del otro) que tenemos la desgracia de padecer se les llena la boca hablando de la importancia del I+D, lo cierto es que el interés de cualquier gobierno de este país por la ciencia y la investigación siempre ha sido nulo. Salvando ciertos casos mediáticos, las decisiones que se han ido tomando durante los últimos años se han hecho de espaldas a los científicos a los que incluso se les ha llegado a tildar de moscas cojoneras tan sólo por exponer los resultados de sus investigaciones si estos desaconsejaban las medidas adoptadas por los gobernantes de turno.

Según la información aparecida hoy mismo en el diario El País, se prevé una reducción del 37% en el dinero destinado a financiar proyectos de investigación, contratos de investigadores y becas. Esto implicará la congelación de numerosas investigaciones en marcha y un paso atrás que nos volverá a situar en nuestro lugar natural, el tercer mundo. Todo esto por no hablar del previsible éxodo de investigadores al extranjero ya que evidentemente no son una prioridad para nadie, y su peso como votantes potenciales es mínimo. Esta reducción en el presupuesto destinado a políticas de I+D se produce mientras se destinan millones de euros a potenciar las mismas políticas del pasado, las del ladrillo, como el famoso plan E, que ha llenado las calles de zanjas, aceras y macetas a cambio de contratos de 6 meses que ya se han terminado.

Si el nuevo cambio de modelo económico del que tanto se habla consiste en reducir el apoyo la ciencia y a la investigación, las cosas empiezan a cuadrar. Una sociedad ignorante y desinformada es más manejable y protesta menos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

El Cabu Vidíu

El Cabu Vidíu

El Cabu Vidíu es, después del Cabu Peñes, el saliente más septentrional del litoral asturiano. Se encuentra en la localidad de Riegoabaxu, perteneciente a la parroquia de Ouviñana, en el concejo de Cuideiru (Asturies). Sus acantilados de más de 80 metros de altura y sus vistas tanto hacia el este como hacia el oeste hacen del Cabu Vidíu uno de los lugares más impresionantes de toda esta franja costera.


Vistas desde el Cabu Vidíu

La costa de los alrededores está formada por acantilados cuarcíticos y pedreros con numerosas playas de cantos rodados. Asimismo son muy abundantes los islotes próximos a la costa, como el propio castrón del cabu, separado por un canal de pocos metros del propio Vidíu, o el Castru, Las Palombinas o la Porcebera en la costa de Nuveana.


Pareja de Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis)

En los acantilados de Vidíu se reproducen varias especies de aves. Entre las aves marinas destaca el Cormorán Moñudo (Phalacrocorax aristotelis) que ha sufrido una importante regresión en esta colonia, pasando de 20 parejas a tan solo 3 o 4 en sólo 10 años y la Gaviota Patiamarilla (Larus michaellis). En estos acantilados nidificaron las últimas parejas de Arao (Uria aalge) de la costa asturiana, hace ya más de 60 años.

Además de las aves nidificantes, el Cabu Vidíu, debido a su estratégica ubicación es un buen lugar para la observación de aves marinas en migración. Alcatraces, págalos y pardelas pasan durante estos meses frente a él después de haberse reproducido en el norte de Europa.

Cernícalo común (Falco tinnunculus)

Aparte de las aves marinas hay otras especies de aves que nidifican en el Cabu o en sus proximidades, utilizando las grietas y repisas de los acantilados para ubicar sus nidos. Destacan entre ellas el Halcón peregrino (Falco peregrinus) y el Cernícalo (Falco tinnunculus) entre las rapaces, y otras más escasas como la Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax). Esta última especie es más abundante en el interior que en la costa y este año he podido observar a una pareja reproductora en estos acantilados.


Collalba gris (Oenanthe oenanthe)

Al igual que ocurre con las aves marinas, numerosas aves terrestres se encuentran durante este mes en plena migración. La rasa costera del cabo, formada por matorrales y praderías es un buen lugar para descansar y recuperar fuerzas. Ahora es un buen momento para observar Collalbas grises (Oenanthe oenanthe), mosquiteros, tarabillas y otras muchas especies de pequeños paseriformes, y si hay suerte otras especies más raras como las abubillas de las que siempre suele aparecer alguna por los bordes de los acantilados.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Un gorgojo en mi cabeza

Hay veces en las que por una u otra circunstancia te tienes que quedar en casa más tiempo del que quisieras, ya sea porque estás enfermo, porque tienes que estudiar o porque tienes que trabajar delante del ordenador. Ayer mismo, mientras pasaba uno de esos días de encierro obligado, noté que algo se posaba en mi cabeza para saltar luego encima del libro que estaba leyendo. Me quedé mirando atontado al pequeño animalito de medio centímetro mientras correteaba por la página impresa, probablemente tan sorprendido como yo. Lo agarré con cuidado y lo puse en una maceta en la ventana, se asomó al borde, espero un momento y desapareció volando por el patio dejándome antes que le hiciera una foto para el libro de visitas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El otro viaje del Pride: el que pudo ser y no fue

Tres orcas (1 hembra y 2 machos) nadando al lado del Pride of Bilbao. Foto: Gorka Ocio

Pues si, lo que aparece en la foto son nada más y nada menos que 3 Orcas (Orcinus orca) que formaban parte de un grupo de unos 20 individuos que se observaron desde el Pride of Bilbao el domingo pasado. Justo 4 días después de que nosotros regresaramos del otro viaje, en el que la suerte no nos acompañó y apenas vimos unos pocos delfines y un par de calderones, los afortunados del siguiente viaje pudieron ver a uno de los animales más increíbles que se puede encontrar en el océano, una de las especies que siempre quise ver y que por ahora se me resiste.


Grupo de 3 orcas. Foto: Gorka Ocio

Según me comentó Gorka Ocio, el domingo por la tarde, al llegar a la zona de los barrancos franceses pudieron ver como 3 orcas se acercaban por un lado del barco. Al poco tiempo, avisaron de que otras se acercaba por el otro lado hasta completar un grupo de entre 20 y 25 animales, lo que sin duda es la mejor observación de esta especie en todas las excursiones que se llevan realizando desde hace año, y probablemente una de las mejores de todo el Golfo de Bizkaia.


Rorcual comun. Foto: Gorka Ocio

Pero en el viaje no solo pudieron disfrutar de las orcas, sino que también vieron, como es más habitual, varios rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) y mas de 30 Zifios de Cuvier (Ziphius cavirostris) lo que sin duda completo un viaje perfecto.


Zifio de cuvier. Foto: Gorka Ocio


Parece claro que como decía el otro día, la mar es muy grande, no tiene puertas ni rejas y los animales se mueven en ella sin atender a horarios ni planes programados. Unos días hay suerte y nos dejan que los veamos y otros la suerte nos da la espalda y parecen esconderse y demostrarnos de nuevo lo insignificantes que somos.

Quizas no haga falta ver las fotos anteriores para comprobar nuestras reacciones después de disfrutar de uno de estos espectáculos. Si giramos nuestra cabeza y miramos en cubierta será muy fácil adivinar cuál de los dos días fue el "viaje de las orcas" y cuál no. ¿A ver si lo adivinais vosotros?


El txabalote Gorka durmiendo en cubierta hace una semana. Foto: Miguel Angel de la Cruz

El mismo txabalote tres días después

El año que viene lo volveremos a intentar, volveremos a salir de Santurtzi rumbo a Porstsmouth y cruzaremos el Golfo de Bizkaia. Quizás tengamos suerte o quizás no, pero sabemos que por ahí están las orcas y si nos dan permiso podremos disfrutar de ellas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Tystie, un álcido diferente

Arao aliblanco (Cepphus grylle) durmiendo al atardecer

Tystie es el nombre que recibe el Arao aliblanco (Cepphus grylle) en las Islas Shetland y que posteriormente se extendió por toda Gran Bretaña usándose ahora como el nombre más común para esta especie. Ayer 31 de junio Juanín Zaldivar (en su blog se pueden encontrar unas magníficas fotos de este ejemplar) y Adolfo Villaverde encontraron un juvenil de Tystie en el puerto del Puntal, en la Ría de la Villa (Asturies), lo que constituye la cuarta cita de esta especie en España.

Pero qué es lo que hace que esta especie sea tan rara en nuestras costas mientras que otras especies de álcidos como los Araos (Uria aalge), las Alcas (Alca torda) o los Frailecillos (Fratercula arctica) sean frecuentes durante la migración e incluso durante la invernada a varias millas de la costa.

La primera diferencia la encontramos en su forma de reproducirse ya que mientras otros álcidos se agrupan en colonias de varios miles, incluso millones de parejas, los araos aliblacos forman colonias mucho mas laxas de pocas decenas de individuos, cambiando las repisas de los acantilados por pequeñas cuevas, en muchas ocasiones dentro de los puertos. Destaca también su pequeña población reproductora a nivel mundial, ya que sus 400.000 parejas parecen muy pocas en comparación con los 8.000.000 de parejas del arao común.


Arao aliblanco en el puerto del Puntal, Asturies

Por otra parte, los araos aliblancos tienen una dieta completamente distinta a la de sus parientes, que en el norte de Europa se alimentan casi exclusivamente de sandeels (Ammodytes sp.) o Bolo como se le conoce en Galicia. Los bolos forman grandes bancos en zonas de fondos arenosos y son la base de la alimentación de la mayor parte de las aves marinas en esta zona, desde cormoranes y álcidos hasta gaviotas y págalos.

Los Araos aliblancos prefieren los crustáceos y otro tipo de peces de roca que se encuentran desigualmente distribuidos y no se suelen concentrar en grandes bancos. Estas presas son sedentarias y no muestran variaciones estacionales muy acusadas lo que hace que sus depredadores no necesiten emigrar durante el invierno en busca de alimento.


Arao aliblanco adulto en el puerto de la Isla de Foula, Shetland (Escocia)

Esta ausencia casi total de migraciones hace que las citas de esta especie fuera de su área de distribucion europea (Irlanda, Escocia, Noruega, Dinamarca y Finlandia) sean muy escasas, ya que incluso se considera una rareza en el canal de la Mancha. Por otra parte es extremadamente raro que la cita corresponda a un individuo juvenil que probablemente haya nacido hace tan sólo cuatro o cinco meses, ya que esta especie, al contrario que otros álcidos apenas tiene movimientos de dispersión juvenil.

lunes, 31 de agosto de 2009

La química de la atracción

Posibles elecciones que puede realizar una hembra

La fase más importante en la vida de un organismo es la reproducción. Gracias a ella ese indiviudo es capaz de pasar sus genes a la siguiente generación, y de alguna forma, como dice Richard Dawkins, alcanzar la inmortalidad. Pero para la mayoría de los organismos, es imposible pasar esos genes si no encuentran una pareja que quiera compartir los suyos y por eso deberán asegurarse de que esa pareja tenga los mejores genes posibles para que sus futuros hijos también los tengan. En un post anterior de este mismo blog comenté que los machos de muchas especies poseen algunas características externas que hacen que sean más atractivos para las hembras, y que en ocasiones llegan a desarrollar unos atributos grotescos para llamar aun más su atención. Pero en muchas ocasiones los animales no escogen a su pareja por su físico, sino por ciertas características que no se ven a simple vista y que son un indicador más fiable de la calidad genética que la apariencia externa.

Estructura molecular del MHC

En la mayoría de los vertebrados hay un grupo de genes que está relacionado con la atracción sexual, el MHC (major histocompatibility complex, o complejo mayor de histocompatibilidad en castellano). El MHC es un grupo de genes que contiene la información necesaria para la formación de ciertas proteínas relacionadas con la respuesta inmune. Este grupo de genes son codominantes, es decir, que al contrario que ocurre con otros genes en los que hay un alelo dominante y uno recesivo, de forma que si un individuo tienen los dos alelos para un mismo gen sólo se expresaría el dominante, en el caso de los codominantes se expresarían los dos. Por ejemplo, si tenemos un alelo A (dominante) y un alelo B (recesivo), si hubiera dominancia el individuo sólo expresaría el A, pero si hubiera codominancia expresaría el A y el B. Esto tiene una gran importancia para el MHC, ya que cuantas más variantes de este grupo de genes tenga un individuo, será capaz de crear una mayor variedad de anticuerpos, por lo que estará protegido contra más infecciones o parásitos.

Cercetas comunes (Anas crecca) durante el cortejo

Según se ha demostrado experimentalmente, las hembras eligen con más frecuencia a aquellos machos que tienen un MHC distinto al suyo, de forma que la futura descendencia de ambos tendría una mayor variedad de alelos y podría formar una mayor variedad de anticuerpos. Por el contrario suelen rechazar a los machos que tengan su mismo MHC ya que su descendencia sería menos variable. Esto a su vez es un buen mecanismo para evitar la endogamia, ya que evitaría aparearse con sus parientes con los que evidentemente compartirían muchos genes. ¿Pero como puede saber una hembra cual es el MHC de un macho? Según varios trabajos publicados, el MHC además de codificar para proteínas relacionadas con la respuesta inmune codifica para otras proteínas relacionadas con el olor individual, de forma que a una hembra con un MHC de tipo A le resultará más atractivo un macho con un MHC de tipo B. En un experimento realizado con espinosos (Gasterosteus aculeatus) se demostró que las hembras preferían a aquellos machos que tenían una mayor variedad de genes para el MHC frente a los que eran poco variables. Este efecto del MHC sobre la selección de pareja se ha comprobado para otras muchas especies de grupos muy diversos como en anfibios, las aves o los mamíferos.


Quizas nos pueda parecer que a nosotros, los seres humanos, esto no nos afecta, y que somos lo suficientemente racionales como para basar nuestras elecciones en el efecto que tienen unas cuantas moléculas en nuestra nariz. Pero lo cierto es que al igual que en los peces, las ranas y los ratones, el MHC influye, y mucho, en nuestra elección de pareja. Tal y como comprobaron Wekedin y Füri en un estudio publicado en 1997, y muchos otros investigadores corroboraron en años posteriores (Roberts et al. 2005, Marck 2006, y otros), nuestras elecciones tienen mucho que ver con reacciones químicas que no podemos controlar. Al fin y al cabo, y por mucho que les pese a algunos, nuestros comportamientos siguen patrones muy parecidos a las de las moscas o los peces. En otras palabras, todos nosotros somos esclavos de nuestro pasado evolutivo.

viernes, 28 de agosto de 2009

Agujas colinegras


En el Cierrón, en la Ría de la Villa, empieza a notarse la migración postnupcial de los limícolas. Los jóvenes del año de las agujas colinegras (Limosa limosa) se agrupan en los porreos inundados en busca del alimento que les servirá para aumentar sus reservas de grasa y continuar el viaje hacia el sur.

Esta especie se reproduce en el norte de Europa y en Islandia y utiliza las zonas encharcadas y las rías del Cantábrico como una escala en su viaje hacia África, aunque un cierto número de ellas se queda en los humedales del sur peninsular.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El viaje del Pride


El Pride of Bilbao en el puerto de Santurtzi

Acabamos de llegar de uno de esos viajes que hacía tiempo que quería hacer, el trayecto entre Santurtzi y Portsmouth en el "Pride of Bilbao". En un viaje de ida y vuelta de tres días y medio se atraviesa el Golfo de Bizkaia, uno de los mejores lugares para ver cetáceos y aves marinas de todo el Atlántico Norte, sobre todo durante finales de verano y principios de otoño.


Ruta del Pride of Bilbao a través del Golfo de Bizkaia y el Canal de la Mancha

Aparte de la observación de estos animales estos viajes son siempre una buena disculpa para encontrarse con viejos amigos, tan locos como yo y que aunque sea con menos frecuencia de la que quisiéramos coincidimos en alguno de estos saraos una o dos veces al año.

El viento del nordeste no era muy favorable, ya que suele ser sinónimo de escasez de aves marinas, pero aun así el estado de la mar era lo suficientemente bueno para que pudieramos disfrutar de la observación de varias especies de cetáceos, sobre todo rorcuales y delfines. Sorprendentemente, cuando llevábamos poco más de una hora de viaje, el barco comenzó a virar en redondo, lo que evidentemente no era una buena señal. Según nos confirmarón por megafonía, una urgencia médica de uno de los pasajeros les obligaba a regresar a puerto por lo que entre ida y vuelta zarpamos definitivamente con más de tres horas de retraso. Como comprobaríamos después este hecho condicionaría todo el viaje ya que no se cumpliría el horario de llegada a los puntos calientes de observación, los barrancos franceses, donde se asciende bruscamente desde mas de 4000 metros de profundidad hasta los 200 metros de la plataforma y que es la principal zona de alimentación tanto de los cetáceos como de las aves marinas.

Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)

A las pocas millas de distancia de la costa apareció un grupo de pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) que se aproximaron a la proa del barco resguardándose del fuerte viento y estuvieron surfeando entre las olas durante unos minutos hasta que desaparecieron. Entre ellas volaban un par de pardelas capirotadas (Puffinus gravis) que también se fueron descolgando del grupo hasta abandonarnos definitivamente.


Pardela capirotada (Puffinus gravis)

Parecía que el viaje se iba a animar aunque desgraciadamente después de las pardelas apenas vimos más aves marinas, lo que confirmaba una vez mas que los vientos del este no son nada buenos para su observación. Solo esperábamos que de un momento a otro apareciera algún cetáceo y buscábamos sin cesar cualquier indicio que los delatara: un soplido, un salto, una sombra sospechosa en el agua, pero no aparecía nada, la mar estaba desierta.


Zifio de Cuvier (Zyphius cavirostris)

Después de unas horas algo saltó no muy lejos del barco, y al poco tiempo saltó de nuevo y así hasta tres veces. Se trataba de un zifio de cuvier (Zyphius cavirostris) y poco después de ver a ese ejemplar otro más apareció por sorpresa nadando a estribor sin que me diera tiempo a sacarle una foto decente, pero pudimos ver perfectamente el color marrón del dorso e incluso los dos colmillos característicos de los machos. Aun había esperanzas de que se pudiera arreglar el día aunque definitivamente ya no nos daría tiempo a llegar a los barrancos antes de que anocheciera.


Jon y yo contando ballenas en sueños

Las horas fueron pasando y las ballenas no aparecían, alguien decía haber visto un lomo, alguien un soplido pero a pesar de las carreras de un lado a otro se estaban haciendo de rogar y la luz se iba acabando sin que los esperados rorcuales se dignaran a aparecer. Parecía que habría que esperar al día siguiente, aunque según decian los veteranos en estos viajes y Gorka Ocio, organizador del minicrucero, lo bueno llegaría el último día, cuando en el viaje de vuelta pasáramos de nuevo sobre los ya famosos barrancos franceses.


Paloma y Miguel Angel ("con lo bonito que es pasear por la dehesa y nosotros aquí")

Además de los fanáticos de las marinas se apuntaron a este viaje mis amigos Paloma y Miguel Angel, que en compañía de sus dos hijos cambiaron las dehesas toledanas por el Mar Cantábrico con intencion de ver ballenas, delfines y todo lo que terciara. Pero parecía que la cosa seguía sin animarse y empezaban a no creerse que realmente estuvieran ahí abajo (y yo empezaba a creerlos a ellos).

Alcatraz atlantico (Morus bassanus)

El lunes por la mañana amanecimos en el Canal de la Mancha, una zona no muy buena para los avistamientos pero que era el paso obligado hasta Portsmouth, donde estaba previsto que llegáramos a las 9 de la noche en vez de a las 6 de la tarde ya que no habíamos conseguido recuperar el retraso del primer día. Por el camino sólo vimos alguna pardela despistada y varios alcatraces (Morus bassanus), probablemente algunos de los reproductores de las colonias bretonas.

Mientras el tiempo pasaba nos entreteníamos mirando los gigantescos barcos cargados de contenedores y los petroleros que surcaban las aguas del canal. Al llegar al Portsmouth tuvimos que desembarcar y aprovechamos para tomarnos unas pintas en uno de los pubs de la localidad, no sin antes jugarnos el pellejo atravesando la carretera y saltando las vallas mientras seguíamos a Oscar, al que habíamos nominado líder de la expedición sin que a él le hiciera demasiada gracia.

De nuevo en el barco nos avisaron de un nuevo retraso, finalmente zarparíamos a la una de la mañana en vez de a las 9 de la noche, que sería el horario normal en este viaje. Las probabilidades de que pudieramos llegar a tiempo a los barrancos eran cada vez menores, pero la esperanza es lo último que se pierde y parecía imposible que el tercer día fuera a ir peor que los dos anteriores.

Al amanecer del martes nos despertamos con una considerable marejada dentro del canal, con olas que en algunos momentos superaban los 4 y 5 metros de altura, mucho viento y lluvia. La cosa se ponía cada vez mas fea y parecía que definitivamente este no iba a ser nuestro viaje.


Jesús (después de haber "respichado") y Olga a la busca de algún sintoma de vida animal

A medida que fueron pasando las horas y nos ibamos acercando al Golfo de Bizkaia la mar empezó a mejorar y se empezaron a abrir algunos claros. Aun así la cantidad de aves era mínima y los cetáceos brillaban por su ausencia. De vez en cuando alguien gritaba y tras las consiguientes carreras conseguimos ver unos cuantos fulmares (Fulmarus glacialis), pardelas y poca cosa más.


Fulmar (Fulmarus glacialis)

Lo mas destacado fueron unas pocas Gaviotas de Sabine (Xema sabini) que se acercaron al barco dejándonos que las observáramos a placer, pero la escasez de aves y sobre todo de cetáceos ya empezaba a ser sospechosa y muchos empezamos a dudar entre pasar por la quilla al txabalote Gorka o tirar por la borda a Albert, que también por aclamación popular fue considerado el gafe oficial del viaje.


Gaviota de Sabine (Xema sabini) adulta en plumaje de verano

A medida que nos adentrábamos en el Golfo de Bizkaia las condiciones iban mejorando, la marejada de la mañana había dado paso a una ligera marejadilla con olas de un metro y un cielo casi completamente despejado. Pero nada cambiaba, las horas pasaban y los rorcuales seguían sin aparecer, ni saltos, ni soplidos, ni siquiera una mancha sospechosa que nos despertara del sopor que poco a poco nos iba invadiendo a todos.



Araceli, Claudia y Paloma dormitando en cubierta

La mayoría de la gente ya se había dado por vencida, y el cansancio de tres días seguidos en pie con los ojos pegados a prismáticos y telescopios empezaba a ser considerable. Cada vez había más gente sentada por la cubierta o haciendo corrillos en los que los que los que ya habían estado en otros viajes nos contaban a los nuevos historias de ballenas, de manadas de orcas cazando delfines, de balsas de miles de pardelas y nos repetían una y otra vez que dentro de poco llegaríamos a la tierra prometida.



Nico, yo, Óscar y Jesús rendidos a la evidencia

Ya eran las 7 de la tarde cuando llegamos a la zona de los barrancos franceses, en teoría el punto culminante del viaje, aunque con 4 horas de retraso. De repente alguien avisó de que un grupo de delfines comunes de acercaban nadando hacia la proa. Necesitábamos eso para despertar del sopor y correr hacia las barandillas, ya no pedíamos ballenas, ni orcas ni cachalotes, solo algo, y los delfines eran lo más emocionante que había pasado en todo el día. Varios grupos se fueron acercando durante unos cinco minutos, no sabíamos a donde mirar porque no queríamos perdernos nada.



Delfines comunes (Delphinus delphis)

Tan rápido como aparecieron por la proa desaparecieron por la popa, pero al menos la gente que ya había dejado los prismáticos a un lado los agarró de nuevo y todos nos volvimos a pegar a las barandillas. La suerte iba a cambiar y aunque solo faltaba una hora para que oscureciera volvimos a creernos que las ballenas llegarían para alegrarnos la tarde.



Aun quedaban esperanzas

Mientras mirábamos la mar con más de mil ojos unas aletas negras mayores que las de un delfín aparecieron de repente al lado del barco. Por un momento y confundido por la espuma blanca que dejaron al sumergirse pense que se trataba de un grupo de orcas y grite todo lo que pude provocando algunos amagos de infarto en varias personas. Cuando las aletas aparecieron de nuevo me di cuenta de mi error y pude comprobar que se trataba de un pequeño grupo de calderones (Gobicephala melas). No era lo que esperaba pero al menos era algo, ya no podíamos pedir mucho más porque empezaba a anochecer y cada vez se veía menos.



Calderones de aleta larga (Gobicephala melas)

Cuando apenas quedaba algo de luz pudimos ver unas cuantas pardelas cenicientas y capirotadas surfeando las olas cerca del barco. Era evidente que estabamos en el lugar que llevábamos esperando durante horas pero desafortunadamente habíamos llegado tarde.



Había anochecido y el viaje llegaba a su fin. A la mañana siguiente llegaríamos de nuevo a Santurtzi tras tres dias de viaje. Nuestras espectativas no se habían cumplido pero a pesar de todo no estábamos tristes por ello, estabamos más tristes pensando que se había acabado el viaje y que probablemente pasarían varios meses hasta que nos volvieramos a reunir todos otra vez para hablar de ballenas y de aves marinas, a reirnos y a contarnos batallitas.

Una cosa que nunca debemos olvidar es que la Naturaleza es imprevisible y que al contrario que en un zoo o en un acuario, los animales no están enjaulados ni tienen un horario. Mientras nos despediamos después de desayunar sólo teníamos una cosa clara, el año que viene volveríamos a buscar a las ballenas. No se si veremos muchas, pocas o ninguna, si saltarán, si soplarán o si nadarán cerca del barco, pero allí estaremos y si no las vemos hablaremos de ellas.