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viernes, 6 de mayo de 2011

Subiendo a Vegapociellu


Hace tan solo un mes la mayoría de los bosques de montaña aun no habían brotado. Han bastado unas pocas semanas de suaves temperaturas y unos días mas largos para que las yemas de los árboles se abrieran de golpe cambiando el aspecto de nuestros montes. Hace una semana tuvimos unas prácticas con los alumnos de la facultad en el concejo de Casu (Asturies) y pudimos disfrutar del hayedo en uno de los momentos mas bonitos del año, cuando los brotes recien abiertos dan paso a unas hojas de color verde intenso, que sólo se mantendrá durante unas semanas.


Los fayeos son bosques limpios y claros, que al contrario que los robledales suelen tener el suelo despejado y con poco sotobosque. Esto les da un aspecto ajardinado completamente distinto al de otros bosques situados a menor altura, que como las carbayedas tienen una mayor presencia de especies acompañantes que darán a estas formaciones una imagen mas enmarañada.


A una hora desde el apartadero donde dejamos los coches, en la carretera de Tarna, llegamos a la Mayada de L'Ablanosa, desde donde se puede disfrutar de unas vistas impresionantes del Cantu l'Osu, el Cuito negro y del Monte Fabucao. A partir de entonces, la pista hasta la vega nos llevará una hora mas de camino, muy suave y siempre dentro del bosque.


El sendero cruza con frecuencia pequeños regatos que bajan de las montañas y que en estas fechas primaverales aun llevan agua del deshielo, aunque pronto se secarán. En estas zonas umbrías y húmedas abundan los anfibios como las salamandras rabilargas y las ranas bermejas.


A medida que nos vamos acercando a la vega, el bosque se va abriendo y en muchos de los claros se ven los troncos caídos de viejas fayas, algunas enormes, que probablemente el viento haya tirado después de que su tronco se hubiera podrido por dentro.


La vega se abre en un valle ancho y largo rodeado de montañas, algunas de las cuales aun conservan restos de las nieves del invierno. Por uno de sus lados, entre las escobas, discurre el Arroyo de Vegapociellu que mantiene una pequeña población de truchas, que con toda seguridad ha sido introducida por los pastores hace décadas. Estas traslocaciones de truchas desde los tramos bajos a las vegas de cabecera eran una costumbre frecuente hace años y les proporcionaba a los pastores una fuente adicional de comida durante los meses de verano. Muchas de estas poblaciones de truchas desaparecieron cuando se dejaron de soltar peces, pero algunas, como ocurre en muchos ríos de los Picos de Europa y de Redes, lograron mantenerse en el tiempo sin mas ayuda externa.


Es cierto el dicho de que muchas veces el bosque no nos deja ver los árboles, por eso mereció la pena cuando volvíamos hacia el coche fijarnos en algunos de los impresionantes ejemplares que ibamos dejando atrás. Algunas fayas y robles enormes de varios metros de perímetro y varios cientos de años de edad, muchos de ellos aun vivos aunque con los troncos huecos y otros ya muertos pero aun en pie, retorcidos y rotos como si alguien o algo se hubiera ensañado con ellos.

1 comentario:

  1. Solo felicitarte por tu blog y agradecerte que nos muestres tu tierra al mismo tiempo que hacemos cultura.
    ¡Muchisimas gracias!

    Laura Medina

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