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sábado, 8 de agosto de 2020

Sorpresa en la chimenea

Hacía ya unos meses que en casa de mis tíos se escuchaban ruidos extraños en el tejado. Algo raro sucedía allí arriba, y desde el mes de mayo, poco después de oscurecer, esos ruidos se habían hecho mucho más frecuentes. No había duda de que en la chimenea había algo más que hollín y cenizas.

Hace una semana, aprovechando que mis tíos tenían que pintar la fachada, me subí a la grúa y nos acercamos a la chimenea para tratar de confirmar la presencia de los supuestos fantasmas, cuya identidad ya conocía de antemano casi con total seguridad. Cuando la grúa estuvo a un metro de la chimenea, empecé a oír los siseos que mis tíos escuchaban por las noches, así que con cuidado, encendí una linterna y allí estaban los culpables.

Dos preciosos pollos volantones de Lechuza común (Tyto alba) no perdían detalle de mis movimientos, y entre sorprendidos y asustados, silbaban para tratar de intimidarme. Estaban completamente emplumados y les quedarían unos pocos días para abandonar el nido que sus padres habían instalado en el hueco de la chimenea. El sitio era perfecto, a cubierto de la lluvia, a buena altura y accesible desde todas las orientaciones. Solo había un problema, no para ellos, sino para mis tíos, que unos cuantos metros más abajo eran incapaces de encender la estufa, comprobando con sorpresa como cada vez que abrían el tiro, cientos de pelotillas de pelos, huesos y algunas plumas, caían por arte de magia por el hueco de la chimenea, llegando a obstruirla en varias ocasiones.

lunes, 30 de marzo de 2015

Veneno, quebrantahuesos y águilas reales


La necropsia realizada al último quebrantahuesos aparecido muerto en el parque de Picos de Europa no deja lugar a dudas. Independientemente de que la concentración encontrada fuera alta o baja, o que el Aldicarb haya sido el causante de la muerte, lo que está claro es que el veneno sigue presente en este espacio protegido, de hecho nunca se ha ido

El uso de venenos fue utilizado desde hace mucho tiempo como un método de control de los animales "molestos" por los habitantes de Picos y fue el veneno el causante de la desaparición de los quebrantahuesos en este lugar. A pesar de que esta lacra seguía presente, a pesar de que todos los años seguían apareciendo animales envenenados, sobre todo aves carroñeras como buitres leonados o alimoches, a pesar de que seguía resultando muy sencillo comprarlo en muchas tiendas, se decidió iniciar un proyecto para que los quebrantahuesos regresaran a estas montañas.

Recuerdo perfectamente la primera charla que escuché a los representantes de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) hablando de ese proyecto. En ella se comentó que se trataba de un proyecto a largo plazo en el que no se contemplaba la posibilidad de reintroducir animales de otras poblaciones. Se trataba de atraer a las aves dispersantes procedentes del Pirineo y favorecer su asentamiento natural usando comederos y sobre todo, y antes de nada, se haría un especial esfuerzo en reducir las causas de mortalidad que habían llevado a esa situación, tratando de erradicar el uso de venenos mediante campañas de concienciación de la población local.

Los años fueron pasando y las campañas de seguimiento confirmaron que había varios ejemplares juveniles que visitaban Picos periódicamente. Sin duda se trataba de una buena noticia, por otra parte, algo lógico para cualquier especie. El problema es que la recolonización y el probable asentamiento de una pareja reproductora no iba a ser cosa de unos pocos años, sino que con suerte llevaría una o dos décadas.

En ese momento se produjo un cambio radical en la concepción del proyecto. Se planteó por primera vez en serio la reintroducción de quebrantahuesos procedentes del Pirineo. Para ello se quitarían huevos de nidos de esta población, se incubarían y se criarían los pollos en cautividad y luego se soltarían en Picos. Estas actuaciones fueron muy criticadas, tanto por los colectivos conservacionistas como por los científicos, sobre todo por las dudas que generaba la extracción de huevos de la población pirenaica, pero también porque como ya hemos comentado, el veneno aún seguía campando a sus anchas por los Picos de Europa.

A pesar de todas estas críticas, el proyecto siguió adelante y se empezaron a soltar pollos en los Picos de Europa. Pero, ¿a que se debió este cambio de opinión? ¿Por qué lo que antes no se planteaba ahora parecía la única posibilidad para que estas aves volvieran a los Picos?

Pues la respuesta es bastante sencilla, al menos eso creo yo. Todo es una cuestión de tiempo. Sobre todo de tiempo político, no de tiempo biológico. Los quebrantahuesos, si las condiciones fueran las adecuadas, regresarían solos a los Picos de Europa. Si los juveniles de Pirineos se vieran obligados a dispersarse para buscarse la vida, cosa que ahora no necesitan porque tienen alimento de sobra en los comederos situados allí y que son abastecidos en exceso durante todo el año, y si una vez que llegaran a Picos no fueran envenenados, tarde o temprano se acabarían asentando. Puede que bastara con reducir los aportes de comida en los Pirineos, como han sugerido muchos investigadores, para aumentar esa dispersión.

Pero lo de "tarde o temprano" es algo de lo que los políticos no quieren oír ni hablar. El tiempo político se mide en legislaturas de 4 años, y en ese tiempo, si el proyecto está financiado con dinero público, habría que ver resultados para poder vender la moto en las siguientes elecciones. Lo que no se puede permitir bajo ningún concepto es que se ponga pasta y los laureles se los lleven los siguientes que lleguen, y si son de otro partido pues peor. Eso sería como adjudicar un tramo de autopista y que la cinta la corte el presidente del partido de la oposición. Por supuesto, esta concepción temporal de la política es la causa de que muchos de estos señores consideren que el dinero que se invierte en proyectos de medio ambiente, o en infraestructuras, por ejemplo, es suyo y no de todos nosotros que somos los que lo pagamos con nuestros impuestos.  


Quebrantahuesos y águilas reales
Uno de los episodios más surrealistas del proceso de reintroducción del quebrantahuesos en Picos de Europa ocurrió a finales del pasado verano. Dos de los tres ejemplares liberados fueron atacados por un águila real en las inmediaciones del lugar de la suelta. A causa de estos ataques uno de ellos murió y otro tuvo que ser recapturado y curado después de sufrir también los ataques del águila (esté ultimo fue el que recientemente apareció muerto con restos de veneno en su cuerpo).

Después de estos ataques, la FCQ publicó una nota de prensa en la que sugería que para evitar futuros ataques se utilizaran técnicas disuasorias o que se capturara al águila real y se la llevara a otro sitio. Tengo que admitir que cuando leí esa nota de prensa, que apareció publicada tanto en los diarios regionales como en varios diarios de tirada nacional, pensé que se trataba de un error. En esa nota se hablaba de capturar un ejemplar de una especie que actualmente cuenta en Asturies con unas 30 parejas reproductoras y que figura como una especie Vulnerable en el Catálogo Regional de la Fauna Vertebrada Amenazada de Asturias.

Aparte de lo asombroso de esta propuesta, del hecho de plantearse molestar e incluso capturar y trasladar a una especie sensible y escasa, dentro de un Parque Nacional, llama la atención que el "conflictivo nido" de águila real de donde procedía la pareja y el supuesto pollo agresor, fuera un nido conocido desde hace muchos años. No parece por tanto muy descabellado pensar que si se sueltan unas aves de gran envergadura en las proximidades de un nido de águila real, no sean muy bien recibidas y que esos intrusos sean atacados por los legítimos propietarios de ese territorio.

No entendemos muy bien por qué se eligió esa zona de suelta si se conocía la ubicación de ese nido histórico de águila real. Quizás fuera porque se trataba de un lugar accesible y no demasiado complicado para llegar. Quizás porque alguno de esos políticos que "ponen la pasta" quisieran estar presentes y no estuvieran dispuestos a pegarse una caminata de varias horas por un terreno escarpado y peligroso. ¿Quién sabe? Lo único que parece claro es que ese no era el mejor lugar para la suelta y por supuesto que cualquier medida que impliqué causar molestias a las águilas reales no tendría ninguna justificación. 

Esta propuesta probablemente sea una consecuencia de este tipo de estrategias de conservación que se han puesto de moda en los últimos tiempos. No se piensa en una conservación a una escala ecosistémica, no se piensa en conservar y proteger el hábitat, sino en proteger especies, subespecies e incluso individuos. Y una estrategia así no piensa en efectos colaterales, piensa en proteger a Chloe o a Gueña, piensa en proteger las piezas de un puzle y no en proteger el puzle en su conjunto.

Proteger, conservar y conseguir que las condiciones para que un ecosistema albergue a unas determinadas especies, lleva tiempo, y para colmo los resultados no suelen ser demasiado visibles, ya que se trata de cambios lentos y no muy vendibles para el público y los potenciales electores. Soltar animales, por el contrario, es algo rápido y efectivo, pueden participar concejales, consejeros, directores generales, jefes de sección, ministros, e incluso se puede llamar a los niños de un colegio para que se hagan la foto junto a ellos en el momento álgido de la suelta.

Es necesario un cambio en nuestra forma de entender la Naturaleza para poder entender mejor como conservarla y protegerla. Si no se protege el hábitat no se pueden proteger las especies que viven en él. Tampoco hay especies bandera, puede haber especies más o menos mediáticas, pero al final lo que realmente importa son las relaciones entre las distintas especies y no las especies por separado. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Rapaces y córvidos


Los córvidos suelen ser una presa frecuente de numerosas aves rapaces. Cornejas, urracas y chovas suelen formar parte del menú de los halcones peregrinos o los azores, siendo estos últimos unos de sus mayores depredadores. Los córvidos lo saben y no dudan en mostrar su hostilidad hacia ellas nada mas que se percatan de su presencia, ya sea mientras están volando como cuando están posadas descansando.

Los córvidos son aves muy inteligentes, y varios experimentos han confirmado que son incluso más inteligentes que la mayoría de los mamíferos, incluidos los perros. Además tienen un elaborado comportamiento social y son capaces de colaborar para defenderse de los depredadores.

En la foto de esta entrada podéis ver como un par de cornejas (Corvus corone)* acosan a una Águila real adulta (Aquila chrysaetos) que a pesar de su mayor tamaño y fuerza tuvo que ceder ante sus pasadas y alejarse volando.

NOTA: *tenemos alguna discrepancia con la especie, porque podría tratarse de cuervos y no de cornejas. Haced click en la foto para verla a mayor tamaño.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Pánico

Tener un dormidero de estorninos al lado de casa es un lujo, sobre todo porque a menos de 10 minutos de casa y puntuales como un reloj, representan una función diaria, totalmente gratis y sin tener que pagar el 21% del iva cultural.

Ayer al mediodía, con el cielo despejado y unas pocas nubes altas, el atardecer prometía, así que me decidí a cambiar el vídeo por las fotos y a intentar fotografiar la caza del halcón, que puntual como los estorninos los espera todas las tardes en un edificio cercano para asegurarse la cena.

A las 5 de la tarde ya estaba en el sitio y aún no se veía movimiento. Parce que los días lluviosos y nublados llegan antes. mientras que cuando las condiciones son buenas aprovechan hasta los últimos rayos de sol para seguir alimentándose. Cuando el sol ya se había puesto, el cielo se empezó a teñir de rosa y fue en ese momento cuando vi a lo lejos el primer bando que se acercaba volando alto.


Detrás de donde me había colocado pude escuchar al halcón peregrino, que justo en ese momento se dirigió volando rápidamente hacia el grupo. 


El bando permanecía relativamente disperso porque seguramente los estorninos aún no se habían percatado de la presencia del halcón. Después de una primera pasada, el ave rapaz cambió de estrategia y rodeo el grupo para atacarlos por arriba.


Fue en ese momento cuando se desató el pánico entre los estorninos, y tal como se puede apreciar en la fotografía anterior, justo en la zona donde se produjo el ataque, las aves se empezaron a compactar y comenzó el baile. El halcón estuvo dando varias pasadas sin éxito en las que no consiguió atrapar a ninguno de ellos. Era cuestión de tiempo para que fijara la atención en alguno, seguramente el que volara de manera distinta o el que presa del pánico se separara del grupo quedando al descubierto.


Y como lleva ocurriendo todas las tardes desde hace un par de meses, finalmente el halcón se salió con la suya y consiguió atrapar a su presa. Una vez capturada se alejó con ella entre las garras para comerla en su posadero habitual.

Pero la cacería no había terminado, mientras el macho de halcón volaba con su víctima, la hembra, de mayor tamaño, cogió el relevo y empezó con las pasadas. A los pocos minutos capturó otro estornino, y al igual que hizo su pareja, se alejó con el para comérselo en un edificio cercano.


Por un momento volvió la calma al bando de estorninos. Las últimas luces aún teñían las nubes altas en el cielo y los estorninos, ahora más tranquilos, bajaron a los árboles para pasar la noche. No estaban todos, los halcones se habían cobrado el alquiler y mañana volverán a por mas. De todas formas, tratándose de un grupo de varios miles de individuos, la probabilidad de que alguno de ellos muriera el día siguiente seguía siendo muy baja.

NOTA: haced click en las fotos para verlas a mayor tamaño.

lunes, 17 de marzo de 2014

Los buitres que volaban sobre la mar


Hay sólo dos lugares en el mundo en los que se puede observar una imagen como la anterior, en la que un buitre leonado (Gyps fulvus) sobrevuela la superficie del mar acosado por una Gaviota patiamarilla (Larus michahellis). Uno se encuentra en la isla croata de Cres y el otro en el Monte Candina, en Cantabria, un macizo calizo de 483 metros de altura cuyas laderas y acantilados caen directamente sobre el Mar Cantábrico. En ambos lugares, los buitres han abandonado sus tradicionales riscos en las montañas para ubicar sus nidos en los acantilados marinos.

El miércoles pasado quedé con mis amigos Jesús Menéndez y Germán Ibarra para visitar esta zona única a la que le tenía ganas desde hacía años, pero siempre lo íbamos retrasando por falta de tiempo o porque la meteorología no acompañaba. Esta vez no había excusa, el tiempo era inmejorable y además tenía que hacer un viaje a Bilbao y me pillaba de camino. Y no podía tener unos guías mejores, ya que Germán, junto a su hermano Javi, habían sido de los primeros ornitólogos en visitar y censar la avifauna de este lugar privilegiado.


Aunque hay varias rutas para subir al Candina, puede que la más sencilla sea desde la localidad de Sonabia, desde donde se asciende por las dunas remontantes que parten desde la playa de Valdearenas. Una de las características geológicas de este sistema dunar es la existencia de cuatro estructuras dunares (primaria, secundaria, terciaria y rampante) muy diferentes entre sí, ya que se depositaron por distintos vientos. Pero tal como me comentó Jesús, un estudio reciente ha revelado que desde el punto de vista granulómetrico, las arenas de la duna rampante y las de la playa son de dos momentos geológicos muy diferentes, de ahí su gran singularidad. La estructura  básica de las dunas de la playa (primarias, secundarias y terciarias) son sedimentos del periodo cuaternario mientras que los de la duna rampante tienen una composición que no se corresponde con las citadas del cuaternario sino que son mucho más antiguas, y han sido originadas por transporte en un tiempo geológico en el que las aguas estaban más bajas, en las que la orilla estaba a gran distancia de la actual, desconociéndose el origen de su formación.

Desde la playa se sube por un camino bastante tendido y suave que discurre por la duna rampante y que sido labrado tanto por los montañeros como por las cabras que pastan por la zona.


A medida que íbamos subiendo ya vimos a los primeros buitres volando sobre nosotros. Varias parejas anidan en las paredes calizas que se orientan hacia el este. Sus nidos se pueden ver cómodamente desde el chiringuito playero reformado en observatorio que está cerca del aparcamiento de la playa. Pero nuestro mayor interés era ver a los que habían elegido los acantilados marinos para criar, y para verlos había que seguir subiendo un poco más.


A unos 150 metros para la cima, nos sentamos en el borde del acantilado para admirar las vistas del monte Buciero, en la desembocadura del estuario del Río Asón, que forma parte del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.


Desde ese lugar se podían observar dos nidos de buitre pegados a la pared caliza en uno de los cuales un pollo de pocos días era protegido por uno de sus padres. Solo con girar la cabeza teníamos la sensación de viajar en el tiempo y en el espacio, ya que mientras a un lado la imagen era la típica de la alta montaña, hacia el otro se veían bandos de gaviotas patiamarillas peleándose por los descartes de un pesquero mientras eran acosadas por un págalo grande, y un poco más lejos, dos araos comunes flotaban como corchos sumergiéndose cada poco para pescar. Al enfocar los prismáticos hacia el horizonte se veían pasar los alcatraces y a lo lejos, un águila pescadora volaba camino de su nido en el norte de Europa.

A pesar de que el sol ya brillaba desde hacía un par de horas, no hacía demasiado calor y aún no se habían formado las corrientes térmicas que muchas aves aprovechan para coger altura, y la imagen que esperábamos, la de los buitres volando sobre la mar se estaba haciendo de rogar.


No tuvimos que esperar mucho tiempo para que aparecieran los primeros, algunos salían de sus nidos después de pasar la noche en ellos y otros llegaban, probablemente con el buche lleno de comida para alimentar a los pollos. Y tras los buitres, las gaviotas, que ya se encuentran acotando los territorios de cría y no dudan en acosar a cualquiera que se acerque por las proximidades, aunque tenga más de dos metros y medio de envergadura.


Algunos buitres aparecían repentinamente detrás del monte y volaban durante unos instantes sobre la superficie de la mar para girar como grandes aviones comerciales, plegar las alas y sacar los trenes de aterrizaje para entrar directamente a los nidos. Aunque desde la posición en la que estábamos no podíamos ver el lugar exacto donde se ubicaban, siguiendo su trayectoria se interpretaban sin dificultad que estaban en los cortados marinos que caían verticales sobre la mar, a no demasiados metros de la superficie, lo que los hacía únicos.

Esta ubicación de los nidos es la responsable de que todos los años algún pollo de buitre se caiga al agua durante sus primeros vuelos y tenga que ser rescatado por algún pesquero o por las patrullas de salvamento marítimo. Si llegan a tiempo no hay ningún problema, ya que una vez seco y después de pasado el susto es capaz de remontar el vuelo sin problemas.


Ya era la hora de bajar y volviendo sobre nuestros pasos nos dirigimos de nuevo hacia la playa. Los buitres seguían volando sobre nosotros y una pareja de halcón peregrino pasó varias veces a nuestro lado, gritando continuamente. Las vistas desde aquí eran espectaculares; hacia el oeste se apreciaba perfectamente el perfil irregular de este tramo de costa, formado por pequeños acantilados, numerosas calas y pequeños islotes y al fondo el cabo Cebollero, también conocido como la ballena.


Una vez que llegamos a la playa cogimos el coche para ver el monte Candina desde otra perspectiva, esta vez desde la playa de San Julián, al oeste. Desde aquí se puede observar el monte aún más impresionante, divisándose perfectamente los acantilados verticales en donde los cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis) y los buitres comparten las repisas para nidificar.

Milano negro volando sobre la playa

Pero el monte Candina no es sólo especial por su colonia de Buitre leonado, que con sus más de 100 parejas nidificantes es la más numerosa de Cantabria. En sus laderas se reproducen otras muchas aves características de los cortados rocosos de media y alta montaña. Y no sólo están presentes, sino que algunas alcanzan en esta zona relativamente pequeña unas densidades inusitadamente altas. Entre estas aves destacan 4 parejas de alimoche (Neophron percnopterus), 4 de Halcón peregrino (Falco peregrinus), que es una de las mayores densidades a nivel mundial,  1 de Águila culebrera (Circaetus gallicus), 1-2 de Águila calzada (Hieraaetus pennatus) y varias parejas de Milano negro (Milvus migrans). Aparte de las rapaces, las dos especies de chovas, la Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y la Chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus), también nidifican aquí, siendo para esta última especie el único lugar costero de nidificación en la Península Ibérica y el que está situado a menor altitud. También se pueden observar las dos especies de roqueros, el rojo (Monticola saxatilis) y el solitario (Monticola solitarius) y una gran cantidad de pequeños paseriformes.

En cualquier lugar del mundo, un lugar como este gozaría de la máxima figura de protección, pero sorprendentemente, el Monte Candina sólo está incluido en el L.I.C Río Agüera, lo que no lo protege en absoluto. La zona esta sometida a una gran presión humana, sobre todo turística y en estos momentos a cualquier empresa se le podría ocurrir abrir una cantera en las mismas laderas del monte y no encontraría demasiados impedimentos.

Como comentaba al principio, solo hay otro lugar en el mundo como este, pero mientras en la Isla de Cres, su colonia de buitres marinos goza de la máxima protección y actualmente cuenta con un importante proyecto de conservación y voluntariado, el monte Candina tiene un futuro preocupante e incierto y no parece que las autoridades competentes estén dispuestas a hacer algo para remediarlo.

Jesús y Germán, muchas gracias por la visita y todo lo que aprendí con vosotros ese día.

NOTA: haced click en las fotos si las queréis ver a mayor tamaño.